Posts tagged ‘álbumes míticos’

GOD ONLY KNOWS – The Beach Boys


Del álbum Pet sounds (Capitol, 1966)

Este verano me he pegado un buen lote de escuchar música de los 60. La verdad es que no es un momento del que supiera una barbaridad, y la maratón años 60 me ha permitido descubrir muchas y buenas canciones. Cuando no estás habituado a un tipo de música se produce el efecto “pescadilla”: como no la escuchas, no la conoces bien ni la disfrutas; como no está entre tus favoritas, no la escuchas.

Es curioso cómo funciona nuestra mente. Al ponerme un disco de esta época lo hacía sin mucho interés. Es una música con la que no he convivido, no he pasado momentos de la infancia o la adolescencia escuchándola, no me recuerda casi nunca a nada ni a nadie… Han pasado casi 50 años, y para mi es tiempo suficiente para que haya que escucharla con un halo de historia a su alrededor. Sin embargo, conforme escuchas un disco, y otro, y otro… empiezas a dejar que la música fluya (una idea muy sesentera, ¿no creéis?). A veces comenzaba un disco y estaba deseando quitarlo, pero a la quinta canción me había metido dentro del ambiente y ya era incapaz de hacerlo.

Los californianos Beach Boys no han sido uno de mis descubrimientos veraniegos, ni su archiconocido “Pet Sounds” una novedad, pero sí es cierto que estas audiciones estivales me han permitido situarlo en su época. Ahora veo hasta qué punto estaban sentando las bases del pop barroco que en los últimos años ha vivido un auténtico revival en EEUU. Curiosamente he escuchado también este verano el nuevo disco de MGTM, que parecen haberse inspirado en ese ambiente de pop y psicodelia de finales de los 60.

Hicieron muchas y buenas canciones los Beach Boys hasta que Brian Wilson se retirase de los escenarios por sus paranoias. No en vano hemos podido disfrutar recientemente de una nueva versión del “Wouldn’t it be nice” en la publicidad de una marca de coches. El anuncio es una maravilla. El cover, regulero nada más.

Para mi, no obstante, ésta es la mejor canción de los chicos. La técnica de acordes placados, tan pop, permite a Wilson hacer de las suyas en la armonía del tema. Y la melodía es simplemente maravillosa. Por algo ha sido considerada una de las mejores canciones de todos los tiempos.

Como dijo Tony Asher, coautor del tema, no hay muchas canciones de amor que comiencen diciendo “Tal vez no siempre te amé”. Y es necesario, para que una letra se convierta en una gran canción, que tenga este tipo de textos que permiten avanzar junto con la música.

Pero, para mi, lo más destacable es la instrumentación. Brian Wilson estaba fascinado en esa época con el “muro de sonido” de Phil Spector. De hecho, comentó que el título del disco “Pet Sounds” fue un homenaje a las iniciales del productor. Esa fue la línea que siguieron los Chicos de la Playa, con una orquestación grandilocuente, apariciones de instrumentos orquestales como la trompa (al principio del tema), los vientos puntuales o cuerdas exuberantes. En toda esta fantasía orquestal destaca la maravillosa  armonía vocal con la que concluye, en forma de contrapunto imitativo, perfecto broche de oro.

Para terminar, un detalle de composición nada banal. El arranque del tema nos deja la sensación de que ha empezado antes, de que había música antes de sonar la primera nota, de que estábamos escuchado la canción sin darnos cuenta. Esto es así por el uso tan inteligente (yo diría más bien intuitivo) de la armonía modal y la modulación. En las ocasiones en que se llega a una “tónica”, ésta no tiene sensación de descanso, no se permite la relajación, bien porque surge una nueva modulación, bien porque la línea armónica sigue avanzando hacia un punto de inestabilidad, que obliga a seguir avanzando. De hecho, es de las pocas canciones en que veo relativamente justificado el final “fade out”, es decir, ir bajando poco a poco el volumen hasta que desaparece. La rueda de acordes final tiene esas mismas características, no descansa en ningún acorde, sigue funcionando eternamente. Es como encontrar el final de un círculo.

