Archive for junio, 2009

THRILLER – Michael Jackson


Sencillo del álbum Thriller (Epic Records, 1982). Videoclip dirigido por John Landis (1983).

Pues parece que este año será recordado por algunas despedidas importantes, como la del “rey del pop”. Y no por menos inesperada ha sido trago fácil para sus admiradorxs, a tenor de lo que dicen los informativos. Yo particularmente soy de los que considera que hace demasiado tiempo que perdió sus, en su día, sobresalientes cualidades y que el escaso interés que despertaba era pasto de magazine de tarde y programas basura por el estilo.

En cualquier caso, Michael Jackson fue grande en otros tiempos, y por ese motivo lo convoco a esta cita. Y lo hago con un vídeoclip-cortometraje que fue realmente mítico, así como el propio disco homónimo que incluía “Thriller”, el álbum más vendido de la historia con la friolera de 109 millones de copias, que no es moco de pavo. Como siempre, pongo esta canción por cuestiones personales y, claro, porque me gusta, aunque daré algunos detalles, como siempre hago, sobre qué pudo suceder para que fuese tan popular en su momento.

Recordaba ayer con Mash las apariciones del videoclip en España. Recuerdo que yo lo vi por primera vez en navidades, y lo emitieron en el programa especial de fin de año, presentado por los populares “Martes y trece”. Recuerdo también el miedo que provocaba aquel videoclip tan largo y terrorífico. Yo no veía todavía pelis de terror (era muy pequeño), pero aquello me dejaban verlo. Y, ademas, no podías evitar verlo. Tenía todo el morbo del cine de terror, condensado en poco más de 10 minutos y dulcificado con las conocidas coreografías. Primer tanto para Michael, el tema funciona y ¡de qué manera!

Visto tras el paso del tiempo, este videoclip, considerado por algunos el mejor de la historia y que redefinió el género, se puede seguir viendo con agrado, aunque es difícil que la generación de la saga de “Saw” sienta las mismas emociones que vivimos los infantes de aquella época con algo tan light. En él podemos disfrutar de una de las mayores cualidades de Michael: el baile. Sin embargo, el tema musical en sí pierde fuelle dentro de la historia. La música incidental de la “película dentro de la película” no tiene ninguna relación con la canción en sí y los cortes que se producen y reapariciones del tema resultan de poca intensidad en comparación con los climax visuales y de guión que se generan. Destacaré en especial el momento en que los zombies rodean a la pareja, con música incidental al uso, su silencio típico y cómo retoma la base de “Thriller” de forma muy débil. Es curioso como la realización visual y dramática es fantástica, pero musicalmente hay una enorme pérdida de interés, que supongo mitigaría la cuestión dance. No hay otra letra, ni vamos al estribillo, ni siquiera tenemos nuevas aportaciones instrumentales que le den intensidad al momento. Tan sólo la parodiada coreografía.

Dejemos atrás las debilidades de la cinta para centrarnos en la otra gran virtud de Michael Jackson, su calidad y registro vocal. El muchacho tenía una dulce pero firme voz con sus hermanitos en The Jackson Five. Creció y con él su laringe, pero quiso Polimnia que mantuviese la tesitura infantil y ampliase algo el registro por la zona grave (no demasiado, pese a las cuatro octavas que su profesor de canto aseguraba que tenía en los 80). Así, el muchacho llegaba a notas estratosféricas con total facilidad. Como suele suceder con las personas que tienen fantásticas voces de forma natural, el Peter Pan del pop fue perdiendo su prodigiosa voz con el tiempo, y últimamente no estaba en su mejor momento. En todo caso, en Thriller brilla con su estilo entrecortado, rítmico y muy personal de cantar. El acompañamiento es muy sencillo, con un bajo sintetizado que se repite una y otra vez, junto al ritmo “disco” secuenciado. Y poco más.

A mi juicio, la música de Jackson se queda demasiado limitada por la necesidad de satisfacer a todo tipo de públicos, perdiendo así potencia. El estilo queda enmarcado por la voz y los bailes, cosa que hace a la perfección. El disco en sí acumula géneros tratando de abarcar los gustos principales del mainstream. Es un sacrificio musical que permitió a su compañía y al propio músico ganar mucho, mucho dinero.

Nota bene: El videotube que aquí muestro tiene subtitulado en castellano. Su calidad es deficiente pero nos permite seguir la historia mejor. Está recortado en determinadas partes. Si queréis escucharlo entero sin subtítulos podéis hacerlo aquí.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=lDjvOR3jzoQ%5D

28 junio 2009 at 11:35 am 4 comentarios

CHE GELIDA MANINA / SÌ, MI CHIAMANO MIMI – Giacomo Puccini


Perteneciente al primer acto de La Bohème (1896). El libreto se basa en la novela por entregas Escenas de la vida bohemia de Henry Murger, publicada en el periódico El Corsario a lo largo de cinco años (1845-1849). Libreto realizado por Luigi Illica y Giuseppe Giacosa. Interpretado por Luciano Pavarotti en el papel de Rodolfo y Mirella Freni como Mimi.

