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LOA A LA ETERNIDAD DE JESÚS – Olivier Messiaen


Quinto movimiento del Cuarteto para el fin de los tiempos (1941).

Yo llegué a Messiaen a través de su música de los 60. Concretamente creo recordar que fue con Chronochromie, pieza para orquesta llena de ritmo y colorido instrumental que me grabé en cinta de casete de RNE 2. Imagino que sería del programa de José Iges sobre música contemporánea, que se emitía a altas horas de la mañana y cuyo nombre no recuerdo en este instante. Y es lógico, ya que estudiaba percusión y, si alguna vez fui friki, fue de la música contemporánea. Aunque por fortuna no alcancé niveles preocupantes de frikismo, más bien se trataba de un interés desmesurado y sin prejuicios ni filtros por toda aquella música que llevase la etiqueta de “contemporánea”.

Total, que cuando indagué en la música de Messiaen y descubrí su Cuarteto para el fin de los tiempos ya me había comprado tres o cuatro CDs con la Sinfonía Turangalila, Los colores de la ciudad celeste, su fabuloso Et exspecto resurrectionem mortuorum y otras piezas de esa etapa, que además son para orquesta. Y el famoso cuarteto tuvo por mi parte una tibia acogida. Lo que sucede es que soy un romántico que pretendía ponerse la coraza de formalista, y al final siempre termino cayendo en el encanto de un claro Mi mayor y de una pieza tan emotiva como la que os traigo hoy aquí.

Es imprescindible contar un poco de su historia. Francia se encontraba en plena II Guerra Mundial cuando Messiaen cumplía los 31. En Junio de 1940 fue capturado y recluido junto a muchos de sus compatriotas a un campo de concentración. Entre ellos se encontraban el clarinetista Henri Akoka, el violinista Jean le Boulaire y el chelista Étienne Pasquier. Messiaen obtuvo papel y lápiz gracias a la simpatía de uno de los guardias y escribió un trío para ellos. Este trío se transformaría en cuarteto al incluir un piano que sería interpretado por el propio compositor.

El cuarteto se estrenó en Stalag VIII-A en Görlitz (entonces Alemania, actualmente Polonia) el 15 de enero de 1941, con unos instrumentos viejos y rotos y ante una audiencia formada por unos cuatrocientos prisioneros de guerra y algunos guardianes del campo. Messiaen diría más tarde: “Nunca fui escuchado con tal atención y comprensión.”

Sabido esto, podéis comprender que estamos ante una obra que supera la formalidad de las vanguardias europeas entre las que se curtió el autor. El posrromanticismo era necesario, pero Messiaen, un hombre profundamente creyente, tenía la necesidad de imprimir un simbolismo y una emoción que rompen con las tendencias dodecafónicas, neoclásicas o constructivistas de su época. Dicha necesidad queda patente en este quinto movimiento, la Loa a la eternidad de Jesús, escrito en un tempo “infinitamente lento” (he encontrado versiones cuya duración difiere en ¡cuatro minutos!) y sólo para un vibrante cello y un piano acompañante (en claro contraste con el contrapunto del dodecafonismo, y más tarde del serialismo o incluso de la aleatoriedad). Para mí, la grandeza de Messiaen reside en la posibilidad de aplicar novedades técnicas enormes, como sus nuevos modos melódicos y rítmicos, sin necesidad de olvidar que la música comunica en el nivel emocional, y que no se queda en frías propuestas técnicas experimentales.

El color, otra de las constantes del compositor francés, algo que lo conecta, de hecho, directamente con otros músicos franceses anteriores o coetáneos, desde Berlioz hasta Ravel, alcanza también altas cimas en un músico que, para colmo, era sinestésico. Sus descripciones de la música que componía son de una belleza extraordinaria: tonos malva con reflejos dorados y un matiz verdoso, azules intensos contra rojo… En esta ocasión, teniendo en cuenta que ha dejado el cuarteto en dúo, la cuestión tímbrica debe mucho a los acordes del piano contra la melodía de cello. El juego de acordes modales que resuelven en acordes perfectos hace que la luz y las tonalidades vayan evolucionando casi sin darnos cuenta.

Mucho más tarde escuché en la radio una pieza anterior del autor llamada “Oraison” para 6 ondas martenot. Son los comienzos de la electrónica (¡1937!). En realidad es parte de una obra mayor llamada Fêtes des belles eaux. Y cuál fue mi sorpresa cuando empieza a sonar la melodía de esta Loa a la eternidad de Jesús. Messiaen había utilizado dicha pieza, no publicada, para su cuarteto.

Disfrutemos ya de la obra. La interpretación corre a cargo de Manuel Fischer-Dieskau (hijo del famoso barítono) al chelo e Yvonne Loriod (segunda esposa de Messiaen) al piano. Dejad que el tiempo desaparezca durante, al menos, los ocho minutos y medio de esta grabación.

La obra para ondas martenot de la que os hablé en la interpretación del Ensemble D’Ondes De Montréal. Otra delicia.

8 marzo 2012 at 7:50 pm Deja un comentario

BACHELORETTE – Björk


Del álbum Homogenic (One Little Indian, 1997)

Después de más de dos meses de sequía, trabajando en otros blogs y plataformas online educativas, vuelvo a publicar. Pero lo hago inspirado por ese trabajo que estoy desarrollando, principalmente para mis alumnos y alumnas de secundaria. Y es que entre las audiciones de 1º de ESO he incluido esta fabulosa canción de la islandesa Björk. Debo decir que este curso no utilizo libro de texto con ellos, decepcionado por la oferta que las editoriales me ofrecieron el curso pasado, y estoy trabajando con mi propia plataforma Moodle. Para mi sorpresa, las audiciones que he planteado hasta el momento han funcionado de maravilla. Lo normal habría sido tener que valorar las que van mejor o peor y cambiar algunas, pero las que he usado hasta el momento van estupendamente.

En el caso concreto de Björk, y teniendo en cuenta que son chicos y chicas que nacieron dos años después de la publicación de este tema, el atractivo procede también de la imagen que acompaña: el fabuloso videoclip que ideó Michel Gondry. En este caso, mis alumnos deben seguir con atención la historia, tratar de comprender qué sucede en el vídeo, qué historia nos cuenta, y buscar la metáfora que encierra dicha historia. Este último momento es el más interesante, porque da lugar a que algunos superen las espectativas que uno pone en la actividad.