Señoras, señores, así se las gastaban hace 45 años:

Como hay gente pa tó, este/a friki ha mezclado las imágenes de dos de las películas que concluyen con “God only knows”, en concreto Love actually y Boogie nights, y ha buscado similitudes entre ambos finales. Está cogidito con pinzas, claro, pero es divertido:

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1 octubre 2011 at 3:41 pm 4 comentarios

SUBTERRANEAN HOMESICK BLUES – Bob Dylan


Del álbum Bringing it all back home (Columbia, 1965)

Eso de tener muy muy cerca a una mujer que, no sólo trabaja en el mundo audiovisual, sino que además lo adora me produce otra mirada sobre las realizaciones comerciales que vienen produciéndose desde hace varias décadas. Me refiero, por supuesto, al fenómeno del videoclip, del que he tenido amplia información recientemente :D

Si echais un vistazo a la red en busca del “primer videoclip de la historia” veréis como la gente no puede dejar de poner en juego sus preferencias musicales para hablar de The Beatles, de Queen, de The Buggles, de ABBA, o de este temazo de Bob Dylan, que ya en el 65 tuvo lo que formalmente podríamos llamar un vídeo musical. Seguro que no hay un pistoletazo de salida, excepto, quizás, el de la MTV americana emitiendo videoclips durante todo el día. Pero esto sería a partir de 1981, 16 años más tarde.

Se trataba, en realidad, de un fragmento de un documental de D.A. Pennebaker titulado “Don’t look back” sobre la gira de Dylan por Inglaterra. La idea es sencilla pero efectiva: Bob Dylan va mostrando tarjetas con fragmentos de la letra y las va desechando conforme se escuchan en la canción. Hay, de hecho, errores intencionados, como cuando la letra dice “eleven dollar bills” y el cartel muestra “20 dollar bills”. El vídeo se grabó en un callejón detrás del Hotel Savoy de Londres, y en la parte de atrás podemos ver un cameo del poeta Allen Ginsberg junto a Neuwirth.

Este “videoclip” ancestral podría no pasar de ser una curiosidad para libro de biblioteca universitaria y alguna que otra tesis de no ser por la canción que preside el vídeo y, porqué no decirlo, el enorme disco que contiene dicho tema. Estamos hablando de un disco que dio un giro de 180 grados a la trayectoria de Dylan y que está considerado como el origen del folk-rock. Al señor Zimmerman no se le ocurrió otra cosa que alejarse de la canción protesta, que había sido su línea hasta este momento, para adentrarse en terrenos más personales y de letras más retorcidas. Si a esto le sumamos que la cara A del vinilo original fue grabada con un grupo de rock’n’roll, ya tenemos la polémica servida en bandeja de plata.

Con esta canción lograría Dylan su primer Top 40 en los EEUU y Top 10 en UK. Según la revista digital “Uncut”, esta canción supone la amalgama a tres bandas del estilo del poeta beat Jack Kerouac, la canción de Woody Guthrie y Pete Seeger “Taking it easy” (‘mom was in the kitchen preparing to eat / sis was in the pantry looking for some yeast’) y el estilo rock’n’roll del “Too Much Monkey Business” de Chuck Berry. Y, escuchando los cortes, no lo yo veo muy descaminado. Pero, ya sabéis, en Bob Dylan se vuelve todo Bob Dylan, especialmente por su manera de cantar la poesía, de devolver a la música lo que siempre fue suyo, el texto melódico y rítmico, la mousike griega.

