Posts tagged ‘tempo rápido’

(DON’T WORRY) IF THERE’S A HELL BELOW, WE’RE ALL GOING TO GO – Curtis Mayfield


Del álbum Curtis (Curtom Records, 1970)

Hace unas semanas tuve conocimiento de un curioso proyecto –más que un grupo– llamado Fundación Robo. Se trata de un colectivo abierto que pretende implicar a músicos e intérpretes diversos (entre los más conocidos: Nacho Vegas,  Albert Pla, Fernando Alfaro y gente de Tachenko o Grupo de Expertos Solynieve). Según ellos mismos se definen: “Espoleados por la reciente agitación política, la plataforma Robo intenta crear un espacio para escribir otro tipo de letras, esas que consisten en abrir la ventana y echar un vistazo a lo que ocurre fuera”. Es decir, una especie de retorno a la canción de denuncia y protesta, surgido al calor de nuevos movimientos sociales como el 15-M.

Parece, pues, que de nuevo se hace necesario que los artistas se comprometan con su tiempo y que colaboren en esa complicada tarea de hacer despertar nuestras conciencias. Ahora que todo parece estar conquistado en materia social, el arte nos muestra que siguen existiendo diferencias de clase y desequilibrios. Y aunque los conflictos raciales tal vez no sean tantos como en el pasado siglo (y tengamos a Obama como “jefe de todo esto”), ahí siguen: grandes obras televisivas –y artísticas, sin duda– como ‘Treme’ o ‘The Wire’ así lo están denunciando.

¿Dónde arranca la lucha contra la discriminación racial? Seguramente tuvo su importancia el gesto de Rosa Parks, en 1955, al negarse a ceder el asiento a un hombre blanco en un autobús del sur de los Estados Unidos, lo que motivó que se pusiera fin a la segregación en el transporte público. La actividad del Movimiento por los Derechos Civiles en Norteamérica continuó durante la convulsa década de 1960, en la que serían asesinados Malcolm X y Martin Luther King.

En los primeros años 70, por tanto, la vida de la población afroamericana no debía de ser nada fácil. De ahí el valor que adquiere en nuestros días ‘Curtis’ (1970), primer disco en solitario del compositor, cantante y multi-instrumentista Curtis Mayfield, lanzado como un tremendo alegato contra la discriminación racial. El single ‘(Don’t worry) If there’s a Hell below, we’re all going to go’, primer corte del álbum, muestra ya la valentía de este trabajo, que suponía una contundente advertencia sobre la tensión que estaban alcanzando en aquel país las relaciones entre gente de distintas razas.

La canción se abre con una intro en la que una voz femenina recomienda la lectura del ‘Libro de las Revelaciones’ de la Biblia (también conocido como ‘Apocalipsis’), como única forma de “cambiar de rumbo y enderezarlo”. A continuación, emerge la voz del propio Curtis como amplificada por un altavoz con eco, lanzando apelativos despectivos a los diferentes grupos étnicos (“Sisters! Niggers! Whities! Jews! Crackers!”) y el mensaje que da título al tema (“No os preocupéis, si existe un infierno ahí abajo, ¡vamos a ir todos!”), seguido de una especie de grito de guerra que anuncia el comienzo de la canción propiamente dicha. El comienzo del combate contra los prejuicios y de la crítica al sistema que los alimenta.

La denuncia que expresa la letra no deja que nadie salga indemne en su responsabilidad con la sociedad, desde los propios grupos étnicos, sus representantes y las fuerzas del Estado (“Sisters, Brothers and the Whities / Blacks and the Crackers / Police and their backers / They’re all political liars”), pasando por el sistema judicial (“Hurry, people running from their worries / While the judge and his juries / Dictate the law that’s partly flawed”) hasta llegar al propio presidente Nixon (“And Nixon talking about ‘Don’t worry’”), quien por cierto estaba a punto de verse salpicado por el caso Watergate.