Se trata de una actividad muy visual, en la que la música juega un papel secundario. Sin embargo, me parece una forma excelente de que esta música forme parte de su catálogo musical, en general todavía escaso y basado en lo que en su entorno más cercano pueda escucharse (padres, tíos, algunos amigos mayores) o la música para niños o adolescentes. ¿Significa eso que me parece secundaria la música de este videoclip? Evidentemente que no. Es un recurso, como otro cualquiera, para formar oyentes futuros con oídos abiertos a cualquier experiencia. Tened en cuenta que antes habían escuchado (en clase, me refiero) un repertorio tan heterogéneo como la Toccata en Re de Bach, 4’33” de Cage, Primer movimiento de la 5ª sinfonía de Beethoven, Un americano en París de Gershwin, Ionisation de Varese, el final de Obertura 1812 de Chaikovski y dos fragmentos de Bailar en la oscuridad de Björk. Este trabajo profundiza en la música de la cantante.

Luego volveremos al ejercicio del videoclip. Ahora hablaremos un poco de la música.

Bachelorette forma parte de una trilogía que comenzó con “Human behaviour” (de su primer álbum en solitario, “Debut”) y siguió con “Isobel” (del siguiente, “Post”). En esta ocasión, Isobel viaja a la ciudad con un libro en blanco que encontró en el bosque, y que para su sorpresa se autoescribe con lo que le va sucediendo. Una idea tan surrealista como tantas otras maravillosas letras de Björk. Hay que decir que el autor de la letra es el poeta islandés Sjón, que ya había escrito la letra de Isobel. Además, esa introducción hablada del videoclip y las escenas que vemos no encuentran una relación directa con la poesía cantanda, que parece hablar de otra cosa. El propio nombre de la canción, “Soltera”, da pocas pistas. Aún así, siempre agradezco que la poesía vuelva al lugar de donde nunca debió partir: la música.

Desde que escuché esta canción, allá por la fecha de edición del CD, fue una de mis favoritas del disco, junto con “Joga”. El ambiente de sinfonismo es muy de mi agrado, con una percusión electrónica que en general se limita a acompañar sin estridencias, destacando tan solo en las partes más suaves. La repetitiva melodía del principio evoluciona gracias al movimiento armónico de la cuerda, alcanzando una sección de dinámica más suave en la que una instrumentación más sutil permite un emocionante crescendo para regresar a la parte anterior. Parece ser que el final en diminuendo con un acordeón era bastante más extenso, pero que mentes comerciales pegaron el correspondiente corte musical. Una lástima, la idea que se deja entrever promete.

Pero regresemos a la actividad del videoclip. La wikipedia nos ofrece esta sinopsis de la historia:

“Isobel encuentra un libro en blanco en su jardín y decide viajar a la ciudad cansada del campo. Entonces descubre que según lo que va haciendo, el libro se va escribiendo sólo y al acabarlo, bajo el título de “My Story” lo presenta a una editorial y se enamora del editor. El libro resulta ser todo un éxito y al ser presentado en un teatro, la copia original comienza a borrarse ella sola y a reescribirse. Cansados de tener tantos personajes diferentes, el libro pierde todo su éxito y entonces Isobel decide devolverlo a donde lo encontró.”

Desconozco si el autor de esta sinopsis estaba bien informado o no, pero yo no lo entiendo así. Para mi es mucho más acertado el comentario de Hernán Ferreirós en este artículo:

“Gondry, como un director enfrascado en las paradojas de las estructuras recursivas, hace que sus clips se plieguen sobre sí mismos y se conviertan en reflexiones sobre el medio. Ésa es la intención que expresa claramente el video de Bachelorette de Björk, en el que vemos al público mirar una obra de teatro que muestra al público mirando una obra de teatro que muestra al público…”.

Y, como comentaba yo al principio, esto encierra una metáfora, o podríamos entenderlo como una metáfora (que viene siendo lo mismo). La que más me gusta es la metáfora del éxito, de la fama que se obtiene con facilidad (me encuentro un libro que se escribe sólo) que termina en un círculo cada vez más viciado (el ambiente de los sucesivos escenarios se vuelve más oscuro y lúgubre cada vez) y termina por devolvernos al lugar de donde vinimos (Isobel termina en el bosque de nuevo).

Es una interpretación de la muchas que podemos hacer, pero que a mi me vale y es estupenda para trabajar en clase. Lo sorprendente, como os contaba al principio de esta entrada, es cuando un alumno o alumna de 12 años te sugiere una intepretación igualmente válida y que va, incluso, más allá de lo que probablemente Gondry habría pensado. Esa es una de las grandes ventajas del surrealismo. Me encantó la de un niño que pensó en cómo los árboles van apareciendo en el videoclip, hasta llenarlo todo. Todos aquellos libros que se habían publicado estaban hechos de papel, y el papel sale de los árboles. De este modo, sería la venganza de naturaleza por la destrucción que sufre de manos humanas. ¿A que es una interpretación bonita e imaginativa? Disfrutad, por fin, de esta “venganza”.

Muy interesante lo que hace en un escenario esta mujer. Es impresionante el esfuerzo por reproducir lo que se escucha en el disco, currado hasta el mínimo detalle. Salvando las desafinaciones de la cuerda más o menos lógicas en estos ambientes, el resultado me parece muy potente para un escenario. Esto pertenece a un concierto en Cambridge en 1998. Precioso y oscuro escenario.

15 diciembre 2011 at 6:04 pm 6 comentarios

ESTUDIO REVOLUCIONARIO – Frédéric Chopin


Estudio para piano opus 10 nº 12  (Compuesta sobre 1831). Interpretado por Vladimir Ashkenazy.

Hoy me siento romántico. Pienso en aquellos burgueses que en el siglo XIX se unían para luchar por lo que ellos entendían que era la libertad. Fueron precisamente aquellos hombres y mujeres los que empezaron a usar este término, LIBERTAD, de una forma moderna, entendida como rebelión contra los valores tradicionales y contra todo lo que imponga límites a su curiosidad intelectual o espiritual.