Por cierto, la letra en inglés y español pinchando aquí.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=2-xIulyVsG8%5D

Como regalito, una curiosa parodia que realizó el humorista americano “Weird Al” Yankovic. La letra está realizada completamente con palíndromos.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=Nej4xJe4Tdg%5D

11 febrero 2010 at 6:39 pm Deja un comentario

I GOT A WOMAN – Elvis Presley


Del álbum Elvis Presley (RCA Victor, 1956)

Hoy cumpliría 75 años el “Rey del Rock”. Los cumpliría si una mezcla letal de medicamentos/drogas no hubiese acabado con su vida a los 42 (versión oficial). Así que una manada de fans e imitadores se ha lanzado a la calle y, sobre todo, a los medios para celebrar a su modo tan magno evento. Yo prefiero un “blogmenaje” más privado, dentro de lo mediática y pública que es también la web 2.0.

Y para ello he elegido, como no podía ser de otro modo, un tema de su álbum de debut, considerado como uno de los mejores, no ya de su carrera, sino de la historia del rock. Un disco que aparece cuando Elvis ya había conseguido su primer número uno (¡de 18!), “Heartbreak Hotel”, y que fusiona los estilos que harían tan importante este momento histórico: rhythm & blues y country, que darían lugar al rockabilly y al rock ‘n’ roll.

En realidad “I got a woman” es puro rhythm and blues de la pluma del gran Ray Charles. El chico sureño canta… ¡música de negros! Y no era el único escándalo social que provocaba. También se producía una revolución (sexual) en su famosa pelvis, hasta el punto de limitar sus planos en televisión al torso, de cintura para arriba.

No es vana la referencia extramusical. La importancia que tiene Elvis está muy relacionada con su actitud descarada, con su extraña forma de moverse que escandalizaba a puritanos y conservadores, y por supuesto con el hecho de cantar una música inapropiada para un blanco del sur y menos aún para los tiernos oídos adolescentes de toda una generación de clase media. Y es que con su anterior discográfica había grabado principalmente country (más apropiado, claro), pero el nuevo ritmo (y blues) estaba pegando fuerte. Y Elvis lo bordaba.

No me olvido de su tremenda voz de barítono y los giros vocales que tanta personalidad confieren a su interpretación. Como instrumentista nada que decir: la guitarra es más un adorno en sus actuaciones, un elemento más del espectáculo. Pero lo fundamental es cómo representa con su cuerpo la música que interpreta, cómo logra dar intensidad, (enloqueciendo a las masas de fans) o crear momentos de calma tensa simplemente con su actitud. Llena el escenario.

A continuación, algunas muestras:

Directo de 1956 en el que vemos a Elvis en plena faena. Impresionante el control de intensidades. Atención al plano frontal: no baja de la cintura.
[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=InF7oA_XyTk%5D
Muestra de que lo que hacía El Rey no es tan fácil: triste actuación de Michael St. Gerard en el papel de Elvis Presley; canta Ronnie McDowell.
[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=DFtmpyrvP7U%5D
Un Elvis más entradito en carnes del año 72. Aunque han pasado 16 añazos, su energía no ha disminuido y sigue llenando el escenario. Observad cómo controla cada momento de la música con simples gestos a un lado y a otro. Intrusión final del “Amen” gospel.
[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=SLFI2qkjdMI%5D
Versión del disco. Me encanta la reverb de estudio y el piano en segundo (o tercer) plano.
[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=txeZ2tRKyfk%5D
Cómo no, la original de Ray Charles, otro monstruo del rock. En la comparación apreciamos las diferencias; recuerdos del swing y las big band y la impresionante voz negra de Ray, considerado creador del soul.
[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=Mrd14PxaUco%5D

8 enero 2010 at 10:19 pm 1 comentario

HEROIN – The Velvet Underground


Del álbum The Velvet Underground and Nico (Verve Records, 1967)

Robin Maconie en el prólogo a su libro “La música como concepto” (Acantilado, 2007) dice, en una sencilla pero certera definición, que la música resume el arte y la experiencia de escuchar y comunicar por medio del sonido. Y, cuando es buena -la música-, esta comunicación alcanza niveles impensables para otros medios de comunicación. Porque podemos llegar a experimentar sensaciones o a sentir emociones que no son nuestras como si lo fueran. Es decir, podemos empatizar con el mensaje a un nivel mucho mayor que con la simple palabra.