Anterior a dos grandes obras como el ‘What’s going on’ (1971) de Marvin Gaye y el ‘Innervisions’ (1973) de Stevie Wonder, ‘Curtis’ anticipaba una profunda reflexión sobre el clima social de injusticia, sufrimiento y odio en el que parecían sumidos los Estados Unidos. En las letras de canciones como ‘The other side of town’, ‘We the people who are darker tan blue’ o ‘Miss Black America’, hay quien incluso ha visto un modelo para la vertiente social del rap (aunque tal vez tuviera más influencia la canción-poema de Gil Scott-Heron ‘The revolution will not be televised’, publicada justo un año después). Sí parece clara la “huella” –nunca mejor dicho– que el anterior grupo de Mayfield, The Impressions, dejó en Bob Marley & The Wailers, quienes llegaron a versionar algunas de sus canciones y hasta copiaron su look, adoptando el discurso combativo y crítico en sus canciones de los años 70.

De hecho, para acabar de entender lo que supuso ‘Curtis’ en la carrera de Mayfield, conviene que conozcamos su etapa anterior, en la década de los 60, cuando aún formaba parte de The Impressions. Este grupo de doo-wop, soul y R&B se codeó en aquellos años con formaciones míticas de la Motown como The Temptations, The Miracles y The Four Tops, aunque su sonido no era tan pop sino más cercano a la tradición musical sureña, representada por sellos como Stax o Atlantic. Tal vez el motivo resida en que Mayfield conoció a uno de los integrantes posteriores de The Impressions en el coro de la Iglesia de Chicago, y más tarde militó junto a él en varios grupos de gospel locales. Ya con The Impressions, Curtis se consolidó como compositor y alcanzó gran éxito en las listas gracias a un buen puñado de singles.

Poco a poco iría introduciendo temas sociales en sus textos, hasta el punto de que canciones como ‘Keep on pushing’ (1964), ‘People get ready’ (1965) o ‘We’re a winner’ (1968) sirvieron de inspiración al Movimiento de los Derechos Civiles y fueron enarbolados como auténticos himnos por Martin Luther King y el Black Power. Mayfield lograba así colocar la defensa de los derechos de la población afroamericana como tema de algunas de las canciones más populares de la década. Y aun así, sentía que no era del todo fiel a sus ideas: necesitaba expandir su talento y su discurso, necesitaba independizarse. Por eso decidió crear, junto con su manager Eddie Thomas, un nuevo sello (Curtom Records) que acogería sus propios proyectos a partir de entonces y bajo el que lanzaría su debut en solitario.

Esto explica que, pese a tener por entonces sólo 28 años, ‘Curtis’ muestre tal madurez y riqueza, no sólo en los textos sino también en lo musical. En este sentido, ‘(Don’t worry)…’ es el perfecto ejemplo de la evolución de Mayfield como compositor: su rabia y su urgencia creativa confluyen en una canción funk con toques psicodélicos, que se alarga hasta casi los 8 minutos. Destaca la exuberante instrumentación, desde el bajo distorsionado que la abre hasta las omnipresentes congas, pasando por la guitarra ‘wah-wah’ o las secciones de vientos y cuerdas. Precisamente los arreglos de estas últimas, junto con el protagonismo de las percusiones, llevan esta canción a un estilo cercano al ‘sonido Filadelfia’ que Isaac Hayes originaría un año después en ‘Shaft’, considerado como precursor de la música disco.

En efecto, pese a su carga de denuncia, en esencia no deja de resultar música “de baile”, con elementos que se van superponiendo de forma aditiva y creando una suerte de trance, al que también contribuye la prolongada duración del corte. Recuerda bastante, en ese sentido, al single tal vez más popular de este álbum, ‘Move on up’, del que se diría que este ‘(Don’t worry)…’ constituye su “reverso tenebroso”. En ambos la estructura se basa en la música negra tradicional, puesto que no hay alternancia de estrofas y estribillo, sino una base continua en la que partes vocales e instrumentales se van sucediendo como en un diálogo.

Sin más, os dejo con el bajo distorsionado y ese ambiente apocalíptico que también estos días parece adueñarse de nuestras calles, aquí en la Europa del euro, el déficit y los rescates bancarios. ¿Quién nos advierte del riesgo que corremos al olvidarnos de las personas? Hacen falta muchos Curtis que comiencen a predicar el evangelio del despertar social.

el fuego fatuo

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2 marzo 2012 at 10:10 am 4 comentarios

MUSIC FOR PIECES OF WOOD – Steve Reich


Para cinco claves afinadas. 1973.