Y llevo demasiado tiempo sintiendo que esas libertades que llevan dos siglos con nosotros se encuentran amenazadas por el monstruo que entre todos y desde entonces hemos creado: el terrorífico Capitalismo. Con la clase política, como no, de la mano.

Pero desde hace una semana estoy descubriendo que no soy el único que siente amenazada su libertad para decidir sobre su futuro. Somos muchos los románticos burgueses que pensamos que los cauces que la democracia abrió hace más de 30 años se han pervertido y necesitan una revisión muy, muy, pero que muy profunda. El movimiento, conocido ya como 15M, ha tenido repercusión incluso en los siempre parciales medios de comunicación. El simple hecho de llamarlo movimiento ya me traslada al romanticismo, a las masas rebeldes que se echan a la calle en la búsqueda del ideal de la libertad.

Me siento tan romántico que por algún lado tenía que reventar. En este caso ha sido por Chopin, paradigma del piano romántico con su “Estudio revolucionario”. El apodo de “Revolucionario” hace referencia a la “Revolución de los cadetes”, levantamiento que se produjo en Varsovia por parte de jóvenes oficiales polacos contra el dominio ruso. Aunque lograrían algunas victorias locales, al final la rebelión fue aplastada. Esperemos que el movimiento que protagoniza este post no tenga ese mismo desenlace, el aplastamiento por un inamovible sistema, por el omnipotente capital, por los corruptos políticos o, lo que sería peor, por nuestra propia indiferencia.

Jóvenes eran los oficiales que se levantaron contra el régimen ruso, muy joven Chopin, que contaba por entonces con tan solo 23 añitos (y ya era un reputado pianista y compositor), y jóvenes son los acampados en Sol y otras treinta ciudades españolas. Por fortuna, en este caso no se trata tan sólo de un puñado de jóvenes idealistas, sino de muchas personas de todas las edades y con largas carreras por detrás –yo mismo- los que apoyamos el empeño del movimiento pro “nuevo sistema” (que no ANTI-sistema).

Escucho a Chopin, a ese joven pianista que no pudo participar en su revolución por una delicada salud. Podríamos pensar que este estudio fue su aportación a dicho proceso revolucionario, pero en realidad el caso es un poco más complejo. En principio, un estudio es una forma instrumental pensada para trabajar determinadas técnicas (independencia de dedos o manos, velocidad, matices, etc.). Por lo tanto, un estudio no es una pieza propia para expresar ideologías o sentimientos. El nombre fue puesto a posteriori, como una forma de adhesión al levantamiento polaco. Aún así, es tanta la calidad musical de estos estudios que son interpretados muy a menudo como auténticas piezas de concierto, y contamos con innumerables grabaciones. Chopin exige del pianista que interprete largos racimos de notas descendentes o en arpegio a gran velocidad con la mano izquierda, mientras que la derecha realiza amplios acordes que obligan a abrir la mano hasta el extremo. También hay que destacar la complejidad rítmica que alcanza el estudio, especialmente en su último tramo, cuando aparecen adornos en la melodía principal.

Si se tratase tan sólo de un complicado estudio para piano, no tendría gracia la cosa. El apodo de “revolucionario” le quedaría, no grande, enorme. Para mí, una de las más importantes aportaciones de Chopin a la música fue esa libertad (como no, romántica) con la que abordaba las cuestiones rítmicas y armónicas sobre el piano, su instrumento. Amante de los grupos de valoración especial, que son algo así como los marginados sociales en el mundo de la notación, siempre procura que la rítmica no se reduzca a fórmulas repetitivas. Esto, unido a un uso muy marcado del rubato, hace que la música dé la sensación, a veces, de luchar contra una resistencia invisible, de avanzar contra la tempestad. ¿Existe algo más romántico que esto?

No puedo destacar en este estudio aspectos armónicos más avanzados o “revolucionarios”, exceptuando tal vez la conclusión casi modal que tiene. Llama la atención un final tan “poco final”, en el que es difícil saber si ha terminado o si queda música más allá del último acorde. En este caso, eso sí, el pianista se asegura de darle conclusión gracias cuatro graves, poderosas y demoledoras percusiones.

El movimiento revolucionario romántico dista enormemente del posmoderno que preside las manifestaciones actuales. No hay manera de imaginarse a un delicado Chopin entre los acampados de las calles actuales, del mismo modo que tampoco veo que tenga mucha relación con la rebeldía de aquellos jóvenes de los 60 y 70 que lograron con su lucha la democracia española actual.

El individualismo romántico que lucha por la libertad siguiendo las consignas de sus líderes ha dado paso al bombardeo de medios de comunicación e informaciones, a estar conectados día y noche, a una multiplicidad de opiniones personales que crean lugares comunes, espacios de opinión y crítica. Son nuevos tiempos, esperemos que tan nuevos que signifiquen una revolución en nuestra concepción de la política, la justicia y el capitalismo. De momento, tenemos a Chopin.

24 mayo 2011 at 12:35 am Deja un comentario

BLUEBERRY HILL – Fats Domino


Escrita por Vincent Rose con letra de Al Lewis y Larry Stock. Del Álbum This is Fats (Imperial Records, 1956).

Es este uno de los ejemplos de producción de mediados del siglo XX del mismo tipo que ya comenté en otras entradas. Compositor y letrista hacen una canción que graban multitud de cantantes y grupos incitados por los productores de diferentes compañías. Tan sólo en 1940, año de composición del tema, se grabó seis veces, entre las que se encuentra la versión de Glenn Miller. En el 49 la grabaría también Louis Armstrong, pero no se convertiría en un éxito internacional hasta la grabación de Fats Domino en el 56. La wikipedia, en una selección de versiones grabadas, nos muestra 36, lo que nos da una idea del éxito que tuvo y que sigue teniendo esta balada.