Nunca he probado la heroína, y en principio no me apetece hacerlo (habida cuenta de los riesgos que conlleva). Sin embargo, Lou Reed y los suyos logran con una grabación de hace más de 40 años que comprenda lo que debe pasar por la mente de un heroinómano (él mismo) cuando se mete un chute. Cuando esto sucede puedo comprender que los puritanos hayan tratado desde siempre de limitar el arte musical y poético, dada su capacidad de hacer sentir cosas “pecaminosas”.

El chute al que asistimos en “Heroin” pasó relativamente desapercibido en su época. Si pensamos que la música de más éxito venía de la costa Oeste, del movimiento hippie, las comunas y el sexo libre, de la psicodelia por la que todos los grupos pasaban, y sobre todo que las drogas de moda eran las psicotrópicas, es lógico que unos neoyorkinos vestidos de negro y con sobrias gafas de sol que hablan de heroína, de la ciudad y de perversiones sexuales no conectase con la juventud del 67. Sin embargo, se estaban sentando las bases de una música que dominaría la escena musical una década más tarde, con la llegada del Post-punk, la New Wave y, por supuesto, el Noise rock y la No wave neoyorkina.

Pero centrémonos en la música que nos ocupa. A la guitarra, el bajo y la batería tradicionales del pop se adhiere la viola eléctrica de John Cale, músico curtido en la escena vanguardista que ya había trabajado con autores como el minimalista La Monte Young o las performances de Fluxus. La apertura mental que esto supone permite desarrollar el nuevo pop que nacía con este disco, y que se nota también en aspectos formales como la falta de estribillo o los cambios de tempo.

La música está conectada íntimamente con el texto. Y digo conectada, no condicionada, porque la realza y la carga de nuevos significados. El texto nos relata, como ya he dicho, un chute de heroína en primera persona. Y los sonidos y el ritmo de la narración aceleran o se ralentizan dependiendo de las sensaciones que el protagonista va sintiendo. La importante dosis de improvisación y de caos de muchos momentos cobra sentido y nos conecta aún más con ese personaje y sus emociones.

Mucho más tendré que hablar de este disco, para mi una de las piedras de toque del rock y el pop a partir de los 70. De momento me dejo en el tintero toda la historia de Andy Warhol, el diseño (polémica incluida) de la portada y su “producción”, porque lo importante no es lo “modernito” que resultó entonces, sino lo francamente moderno que resulta hoy.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=1hQSCJ6ynk0%5D

18 octubre 2009 at 3:32 pm 3 comentarios

MY GENERATION – The Who


Interpretado en directo el 16 de agosto de 1969 en el Festival de Woodstock. Aparece en su primer álbum de estudio My generation (Brunswick, 1965), cuya edición estadounidense se llamó The Who sings My generation (Decca, 1965).

Hacía unos meses que habían publicado su cuarto álbum de estudio, Tommy, que contiene la que está considerada primera ópera rock de la historia, y llegaban a los Estados Unidos tras un largo historial de éxitos (y escándalos). Eran plato fuerte de Woodstock: tocaron a las 3 de la mañana del sábado e interpretaron 24 canciones, muchas más que todos los demás artistas. Lanzaban mensajes “generacionales” del tipo “Hope I die before I get old”, otra pose de los 60 que en algunos casos sería premonitoria (y en Woodstock tenemos varios ejemplos). El público se encontraba, en definitiva, ante estrellas del rock.

Es curioso como este mítico grupo ha sobrevivido más en los libros y artículos varios que en la realidad de las emisoras, las ventas de discos o las descargas. Cuando sacan el enésimo recopilatorio de The Beatles (¡ahora con nuevas tomas en la ducha de Lennon! XP) los londinenses apenas tienen cabida en programaciones de radio o televisión. Es uno de esos grupos que colaboró en la evolución de la historia del rock (y de la música) aunque su propia obra apenas logre superar a “su generación”.