Si existe una obra occidental que se adentra en la música como mantra, como medio para llegar a otra dimensión, esa es la Música para piezas de madera del percusionista y compositor norteamericano Steve Reich. Interpretar esta obra es adentrarse en un terreno pantanoso en el que el tiempo se difumina y los asideros musicales que los occidentales hemos creado, como el compás, desaparecen.

Pero lo que me parece más sorprendente de ella es que, a simple vista, la partitura no nos previene de nada de eso. Un compás sencillo, un patrón de simples corcheas y nada especial. Para cualquier percusionista es una pieza elemental… hasta que hay que tocar. Cuando empiezas a tocar una, dos, tres, cuatro, cinco, seis… treinta y dos, treinta y tres, treinta y cuatro, … setenta y seis, setenta y siete… Hay un momento en que es prácticamente imposible saber dónde se encuentra el compás: ha desaparecido. Tus manos siguen tocando, pero tu mente no las controla. De hecho, no eres capaz de analizar racionalmente lo que escuchas, se ha convertido en un mantra en el que estás inmerso.

Esto sería así completamente si no tuviese algunos hitos, momentos de unísono o de acentuaciones marcadas que hacen que la forma se complique levemente y suponen una concesión al espectador, que lleva muchos minutos escuchando esa masa de sonido informe que avanza como una ola. En todo caso, como sucede con los exitosos Mayumaná y ese tipo de rollos, lo que resulta atractivo al auditorio es ese mover palos arriba y abajo en alegre pero tenso batir.

Si atendemos al movimiento de manos, veremos que se trata de dos ritmos contrapuestos con un pulso constante en el centro. Los ritmos contrapuestos, en realidad, son el mismo pero desplazado, una técnica muy del agrado de Steve Reich. Los compases varían a lo largo de la obra, empezando en un 6 por 4, luego un 4 por 4 y, por último, un 3 por 4. Es decir, se va cerrando el radio de acción de las acentuaciones y acelerando la producción de ritmicas.

En esta versión queda bastante bien reflejada la realidad de esta obra. En algunas ocasiones vemos como los intérpretes se sienten cómodos con los golpes que están dando, en otros casos se pueden notar pequeñas imperfecciones en la rítmica de una de las claves, y en algún momento, incluso, sentir que uno de los percusionistas está al borde del colapso. Y, os lo aseguro, esto es como saltar a la comba, una vez que te metes, no se puede parar.

El final es significativo al respecto. Están enfrascados en la rítmica, que ya se encuentra bien estabilizada y controlada. Pero hay que terminar, que para eso es música de concierto. El gesto del percusionista de la izquierda marca los dos últimos compases, pero… ¿dónde empieza ese compás?

Una vez más, como tantas otras en el minimalismo, una asombrosamente sencilla partitura esconde una obra de difícil interpretación. Yo tuve la suerte de interpretarla en el Teatro Central de Sevilla con mis amigos de Taller Sonoro, y la recuerdo como una de las más grandes experiencias que he vivido subido a un escenario, en lo que a intensidad se refiere. Nuestra interpretación, sin concesiones, duraba casi 15 minutos, y era fascinante el silencio que se creaba tras tanto tiempo de sonido intenso. Porque, aunque sea un instrumento tan sencillo y humilde, ¡cómo suenan unas claves!

En este caso, la versión corre de cuenta de Nexus, un grupo japonés dirigido por Toru Takemitsu. Se trataba de una serie de conciertos llamados “Music today” en 1984.

28 septiembre 2011 at 3:40 pm Deja un comentario

ESTUDIO REVOLUCIONARIO – Frédéric Chopin


Estudio para piano opus 10 nº 12  (Compuesta sobre 1831). Interpretado por Vladimir Ashkenazy.

Hoy me siento romántico. Pienso en aquellos burgueses que en el siglo XIX se unían para luchar por lo que ellos entendían que era la libertad. Fueron precisamente aquellos hombres y mujeres los que empezaron a usar este término, LIBERTAD, de una forma moderna, entendida como rebelión contra los valores tradicionales y contra todo lo que imponga límites a su curiosidad intelectual o espiritual.

