Posts tagged ‘concerto’

CONCERTO PARA MANDOLINA, CUERDA Y BAJO CONTINUO EN DO MAYOR, RV. 425 – Antonio Vivaldi


Compuesto en 1725.

 “Nada puede salvar a la música culta del triste destino de difuminarse en praxis oscurantista y patrañera salvo el instinto de ponerla en cortocircuito con la modernidad”, dice brillantemente Alessandro Baricco en su ensayo El alma de Hegel y las vacas de Wisconsin (Editorial Siruela, 1999). Y no puedo estar más de acuerdo. Nunca hemos tenido tantas opciones a la hora de escuchar música, conviviendo en nuestras discotecas (en la mía, al menos) sonidos de hace varios siglos con las últimas vanguardias, rock de los 50, pop de los 80 o electrónica de rabiosa actualidad, música de cualquier cultura imaginable. En la “era de la comunicación” que vivimos actualmente es posible escuchar música en montones de situaciones cotidianas: el despertador, una llamada de móvil, la tele, Internet, la radio del coche, el mp3 cuando hacemos deporte (ya los hay submarinos, para la piscina), los videojuegos y podría seguir así un buen rato.

El alegato de Baricco viene a poner el énfasis, principalmente, en una interpretación moderna de los clásicos. En dejarnos de puritanismos clasistas y comprender que la música de los grandes compositores no puede ser escuchada con oídos de su época, porque vivimos en otra radicalmente distinta. Limitar sus músicas a determinados escenarios conservadores sería, como dice Baricco, “hacerlas rígidos iconos de una mitología rancia equivale a domarlas y confinarlas en el parque natural de una espiritualidad dominguera”. Me encanta, el tío reparte leña a diestro y siniestro.

Por eso en nuestra época, la música de Vivaldi que hoy comentamos tiene cabida tanto en teatros y salas de concierto como en anuncios (Digital +)

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=warkJmCLqkA%5D

o en películas (Kramer vs Kramer), en este caso en una transcripción de la pieza para mandolina y guitarra.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=YVzK2MvHNuI%5D

¿Porqué habría que ceñirse a disfrutarlo tan sólo en los conciertos o los discos? ¿Porqué no disfrutar de un buen anuncio, que realmente pone a Vivaldi “en cortocircuito con la modernidad”?

La lectura de este ensayo supuso para mi un antes y un después en la apreciación musical. Baricco fue capaz de darle forma a muchas cosas que me rondaban la cabeza, y hoy día me permite difundir la buena música de una forma diferente, sin trabas impuestas por los rígidos cánones de la “gran música”. Ni que decir tiene que a los niños y niñas de mis clases les gustan las piezas que ya han oído (esta, por ejemplo) y así se puede ir cimentando una escucha más consciente (en algunos casos, claro Xd).

Del concerto en sí, poco más que añadir: los tres movimientos de rigor, allegro-adagio-allegro; el habitual diálogo entre la mandolina y la orquesta; los escalones dinámicos propios del barroco; así como los recursos armónicos de Vivaldi, con sus características progresiones. Un bonito concerto a solo.

Para disfrutar de las versiones a tutiplein:

La del anuncio de Digital +, versión de The Zagreb soloists, en spotify:

http://open.spotify.com/track/2BfG2Rj9lEynPeeqXcKznu

Una estupenda versión de The Kapsberger Ensemble, con Rolf Lislevand a la mandolina:

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=-utT-BD0obk%5D

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23 enero 2010 at 6:04 pm Deja un comentario

CONCERTO PARA CLAVE Nº 5 EN FA MENOR BWV 1056 – Johann Sebastian Bach


Segundo movimiento (Largo) compuesto en 1735.

La música puede abandonar a su época y autor para volar muy alto, para devenir eternidad. Hemos de olvidar el contexto, el marco en que deberíamos situarla, y simplemente escuchar con oidos nuevos, no alterados por el conocimiento. ¡Qué daría yo para escuchar por primera vez este increible largo de concierto! Es lo que tiene la modernidad, que podemos escuchar una y otra vez las mismas piezas, que van erizando nuestra piel un poco menos a cada escucha.

Por fortuna, existe situaciones que nos permiten recordar lo que sentimos cuando estos sonidos se ponen en movimiento. En mi caso, el redescubrimiento vino de la mano de Woody Allen y su magnífica película “Hannah y sus hermanas”. Supongo que ya sabréis que Allen utilizaba su colección de discos para las bandas sonoras. Sí, es cierto que el hombre es un apasionado del primer jazz y que casi toda su abundante producción está trufada de dixieland, swing, big bands y un largo etcétera de piezas del estilo. Sin embargo por aquí y por allá aparecen joyas de la música clásica, que también deben apasionar al neoyorquino. La escena en que esta música es protagonista nos muestra a un Michael Kaine enamorado de la hermana de su mujer que se hace el interesante poniendo esta pieza (en vinilo, por supuesto) en su interpretación para piano y cuerda. Y con ese gesto queda todo dicho.