En realidad, más que curioso es paradójico, y sin embargo frecuente. Muchos de los músicos clave en su época, que han supuesto un giro o una importante evolución para la música, han tenido una producción musical que apenas ha logrado sobrevivir a sus contemporáneos (es paradigmático el ruidismo de comienzos del siglo XX). Mi teoría es que la experimentación en el arte tiene ese precio: hacer una música que nunca se ha hecho significa que todavía no es posible perfeccionarla, y que serán músicos o autores posteriores quienes llevarán el nuevo género a su época “dorada”. De este modo, The Who han tenido que ver con la psicodelia, con la ópera rock, con los álbumes conceptuales, con el hard rock o con el rock progresivo, e incluso hay quien ve una actitud proto-punk. Sin embargo, ni siquiera Tommy o Quadrophenia han pasado de ser hitos históricos que pocos chavales podrán conocer hoy en día y cuyas historias están muy desconectadas del público actual.

Pero estábamos en 1969, como decía, Pete Townshend presenta el tema vestido de mono blanco (inevitable pensar en La naranja mecánica), Roger Daltrey vestía una chaqueta con flecos muy “western” (¿a lo Morrison o viceversa?), vuelta de tuerca a la conocida “invasión británica” que habían vivido los EEUU unos años antes, el grupo se movía en los escenarios con la soltura que les confería su condición de estrellas del rock.

El sonido de “My generation”, que en lo básico responde a un rhythm and blues, es crudo. Duros silencios, en los que Daltrey parece tartamudear, preceden a la chirriante guitarra de Townshend, batería y bajo parecen preludiar el lo-fi más casero y al final del tema, golpes de guitarra incluidos, casi nos sitúan en el radio de acción de los Sex Pistols o del no wave. Entre estos alardes de agresividad que dan comienzo y finalizan su actuación, The Who nos deleita con un momento mucho más blues (ilustrado con hermosas imágenes de hippies danzando en éxtasis al contraluz del amanecer), de corte instrumental y ritmo ternario. Era su nueva forma de construir piezas, mediante fragmentos que se superponían y configuraban un hilo musical de mayor dimensión, y que estaba dando sus frutos en las primeras óperas rock y álbumes conceptuales.

El sonido y la actitud de The Who impactó a los jóvenes de la segunda mitad de los sesenta -todavía daría para algo más en los 70-, pero sobre todo serviría de referencia para muchos otros grupos y otras generaciones. ¡Rock’n’roll!

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=cH9IgJZCx4c%5D

12 septiembre 2009 at 7:26 am 4 comentarios

THRILLER – Michael Jackson


Sencillo del álbum Thriller (Epic Records, 1982). Videoclip dirigido por John Landis (1983).

Pues parece que este año será recordado por algunas despedidas importantes, como la del “rey del pop”. Y no por menos inesperada ha sido trago fácil para sus admiradorxs, a tenor de lo que dicen los informativos. Yo particularmente soy de los que considera que hace demasiado tiempo que perdió sus, en su día, sobresalientes cualidades y que el escaso interés que despertaba era pasto de magazine de tarde y programas basura por el estilo.

En cualquier caso, Michael Jackson fue grande en otros tiempos, y por ese motivo lo convoco a esta cita. Y lo hago con un vídeoclip-cortometraje que fue realmente mítico, así como el propio disco homónimo que incluía “Thriller”, el álbum más vendido de la historia con la friolera de 109 millones de copias, que no es moco de pavo. Como siempre, pongo esta canción por cuestiones personales y, claro, porque me gusta, aunque daré algunos detalles, como siempre hago, sobre qué pudo suceder para que fuese tan popular en su momento.