Y llevo demasiado tiempo sintiendo que esas libertades que llevan dos siglos con nosotros se encuentran amenazadas por el monstruo que entre todos y desde entonces hemos creado: el terrorífico Capitalismo. Con la clase política, como no, de la mano.

Pero desde hace una semana estoy descubriendo que no soy el único que siente amenazada su libertad para decidir sobre su futuro. Somos muchos los románticos burgueses que pensamos que los cauces que la democracia abrió hace más de 30 años se han pervertido y necesitan una revisión muy, muy, pero que muy profunda. El movimiento, conocido ya como 15M, ha tenido repercusión incluso en los siempre parciales medios de comunicación. El simple hecho de llamarlo movimiento ya me traslada al romanticismo, a las masas rebeldes que se echan a la calle en la búsqueda del ideal de la libertad.

Me siento tan romántico que por algún lado tenía que reventar. En este caso ha sido por Chopin, paradigma del piano romántico con su “Estudio revolucionario”. El apodo de “Revolucionario” hace referencia a la “Revolución de los cadetes”, levantamiento que se produjo en Varsovia por parte de jóvenes oficiales polacos contra el dominio ruso. Aunque lograrían algunas victorias locales, al final la rebelión fue aplastada. Esperemos que el movimiento que protagoniza este post no tenga ese mismo desenlace, el aplastamiento por un inamovible sistema, por el omnipotente capital, por los corruptos políticos o, lo que sería peor, por nuestra propia indiferencia.

Jóvenes eran los oficiales que se levantaron contra el régimen ruso, muy joven Chopin, que contaba por entonces con tan solo 23 añitos (y ya era un reputado pianista y compositor), y jóvenes son los acampados en Sol y otras treinta ciudades españolas. Por fortuna, en este caso no se trata tan sólo de un puñado de jóvenes idealistas, sino de muchas personas de todas las edades y con largas carreras por detrás –yo mismo- los que apoyamos el empeño del movimiento pro “nuevo sistema” (que no ANTI-sistema).

Escucho a Chopin, a ese joven pianista que no pudo participar en su revolución por una delicada salud. Podríamos pensar que este estudio fue su aportación a dicho proceso revolucionario, pero en realidad el caso es un poco más complejo. En principio, un estudio es una forma instrumental pensada para trabajar determinadas técnicas (independencia de dedos o manos, velocidad, matices, etc.). Por lo tanto, un estudio no es una pieza propia para expresar ideologías o sentimientos. El nombre fue puesto a posteriori, como una forma de adhesión al levantamiento polaco. Aún así, es tanta la calidad musical de estos estudios que son interpretados muy a menudo como auténticas piezas de concierto, y contamos con innumerables grabaciones. Chopin exige del pianista que interprete largos racimos de notas descendentes o en arpegio a gran velocidad con la mano izquierda, mientras que la derecha realiza amplios acordes que obligan a abrir la mano hasta el extremo. También hay que destacar la complejidad rítmica que alcanza el estudio, especialmente en su último tramo, cuando aparecen adornos en la melodía principal.

Si se tratase tan sólo de un complicado estudio para piano, no tendría gracia la cosa. El apodo de “revolucionario” le quedaría, no grande, enorme. Para mí, una de las más importantes aportaciones de Chopin a la música fue esa libertad (como no, romántica) con la que abordaba las cuestiones rítmicas y armónicas sobre el piano, su instrumento. Amante de los grupos de valoración especial, que son algo así como los marginados sociales en el mundo de la notación, siempre procura que la rítmica no se reduzca a fórmulas repetitivas. Esto, unido a un uso muy marcado del rubato, hace que la música dé la sensación, a veces, de luchar contra una resistencia invisible, de avanzar contra la tempestad. ¿Existe algo más romántico que esto?

No puedo destacar en este estudio aspectos armónicos más avanzados o “revolucionarios”, exceptuando tal vez la conclusión casi modal que tiene. Llama la atención un final tan “poco final”, en el que es difícil saber si ha terminado o si queda música más allá del último acorde. En este caso, eso sí, el pianista se asegura de darle conclusión gracias cuatro graves, poderosas y demoledoras percusiones.