Podemos entender que en esta industria musical las leyes relativas a la propiedad intelectual tuvieran tanta importancia. Un compositor y dos letristas crean una canción que supone un éxito, no para un cantante, sino para muchos de ellos, y también quieren tener su trocito del pastel. Desde el momento en que The Beatles imponen el concepto de grupo-autor, compositores e intérpretes recaen sobre la misma(s) persona(s). Y además, los derechos de autor pasan a ser mercadería capitalista que pasa de mano en mano; una inversión que trata de rentabilizarse forzando el éxito de las canciones. Muy chungo.

Pero volvamos a esta gran canción. Yo la conocí a través del libro “1001 discos que hay que escuchar antes de morir”, que por cierto recomiendo. Nos dice dicho texto que la canción fue difícil de grabar. No aparecían las partituras, Fats se equivocaba continuamente con la letra y al final tuvieron que hacer un corta y pega. No es la sensación que da cuando se escucha. La naturalidad con la que Domino canta, con esa cadencia tan negra que hace que todo resulte rítmico y tranquilo a la vez, no hace intuir que le supusiera un problema. Y esa es precisamente la característica que hace que se destaque dentro del disco. Su tempo medio que avanza con decisión pero sin prisas. Eso y el giro armónico que da el tema y que hace que se salga de los patrones del blues y el boogie-woogie.

Es un placer repasar las diferentes versiones de esta canción, descubriendo las aportaciones de unos y de otros. Yo os he seleccionado unas cuantas que me parecen interesantes:

La versión del disco de Fats Domino nombrado aquí:

Versión del propio Fats bastantes años después y en directo. Me encanta el aplomo y el sonido mate de su voz:

Glenn Miller y su big band nos ofrece una grabación del mismo año de composición, 1940. Un sonido mucho más dulce, incluso en la voz:

Versión del incombustible Armstrong con su personalísima voz:

Impresionante grabación en directo de Nat ‘King’ Cole con un Billy Preston niño. No tiene desperdicio:

No he podido evitar poner esta patraña. Celine Dion y un tal Johnny Hallyday hacían esta versión carente de todas las cualidades de las que he hablado. Él no aporta nada y ella se pierde entre tanto adorno. Después de escucharla, volved a la primera y recrearos en la sencillez y naturalidad del “graso” Domino :D

24 octubre 2010 at 8:58 pm 3 comentarios

BIRD GERHL – Antony and the Johnsons


Del álbum I am a bird now (Secretly Canadian, 2005)

En canciones como esta descubro la razón por la que me hice músico. Canciones con las que te reencuentras con la emoción y la expresividad, con eso tan quebradizo que llamamos la sensibilidad artística. Gracias a estas canciones, siento que la música es eso tan grande que intuyo que es, eso que me supera y que transciende, lo metafísico.

Empiezo echando leña al fuego, sí, pero es que me he casado :D y es algo que hace pocos años aseguraba que no iba a hacer. En concreto, cuando descubrí este fabuloso disco. Coincidía que empezaba a salir con mi amada Grace, mi esposa, algo que hace que estas canciones tan intimistas las relacione, inevitablemente, con ella.

Sería por entonces, y por todo esto, cuando volví a reconciliarme con la canción. La canción como pildora músical de apenas 3 ó 4 minutos que condensa lo bello que hay en la música.

Me he casado y además ésta ha sido una de las canciones que se cantó durante nuestra peculiar ceremonia en una hacienda cerca de Sevilla. En un arreglo para cuerda y vibráfono que interpretaron nuestros amigos, que me preparé yo mismo y que cantó precisamente Marcos (¡qué te quiero!), quien me descubrió a Antony y a sus Johnsons and Johnsons. Sólo de recordarlo me recorre un escalofrío por la espalda: esa es la música que me hizo ser músico, la música que emociona y que puedes sentir como tuya (como nuestra debería decir).

Y no nos casamos porque tuvieramos que hacerlo, por suerte. Nuestras familias nos han apoyado desde el principio. Grace y yo quisimos hacerlo y lo hicimos, pese a nosotros mismos. Y lo hicimos como nos apetecía y dijimos lo que nos apetecía, y escuchamos lo que debíamos escuchar, y todo fue perfecto. Sí, es cierto, la perfección no existe y esto huele ya a cuentecito de hadas chungo, pero es bonito poder hablar así de tu boda, y lo que haya salido mal guardarlo en el saco de lo intrascendente ¿no?

¿Es eso lo que lo hizo tan trascendente, entonces? Pienso que no.

Nuestra vida, la vida de cada uno de nosotros, transcurre llena de rutinas y monotonías que nos hacen sentir seguros y tranquilos. Los pequeños sobresaltos, las sorpresas, le añaden algo de emoción. Lo desconocido en pequeñas dosis cotidianas. Pero hay ocasiones en que no nos basta con ese frasquito de incertidumbre y queremos que todo encaje para que nuestra vida sea esa emocionante vida que ansiamos tener. Y, si de verdad lo quieres, sucede. Repentinamente todo encaja, los astros se alinean y lo que era simple coincidencia se convierte en magia ante tus ojos. Y es entonces cuando no puedes dejar de decirle al mundo lo que quieres a la persona a la que quieres, y que deseas hacerlo el resto de tu vida.

Esta canción, Bird gerhl, es una de esas coincidencias mágicas. Una canción de Antony and The Johnsons. Antony Hegarty nació en 1971 como yo. De un disco de 2005, año en que comenzó nuestra relación. El grupo transpasa los límites de la formación pop clásica para integrar instrumentos como violines o violonchelo en acústico. En ese sentido, sus canciones se aproximan a ese concepto de “neolied” que llevo defendiendo desde hace bastante tiempo, y por tanto me identifico más aún con él (como compositor). Todo este disco nos va contando su propia historia, su proceso como transexual. Y esta canción, en la que concluye la historia, nos habla de una “chica pájaro” que puede “volar”. Aparte de lo evidente dentro de su historia, todos podemos entender lo que nos transmite: que cuando llega el fin de un proceso, en realidad lo que estamos es en el inicio de otro. Ahora que ya soy “bird gerhl”, puedo volar. Entenderéis que esta canción estuviese sonando en ese final del camino, inicio de otro mucho mayor, que ha sido nuestra boda.

