Posts filed under ‘Rock alternativo’

ISLA DE ENCANTA – Pixies


Del EP Come on pilgrim (4AD, 1987).

Según Nicholas Cook en su libro De Madonna al canto gregoriano, “podría pensarse en los anuncios de televisión como un enorme experimento en torno al significado musical”. El musicólogo británico reflexiona sobre el modo que tiene de operar la música en la publicidad, como medio paradigmático de nuestra época. Gracias a la música, los anuncios consiguen enviar mensajes que llevaría mucho tiempo poner en palabras, y que aluden directamente a nuestras emociones. Sin necesidad de emplear la comunicación verbal, a través de una melodía que dure unos pocos segundos, los anunciantes consiguen transmitir sensaciones dirigidas a su público: personas de un rango de edad determinado, de una posición social, de unos intereses…

Hace poco, con motivo del mundial de futbol que (por si no os habéis enterado todavía) se celebra en Sudáfrica, empezamos a ver este anuncio en las pantallas españolas:

En él no hay mensajes verbales hasta el final: no es necesario. La música invita a un público que debe rondar mi edad y posición a prestar atención. Ya de camino se apuntan gentes más jóvenes que no conocieron a los Pixies, pero que sí que disfrutaron con (por ejemplo) Nirvana o Interpol, por citar dos de los grupos que han reconocido su influencia. Y, cuando nos fijamos en las imágenes que acompañan, el personaje también tiene esa edad indefinida que se sitúa en la treintena y que hoy día nos empeñamos en considerar joven (eso sí, lo vemos más joven cuando adelgaza), así que se confirma visualmente lo que nos transmite mediante el sonido. Las imágenes expresan la fantasía de un vídeo musical; un hombre que corre desde su hogar hasta Sudáfrica sin detenerse y que finalmente marca el mismo gol que había celebrado en casa. Una historia absurda, como la de tantos videoclips, pero cuya fantasía te atrapa durante su breve minuto de duración.

Además del proceso de comunicación, los anuncios activan procesos mentales en cada uno de nosotros muy convenientes para el capitalismo actual. Músicas que habíamos olvidado cobran una renovada existencia en los spots televisivos. Nuestra memoria nos transporta inconscientemente a un tiempo pasado en el que teníamos menos responsabilidades y disfrutábamos más intensamente de la vida. O esa es la transformación que los recuerdos tienen en nuestra mente: teníamos muchas preocupaciones (estudios, amores, familia…) y aquel disfrute intenso a menudo consistía en horas sentados en un banco de un parque con una litrona. Suerte que nos quedamos con la idea de “cualquier tiempo pasado fue mejor”y las músicas de entonces nos hacen saltar hoy de alegría.

“Isla de Encanta”, en mi recuerdo, está íntimamente ligado al programa de radio homónimo locutado por Carolina León, cantante de mi grupo “Death Valley 69”, del que ya hablé en el post correspondiente. Tiempos de local de ensayo, de placita de Sánchez Arjona, de radio hasta las tantas… Y en la banda sonora de aquella época estaban (no los primeros, pero estaban) los Pixies y su poderoso sonido.

Dentro de la afirmación de Cook existe una segunda lectura. Él nos habla en su libro de esa relación significante-significado de la música en los anuncios, que ya hemos visto antes. En este caso, sin embargo, hay una cuestión que no debe escapársenos: la idea que subyace en la canción de Pixies y lo que nos transmite el anuncio. El ultracapitalismo de tarjetas de crédito y la “Isla de Encanta” de la que nos habla la canción. Visto desde la obviedad, esta isla nada tiene que ver con el consumo; parece ser que resume, en un español absurdo, sus experiencias en Puerto Rico. Black Francis vivió en esta isla la experiencia de un mundo feliz en la más absoluta pobreza.

Es irónico, por tanto, el uso de los Pixies para este anuncio. Y más aún si pensamos que las guitarras potentes y el ritmo frenético herederos del post-punk, así como la voz de Francis, cuya forma de cantar preconiza el grunge de Seatle, estaban en las antípodas emocionales de una tarjeta de crédito. Algo ha pasado para que la idea de mundo ideal de entonces haya devenido en la posibilidad de que, en cualquier país, puedas comprar lo que quieras con cargo a tu cuenta corriente. Quedémonos con la música, que por ahora no requiere el uso de tarjetas de crédito.

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3 julio 2010 at 9:17 am 3 comentarios

RID OF ME – P J Harvey


Dos aspectos me sedujeron la primera vez que escuché esta canción: la sencillez demoledora y el sonido de la grabación.

Yo había escuchado ya a la Polly Jean posterior, la del “C’mon, Billy” como cantante en solitario, pero no había indagado en sus orígenes. Aquí aún está con su grupo del principio, que imagino ayuda a darle ese sonido garagero. Bueno, eso y la labor de Steve Albini, productor amante del sonido-sótano. Y confieso que, comparado que lo que ya había escuchado, no esperaba que fuese a gustarme tanto.