El movimiento revolucionario romántico dista enormemente del posmoderno que preside las manifestaciones actuales. No hay manera de imaginarse a un delicado Chopin entre los acampados de las calles actuales, del mismo modo que tampoco veo que tenga mucha relación con la rebeldía de aquellos jóvenes de los 60 y 70 que lograron con su lucha la democracia española actual.

El individualismo romántico que lucha por la libertad siguiendo las consignas de sus líderes ha dado paso al bombardeo de medios de comunicación e informaciones, a estar conectados día y noche, a una multiplicidad de opiniones personales que crean lugares comunes, espacios de opinión y crítica. Son nuevos tiempos, esperemos que tan nuevos que signifiquen una revolución en nuestra concepción de la política, la justicia y el capitalismo. De momento, tenemos a Chopin.

24 mayo 2011 at 12:35 am Deja un comentario

VUELVE CONMIGO A ITALIA – Hidrogenesse


Del álbum Bestiola (Austrohúngaro, 2008)

Se acerca el fin de la sequía estival que caracteriza a estas tierras y que yo he aplicado a este blog. Llegó el momento de volver al trabajo plenos de energía, apuntarse a un gimnasio, empezar una interesantísima colección sobre vajillas decimonónicas o aves de corral y retomar el posteo con más ganas que nunca.

Y conste que no es cierto que haya estado todo el verano mano sobre mano. De hecho, ha supuesto el comienzo de nuevas andanzas musicales, que ya avancé en un post anterior y que puedes escuchar pinchando aquí.

Leyendo el título de este artículo podría pensarse que me fui a veranear a Italia y vengo en plan nostálgico. No es así, queridos/as. Se trata de un viaje que hice con el instituto en primavera, el fin de curso de 1º de Bachillerato, y cuyas fotos he aprovechado para montar en un vídeo colgado en vimeo. Ellos lo pasaron bien, nosotros lo pasamos bien… todo estupendo (pa que luego digan). Esta canción forma parte de dicho montaje, como no podía ser de otro modo. De hecho, acompaña los créditos finales :)

Y es que el dúo barcelonés logra captar la atmósfera del recuerdo. El deseo de volver a visitar esos sitios que nos fascinaron y que probablemente son más bonitos en la memoria de lo que lo fueron en su momento.

Siempre haciendo alarde de un loable sentido del humor que hace que las letras sean parte fundamental de su trabajo, Hidrogenesse se emplea a fondo en esta ocasión con la parte musical. Un sólido tecno pop (en su acepción española) que destaca entre muchos de sus temas, inmersos en un tonti-pop de escaso valor musical. Los sintetizadores, el vocoder y una caja de ritmos que marca el contundente avance de la música son sorprendidos por un piano (quiero pensar que electrónico) que nos transporta a los años dorados del synth pop.

Recuerdo que, cuando la escuche por primera vez, lo que más llamó mi atención fueron las modulaciones que se producen en lo que podríamos llamar estribillo (concretamente al decir “cutre y barata”). Ese giro armónico dota de nuevo impulso a una música que podría haber resultado con facilidad repetitiva. Todo un acierto.

Sería absurdo querer hacer un análisis más pormenorizado de una canción que debería gustar por la sencillez. Hay bastante densidad de sonidos electrónicos, pero eso no debería más que hacernos sentir ese empuje que proporciona la buena música, la que parece ser de construcción simple. Como simple es (a mi juicio por exceso) el vídeo que acompaña a las imágenes. Imagino que verían, como yo, el giro d’Italia en aquellas tardes veraniegas del pasado y que han querido homenajear una época. Desde luego, con la música lo han logrado.

29 agosto 2010 at 9:21 am 1 comentario

ISLA DE ENCANTA – Pixies


Del EP Come on pilgrim (4AD, 1987).