Más cosas. La versión fue interpretada por un vibráfono porque soy percusionista, dos violines, como hacen los Johnsons (que no usan viola), una viola da gamba por mi conexión con la música antigua y un contrabajo en plan jazz, música que aprecio cada vez más gracias a su libertad para fusionarse con cualquier estilo y que Grace, por cierto, adora. Una amalgama muy de mi agrado. Cantaba Marcos, a quien ya nombré, y que logró que las lágrimas brotaran de los ojos de mi amada. ¡Vaya carga de emotividad que llevaba el tema, ahora que lo veo con algo de perspectiva!

Pero uno de los momentos más bonitos para mi, como músico, fue profundizar en la canción previamente a la boda. Escuchadla. Es una canción sencilla, que se mueve lentamente e in crescendo hacia ese final de disco que comentaba, ese cierre-apertura. La personalísima voz de Antony Hegarty lo llena todo y nos seduce hasta el punto de olvidar a sus Johnsons. Pero, ¡qué nos estamos perdiendo! Escuchar esta canción con oídos de versión fue como descubrir la trampilla que te lleva a la habitación de los juguetes. Y comprendí porqué esta canción se había hecho imprescindible en un momento tan crucial para nosotros. No se trataba de números ni letras, se trataba de lo grande de la música que contiene.

El piano lanza un primer arpegio seguido de un silencio dramático (en el que escuchamos a Antony contar los tiempos del compás en voz baja, algo que confiere a la grabación la sensación de directo), continua con una serie de arpegios con algún contrapunto que otro hasta dar paso a la voz. El sencillo bajo nos ayuda a no perdernos entre las suaves notas del piano. La entrada de la cuerda es delicada, notas tenidas sin adornos, y la serie de acordes da una vuelta más. A esta seguirán otros giros de tuerca, en los que vemos como la voz aumenta su intensidad, su melodía asciende y se llena de emoción. Y aquí está uno de las grandes virtudes de la canción. Vemos (oímos) simultáneamente cómo las cuerdas se van enredando, como en su segunda vuelta añaden unos leves adornos, como en la tercera se aumenta considerablemente el contrapunto y como finalizan homorritmicamente con el piano, en ese dramático tresillo que sigue al “bird gurhl (girl) can fly” y que se repite por tres veces. Es más, esta figura continúa sonando en la conclusión, en la que la armonía da un interesante giro para dejar al piano sólo en los últimos acordes y rematar canción y disco con la delicadeza que corresponde.

Sinceramente, no se me ocurre mejor manera de instrumentar esta canción. Una obra maestra en menos de 4 minutos. Como dije antes, nuestra vida está llena de sobresaltos que nosotros mismo creamos y deseamos. A veces, esas pequeñas incertidumbres son tan deseables, que las hacemos crecer y las convertimos en grandes momentos de nuestra vida. Para mi, los pocos minutos que dura “Bird gerhl” significarán siempre “lo sublime” puesto en música. Serán ese momento tan íntimo y tan enorme, tan romántico en la amplitud del término, ese adentrarse en lo desconocido del futuro con temor y a la vez placer, que fue casarme con Grace.

Entenderéis que le dedique este post :)

15 octubre 2010 at 4:28 pm 2 comentarios

LA CATEDRAL SUMERGIDA – Claude Debussy


LA CATHÉDRALE ENGLOUTIE. Primer libro de Préludes pour piano, Preludio Nº10 (1909-1910).

Enredado en mis asuntos musicales me encuentro, grabando una maqueta de un proyecto más pop que otra cosa, y buscándole nombre a la historia. Pues bien, éste es uno de los nombres que me vinieron a la mente cuando me lo planteé por primera vez: “La catedral sumergida”. Tan hermoso me parece el título que Debussy eligió para su décimo preludio. Hace referencia a la leyenda bretona de la ciudad de Ys, que se había construido por debajo del nivel del mar y cuyas puertas debían permanecer cerradas en marea alta. Hay un santurrón por medio que advierte de los pecados, que si el señor os castigará y esas cosas, terminando la cuestión con la obvia destrucción de la ciudad por el mar. Se dice que las campanas de su catedral se pueden escuchar cuando baja la marea, con el balanceo de las olas.

Esta bella historia recibió de Claude Debussy la mejor “pintura sonora” que pudieramos imaginar. Y la llamo así porque esa era la intención del impresionismo musical: producir en el oyente sensaciones cercanas a las impresiones pictóricas a través de colores tonales y tímbricos, de melodías fragmentadas que sugieren texturas y de sutiles armonías. Veamos cómo logra el francés impresionar nuestra imaginación.

En música instrumental, cada uno puede imaginar a su antojo, pero está bastante claro que los acordes ascendentes que utiliza el francés en la primera sección crean la sensación de burbujas que ascienden de las profundidades, y que el tipo de armonía que utiliza, con paralelismos de quintas ascendentes, crea un ambiente “submarino”, una especie de resistencia del ambiente al movimiento, como sucedería bajo el agua. A ello colabora el uso del pedal, que funde las sonoridades en un “caldo armónico” de gran riqueza.

Es interesante esta apertura por sus connotaciones musicales. El uso de una escala pentatónica nos recuerda a oriente, algo que tal vez nos descoloque un poco, teniendo en cuenta la ascendencia bretona de la leyenda. No olvidemos, sin embargo, que Debussy había quedado fascinado por la música oriental en la Exposición Universal de París de 1889, y especialmente por los gamelán javaneses. Sus percusiones estarían en la mente del autor en muchísimas obras para piano (que no deja de ser otro instrumento de percusión). El gusto por lo exótico podría tener sus raíces en un posromanticismo, pero los paralelismos de quintas son una clara apuesta por algo nuevo, por una vuelta a la sencillez y a los orígenes de la polifonía. Aquí están perfectamente en consonancia con la historia, ya que nos sitúa en un monasterio medieval, con los cantos de los monjes.

La catedral empieza a asomar por el agua, las campanas empiezan a tintinear (una nota en octavas que se repite insistentemente), el agua resbala por las petreas superficies en cascadas y entre la neblina matinal podemos escuchar el órgano de la iglesia, potente aún. Es el momento glorioso en que suenan las campanas en poderosos acordes paralelos que se funden en una única y densa armonía. 