El sonido pseudo-cutre es uno de esos aspectos que comentaba. La misma portada del disco, en blanco y negro, que aquí podéis ver

está llena de interrogantes. Empezamos a sentir una cierta inquietudm una claustrofobia de techos bajos que queda confirmada con la escucha de éste, su primer corte. La lujuria hace acto de aparición para quedarse con nosotros. El ritmo cuadrado de la guitarra, marcando los contratiempos, se repite insistentemente, lenta agonía interrumpida por breves cortes que se salen de la cuadratura del rock convencional.

Los momentos de cambio dinámico (con potentes y sucias batería y guitarras) es marca de la época. No olvidemos que el grunge hacía furor en EEUU. En el caso de la británica, estos cambios tienen más razón de ser: concluyen ese caminar cansino de la guitarra y están cargados de emotividad. Culminando, una voz silbante que grita “Lick my legs, I’m on fire” -Lame mis piernas, estoy encendida- con ritmo sincopado (bossanovesco, para más información). Una voz que eriza la piel.

No fue éste uno de los singles del disco, pero supone un preludio impecable a una obra maestra del indie de los 90. No olvidéis tenerlo en vuestra discoteca… o disco duro.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=Sz73BeEJokA%5D

4 diciembre 2009 at 6:39 pm 1 comentario

DEATH VALLEY ’69 – Sonic Youth


Del álbum Bad moon rising (Homestead Records, 1984). Versión de directo del FIB 98.

Ha pasado mucho tiempo desde que Carolina, el Peluki, mi hermano y yo montamos el grupo homónimo en nuestra salerosa Sevilla. Cuando me he acercado de nuevo a esta canción, cierre de nuestros conciertos, esperaba lo lógico, que el tiempo le hubiera pasado la correspondiente factura. Pero resulta que estos cabritos echaron leña en el fuego, y realmente sigue conservando una fuerza que, cuanto menos, llama la atención. Ojo, nosotros también le echabamos ganas al asunto ; )

Y es que los neoyorquinos no han dejado de hacer discos ni de dar conciertos ni de llenar en festivales veraniegos como cabezas de cartel. No se trata de los dinosaurios que vienen a recordarnos sus pasados éxitos, se trata de un grupo de músicos que mantienen las ganas de tocar y crear en comunidad.

En sus comienzos están claramente ligados a la etiqueta “No wave“, si bien esta es una de esas categorías que poco o nada dice. Fundamentalmente advierte del deseo de experimentación. De hecho, si miráis en la página de la wiki de Sonic Youth veréis la lista de géneros que allí se expone. Y cuando te ponen 7 etiquetas diferentes, no te han puesto ninguna. Porque la base del trabajo de este grupo está en la experimentación con el sonido (haciendo honor a su nombre), alejándose intencionadamente de las convenciones del pop y el rock, si bien conservando elementos que los unen a estos estilos, y todo aquel que experimenta con lo ya realizado se aparta de las categorías existentes en ese momento. Lo que sí parece evidente es que sentaron las bases de lo que se llamó noise rock y del rock alternativo posterior, desde su personalísima forma de ver la música.

En este tema cuentan con la presencia de una pionera en el No wave, Lydia Lunch, a quien por cierto pudimos ver en el Spoken Word hace unos años pero, a diferencia de los Sonic Youth, pasadita de rosca. Aquí su voz aguda contrasta con el denso sonido de base y los gritos son uno de sus aspectos más reseñables, por aquello de que se aleja del tradicional grito de rock duro para acercarse al de joven virgen en peli de serie B. En definitiva, da un toque de color, no más a mi parecer.

Donde reside realmente el interés del tema, y de estos primeros discos del grupo en que estaban asentando su estilo, es en el trabajo de equilibrio entre la música pop convencional, el ruido y la improvisación controlada. Empecemos haciendo referencia a cuestiones formales: dos partes, una primera más rítmica y cercana al rock, otra segunda que supone un largo crescendo para desembocar en la primera, es decir, una forma da capo. Tiene algo de canción por el hecho de repetir, en la primera parte, la misma estrofa con carácter de estribillo, si bien vemos como se alejan ya en las cuestiones formales de la convención. La melodía vocal se encuentra en la misma situación, con una primera parte cantada sobre dos notas a distancia de tercera menor y una segunda semi-entonada sin precisión, en un estilo cercano, primero al habla, después al berrido. El pulso se mantiene constante, con tendencia a no utilizar patrones tradicionales de bombo-caja en la batería y sí con frecuencia los toms, creando un sonido más tribal.

Pero será en la tímbrica instrumental de guitarras y en la armonía de bajo donde pegarán un salto sustancial con respecto a grupos coetáneos. La primera sección conserva una armonía en el bajo de dos notas muy rock, mientras que en la segunda se mueve sobre un nuevo centro tonal para ir realizando los más diversos intervalos, haciendo hincapié en los disonantes (abundan la quinta disminuida y las septimas). Las guitarras se centran en el ruido de la distorsión, coloreando la armonía e imprimiéndole una gran variedad de armónicos. La melodía de mandolina de la guitarra sería un clásico del rock alternativo de los 90 (Radiohead, sin ir más lejos).

