Posts filed under ‘Blues rock’

SOUL SACRIFICE – Santana


Interpretado en directo el 16 de agosto de 1969 en el Festival de Woodstock. Aparece en el álbum de estudio Santana (Columbia Records, 1969).

Tan sólo unos meses antes Santana había grabado un álbum homónimo, el primero de su carrera, y aún no había sido lanzado. Llegan por tanto a Woodstock al mediodía de la segunda jornada, digamos que en plan calentar al público para los tochos que vendrían a la tarde-noche (Janis Joplin, Sly & The Family Stone, The Who… no digo na). Se trataba de un grupo de chavales que apenas llegaban a los 20 años y eran pura energía. Justo lo que un público que empezaba a animarse necesitaba, y justo lo que podemos apreciar en el montaje que se nos legó del evento.

Carlos Santana y su grupo llegaban a Woodstock con una fusión entre blues-jazz-rock y música latina (si me permitís las categorías). Para ello contaban con el grupo convencional de psicodelia de la época (guitarra eléctrica, bajo, teclado y batería) más la percusión latina (en este caso se ven en escena congas, bongós y timbales, aunque luego, como veremos, habrá más) que siempre aporta su punto étnico. Tocaron “Soul sacrifice” para terminar, aunque añadirían, ante el clamor de la gente, un bis. La elección del tema no era gratuita. La energía que desprende sus ritmos obsesivos, la repetición constante del bajo y la ácida guitarra de Carlos irán incendiando al público durante nueve minutos en un crescendo de intensidad emocional (que no sonora) verdaderamente admirable. La idea es simple, lo difícil es mantener durante tanto tiempo la intensidad. Para ello harán uso de un recurso muy jazzístico y que el jazz-rock y el blues-rock explotarían hasta la saciedad: las improvisaciones a solo. Y hay que tener mucho que decir con tu instrumento para continuar “souleando” cuando los demás lo han dado todo.

Para empezar se presenta el tema en la guitarra. A partir del segundo minuto nos quedamos con la sección rítmica, es decir, bajo, batería y percusión, trincando el teclista unas maracas y Carlos Santana un cencerro, para acentuar el rollo percusión latina. Y tras un minuto de percusión, reducimos aún más, comenzando el famoso solo de batería que se marcó un Michael Shrieve de 19 añazos y que va recorriendo cada parte del instrumento con el pulso constante del pie de charles, muy a la usanza del jazz tradicional (por cierto, coge las baquetas también a la antigua, con la izquierda cruzada). Tras una buena dosis de “tribalización” y la marca correspondiente regresamos al solo de guitarra de Santana. Para mi gusto no le quedó de dulce, pero me agrada la forma que tiene de tomar ideas de su país natal (México, para más datos) y fusionarlas con las escalas de blues e improvisaciones jazzísticas. En breve dará paso al teclista quien, con descompuesto rostro, realizará un solo comedido pero enérgico, que irá cargándose de notas para llevar el tema al éxtasis. Es el momento de retomar la idea inicial, una simple secuencia de tres acordes sobre la escala pentatónica de blues -nótese que es el mayor movimiento armónico que se produce en todo este tiempo. Y, como broche final, una fantástica coda, tras un tenso silencio remarcado en el vídeo con un “negro”. Me encanta cómo han trabajado este final en el grupo, cómo inciden nuevamente en el centro tonal (a la manera clásica) y la fuerza con precisión que demuestran. El montaje aquí, como en el resto de la actuación, está muy acertado, marcando los tiempos fuertes con planos de un público totalmente entregado al grupo y, debo suponer, al cannabis y otras sustancias alucinógenas, con tío en pelotas incluido. Muy Woodstock.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=XnamP4-M9ko%5D

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13 julio 2009 at 3:47 pm Deja un comentario

FIRE – Jimi Hendrix


Interpretado en directo en el Festival de Woodstock, 1969. Grabada en estudio para el álbum Are you experienced? de The Jimi Hendrix Experience (MCA Records, 1967).