 

Volvemos al ambiente del principio: la catedral regresa al fondo marino. Los sonidos se vuelven oscuros y “vemos” como desaparece la mole entre las aguas. Pero todavía tiene Debussy una sorpresita armónica guardada en la manga. Justo cuando se sumerge definitivamente bajo las aguas, una serie de acordes modulantes con notas añadidas nos avisan de que la imagen desaparece. Las campanas vuelven a sonar mitigadas por el grave fondo marino y unas últimas burbujas ascienden a la superficie, recuerdo de un mundo perdido.

El ataque al sistema tonal y a la armonía romántica nos resultan, en la distancia del tiempo, demasiado sutiles. La música de Debussy suponía un giro hacia el antirromanticismo mayor que el que proponían los atonalistas, herederos, al fin y al cabo, de los sistemas wagnerianos y de la tonalidad ampliada. Los sonidos impresionistas estarían también más cercanos a la búsqueda tímbrica que predominaría en tantos músicos del siglo XX, desde los futuristas hasta los espectralistas, que las complejidades teóricas del dodecafonismo, más interesados en lo conceptual que en el sonido por el sonido.

Estos atrevimientos debussyanos quedan ocultos en una cobertura extramusical que facilita la escucha y nos hace pensar que es “menos del siglo XX”, por así decir. No nos engañemos. Ha pasado un siglito, y eso, de alguna forma, se tendría que notar.

Versión de Claudio Arrau, magnífica, si bien con foto pelá:

Arturo Michelangeli en vídeo, también estupenda y aquí con el señor interpretando:

12 junio 2010 at 8:10 am 14 comentarios

BOHEMIAN RHAPSODY – Queen


Del álbum A night at the opera (EMI, 1975)

Es el primer domingo de mayo, día de la madre en España. Y más cosas que celebrar: solito (o solecito) primaveral, azahar y otras flores, alergias varias, cerveza con tapa en una terraza a las 10 de la noche, primer aniversario del blog … Buen día para postear en homenaje a Carmela, mi madre. Seguro que habrá alguna opción moña por la que optar, y raro es que no me decante por ella, pero me quedo esta vez con un icono del rock, cuya palabra clave es “mama”. Aunque lo que venga inmediatamente después sea “he matado a un hombre”.

¿Qué decir de la más famosa canción de uno de los más famosos grupos de rock de todos los tiempos? Número uno durante 9 semanas seguidas en Inglaterra, así como en numerosos países, repitió puesto en 1991, tras la muerte de Freddie Mercury. Un extenso artículo en wikipedia, traducción de la versión inglesa, nos habla de todos sus detalles en profundidad y me permite ceñirme a lo personal.

A mi me llama especialmente la atención que esta truculenta historia de asesinato contada en primera persona por el criminal que espera se cumpla una pena de muerte, se dirija a la madre. Es como lo más tierno y lo más horroroso unido. Lo bello y lo siniestro, que diría el filósofo Eugenio Trías. Mi primer contacto con la letra coincide con las clases de inglés de mi hermana (es profesora), ya que utilizaba el tema con sus alumnos. Recuerdo que me estuvo comentando esta paradoja, una letra terrorífica contada desde una tierna balada a una madre. Un hombre a quien parece no importarle nada (“nothing really matters to me”) excepto su madre, quien le dio la existencia. Vida y muerte reunidos en esta “rapsodia bohemia”.

Teorías encontraréis varias en el artículo antes citado, desde que simplemente le iba viniendo bien la letra para la canción hasta que existe un significado remanente en el texto relativo a su contemporánea “salida del armario”, pasando por la influencia de Camus y su “Extranjero”. En cualquier caso, las creaciones siempre son hijas de las mentes de sus creadores, consciente o inconscientemente.

En realidad, nunca fue una canción de cabecera para mi. Su mayor cualidad es la de lograr reunir en un único tema las ideas del rock progresivo, el rock sinfónico, el rock duro, el glam, la balada (evitaré el término ópera, que viene en el articulito y que no sería correcto) y orientar este batiburrillo a un público masivo. Es decir, lograr hacer comercial lo que en principio no lo era. Y, no nos engañemos, es francamente difícil. Eso sí, aunar a tantos públicos implica forzosamente no cruzar la frontera, quedarnos afincados en lugares comunes. Es una canción que parece más arriesgada de lo que es.

Recuerdo también las leyendas que se generan a partir de este tipo de temas míticos. Recientemente me comentó un alumno la creencia de que en un principio Mercury sólo había compuesto la balada, y que en el estudio se les fue ocurriendo la parte “operística” (insisto, es incorrecto; deberíamos llamarla mejor “lírica”). De este modo, habrían ido engrosando la sección central según su imaginación se lo iba permitiendo, ad infinitum. Teoría que no parece responder a la realidad.

Otro encontronazo con Queen en su versión más “bohemia” lo tuve hace unos meses, buscando el primer videoclip (ya comentado en otro post). Para muchos, el vídeo promocional que hicieron para este tema es el primer vídeo musical de la historia, si bien la idea de videoclip como formato fijo surge con la MTV, unos años después. Volvemos a toparnos con un grupo que sabe venderse. Buen rock presentado en bandeja de plata.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=3BBKoc5t_9M%5D

Uno de mis últimos descubrimientos relacionados con esta canción: la maravillosa versión que The Muppets hicieron más recientemente.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=5zoDv_Acmt4%5D

1 mayo 2010 at 12:00 pm 3 comentarios

CANTALOUPE ISLAND – Herbie Hancock


Grabado por primera vez para el álbum Empyrian Isles (Blue Note, 1964)

Pocos estándares de jazz instrumental pueden presumir de haber alcanzado una popularidad como la de “Cantaloupe island”. A ello contribuyó notablemente, claro está, el sampleo que los británicos Us3 realizaron en su “Cantaloop” (con juego de palabras incluido; loop=bucle) y que podréis escuchar al final del post. Sin embargo, creo que Herbie ha demostrado una capacidad sorprendente para acercarse al público no especializado sin concesiones a lo comercial, por un deseo de experimentar en las zonas fronterizas, pese a lo que los puristas del jazz puedan pensar.