Con la llegada de la primavera cada año el aula de música se llena de ópera. Tengo mi selección de clásicos en DVD, junto a las audiciones del libro de texto, para ir avanzando poco a poco en su historia y que los chicos y chicas puedan acercarse a ella con “amabilidad”. ¡Oh maravilla de la tecnología! Todas las versiones (menos un Orfeo et Euridice de Gluck) tienen subtítulos en español, de manera que los fragmentos que voy poniendo pueden ser apreciados como si los entendiésemos. Este es el primer y, la mayoría de las veces, definitivo paso para que alguien que no conocía ni apreciaba la ópera empiece a tomarle gusto. Una buena historia de amor, algún giro del destino que entorpece los pasos del héroe, el soliloquio de un amante cautivo… relatos que siguen teniendo vigencia y que continúan emocionando como hace siglos.

Evidentemente, con un fragmento de 5-10 minutos por ópera va bien la cosa: no estamos preparados, así de golpe, para tragarnos un tocho de 2 ó 3 horitas (profesores y profesoras de música del mundo, no exijan a su alumnado lo que la mayoría de los adultos no serían capaces de soportar). Pero esos minutos en que da comienzo una historia, en que Figaro planea su boda con Suzanna, en que Carmen se pavonea delante de los soldados, en que Alfredo brinda por el amor y Violetta vive la vida apasionadamente, ignorante de su cruel destino, esos minutos son suficientes para sembrar una semilla que puede dar sus frutos en el futuro.

El momento cumbre de dicha primavera operística se produce cuando Rodolfo le abre la puerta a Mimi, su vecinita; se conocen, se gustan y se cuentan pequeños detalles de sus vidas en las dos maravillosas arias que tenéis aquí. No desvelaré más detalles del encuentro, tendréis que escucharlo. Es evidente que no todo el mundo aprecia esta música, ni este relato en concreto. Pero para mi gusto, en este momento afloran de manera sublime los sentimientos gracias a una música que te llega a lo más profundo del alma.

¿Qué sucede para que una simple conversación de dos desconocidos devenga profundo amor sin más que unas notas musicales de por medio? Ese es el misterio de estas dos arias. Para empezar, debemos situarnos en la estética de la época: el verismo. La ópera romántica está en decadencia, Verdi no compondría ninguna ópera hasta su muerte en 1901 y de Francia llegan los aires del naturalismo literario, que defiende que la novela debe reflejar detalles de la vida contemporánea, dando mayor relieve a factores económicos y sociales en las relaciones humanas. Carmen de Bizet había significado un paso de gigante hacia esta temática socialmente comprometida, pero no sería sino 15 años más tarde, con Cavalleria rusticana de Macagni, cuando el estilo comenzaría a tomar cuerpo en Italia.

Además de la temática, de la que La bohème es claro ejemplo con su historia de gentes humildes que viven en el París bohemio, el verismo va a aportar una serie de cambios significativos en la manera de construir óperas. Tal vez la más significativa tenga que ver con la formalidad del género. Hasta el XIX, la ópera se asentaba sobre tres tipos de formas musicales: el recitativo, el aria y los coros. Estos se sucedían para cada uno de los momentos dramáticos, generando así lo que se conoce como “opera de números“, por la manera en que se secciona en partes claramente diferenciadas. Ya había habido intentos de reforma en el XVIII para lograr mayor verosimilitud dramática, evitando repeticiones innecesarias y asemejando recitativos y arias para que el discurso avanzase con mayor fluidez. Sería sin embargo la ópera romántica la que lograría fusionar recitativos, arias y coros, de manera que resulte prácticamente imposible separarlos. En este caso podemos hablar de recitativos (cuando la melodía se vuelve más monótona y repetitiva) y arias (las dos que se enuncian en el título son claros ejemplos), pero todo está conectado sin solución de continuidad.

Con respecto a la orquestación de Puccini, está llena de color. Se trata de un conjunto posrromántico, en el que es frecuente el uso del arpa y la cuerda en su plenitud. Me gusta comparar la sonoridad del maestro italiano con las imágenes de Klimt, si obviamos el erotismo de este último. Su colorido, las imágenes simbolistas cuyos fondos están llenos de elementos decorativos, la imagen figurativa delineada, comparable con la melodía definida, el gusto por lo oriental… Son estéticas muy distintas, pero para mi están más cerca de lo que se podría pensar.

Aún a riesgo de ser más exaustivo de lo que ya soy, me detendré en algunos momentos del vídeo. Al comienzo, en situación de recitativo, los dos vecinos van a conocerse. Sobre melodías estáticas Puccini situa un fondo que puntualiza de forma sublime el momento en que se encuentran en el rellano. El color cambia cuando ella se recupera, gracias al pizzicato de la cuerda, que alternará con arcos. A partir de aquí el ritmo se acelera, y una primera melodía alterna entre los dos protagonistas mientras buscan la llave perdida. De forma muy delicada llegamos al momento en que él le toma de la mano y se la calienta para que, acompañado con el arpa, dé comienzo el aria “Che gelida manina”. Puccini se mueve a su antojo en este momento, acelerando o deteniendo el ritmo según lo pida el texto. Despliega aquí su melodismo hasta el límite, con una expresividad que alcanzará su climax en la frase “una dulce esperanza” (inevitable aquí los pelos de punta con la voz del mejor Pavarotti). La música toma un texto sencillo, de un amor muy tierno, y lo sublima para hacerlo volar muy alto. El teatro se viene abajo, lógicamente.