Según Nicholas Cook en su libro De Madonna al canto gregoriano, “podría pensarse en los anuncios de televisión como un enorme experimento en torno al significado musical”. El musicólogo británico reflexiona sobre el modo que tiene de operar la música en la publicidad, como medio paradigmático de nuestra época. Gracias a la música, los anuncios consiguen enviar mensajes que llevaría mucho tiempo poner en palabras, y que aluden directamente a nuestras emociones. Sin necesidad de emplear la comunicación verbal, a través de una melodía que dure unos pocos segundos, los anunciantes consiguen transmitir sensaciones dirigidas a su público: personas de un rango de edad determinado, de una posición social, de unos intereses…

Hace poco, con motivo del mundial de futbol que (por si no os habéis enterado todavía) se celebra en Sudáfrica, empezamos a ver este anuncio en las pantallas españolas:

En él no hay mensajes verbales hasta el final: no es necesario. La música invita a un público que debe rondar mi edad y posición a prestar atención. Ya de camino se apuntan gentes más jóvenes que no conocieron a los Pixies, pero que sí que disfrutaron con (por ejemplo) Nirvana o Interpol, por citar dos de los grupos que han reconocido su influencia. Y, cuando nos fijamos en las imágenes que acompañan, el personaje también tiene esa edad indefinida que se sitúa en la treintena y que hoy día nos empeñamos en considerar joven (eso sí, lo vemos más joven cuando adelgaza), así que se confirma visualmente lo que nos transmite mediante el sonido. Las imágenes expresan la fantasía de un vídeo musical; un hombre que corre desde su hogar hasta Sudáfrica sin detenerse y que finalmente marca el mismo gol que había celebrado en casa. Una historia absurda, como la de tantos videoclips, pero cuya fantasía te atrapa durante su breve minuto de duración.

Además del proceso de comunicación, los anuncios activan procesos mentales en cada uno de nosotros muy convenientes para el capitalismo actual. Músicas que habíamos olvidado cobran una renovada existencia en los spots televisivos. Nuestra memoria nos transporta inconscientemente a un tiempo pasado en el que teníamos menos responsabilidades y disfrutábamos más intensamente de la vida. O esa es la transformación que los recuerdos tienen en nuestra mente: teníamos muchas preocupaciones (estudios, amores, familia…) y aquel disfrute intenso a menudo consistía en horas sentados en un banco de un parque con una litrona. Suerte que nos quedamos con la idea de “cualquier tiempo pasado fue mejor”y las músicas de entonces nos hacen saltar hoy de alegría.

“Isla de Encanta”, en mi recuerdo, está íntimamente ligado al programa de radio homónimo locutado por Carolina León, cantante de mi grupo “Death Valley 69”, del que ya hablé en el post correspondiente. Tiempos de local de ensayo, de placita de Sánchez Arjona, de radio hasta las tantas… Y en la banda sonora de aquella época estaban (no los primeros, pero estaban) los Pixies y su poderoso sonido.

Dentro de la afirmación de Cook existe una segunda lectura. Él nos habla en su libro de esa relación significante-significado de la música en los anuncios, que ya hemos visto antes. En este caso, sin embargo, hay una cuestión que no debe escapársenos: la idea que subyace en la canción de Pixies y lo que nos transmite el anuncio. El ultracapitalismo de tarjetas de crédito y la “Isla de Encanta” de la que nos habla la canción. Visto desde la obviedad, esta isla nada tiene que ver con el consumo; parece ser que resume, en un español absurdo, sus experiencias en Puerto Rico. Black Francis vivió en esta isla la experiencia de un mundo feliz en la más absoluta pobreza.

Es irónico, por tanto, el uso de los Pixies para este anuncio. Y más aún si pensamos que las guitarras potentes y el ritmo frenético herederos del post-punk, así como la voz de Francis, cuya forma de cantar preconiza el grunge de Seatle, estaban en las antípodas emocionales de una tarjeta de crédito. Algo ha pasado para que la idea de mundo ideal de entonces haya devenido en la posibilidad de que, en cualquier país, puedas comprar lo que quieras con cargo a tu cuenta corriente. Quedémonos con la música, que por ahora no requiere el uso de tarjetas de crédito.