Eran los años 60 y los músicos de la costa Este estadounidense trataban de revitalizar el jazz, algo adormilado por el cool de la década anterior y poniendo el punto de mira en el bebop de Charlie Parker. Surge así el hard bop, territorio en primera instancia de Miles Davis y su séquito, para tener después una extensa difusión de la mano de gente como Hancock o Marsalis.

También durante esa época nacía el concepto vanguardista de jazz modal, repitiendo nombres (Davis, Coltrane, Evans, el propio Hancock) y que ya comenté en este post.

El tercer y fundamental aspecto a destacar en la obra de Hancock es el ritmo, ya que será uno de los primeros ejemplos en los que este concepto de jazz (el modal) encaja en los nuevos ritmos funk. El swing anterior de carácter ternario, que había presidido toda la primera mitad de siglo y que seguía dominando en el jazz modal, es sustituido por el nuevo concepto binario del “groove“, influenciado por el soul, el funk y el rock. Será así Hancock un músico de fusiones, como podéis comprobar, y será ese acercamiento a lo popular, al mainstream, lo que le proporcionará un importante número de críticas desde el sector más purista del jazz.

Si nos fijamos detenidamente en su música, el concepto que preside es básicamente el del jazz modal, con las improvisaciones sobre diferentes escalas y modulaciones atrevidas en más de una ocasión. Sin embargo, la base rítmica nos sitúa en un sonido más moderno, sobre los cuatro tiempos de batería y bajo, aunque conserva una gran cantidad de contratiempos, característica propia del funk. Esta base, dependiendo de la versión, puede ser muy potente y bailable. Las improvisaciones son impresionantes por lo general, en especial en alguno de los vídeos.

He puesto muchas versiones, es cierto. Lo que sucede es que un artista tan inquieto como el que aquí tenemos no podía encerrarse en su piano y en un estilo concreto, así que estuvo continuamente renovando su repertorio. De hecho, hay muchas más versiones del propio Hancock, incluyendo una a cuatro manos con… ¡él mismo! Sí, a través de un IBM de los años 80, en plan experimental, porque siempre estuvo abierto a innovaciones tecnológicas, teclados de todo tipo, electrónica, etc.

Una muestra de lo que más me ha interesado, comenzando con la original, como está mandao. Espero que os gusten.

Original del disco de 1964:
[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=xfsnVYVd3iI%5D

Versión en directo con más funk y fusión:
[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=XrgP1u5YWEg%5D

Versión brutal, máxima potencia en los instrumentos y calidad de compresión detestable (sorry):
[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=OORPzfpJz8I%5D

Por último, “Cantaloop” de Us3, también genial:
[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=g9HnoRgRIwg%5D

14 octubre 2009 at 5:55 am 1 comentario

WILD IS THE WIND – Nina Simone


Composición de Dimitri Tiomkin para la película “Wild is the wind” (1957) de George Cukor.

La canción que os traigo en este post es un fantástico ejemplo de música ligera de mediados de siglo XX. Seguir su rastro hasta nuestros días, como veremos, supondrá una sorprendente vuelta de tuerca. Comencemos.

Tenemos, en el origen de todo, al compositor ucraniano de bandas sonoras Dimitri Tiomkin (Sólo ante el peligro, Gigante o 55 días en Pekín por citar sólo tres) y letrista americano Ned Washington. De su colaboración nace la partitura de “Wild is the wind”, tema principal de la película homónima dirigida por George Cukor. Para dicha ocasión fue grabada por el cantante de moda Johnny Mathis, quien se movía en los terrenos de la canción ligera y el jazz más popular y cuya versión llegó a estar nominada al Oscar.

Este era el típico funcionamiento en la música popular americana de los 50: un productor (en este caso de cine) encarga a un compositor y un letrista una canción (o varias), busca al intérprete idóneo, el acompañamiento instrumental necesario (bien con arreglos del propio autor, bien de un segundo músico) y graba la versión para su lanzamiento y popularización. Diría yo que estos arreglos son del propio Tiomkin, ya que nos encontramos con su queridísima armónica entre las cuerdas en tiempo medio. Siendo un tema bien interpretado y con muchas posibilidades, hoy día queda un poco difuminado en la montaña de canciones ligeras que se produjeron en la época.

Pasaron casi 10 años hasta que a la increible cantante, compositora y pianista Eunice Kathleen Waymon (Nina Simone) se le pasó por la cabeza volver a grabar el tema en una versión muy particular, demostrando una vez más el camaleonismo de que hacía gala tanto en grabaciones como en concierto. Frente a los menos de 2 minutos y medio de la versión de Mathis, Simone se atrevía a mantener la tensión hasta 7 minutazos. La música ligera empezaba a “pesar” en la grave voz de la cantante, tras un proceso de ralentización del tempo, al que parece que cuesta avanzar (es lo que se conoce como tocar “detrás del pulso”). Las frases se demoran y largas notas sostenidas nos descubren su rápido vibrato. Del acompañamiento desaparece la orquesta de cuerdas (y por supuesto la armónica) para quedar tan sólo un contrabajo en pizzicato y batería con escobillas… y el piano. El piano. Sin duda el contrapunto perfecto para Simone, con su cantar tan apasionado, tan jadeante y lleno de personalidad, es ese piano que se ha cargado de romanticismo, que vuela libremente entre las frases vocales. Entre los dos (voz y piano) son capaces de realizar larguísimos y extenuantes crecendi en que cada pregunta deja paso a otra pregunta, cada acorde a otra incertidumbre, y que magistralmente cierra un piano subito con remate modal, para que no podamos pensar que estamos en el Hollywood de los finales felices.

Tremendo. Esta mujer había llevado una canción sencilla, romántica y popular a lo más alto del lied del siglo XX. Como a mi me gusta, saltándose las barreras estilísticas: ¿es jazz, es soul, es pop…?. Es Nina Simone.

Lo curioso es que la versión del 66 responde mejor a las pasiones que se desarrollan en la película de Cukor, ya que es uno de los pocos acercamientos al Neorrealismo que se realizaron desde los Estados Unidos.