Recordaba ayer con Mash las apariciones del videoclip en España. Recuerdo que yo lo vi por primera vez en navidades, y lo emitieron en el programa especial de fin de año, presentado por los populares “Martes y trece”. Recuerdo también el miedo que provocaba aquel videoclip tan largo y terrorífico. Yo no veía todavía pelis de terror (era muy pequeño), pero aquello me dejaban verlo. Y, ademas, no podías evitar verlo. Tenía todo el morbo del cine de terror, condensado en poco más de 10 minutos y dulcificado con las conocidas coreografías. Primer tanto para Michael, el tema funciona y ¡de qué manera!

Visto tras el paso del tiempo, este videoclip, considerado por algunos el mejor de la historia y que redefinió el género, se puede seguir viendo con agrado, aunque es difícil que la generación de la saga de “Saw” sienta las mismas emociones que vivimos los infantes de aquella época con algo tan light. En él podemos disfrutar de una de las mayores cualidades de Michael: el baile. Sin embargo, el tema musical en sí pierde fuelle dentro de la historia. La música incidental de la “película dentro de la película” no tiene ninguna relación con la canción en sí y los cortes que se producen y reapariciones del tema resultan de poca intensidad en comparación con los climax visuales y de guión que se generan. Destacaré en especial el momento en que los zombies rodean a la pareja, con música incidental al uso, su silencio típico y cómo retoma la base de “Thriller” de forma muy débil. Es curioso como la realización visual y dramática es fantástica, pero musicalmente hay una enorme pérdida de interés, que supongo mitigaría la cuestión dance. No hay otra letra, ni vamos al estribillo, ni siquiera tenemos nuevas aportaciones instrumentales que le den intensidad al momento. Tan sólo la parodiada coreografía.

Dejemos atrás las debilidades de la cinta para centrarnos en la otra gran virtud de Michael Jackson, su calidad y registro vocal. El muchacho tenía una dulce pero firme voz con sus hermanitos en The Jackson Five. Creció y con él su laringe, pero quiso Polimnia que mantuviese la tesitura infantil y ampliase algo el registro por la zona grave (no demasiado, pese a las cuatro octavas que su profesor de canto aseguraba que tenía en los 80). Así, el muchacho llegaba a notas estratosféricas con total facilidad. Como suele suceder con las personas que tienen fantásticas voces de forma natural, el Peter Pan del pop fue perdiendo su prodigiosa voz con el tiempo, y últimamente no estaba en su mejor momento. En todo caso, en Thriller brilla con su estilo entrecortado, rítmico y muy personal de cantar. El acompañamiento es muy sencillo, con un bajo sintetizado que se repite una y otra vez, junto al ritmo “disco” secuenciado. Y poco más.

A mi juicio, la música de Jackson se queda demasiado limitada por la necesidad de satisfacer a todo tipo de públicos, perdiendo así potencia. El estilo queda enmarcado por la voz y los bailes, cosa que hace a la perfección. El disco en sí acumula géneros tratando de abarcar los gustos principales del mainstream. Es un sacrificio musical que permitió a su compañía y al propio músico ganar mucho, mucho dinero.

Nota bene: El videotube que aquí muestro tiene subtitulado en castellano. Su calidad es deficiente pero nos permite seguir la historia mejor. Está recortado en determinadas partes. Si queréis escucharlo entero sin subtítulos podéis hacerlo aquí.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=lDjvOR3jzoQ%5D

28 junio 2009 at 11:35 am 4 comentarios

AIRBAG – Radiohead


Del álbum OK computer (Parlophone, 1997)

Como el gran grupo que es, Radiohead llega a su punto álgido con este tercer disco (disquisiciones sobre las etapas por las que pasan los músicos, en este post). Y como todos los grandes álbumes, su apertura -con este tema- cobra una importancia capital. Es la primera impresión, el arranque de una colección de canciones que, por lo general, funciona como un todo, como diferentes capítulos de una novela. Continuando con el símil literario, las primeras frases de un libro son fundamentales: aquí se resumen las primeras sensaciones, si te engancha o no.