Le toca el turno a Mimi, quien en su aria (comienzo del segundo vídeo) retoma las ideas melódicas del aria anterior para contarnos su sencilla vida de costurera. Las referencias orientales son mucho mayores en este momento, y los rubati también se acentúan. En medio de su discurso, Puccini nos emociona con el “primer rayo de sol de abril”. Es curiosa la forma que usa: las melodías ocupan mucho espacio expresivo, pero se desarrollan en muy poco tiempo y desaparecen para dar lugar a la siguiente. Se repiten las ideas, confiriendo unidad al aria, pero su construcción no es fluida. En este sentido es música muy posrromántica: decadente e increíblemente sentimental, y sin embargo con la capacidad de tocarte la fibra sensible. A destacar el final, un llamativo cuasi-recitativo.

Aquí termina la audición en clase, con el segundo aplauso de un público emocionado. El final de este primer acto, a mi juicio, pierde fuelle: las melodías se vuelven repetitivas y no se alcanza la intensidad que ya se había logrado. Si bien la conclusión, con el escenario vacío y las voces de los amantes dando su último agudo, está muy bien planteado.

Con respecto a la versión, ésta es cabalmente la que pongo en clase. Un Pavarotti aún joven nos muestra el torrente de voz que le hizo tan famoso, cantando con la naturalidad con la que era capaz de deslumbrar. Mirella Freni es una Mimi delicada, sencilla, que mantiene un magnífico equilibrio entre su voz lírica y la simplicidad que exige el personaje, emocionando con sus agudos. Una versión excelente para una obra excelente. Eso sí, la compresión del audio es de pena. Os recomiendo buscarla por ahí con mejor audio (yo trataré de subir algo mejor).

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=ixvkjyOjc3Y%5D

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=ATrmncCD3Wo%5D

25 junio 2009 at 3:25 pm 1 comentario

THE LIGHT POURS OUT OF ME – Magazine


Del álbum Real life (Virgin Records, 1978)

Si tenemos en cuenta que el álbum Ramones, de la considerada por muchos primera banda punk, es de 1976, parece increíble que en tan sólo dos años pudiera nacer, evolucionar (si es que lo hizo) y decaer un estilo que tendrá una estela de influencias que incluso perdura hoy día. A finales de los 70 muchos de los grupos punk se disolverían para crear otros en el nuevo género “post”. ¿Por qué? Ahí va mi teoría.

El punk se asienta sobre el sencillo fundamento extramusical de “no future“. Sí, no había futuro… y el presente era una mierda, así que lo único que se podía hacer era cagarse en todo y punto. Esto es una verdad a medias, pero grupos paradigmáticos como los Sex Pistols lo cumplirán a rajatabla. Como movimiento cultural se basó en el “do it yourself“, así que tocan música muy simple a la que imprimen toda esa mala leche. Mi teoría es simple: después de dos años haciendo más o menos lo mismo, a los que les gusta de verdad la música empiezan a aburrirse de los mismos tres acordes una y otra vez. Además, descubrieron que sí que tenían futuro… comercial; la cosa funcionaba. De este modo, el post-punk surge como prolongación de las ideas pesimistas del punk, pero se traduce musicalmente en algo muy distinto. Por una parte, la música se vuelve más oscura; por otro lado, los grupos empiezan a hacerse permeables a influencias de géneros más evolucionados, como el krautrock, el funk norteamericano o álbumes experimentales de estudio de artistas como David Bowie o Iggy Pop; por último, era complicado escapar de la etiqueta New Wave, sobre todo teniendo en cuenta lo amplio del término y el seguimiento masivo que tuvo gracias a los medios de comunicación.

Magazine encaja perfectamente en esta descripción. Howard Devoto venía de triunfar con los Buzzcocks, es decir, pasaba del punk al post-punk. Su sonido encaja como anillo al dedo: las melodías se vuelven oscuras, el ritmo reduce su tempo, el bajo y la batería se mueven con mayor feeling (en el punk se trataba de machacar los instrumentos, si no blandirlos cual garrotes), las guitarras suenan a guitarras, y observamos algún detalle “experimental”, como el pulso que falta justo antes del estribillo o ciertas sensaciones extrañas en los ritmos.