¿Por qué tenemos que despreciar (en cierto modo) cuestiones sociales y musicales para volver a cargar de significados a estas músicas? Bien, vuelvo a lanzar una hipótesis con su argumentación y todo. Para empezar, un concerto de 1735 era una pieza italiana -que Bach funde con su estilo alemán, inaugurando así el concierto para teclado– que constaba de tres movimientos. El lento es siempre el segundo, y por tanto va precedido y continuado por otra música. De hecho, este movimiento termina esperando continuidad, y si escucháis la versión completa os daréis cuenta de que finaliza en la dominante de fa menor, tonalidad del último movimiento, aunque éste se desarrolla en el relativo mayor, caso frecuente en los concerti en tonalidades menores. Es evidente que tenemos que olvidarnos de todo esto para disfrutarlo “per se“. Parece demostrado que los concertos para clave de Bach fueron reelaboraciones de concertos para violín o, en este caso, para oboe. Hoy día sería como volver a cantar la misma canción pero “remezclada”. En su época, esta situación era muy frecuente y difiere de lo que pueda significar hoy día reelaborar un material precedente. Como las músicas eran escuchadas exclusivamente en sus interpretaciones en vivo, una pieza de Bach podía oirse muy poquitas veces, e incluso en una única ocasión. Este hecho ha provocado la desaparición de un gran número de piezas del autor, quien quizás veía en sus partituras caducadas más utilidad para encender fuego o limpiarse las botas llenas de barro del lluvioso Leipzig. Y, por tanto, una pieza que ya no se escucha puede volver a escucharse como si fuera otra pieza. Y ya está. Al fin y al cabo, los grandes barrocos no dejaron de ser unos artesanos asalariados para nobles y gobernantes, y había que ganarse las habichuelas todos los días.

Una visión poco romántica, ¿no? Y sin embargo, ¡qué sublime resulta en la escena que comenté antes! Pero bueno, ¿es que Bach no tuvo nada que ver con que esta música nos resulte sublime? ¿Tan sólo una suma de condiciones “ambientales” nos hacen sentir determinadas sensaciones con determinadas músicas? No lo veo así. Bach era un músico de su época, un currante del copón y padrazo de veintitantos niños (bueno, en esta época ya grandullones), y es probable que lo que hoy consideramos “romántico” en nada tocase a su forma de entender la música. Pero hizo un buen trabajo. Digo más, un trabajo sublime.

Leyendo el “Grout” de Historia de la música occidental me encuentro con la crítica que un coetáneo llamado Johann Adoph Scheibe hizo al estilo de Bach en 1737. En ella es acusado de resultar aburrido, ampuloso, confuso y de oscurecer la belleza de su música con un exceso de artificios. Nuevamente un ejemplo de lo necesario que resulta escuchar la música de los clásicos con oídos nuevos, porque si usásemos los del pavo este… El concerto BWV 1056, y especialmente su largo, se encuentra cabalmente en las antípodas de lo descrito por Scheibe. La línea melódica avanza con una sorprendente delicadeza con el soporte del pizzicato de las cuerdas, resultando (en especial en la primera sección) luminosa y sencilla, el contrapunto está usado con la prudencia y simplicidad de un sabio y la forma se nos muestra como si de un libro abierto se tratara. Una sencilla forma que termina de manera inestable, como ya comenté anteriormente, lo que me recuerda a los breves movimientos lentos de los conciertos de Vivaldi. Bach ofrece al intérprete una partitura que podrá llevar hasta la cima de los sentidos.

Y pasemos, por tanto, a la cuestión de la interpretación. Dos se ofrecen aquí: la primera para clave y la segunda para piano (que es la que se escucha en la película). Si me preguntáis, las dos maravillosas. La sutileza del clave está acentuada en esta grabación, los adornos comedidos y la precisión rítmica roza la perfección, permitiéndose Pinnock pequeños rubati que aportan una emoción contenida. La de Gould, bueno, ya conoceréis al personaje, uno de los mejores intérpretes del maestro alemán, y en este caso (¡por suerte!) no se le escucha cantando por detrás. El piano carga las tintas de la expresividad y, sobre una punzante cuerda, llena de calidez y sensibilidad el espacio sonoro. La imagen mental que se me viene a la cabeza es la de una manta cálida que te arropa ese día frío de invierno; llueve en la calle, la chimenea está encendida y está anocheciendo.

Llegó la hora: pónganse los oídos nuevos, cierren los ojos y escuchen.

Versión para clave: Trevor Pinnock y The English Concert
[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=NLrNhMGPQtk%5D

Versión para piano: Glenn Gould
[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=S7mzHZIrqtc%5D

Escena de Hannah y sus hermanas (Dirigida por Woody Allen, 1986). Esto es para abrir boca, porque desgraciadamente no he encontrado a la que hago referencia. En cualquier caso, se aprecia el ambiente en que la música de Bach hará su aparición. Y así tendréis que veros la peli completa :D
[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=ieoFkuu_aNM%5D

Y, por último, para los que quieran escuchar el concierto completo. Aviso: no sé por qué pero la grabación del primer movimiento no parece coincidir con la de los otros dos. :S
[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=tOKIHzd7sZM%5D

11 julio 2009 at 7:08 am 6 comentarios


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