3 julio 2010 at 9:17 am 3 comentarios

HALFWAY HOME – Morgan Van Dam


Música del anuncio “White and orange lights” de Ford Focus Sound (2009)

La que os traigo hoy al blog es una música que, de alguna manera, responde a una concepción no romántica del mundo. Es interesante cómo nos hemos llevado todo el siglo XX queriendo librarnos de las ataduras del artista romántico sin lograrlo. Al menos sin lograrlo en un sentido amplio: individualismo en los creadores, concepto elevado del arte, dirigido a un público burgués… Esta ha sido la tónica.

Todos conocemos los intentos de numerosos artistas por escapar del influjo romántico. En lo musical empieza con el impresionismo y el dodecafonismo, líneas musicales fuertemente ancladas en la tradición anterior (por su proximidad). Ya en la segunda mitad del siglo XX, ideas como el anti-arte posicionan al artista en las antípodas estilísticas del arte romántico. Estilísticas, que no conceptuales, ya que seguimos hablando (por lo general) de artistas enaltecidos por su obra y de creaciones dirigidas a un público que espera con avidez el comentario del crítico de turno. Paradójicas son las ventas millonarias de la lata de “mierda de artista” de Piero Manzoni o los aplausos que reciben obras dadaistas o conceptuales de un público snob que sabe muy bien lo que aplaude pero que lo raro le parece siempre bien. Y lo dice un verdadero amante de la música del siglo XX.

Un simple anuncio de coche es capaz de hacer todo esto con una naturalidad que jamás hubieran imaginado aquellos artistas de vanguardia. La concepción no romántica de la música que nos presenta vendría determinada por los siguientes elementos:

1º En su concepción estética han influido cuestiones relacionadas con la venta de un producto, en especial el público al que va dirigido el producto; el auditorio potencial será el de todos aquellos que puedan ver el anuncio por la tele, es decir, cualquiera hoy en día, si bien debería estimular en concreto a un sector de este público susceptible de comprarlo. Es música publicitaria que en este sentido dista poco, al fin y al cabo, de la que ya se había hecho antes.

2º Los burgueses del XIX estaban ávidos de conciertos públicos y reuniones sociales en que demostrar un estatus social elevado. El siglo XXI nos trae una nueva forma de entender la relación música-público. Ahora es la propia música la que busca su público, que se encuentra con ella en mil y un formatos diferentes. Obras como 4’33” buscaban sintonizar arte y vida, introduciendo de alguna forma la vida en el arte. Hoy en día es la música (el arte) la que se ha introducido en nuestra vida cotidiana, en un principio a través de la radio o la televisión, más adelante gracias a los móviles, los mp3 o la música del supermercado, por poner algunos ejemplos.

3º Esto también se venía haciendo anteriormente. Sin embargo, todo autor, sea de la melodía de apertura de una serie de televisión o de un tono de móvil, ha pretendido conservar sus derechos de autor, concepción también decimonónica, por cierto. Tan sólo las recientes corrientes de copyleft, iniciadas por el desarrollo de software libre allá por los 80, han abierto las puertas a una auténtica revolución del concepto de autoría. Este caso es particularmente interesante, puesto que la música ha sido realidad por una empresa, la productora Morgan Van Dam: es, por tanto, una obra colectiva en que el individualismo del artista queda mitigado.

4º Pese a todos los condicionantes anteriores, en su composición se ha cuidado al extremo la calidad estética. No se han limitado a procurar un buen resultado publicitario, sino que verdaderamente se ha creado un tema de tipo indie o dance-punk que podría pertenecer a cualquiera de los grupos del mercado. Según topmusicablog.com, “Suena como a una fusión de beats de varias canciones de Razorlight, The Feeling y Phoenix mezclado con el In My Arms de Kylie Minogue”.

5º Estas músicas escapan de los análisis “serios” realizados por revistas especializadas (es paradójico que lo diga mientras analizo el tema Xd). Los oyentes burgueses esperamos dar una opinión de calidad, para lo cual a menudo recurrimos al crítico de turno que nos diga qué tal suena esto o aquellos. Pero el crítico no se detiene a analizar la música de un anuncio: esta cumple su función y punto.

6º Por último, pero no menos importante, el formato discográfico desaparece en favor de las nuevas fórmulas de distribución musical. En principio sólo parece posible disponer del tema a través de la red, gracias al omnipresente Youtube y formatos similares. La idea de una colección de canciones se ve sustituida por la inmediatez de la canción suelta.