Es evidente la influencia que Magazine ha tenido para otros grupos de post-punk, y me atrevería a incluir al mítico Joy Division (al fin y al cabo, su primer álbum de estudio es del 79). La más clara es la de Echo and the Bunnymen (el “Crocodiles” de 1980 contiene algún tema primo-hermano de este, ¿o no?), aunque también se puede intuir, por ejemplo, en los Cure del “Three Imaginary Boys”. En cualquier caso, y más allá de las influencias que haya tenido sobre grupos de mayor éxito, esta canción habla por sí misma.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=SfVRH4vKcak%5D

21 junio 2009 at 10:00 am 1 comentario

GAMELAN GONG KEBYAR – Música tradicional balinesa


El gamelán es un grupo instrumental indonesio integrado por instrumentos en su mayoría de percusión, aunque también puede contener flautas de bambú o cuerda pulsada. Existen gran número de estilos y agrupaciones dentro del gamelán, en general de raíces bastante antiguas, si bien el que hoy nos ocupa (Gamelan gong kebyar) tiene apenas un siglo y se ubica en la isla de Bali. Como tanta otra música oriental, la poesía no se encuentra ausente: Kebyar significa algo así como “el proceso de la floración”, haciendo referencia a los profundos cambios de tempi y de dinámica que se producen en las interpretaciones. Es el estilo que goza de mejor salud y mayor éxito (si podemos hablar de éxito para una música así) en el mundo occidental.

Mucho podríamos hablar sobre el gamelán y quedará continuar este post en posteriores. Hoy me centraré en lo que ha hecho que algo que dista tantísimo de la música occidental pueda generar un “amor a primera oida” en personas como yo. Si escuchais mientras veis el vídeo adjunto, comprobaréis una serie de características importantes:

a) Un uso virtuoso de la percusión, con una ritmica muy libre pero a la vez precisa;

b) Lo numeroso del grupo, algo que exige una conexión especial entre los intérpretes;

c) El parecido con determinadas músicas contemporáneas occidentales, especialmente con el minimalismo.

Música para percusión en oídos de un percusionista… empezamos bien. El primer estímulo es, por tanto, conceptual: una orquesta integrada casi exclusivamente por instrumentos de percusión, y encima haciendo música tradicional, es algo muy llamativo. En el caso de los tambores tenemos ejemplos más cercanos en Cuba, Brasil o muchos países africanos. Pero los del gamelán, para colmo, son casi todos idiófonos, y conservan, como los anteriores, la capacidad de conectar con lo más primitivo de nosotros, de sugerirnos una visita a lo ancestral. Con sinceridad, ¿quién no ha visto referencias sexuales en esos gongs o en los palos con los que golpean?

La conexión existente entre cada instrumentista y el grupo es lo segundo que te deja embobado. Los movimientos de los intérpretes al unísono parece a menudo una danza y la sincronización se diría que tiene cierta espiritualidad. Daos cuenta de que no hay directores en los gamelán. La interpretación se basa en una serie de repeticiones circulares de rítmicas que generan la sensación de tiempo circular tan presente en Oriente (con la reencarnación, por ejemplo).

Por último, recuerdo escuchar un gamelán balinés y pensar automáticamente en la 3ª construcción en metal de John Cage. O viceversa con obras como las Sonatas e interludios para piano preparado, del mismo autor. Puede suceder algo parecido con autores como Steve Reich u otros minimalistas. El motivo es diferente en los dos casos: Cage practicaba el budismo zen y sus obras tienen la huella de la espiritualidad oriental y la suspensión del tiempo característica. En el caso de los minimalistas, el deseo de suspensión temporal se produce no por cuestiones filosóficas sino estéticas, si bien el resultado a menudo es muy similar. En cualquier caso, la música tradicional balinesa tiene la capacidad de situarse, como quien no quiere la cosa, junto a la vanguardia europea y americana del siglo XX. Pocas músicas populares pueden decir lo mismo.

Quedan en el tintero demasiadas cosas, pero como introducción queda. Para otra ocasión, más.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=ldPMifPbngc%5D

PD. Si escucháis determinados fragmentos del final, ¿no os recuerda a la música electrónica de baile?

19 junio 2009 at 2:01 pm 5 comentarios

AIRBAG – Radiohead


Del álbum OK computer (Parlophone, 1997)

Como el gran grupo que es, Radiohead llega a su punto álgido con este tercer disco (disquisiciones sobre las etapas por las que pasan los músicos, en este post). Y como todos los grandes álbumes, su apertura -con este tema- cobra una importancia capital. Es la primera impresión, el arranque de una colección de canciones que, por lo general, funciona como un todo, como diferentes capítulos de una novela. Continuando con el símil literario, las primeras frases de un libro son fundamentales: aquí se resumen las primeras sensaciones, si te engancha o no.

Radiohead se toma muy en serio esta elección, como ya había hecho con “The bends”, su trabajo precedente, y como haría en todos los posteriores. Las canciones que inician sus álbumes de estudio tienen siempre una seña de identidad especial, que por una parte las diferencia del resto, pero por otra te prepara la mente para el resto. Incluso “Pablo honey”, un primer disco que aún deja ver un grupo en proceso de maduración, nos permite entrever esta forma de producir en su primer corte (“You”), sobre un compás de amalgama que marca diferencias ante los grupos de rock tradicional (si bien estos “experimentos” son aún inestables).