La muestra que os dejo aquí es de un directo del año 98 en el que al final dan muestra de su sentido de la experimentación con el ruido, con acoples de micros y guitarras de todos los colores. Os recomiendo también un vistazo al videoclip original dirigido por Richard Kern que está muy simpático, por así decirlo.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=ygIELGqX2dk%5D

25 julio 2009 at 2:21 pm 4 comentarios

AIRBAG – Radiohead


Del álbum OK computer (Parlophone, 1997)

Como el gran grupo que es, Radiohead llega a su punto álgido con este tercer disco (disquisiciones sobre las etapas por las que pasan los músicos, en este post). Y como todos los grandes álbumes, su apertura -con este tema- cobra una importancia capital. Es la primera impresión, el arranque de una colección de canciones que, por lo general, funciona como un todo, como diferentes capítulos de una novela. Continuando con el símil literario, las primeras frases de un libro son fundamentales: aquí se resumen las primeras sensaciones, si te engancha o no.

Radiohead se toma muy en serio esta elección, como ya había hecho con “The bends”, su trabajo precedente, y como haría en todos los posteriores. Las canciones que inician sus álbumes de estudio tienen siempre una seña de identidad especial, que por una parte las diferencia del resto, pero por otra te prepara la mente para el resto. Incluso “Pablo honey”, un primer disco que aún deja ver un grupo en proceso de maduración, nos permite entrever esta forma de producir en su primer corte (“You”), sobre un compás de amalgama que marca diferencias ante los grupos de rock tradicional (si bien estos “experimentos” son aún inestables).

Pero volvamos a 1997. No, no era necesario ser fan de Radiohead antes del OK computer para que su sonido te calase. Yo llevaba años sin seguir las andanzas de los grupos de rock y estaba plenamente centrado en la música contemporánea. El año del “Homogenic” de Björk, el “Homework” de Daft Punk, el “Portishead” de Portishead o el “Dig Your Own Hole” de los Chemical Brothers ofrecía demasiados estímulos como para que no picase el anzuelo de los escenarios de la música popular. La guitarra eléctrica cedía el trono de reina del rock a las máquinas electrónicas, que eran de uso obligatorio: hasta el nu metal o las producciones más punk de la época incluian cortes realizados por secuenciadores, sintetizadores (más o menos vintages, dependiendo del género) o bien realizaciones informáticas de posproducción.

Radiohead no serían impermeables a la corriente dominante. Fascinados por los trabajos de DJ Shadow basados en el sampleo, trataron de emularlo a través de la batería de “Airbag”, transformada electrónicamente. Para ello grabaron a Phil Selway para emplear un fragmento de 3 segundos como sampler generador de todo el ritmo de la canción. El resultado brilla con luz propia: es una de las canciones del OK computer con más fuerza rítmica. A ello contribuye, desde luego, el potente bajo de Colin Greenwood, que también parece retocado electrónicamente. De hecho, se basa en una secuencia de tan sólo tres notas, y casi nunca marca los tiempos fuertes, alejándose de este modo de un bajo de rock tradicional y aportando tintes más cercanos al funk o a la música electrónica.

Y aunque no fueran los tiempos gloriosos de las guitarras eléctricas, al sonido rock de Radiohead no podían faltarle las de Jonny Greenwood y Ed O’Brien, en este caso sin ningún complejo de sample. La melodía de comienzo con su cromatismo final que produce un cambio armónico menor-mayor es seña de identidad del tema, y se reproducirá en la línea vocal. Sumemos a ésto todos los recursos al uso: riffs, punteos a lo “mandolina”, ruidosas distorsiones, etc. El rock indie de final del milenio ya tenía nombre y apellidos.

Perdón. La denominación de origen que acabo de formular no está completa sin la figura enorme de Thom Yorke, cantante y letrista de la banda. Los textos del álbum tienen el sabor inconfundible de una época gris y toca temas que estaban afectando a las generaciones X e Y: la deshumanización tecnológica, el nihilismo, la globalización, el abandono… En este caso nos habla del milagro de seguir vivo después de un accidente, o simplemente por el hecho de continuar entero al bajar de un coche. Yorke opina que “Nosotros sólo conducimos en esas cosas, pero realmente no las controlamos”. El título original (“An airbag saved my life”), sacado de un manual de la asociación de automóviles AA, hace también referencia a la canción “Last night a DJ saved” my life de 1983 del grupo Indeep, si bien su sonido disco se encuentra en las antípodas de Radiohead.

Los videoclips de Radiohead no llegan por lo general a ser las condensadas obras de arte que Gondry o Jonze grababan por aquella época. Aquí nos encontramos con una secuencia de pruebas de colisiones a cámara lenta. Y sí, podemos darle toda la poesía que queramos, pero la música será mucho más responsable de ello que las imágenes. ¿Qué os parece a vosotros?

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=8__vHs3xcR4%5D

16 junio 2009 at 3:04 pm Deja un comentario


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