Radiohead se toma muy en serio esta elección, como ya había hecho con “The bends”, su trabajo precedente, y como haría en todos los posteriores. Las canciones que inician sus álbumes de estudio tienen siempre una seña de identidad especial, que por una parte las diferencia del resto, pero por otra te prepara la mente para el resto. Incluso “Pablo honey”, un primer disco que aún deja ver un grupo en proceso de maduración, nos permite entrever esta forma de producir en su primer corte (“You”), sobre un compás de amalgama que marca diferencias ante los grupos de rock tradicional (si bien estos “experimentos” son aún inestables).

Pero volvamos a 1997. No, no era necesario ser fan de Radiohead antes del OK computer para que su sonido te calase. Yo llevaba años sin seguir las andanzas de los grupos de rock y estaba plenamente centrado en la música contemporánea. El año del “Homogenic” de Björk, el “Homework” de Daft Punk, el “Portishead” de Portishead o el “Dig Your Own Hole” de los Chemical Brothers ofrecía demasiados estímulos como para que no picase el anzuelo de los escenarios de la música popular. La guitarra eléctrica cedía el trono de reina del rock a las máquinas electrónicas, que eran de uso obligatorio: hasta el nu metal o las producciones más punk de la época incluian cortes realizados por secuenciadores, sintetizadores (más o menos vintages, dependiendo del género) o bien realizaciones informáticas de posproducción.

Radiohead no serían impermeables a la corriente dominante. Fascinados por los trabajos de DJ Shadow basados en el sampleo, trataron de emularlo a través de la batería de “Airbag”, transformada electrónicamente. Para ello grabaron a Phil Selway para emplear un fragmento de 3 segundos como sampler generador de todo el ritmo de la canción. El resultado brilla con luz propia: es una de las canciones del OK computer con más fuerza rítmica. A ello contribuye, desde luego, el potente bajo de Colin Greenwood, que también parece retocado electrónicamente. De hecho, se basa en una secuencia de tan sólo tres notas, y casi nunca marca los tiempos fuertes, alejándose de este modo de un bajo de rock tradicional y aportando tintes más cercanos al funk o a la música electrónica.

Y aunque no fueran los tiempos gloriosos de las guitarras eléctricas, al sonido rock de Radiohead no podían faltarle las de Jonny Greenwood y Ed O’Brien, en este caso sin ningún complejo de sample. La melodía de comienzo con su cromatismo final que produce un cambio armónico menor-mayor es seña de identidad del tema, y se reproducirá en la línea vocal. Sumemos a ésto todos los recursos al uso: riffs, punteos a lo “mandolina”, ruidosas distorsiones, etc. El rock indie de final del milenio ya tenía nombre y apellidos.

Perdón. La denominación de origen que acabo de formular no está completa sin la figura enorme de Thom Yorke, cantante y letrista de la banda. Los textos del álbum tienen el sabor inconfundible de una época gris y toca temas que estaban afectando a las generaciones X e Y: la deshumanización tecnológica, el nihilismo, la globalización, el abandono… En este caso nos habla del milagro de seguir vivo después de un accidente, o simplemente por el hecho de continuar entero al bajar de un coche. Yorke opina que “Nosotros sólo conducimos en esas cosas, pero realmente no las controlamos”. El título original (“An airbag saved my life”), sacado de un manual de la asociación de automóviles AA, hace también referencia a la canción “Last night a DJ saved” my life de 1983 del grupo Indeep, si bien su sonido disco se encuentra en las antípodas de Radiohead.

Los videoclips de Radiohead no llegan por lo general a ser las condensadas obras de arte que Gondry o Jonze grababan por aquella época. Aquí nos encontramos con una secuencia de pruebas de colisiones a cámara lenta. Y sí, podemos darle toda la poesía que queramos, pero la música será mucho más responsable de ello que las imágenes. ¿Qué os parece a vosotros?

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=8__vHs3xcR4%5D

16 junio 2009 at 3:04 pm Deja un comentario

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