Pero volvamos a 1997. No, no era necesario ser fan de Radiohead antes del OK computer para que su sonido te calase. Yo llevaba años sin seguir las andanzas de los grupos de rock y estaba plenamente centrado en la música contemporánea. El año del “Homogenic” de Björk, el “Homework” de Daft Punk, el “Portishead” de Portishead o el “Dig Your Own Hole” de los Chemical Brothers ofrecía demasiados estímulos como para que no picase el anzuelo de los escenarios de la música popular. La guitarra eléctrica cedía el trono de reina del rock a las máquinas electrónicas, que eran de uso obligatorio: hasta el nu metal o las producciones más punk de la época incluian cortes realizados por secuenciadores, sintetizadores (más o menos vintages, dependiendo del género) o bien realizaciones informáticas de posproducción.

Radiohead no serían impermeables a la corriente dominante. Fascinados por los trabajos de DJ Shadow basados en el sampleo, trataron de emularlo a través de la batería de “Airbag”, transformada electrónicamente. Para ello grabaron a Phil Selway para emplear un fragmento de 3 segundos como sampler generador de todo el ritmo de la canción. El resultado brilla con luz propia: es una de las canciones del OK computer con más fuerza rítmica. A ello contribuye, desde luego, el potente bajo de Colin Greenwood, que también parece retocado electrónicamente. De hecho, se basa en una secuencia de tan sólo tres notas, y casi nunca marca los tiempos fuertes, alejándose de este modo de un bajo de rock tradicional y aportando tintes más cercanos al funk o a la música electrónica.

Y aunque no fueran los tiempos gloriosos de las guitarras eléctricas, al sonido rock de Radiohead no podían faltarle las de Jonny Greenwood y Ed O’Brien, en este caso sin ningún complejo de sample. La melodía de comienzo con su cromatismo final que produce un cambio armónico menor-mayor es seña de identidad del tema, y se reproducirá en la línea vocal. Sumemos a ésto todos los recursos al uso: riffs, punteos a lo “mandolina”, ruidosas distorsiones, etc. El rock indie de final del milenio ya tenía nombre y apellidos.

Perdón. La denominación de origen que acabo de formular no está completa sin la figura enorme de Thom Yorke, cantante y letrista de la banda. Los textos del álbum tienen el sabor inconfundible de una época gris y toca temas que estaban afectando a las generaciones X e Y: la deshumanización tecnológica, el nihilismo, la globalización, el abandono… En este caso nos habla del milagro de seguir vivo después de un accidente, o simplemente por el hecho de continuar entero al bajar de un coche. Yorke opina que “Nosotros sólo conducimos en esas cosas, pero realmente no las controlamos”. El título original (“An airbag saved my life”), sacado de un manual de la asociación de automóviles AA, hace también referencia a la canción “Last night a DJ saved” my life de 1983 del grupo Indeep, si bien su sonido disco se encuentra en las antípodas de Radiohead.

Los videoclips de Radiohead no llegan por lo general a ser las condensadas obras de arte que Gondry o Jonze grababan por aquella época. Aquí nos encontramos con una secuencia de pruebas de colisiones a cámara lenta. Y sí, podemos darle toda la poesía que queramos, pero la música será mucho más responsable de ello que las imágenes. ¿Qué os parece a vosotros?

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=8__vHs3xcR4%5D

16 junio 2009 at 3:04 pm Deja un comentario

PUT THE BLAME ON MAME – Rita Hayworth


Perteneciente a la banda sonora de la película Gilda (1946) dirigida por Charles Vidor. Compuesta por Allan Roberts y Doris Fisher e interpretada en pantalla por Rita Hayworth, con la voz real de Anita Ellis.

La película podría haber tenido cualquier otro título al uso en los 40 (Perdición, El sueño eterno, Encadenados…). No fue gratuita la elección de Gilda, femme fatale y verdadero núcleo de todo lo que sucede a su alrededor, como bien escuchamos en este “Échale la culpa a Mame”. Ésta escena, climax que ha sido considerado el “primer striptease de la historia” (aunque lo único que se quite la Hayworth sea un guante), constituye uno de los grandes momentos del cine.

En la canción, Gilda nos relata con mucha chispa las actividades amorosas de una mujer llamada “Mame” (nombre que se ha elegido, evidentemente, por su rima con “blame” = culpa) a quien considera la auténtica causante de tres de los mayores cataclismos de la historia americana: el gran incendio de Chicago de 1871, la gigantesca ventisca de 1888 en Nueva York y el terremoto de San Francisco de 1906. A Mame se le atribuye también la causa del tiroteo ficticio de Dan McGrew durante la fiebre del oro de Yukon (Canadá), suceso tomado de un breve poema narrativo publicado en 1907 por Robert W. Service. Nada más y nada menos.

¿Puede Mame -Gilda- ser causante de tamañas catástrofes? A la vista de esta escena, podría serlo incluso de otras mucho mayores. Rita Hayworth logra deslumbrar con su potente contoneo, con un cabello que maneja a su antojo y con unas curvas de infarto. Pero pasemos a cuestiones más musicales.

La canción, obviamente, tenemos que situarla en este contexto. Se trata de una canción en la que cobra todo el protagonismo la melodía de voz y su capacidad para imprimirle expresividad. En este aspecto, la voz grave y sensual de Anita Ellis funciona a la perfección, con su amplio abanico de legati, portamenti y articulaciones vocales haciendo gala de un timbre muy natural. Para acompañarla se hace uso de una big band que está bastante comedida, sin alardes instrumentales que resten protagonismo a quien ha de copar toda nuestra atención. Los orgánicos y suaves clarinetes y saxofones sostienen la melodía, mientras que el metal marca los cortes vocales y brevísimos interludios, junto a la sección rítmica. Como siempre, maravilloso el saxo barítono.