Cuando nos encontramos con estas músicas que se alejan de los patrones decimonónicos con los que valoramos el arte, solemos caer en prejuicios que nos impiden apreciar con justicia lo que nos ofrecen. Es necesario aplicar otros criterios para valorarla adecuadamente. “Halfway home” no es una de las mejores canciones de la década, ni a buen seguro resistirá el paso del tiempo. Sin embargo, hoy por hoy nos permite plantearnos lo que puede llegar a ser la música si somos capaces de enfocar todas estas novedades desde un aspecto positivo.

He aquí el anuncio en el que aparece la música.

9 mayo 2010 at 10:48 pm 1 comentario

SUBTERRANEAN HOMESICK BLUES – Bob Dylan


Del álbum Bringing it all back home (Columbia, 1965)

Eso de tener muy muy cerca a una mujer que, no sólo trabaja en el mundo audiovisual, sino que además lo adora me produce otra mirada sobre las realizaciones comerciales que vienen produciéndose desde hace varias décadas. Me refiero, por supuesto, al fenómeno del videoclip, del que he tenido amplia información recientemente :D

Si echais un vistazo a la red en busca del “primer videoclip de la historia” veréis como la gente no puede dejar de poner en juego sus preferencias musicales para hablar de The Beatles, de Queen, de The Buggles, de ABBA, o de este temazo de Bob Dylan, que ya en el 65 tuvo lo que formalmente podríamos llamar un vídeo musical. Seguro que no hay un pistoletazo de salida, excepto, quizás, el de la MTV americana emitiendo videoclips durante todo el día. Pero esto sería a partir de 1981, 16 años más tarde.

Se trataba, en realidad, de un fragmento de un documental de D.A. Pennebaker titulado “Don’t look back” sobre la gira de Dylan por Inglaterra. La idea es sencilla pero efectiva: Bob Dylan va mostrando tarjetas con fragmentos de la letra y las va desechando conforme se escuchan en la canción. Hay, de hecho, errores intencionados, como cuando la letra dice “eleven dollar bills” y el cartel muestra “20 dollar bills”. El vídeo se grabó en un callejón detrás del Hotel Savoy de Londres, y en la parte de atrás podemos ver un cameo del poeta Allen Ginsberg junto a Neuwirth.

Este “videoclip” ancestral podría no pasar de ser una curiosidad para libro de biblioteca universitaria y alguna que otra tesis de no ser por la canción que preside el vídeo y, porqué no decirlo, el enorme disco que contiene dicho tema. Estamos hablando de un disco que dio un giro de 180 grados a la trayectoria de Dylan y que está considerado como el origen del folk-rock. Al señor Zimmerman no se le ocurrió otra cosa que alejarse de la canción protesta, que había sido su línea hasta este momento, para adentrarse en terrenos más personales y de letras más retorcidas. Si a esto le sumamos que la cara A del vinilo original fue grabada con un grupo de rock’n’roll, ya tenemos la polémica servida en bandeja de plata.

Con esta canción lograría Dylan su primer Top 40 en los EEUU y Top 10 en UK. Según la revista digital “Uncut”, esta canción supone la amalgama a tres bandas del estilo del poeta beat Jack Kerouac, la canción de Woody Guthrie y Pete Seeger “Taking it easy” (‘mom was in the kitchen preparing to eat / sis was in the pantry looking for some yeast’) y el estilo rock’n’roll del “Too Much Monkey Business” de Chuck Berry. Y, escuchando los cortes, no lo yo veo muy descaminado. Pero, ya sabéis, en Bob Dylan se vuelve todo Bob Dylan, especialmente por su manera de cantar la poesía, de devolver a la música lo que siempre fue suyo, el texto melódico y rítmico, la mousike griega.

Por cierto, la letra en inglés y español pinchando aquí.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=2-xIulyVsG8%5D

Como regalito, una curiosa parodia que realizó el humorista americano “Weird Al” Yankovic. La letra está realizada completamente con palíndromos.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=Nej4xJe4Tdg%5D

11 febrero 2010 at 6:39 pm Deja un comentario

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