A mediados de agosto de este año, muy próximo a mi cumple, se conmemorarán los 40 años desde que se realizó el más famoso festival de música juvenil de la historia, en pleno “flower power“. Woodstock reunió a medio millón de chavales ávidos de música y diversión (especialmente centrada en drogas y sexo). Cuando se ven imágenes del evento se ponen los pelos de punta. Una marea humana cubría los terrenos de la granja de Max Yasgur en Bethel (estado de Nueva York). Por este entorno rural fueron desfilando algunos de los más importantes músicos y grupos de la época, y que poco a poco iré desgranando en sucesivos posts. Un homenaje más que merecido a todo un símbolo contra la guerra.

Y para abrir, el icono que cerró el festival. A Jimi le quedaba poco más de un año de vida y su repercusión era ya inmensa. Hacía poco que se había disuelto su The Jimi Hendrix Experience debido fundamentalmente a las extravagancias del guitarrista, con su anárquico perfeccionismo en el trabajo (difícil y extraña combinación). Y allí se presentó con un nuevo grupo, que el speaker presentaba como “The Jimi Hendrix Experience” y el propio Hendrix corregía y renombraba como “Gipsy Sun and Rainbows”. Es significativo.

Su actuación había sido programada para el final del festival, a petición (o tal vez debería decir “por exigencia”) del propio Hendrix. Esto le perjudicó sobremanera, ya que su aparición, pensada para la mitad de la noche del 18 de agosto, tuvo que retrasarse hasta las 9 de la mañana del día siguiente por la multitud de problemas técnicos, logísticos e incluso climáticos (es lo que tiene hacer un festival en Nueva York: en algún momento lloverá XP). El público, después de varias noches intensas, se fue retirando y los que aguantaron escucharon con escasa atención las dos horitas que se pegó el virtuoso guitarrista encima del escenario. Supongo que más de uno/a se habrá arrepentido luego de largarse del sitio, pero me imagino que el personal estaría muerto. Todos estos factores extramusicales son importantes, y lo más interesante es que quedan reflejados en la grabación que vamos a ver.

¿Y porqué, dentro del potentísimo repertorio que interpretó Hendrix en Woodstock, he elegido “Fire”? Los motivos son los siguientes:

1º) Me gusta. Nos remite al sonido que le llevó a la fama, con canciones de tradición pop de 3 ó 4 minutos.

2º) La calidad que demuestra Hendrix a la guitarra es abrumadora. Aquí no hace alarde de las extravagancias que tan famoso le hicieron (tocar con los dientes, tras la espalda, etc…). Se limita a tocar como él sabe un tema que suena a R&B clásico, sin más.

3º) Sí, nos remite a la tradición del blues, pero sigue siendo un Hendrix embelesado por la música psicodélica, y por tanto por los recovecos armónicos y formales que el estilo aportó al rock. Aquí lo encontramos presente en una rápida batería conforme al género y en momentos de la guitarra que a duras penas puede seguir el pobre bajista.

4º) Se ve bien y suena bien. Todo un logro para Youtube.

5º) Es un directo que nos cuenta mucho más de lo que supone una simple interpretación de un tema. En concreto, fijaos como a mitad del primero de los solos de guitarra hace indicaciones al bajista de lo que va a hacer (en este caso con respuesta positiva), poco después repite los gestos (en este caso con escaso éxito y gran desagrado del genio), a partir de ahí, hasta al batería se le notan síntomas de nerviosismo (por lo que escucho), a Hendrix se le va la olla y no pulsa el pedal adecuado en el momento oportuno (por lo que veo). Y lo que es más destacable, la mirada final de “joder, vaya mierda”.

Así es, Hendrix no quedaba satisfecho. Y me encanta tener la oportunidad de sentir de alguna forma la humanidad de un auténtico monstruo de la música. Y creo que estos detalles hacen a un directo tan grande como el más perfecto de los discos de estudio. Y me pregunto ¿cómo habría sonado si le hubiera gustado? Y me siento a esperar vuestras opiniones escuchando lo último de Jay Jay Johanson (Pse…).

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=qQRUcybOjOM%5D

1 julio 2009 at 3:21 pm Deja un comentario


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