“Put the blame on Mame” es una canción que ha hecho de este momento uno de los más influyentes en la historia del cine. A más de 50 años de su producción, seguimos embelesados por la sensualidad de la escena. Después de Gilda, el listón de sex-simbol se puso muy, pero que muy alto.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=Tzg_1XwzG08%5D

14 junio 2009 at 8:09 am 1 comentario

UN BUEN DÍA – Los planetas


Del álbum Unidad de desplazamiento (RCA, BMG Ariola, 2000)

Siempre agradeceré a Julio que me descubriese, entre otras, esta canción, verdadero himno generacional de los seguidores del indie de comienzos del milenio. Yo los había escuchado más de una vez, pero no me terminaban de convencer sus producciones en que la voz de J tenía que ser prácticamente subtitulada entre la densidad de las guitarras. Era un sí pero no. Sin embargo llegó a mis manos este CD (insisto, gracias Julito), cuarto álbum de estudio de la banda granadina y obra ya de madurez; este tema, su segundo single, me fascinó.

¿Qué lo hace, a mi juicio, diferente otras canciones del disco? Bueno, todo el álbum está lleno de un amargor que nos hace pensar casi en un disco temático. El desamor, la soledad y, sobre todo, el rencor por el abandono son los sentimientos que reproduce una y otra vez. No es en esto diferente a los demás temas. Pero sí que es, para mi, la letra que mejor resume esa sensación de tiempo detenido, cuando ha terminado una relación y no se encuentra otra salida que la de seguir amando sin ser correspondido, que la esperanza vana en recuperar lo que sabemos, en el fondo, que no volveremos a tener.

La música que compusieron tiene esa misma seña de identidad. Una sencilla repetición de los acordes de tónica y subdominante (¡cuantísimas canciones reproducen esta secuencia armónica!) que únicamente varía en lo que podríamos considerar “estribillo”, si bien no lo es en sentido estricto. Se trata más bien de una segunda sección desarrollo de la primera, sin repetición de letra, algo que últimamente aprecio mucho. Si la primera sección nos habla de la monotonía de un día cualquiera en la vida de cualquiera, es en esta segunda donde se expresa toda esa melancolía por el amor perdido, sin aspavientos ni rollo melodramático. La densidad de guitarras en las que desaparece todo rastro de riffs funciona perfectamente como telón de fondo, puntualizada por algunos momentos de tresillos que marcan hitos en el texto. Salvando las distancias, la idea me recuerda a “Perfect day” del glorioso Lou Reed, genialidad entre las genialidades.

Sobre el videoclip, poco que contar. La verdad es que no me convence el rollo del golf y menos aún que dure una eternidad cuando ya se ha dicho todo lo que se tenía que decir. Supongo que quisieron aprovechar lo grabado en plan tomas falsas o yo qué sé, añadiendo sonidismos de tercera o cuarta fila. En cualquier caso, es la canción lo que merece la pena. Disfrutadla.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=CDYzaC3LJeU%5D

12 junio 2009 at 6:10 am 1 comentario

CONCIERTO PARA PIANO Nº 5 – Ludwig van Beethoven


Concierto para piano n.º 5 en mi bemol mayor, op. 73 “Emperador”. Fue escrito entre 1809 y 1811 en Viena y está dedicado a Rodolfo de Austria (Cardenal), patrón y pupilo de Beethoven. Fue estrenado el 28 de noviembre de 1811 en la Gewandhaus de Leipzig. En 1812 Carl Czerny, estudiante del compositor, estrenó la obra en Viena.

Imagino a Beethoven, ya bastante sorderas, encerrado en ese desordenado cuarto que nos muestran algunas de las imágenes de la época, deprimido por su enfermedad y por la Europa que le tocó vivir. Lo imagino un pesimista empedernido, un sufridor nato, pero también un cabezota de tomo y lomo. Si la falta de vista obliga a potenciar los demás sentidos para conectarse con el mundo, la de oído debe provocar un notable enclaustramiento interior, un distanciamiento del medio que rodea. En el caso del maestro alemán, su mundo interior gozaba de un universo sonoro tan increible que era capaz de exteriorizarlo mediante geniales partituras como ésta.

Siendo el último concierto para piano del compositor, es también el más conocido. Se trata de una obra madura en la que se aprecian importantes innovaciones románticas de principios del XIX. Pertenece a la época “heroica” del autor, su período medio, una fase de crisis en que su creciente sordera le lleva a obras épicas y que reflejan su lucha interior.

Formalmente dista poco de sus homónimos clásicos, con la salvedad de que Beethoven no dejaba las cadencias a la improvisación del intérprete. Reproduce los tres movimientos clásicos: Allegro (Forma sonata) – Adagio un poco mosso – Allegro ma non troppo (Rondó). Los dos últimos movimientos se interpretan sin solución de continuidad y, teniendo en cuenta que el primero es notablemente largo, se crea así la ilusión de dos partes iguales en duración, algo que repetiría en otros conciertos. Como broche de oro tenemos la capacidad de desarrollo del maestro: partiendo de motivos musicales sencillos era capaz de generar piezas musicales enormes.