Continúo. Otro camaleón de la música, diez años después. Al David Bowie del 76 se le apetece grabar una versión del tema tras un encuentro con Nina Simone (parece ser ya más suyo que de Tiomkin). La música pop es bien distinta a la de los 50. Bowie hace sus canciones, las interpreta con su grupo e incluso produce. Las figuras del compositor y letrista han quedado diluidas en los medios tras el éxito de los grupos que hacen sus propias canciones.

El inglés hace, claro está, su versión. Acompañamiento de guitarra eléctrica con efectos de ecualización, acústica, bajo y batería, que carecen en este caso del contrapunto de las otras versiones. Escuchada hoy día resulta un tanto insípida (a mi me lo resulta, vaya). Bowie carga las frases de emotividad, influenciado sin duda por Simone, pero la evolución no alcanza las cotas de ésta. Ejemplo es el fade out del final, triste modo de terminar una canción.

A esta le seguirán otras muchas. Clan of Xymox, George Michael, Cat Power, Billy Mackenzie, Barbra Streisand… Y llegamos a 2008, año en que vio la luz la película de Sam Mendes “Revolutionary road”. En ella se cuenta la historia de una pareja común que ve cómo sus sueños e ilusiones se van difundiendo con el paso de los años y la monotonía de sus vidas. Para darle la intensidad necesaria al trailer, que refleje la crudeza del film, se mira hacia Nina Simone y su Wild is the wind, hacia esa pasión amorosa que debería ser feliz pero que se encuentra cargada de tristeza y melancolía. Magistral.

Desde la banda sonora de la película de 1957 hasta el trailer de “Revolutionary road” han pasado 50 años y la música, las películas y su mundo ha cambiado. Y sin embargo, la emoción que Nina Simone despierta sigue siendo la misma.

Para un placer completo, la letra:

Love me love me love me
Say you do
Let me fly away
With you
For my love is like
The wind
And wild is the wind

Give me more
Than one caress
Satisfy this
Hungriness
Let the wind
Blow through your heart
For wild is the wind

You…
Touch me…
I hear the sound
Of mandolins
You…
Kiss me…
With your kiss
My life begins
You’re spring to me
All things
To me

Don’t you know you’re
Life itself
Like a leaf clings
To a tree
Oh my darling,
Cling to me
For were creatures
Of the wind
And wild is the wind
So wild is the wind

Wild is the wind
Wild is the wind

21 septiembre 2009 at 7:57 pm 1 comentario

1234 – Feist


Del álbum The reminder (Cherrytree Records, 2007)

Yo quiero hacer canciones como las que hace Feist. De sonido fresco, amables, de las que te hacen que el día parezca mejor. Accesibles a todos, pero con personalidad. Pop con mayúsculas.

La que os traigo aquí supuso un lanzamiento brutal para la cantautora, al salir en un anuncio de una importante marca de mp3, llegando a ser nominada para Grammy. Esto no la hace mejor canción que muchas otras, y de hecho el “Let it die” es fabuloso de cabo a rabo. Pero la alegría que desprende esta canción (¡¡no dejéis de ver la versión de Barrio Sésamo!!) me apetecía hoy, mira tú.

Eso sí, en cuanto empiezo a informarme de lo que se dice de ella, de su música y de su canción, empieza el mosqueo :/ Como siempre, me traen de cabeza los géneros a los que se adjunta. En concreto, me mosquea el “pop barroco“, término que hace referencia al uso de instrumentos clásicos, especialmente los de cuerda. Bien es cierto que en la segunda mitad de los 60 se pusieron de moda recursos que recordaban al barroco, sobre todo determinadas progresiones “alla Vivaldi”. Pero aquí se prescinde por completo de cualquier sonido barroco, término que más bien se asocia con lo recargado y escesivamente adornado. El que inventa géneros ese día estaba poco inspirado :d

El resto de adjetivos se encuentran en ese terreno de “no me mojo del todo”. El “indie”, por ejemplo. Y el “anti-folk“, que me parece muy bonito pero dice más bien poco. Sólo tenéis que echar un vistazo a la wikipedia y veréis que la discusión es muchísimo mayor que el propio artículo. En fin, ya se verá en qué queda todo esto. Yo de momento veo rasgos de pop y rock sin complejos para utilizar una instrumentación original, a veces cercana al folk americano (como en este caso) y sobre todo instrumentos acústicos (como el piano… de verdad, con sus martillos y todo) y que en general tiene un aire vintage. El hecho de que sea cantautora tiene que ver en su sonido, claro.

Uno de los grandes aciertos de esta canción, a mi juicio, es el uso del banjo, instrumento que ha ido cobrando protagonismo en la música actual, desde el jazz hasta el rock. Su delgado sonido nos aproxima a la música country, género con el que siempre coquetea la canadiense, sin dejarse llevar por el estilo. Con el resto de instrumentos apreciamos el gusto de las producciones de Feist -y que es muy frecuente en la actualidad- por utilizar instrumentos que se apartan del sonido pop-rock. Aquí tenemos un piano que suena un poco añejo, metales, cuerdas y, como no, la guitarra, el bajo y la batería, para no pasarnos de rosca.

El sonido acústico se refuerza con los abundantes coros y con palmadas en el último estribillo, que nos mete en la canción como si fuera de directo. Por lo demás, la sugerente voz de Feist es plato fuerte, con un timbre que parece ser que se ve influenciado por la presencia de nódulos que le da un sonido mate con algunos armónicos agudos. A mi, desde luego, me encanta.

Aquí tenéis el vídeo oficial, perjudicado por Youtube. De hecho, os recomiendo escuchar el disco por la reverberación que le han dado al vídeo (¿porqué?). Eso sí, ojo a la coreografía (abundante en bailarines) y a los bailes que se marca Leslie Feist con un traje brillante en contraste con su forma de moverse y la propia canción.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=q2kvc74OWdQ%5D

Versión de “Sesame Street”, con una letra que nos enseña de forma magistral cómo se cuenta hasta cuatro y lo divertido que es : D

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=fZ9WiuJPnNA%5D

28 julio 2009 at 5:21 pm 2 comentarios

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