BLUEBERRY HILL – Fats Domino

24 octubre 2010 at 8:58 pm 3 comentarios


Escrita por Vincent Rose con letra de Al Lewis y Larry Stock. Del Álbum This is Fats (Imperial Records, 1956).

Es este uno de los ejemplos de producción de mediados del siglo XX del mismo tipo que ya comenté en otras entradas. Compositor y letrista hacen una canción que graban multitud de cantantes y grupos incitados por los productores de diferentes compañías. Tan sólo en 1940, año de composición del tema, se grabó seis veces, entre las que se encuentra la versión de Glenn Miller. En el 49 la grabaría también Louis Armstrong, pero no se convertiría en un éxito internacional hasta la grabación de Fats Domino en el 56. La wikipedia, en una selección de versiones grabadas, nos muestra 36, lo que nos da una idea del éxito que tuvo y que sigue teniendo esta balada.

Podemos entender que en esta industria musical las leyes relativas a la propiedad intelectual tuvieran tanta importancia. Un compositor y dos letristas crean una canción que supone un éxito, no para un cantante, sino para muchos de ellos, y también quieren tener su trocito del pastel. Desde el momento en que The Beatles imponen el concepto de grupo-autor, compositores e intérpretes recaen sobre la misma(s) persona(s). Y además, los derechos de autor pasan a ser mercadería capitalista que pasa de mano en mano; una inversión que trata de rentabilizarse forzando el éxito de las canciones. Muy chungo.

Pero volvamos a esta gran canción. Yo la conocí a través del libro “1001 discos que hay que escuchar antes de morir”, que por cierto recomiendo. Nos dice dicho texto que la canción fue difícil de grabar. No aparecían las partituras, Fats se equivocaba continuamente con la letra y al final tuvieron que hacer un corta y pega. No es la sensación que da cuando se escucha. La naturalidad con la que Domino canta, con esa cadencia tan negra que hace que todo resulte rítmico y tranquilo a la vez, no hace intuir que le supusiera un problema. Y esa es precisamente la característica que hace que se destaque dentro del disco. Su tempo medio que avanza con decisión pero sin prisas. Eso y el giro armónico que da el tema y que hace que se salga de los patrones del blues y el boogie-woogie.

Es un placer repasar las diferentes versiones de esta canción, descubriendo las aportaciones de unos y de otros. Yo os he seleccionado unas cuantas que me parecen interesantes:

La versión del disco de Fats Domino nombrado aquí:

Versión del propio Fats bastantes años después y en directo. Me encanta el aplomo y el sonido mate de su voz:

Glenn Miller y su big band nos ofrece una grabación del mismo año de composición, 1940. Un sonido mucho más dulce, incluso en la voz:

Versión del incombustible Armstrong con su personalísima voz:

Impresionante grabación en directo de Nat ‘King’ Cole con un Billy Preston niño. No tiene desperdicio:

No he podido evitar poner esta patraña. Celine Dion y un tal Johnny Hallyday hacían esta versión carente de todas las cualidades de las que he hablado. Él no aporta nada y ella se pierde entre tanto adorno. Después de escucharla, volved a la primera y recrearos en la sencillez y naturalidad del “graso” Domino :D

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BIRD GERHL – Antony and the Johnsons MONSTER MASH – Bobby ‘Boris’ Pickett and the Crypt-Kickers

3 comentarios Add your own

  • 1. V  |  31 octubre 2010 en 3:11 pm

    Ese “tal” Johnny Hallyday es un francés que debe de tener más de 40 albums de estudio y ha vendido más de 100 millones de discos, aunque tú no lo conozcas :)

    Responder
  • 2. oC  |  1 noviembre 2010 en 2:18 pm

    Gracias por la información. De hecho no pongo en duda su valía, que si está cantando con una superestrella como Celine Dion no debe ser cualquiera. Pongo en entredicho la versión, especialmente si la comparamos con las del resto de músicos.
    Pero bueno, es tan solo mi opinión, que también puede ser discutida y de la que podría retractarme si soy convencido de lo contrario :D

    Responder
  • 3. V  |  1 noviembre 2010 en 9:36 pm

    Por supuesto, de hecho estoy de acuerdo en que el original no tiene parangón, hay clásicos que siempre deberían ser eso, clásicos!

    Responder

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