Junto al piano, instrumento romántico por excelencia, la orquesta está integrada por 2 flautas, 2 oboes, 2 clarinetes en si bemol, 2 fagotes, 2 trompas, 2 trompetas, timbales y la cuerda al completo. Una orquesta que empieza a tener unas dimensiones decimonónicas, pero que mucho tendrá que crecer todavía hasta llegar a las mastodónticas formaciones de Bruckner o Mahler.

Trataré ahora de hacer un análisis más detallado por movimientos, conforme voy presentando los vídeos.

El primer movimiento, una forma sonata, se aleja del clasicismo desde primera hora. En lugar de la tradicional estructura, Beethoven abre la obra directamente con un gran acorde de la orquesta al que siguen breves cadencias escritas en partitura. Hay que recordar que la “cadenza” aparecía al final del movimiento cuando, como decimos por aquí, “está to el pescao vendío”, y que aquí se le ha dado la utilidad opuesta: la apertura de la pieza. En estas cadencias vemos la importancia que tendrán las escalas y los trinos durante todo el concierto. Tras la última de ellas pasamos a los temas principales, ahora sí manteniendo la forma clásica de doble exposición, la primera a cargo de la orquesta y la segunda en las manos del piano solista. El desarrollo aparece como evolución lógica de estos temas y sin las separaciones y obviedades clásicas. De hecho, será frecuente que los desarrollos de sonata románticos se fundan o incluso comiencen ya durante la exposición. A destacar las escalas cromáticas descendentes en la mano izquierda (comienzo del segundo vídeo) y los trinos. En el tercer vídeo nos encontramos con una bellísima y muy delicada cadencia clásica. La coda de este movimiento es también particularmente larga, algo necesario para cerrar como es debido un movimiento muy intenso y enérgico.



El segundo movimiento es, sencillamente, maravilloso. Sin perder el carácter épico de la obra, adquiere éste un lirismo que es especialmente destacable en el piano. Beethoven aumenta el melodismo difuminando el ritmo mediante los rubati y el uso de algún grupo de valoración irregular. Vuelve a utilizar con profusión los trinos, perdiendo la mero función de adorno y tomando cuerpo como una sonoridad personal y propia.

El tercer movimiento sigue ininterrumpidamente al segundo y es un típico rondó. El tema principal es interpretado por el piano y luego respondido por la orquesta. Escalas en el piano introducen el segundo tema, con el mismo enfrentamiento (propia de los conciertos) entre piano y orquesta. En la tercera sección, a comienzos del 2º vídeo, se presenta el tema A (el primero) en tres tonalidades diferentes, en línea con los desarrollos de Beethoven. Precisamente rondando el 2º minuto de este vídeo hay un pasaje modulante del piano que me parece fascinante por lo atrevido que resulta. Lo más interesante es la potencia rítmica que despierta en la orquesta; el tercer movimiento de la forma concierto seguían aún manteniendo el carácter de danza que tuvo en su origen. Para el final, Beethoven se reserva una última carta bajo la manga: el piano y los timbales se responden suavemente, deteniendo el ritmo de la pieza, para luego rematar como se tenían que acabar estas cosas: con el chin-pún correspondiente.


Sobre la versión: después de escucharme media docena de versiones en el Youtube dí con esta maravilla, que me parece con energía suficiente para considerarla bastante “heroica”. Sin duda, la Filarmónica de Viena con Bernstein al frente es una apuesta segura. Y Zimerman, además de estupendo con esas barbas de jipi, está que se sale al piano. El sonido es un poco chillón y parece muy “tuneado” con la rever de la muerte, pero es mejor que todo lo demás que he escuchado.

11 junio 2009 at 12:12 am 6 comentarios

WAR PIGS – Black Sabbath


Del álbum Paranoid (Vértigo, 1970)

Con el paso de los años se ha hecho patente la importancia que la banda británica tuvo en la formación del heavy metal y su influjo sobre grupos de la talla de Iron Maiden o Judas Priest. Al ritmo pesado y potente que los coetáneos Led Zeppelin o Deep Purple estaban trabajando, Black Sabbath añadieron sonidos oscuros y textos apocalípticos que configurarían lo que hoy se conoce como doom metal.

Escuchando War pigs, alegato contra la guerra de Vietnam, no puedo evitar pensar en cómo todos los géneros clásicos estaban evolucionando a finales de los 60 y principios de los 70 en multitud de variantes: psicodelia, rock duro, rock progresivo, heavy, glam. Y como, sin embargo, todos mantienen características muy similares. Esta canción es clara deudora del blues más sureño de los EEUU, construyendo su melodía vocal sobre la escala modal pentatónica propia del género. La aportación de la época la encontramos en los cambios de ritmos y en la acentuación del ritmo pesado (que podría recordar, igualmente, al cansino ritmo del blues). La guitarra conserva riffs de un rock más clásico, y los solos son comparables con los de la psicodelia estadounidense, y la batería llega a construir ritmos muy en este estilo.

Fijémonos en el arranque vocal: los instrumentos marcan con potencia un acorde enmarcando la voz de Ozzy Osbourne, que canta la estrofa en un prolongado silencio instrumental. Aún estamos lejos de los alardes sinfónicos de discos posteriores y del acercamiento a lo acústico en baladas de dudoso gusto. Se trata de la energía sintetizada en la voz y la actitud de Ozzy, en la saturación de guitarra y bajo, y en una gran batería que empieza a requerir para su montaje el trabajo de un ingeniero. Es el nacimiento de un género.

5 junio 2009 at 2:02 pm Deja un comentario

NEVER LET ME DOWN AGAIN – Depeche Mode


Del álbum Music for the masses (Mute Records, 1987). Videoclip dirigido por Anton Corbijn.

Pienso que los grupos de música (o cantantes o compositores), especialmente lo que entran en la categoría de Mainstream, tiene tres facetas en su devenir como músicos. En sus comienzos, la experimentación y la busqueda de un sonido propio es lo más importante. La etapa central coincide con el logro de una personalidad propia y, frecuentemente, con el acceso a los medios de forma masiva. Es el momento de mayor clasicismo del grupo, cuando mejor conecta con su público. La etapa final supone la decadencia del grupo y son frecuentes la repetición de fórmulas, la búsqueda de un sonido más comercial o, en el mejor de los casos, la conservación de lo ya conseguido. No deja de ser una generalización, pero se cumple en un número de músicos tal que le da bastante credibilidad al asunto. En realidad, muchos historiadores lo comentan en términos de etapa pre-clásica (o barroca), clásica y romántica, utilizando el sistema para estilos musicales, compositores, géneros, etc.

Pues bien, si tenemos en cuenta esta idea, Depeche Mode alcanzaron su plenitud clásica con este fabuloso disco (con la salvedad de algún gazapillo musical), y su época dorada se prolongaría hasta el Violator. A partir de aquí, la cosa empezará a derrumbarse. Y ya veis, este verano -ya viejunos- hasta vienen a Sevilla XP .

El que nos ocupa fue segundo sigle del Music for the masses, e hizo que el grupo pasara a ser uno de mis favoritos, así que tiene una componente emocional importante: te aprendías la letra, te grababas el vídeoclip, la cantabas a voz en cuello cuando te quedabas sólo en casa… Y, además, es una gran canción.

La música de Martin Gore se encuentra en un punto medio entre un sonido industrial más experimental y el lirismo pop que destilan sus melodías. A esto tenemos que sumar determinados aspectos que iba tomando del rock, muy evidentes en la estrofa de este tema y que serán más notables incluso en otros posteriores como Personal Jesus o I feel you, sin olvidar la versión que realizaron del Route 66. Esta es la fórmula que hará de Depeche Mode uno de los mejores grupos de pop electrónico hasta nuestros días.

El sonido industrial de Never let me down again lo encontramos en el uso de una potente batería electrónica de ritmo marcado, así como en el uso de los coros y ambientes sinfónicos del estribillo. Las polifonías características de Gore aparecen en una emocionante ambientación apocalíptica. Simultánemente, el grupo extiende su manto lírico mediante armonías sugerentes algo oscuras, con la voz del barítono David Gahan y mediante una letra que conectaba con los adolescentes de entonces: una vuelta con su mejor amigo al que pide que no le decepcione nunca más. Suficientemente ambigua como para que cada chaval adaptase la historia a su experiencia personal. Así es el arte. Y funciona.

No quiero terminar este post sin una breve referencia al vídeoclip de Anton Corbijn. Pocas ideas pero muy bien llevadas a la pantalla. El coche-huevo, los personajes pintorescos, los campos que inciden en lo que de sublime pueda tener la música, la simbólica oscuridad de la noche… Una colección de bellas imágenes que impactaron con esa estética del blanco y negro que siempre funciona.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=_GQkPlKNkRM%5D

PD. Se ve mejor en esta dirección: NEVER LET ME DOWN AGAIN. No lo he puesto en el blog porque a los de EMI no les gusta que se hagan esas cosas pecaminosas : S

4 junio 2009 at 3:22 pm 1 comentario

Entradas antiguas


AUDICIONES


Creative Commons License
Todos los post de este blog se encuentran bajo licencia de Creative Commons.

Diseño: Marcos Padilla

Escribe tu dirección de correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir notificaciones de nuevos mensajes por correo.

Únete a 68 seguidores más

Feeds

Novedades

Categorías

La Catedral Sumergida

Ofertas CO2 neutral

Recomendaciones

De Madonna al canto gregoriano
De Madonna al canto gregoriano: una muy breve introducción a la música
Nicholas Cook

Quizás el subtítulo es lo que más pudiera despistar de este fantástico alegato contra la tradicional concepción "elevada" del arte musical con mayúsculas. Especialmente recomendado para quienes, como yo, procedemos de conservatorios y se nos ha insistido en la predominancia de Beethoven o Brahms sobre las músicas "menores".

A %d blogueros les gusta esto: