Posts tagged ‘versión’

À SAINT-GERMAIN-DES-PRÉS – Henri Salvador


Del single ref. 560-181 (Polydor, 1950)

Ayer se celebraba el Día Internacional de la Francofonía, un concepto surgido en 1970 gracias al interés de las antiguas colonias de Túnez, Senegal y Níger. Estos tres países en los que se habla francés, veían en el idioma una herramienta perfecta para integrarse en la comunidad internacional y lograr que esta fuese solidaria con su situación. En la actualidad, la Organización Internacional de la Francofonía, que agrupa a 55 estados, mantiene viva esa iniciativa y tiene entre sus objetivos no solo la promoción de la lengua francesa sino también de la diversidad cultural. Mientras tanto, en plena carrera electoral, el actual presidente francés Nicolas Sarkozy busca el voto de la derecha más radical arremetiendo contra la población inmigrante. ¿Qué noción tendrá ese electorado ultraconservador de lo francés?

Desde hace ya unos cuantos años me considero a mí mismo bastante francófilo. El descubrimiento de la Nouvelle Vague y del moderno cine de autor (Garrel, Assayas, Carax, Desplechin,…) me hicieron enamorarme de la cultura francesa, que a mi parecer nunca ha tenido los complejos de la española (perdón por generalizar). Así que, durante la carrera, decidí añadir el francés al inglés como asignatura de libre configuración. Durante los dos años que cursé, nuestra profesora Alicia Gascón no solo buscó enseñarnos el idioma, sino también que nos enamorásemos de él y de la cultura francesa. Conmigo lo consiguió sin duda, sobre todo desde aquel día en que nos puso en clase una canción de Henri Salvador.

La canción era ‘J’ai vu’, y pertenecía al álbum ‘Chambre avec vue’ (2000), que por aquel entonces acababa de publicarse. Era un tema lento, orquestado y muy emotivo; parecía casi el resumen de una vida. Tanto me gustó que me descargué el disco en casa (era la época de Napster) y no solo eso, sino que encontré un par de canciones más de Salvador y también decidí bajarlas por ver cómo sonaban. Una de ellas era la que hoy quiero compartir, ‘À Saint-Germain-des-Prés’, y había sido registrada nada menos que medio siglo antes en la cara B de un single de 78 r.p.m. (aunque más tarde ha aparecido en diversos recopilatorios).

En ese año de 1950, Henri Gabriel Salvador tenía 33 años. Había nacido en la Guayana francesa; su padre, de ascendencia española, y su madre, hija de un indio caribeño, eran ambos nativos de la isla de Guadalupe. Así pues, Salvador tenía el mestizaje en la sangre. No es de extrañar, entonces, lo heterogéneo de su trayectoria.

Tras llegar a Francia a comienzos de los años 20, en la década de los 30 comenzó a actuar en los cabarets parisinos; tenía 18 años cuando Django Reinhardt lo contrató como guitarrista acompañante de jazz. Ya en los 40, se unió a la big band de Ray Ventura en una gira por Sudamérica. En la década siguiente se hizo popular cantando rock and roll en francés, con textos de Boris Vian. De 1957 es su canción ‘Dans mon île’, considerada una contribución decisiva al origen de la bossa nova; no en vano, Salvador sería premiado en 2005 con la Orden Brasileña del Mérito Cultural, que recibió del por entonces ministro de Cultura Gilberto Gil, por su influencia en ese popular estilo.

El carácter multicultural de la obra de este músico queda, pues, de sobra demostrado. Y no obstante, la canción que nos ocupa, compuesta en origen por Leo Ferré y grabada por Salvador en 1950, está dedicada a todo un símbolo nacional de Francia: el barrio parisino de Saint-Germain-des-Prés. Esta zona se hizo popular tras la II Guerra Mundial, cuando se convirtió en el centro de la vida cultural e intelectual de París. Por allí pasaban escritores, actores, filósofos y músicos, en un ambiente en el que se mezclarían el existencialismo, el jazz y, más tarde, el espíritu de la Nouvelle Vague. Personalidades tan dispares e influyentes como Sartre, Beauvoir, Camus, Hemingway, Picasso, Giacometti, Godard o Truffaut, eran clientes habituales en las terrazas de Les Deux Magots y el Café de Flore.

En lo musical, la versión que hace Henri Salvador de ‘À Saint-Germain-des-Prés’ resulta mucho más natural, menos grave y enfática, que la interpretación de Leo Ferré. El francoguayanés se apoya fundamentalmente en su primorosa voz, mientras que su guitarra se adapta a lo que marca el texto y la melodía vocal, de ahí que el diálogo entre ambos elementos fluya con tanta franqueza. En este sentido, ya desde la primera sucesión de evocadores acordes que hace las veces de intro se deja notar la formación de Salvador como guitarrista jazz.

Construida con tres repeticiones de estrofa/estribillo, la canción alcanza su clímax en los últimos versos, cuando el rasgueo de las cuerdas añade un plus de intensidad (“Pourquoi ces grands fauchés / Font du tapage”) antes de un silencio rematado con un sorprendente giro melódico en el último verso (“À Saint-Germain-des-Prés”).

Sin más, veamos un vídeo de la canción elaborado con fotografías de Robert Doisneau, autor de ‘El beso’ (también de 1950, por cierto) y tal vez uno de los artistas que más ha influido en la imagen de París y, por ende, de Francia. Yo aún no la conozco, París, pero gracias a extranjeros como Henri Salvador ya sé cómo amarla.

Como complemento, propongo esta interpretación en directo de uno de sus temas más famosos, ‘Syracuse’ (1963), donde también podemos comprobar la emoción que desprendía Henri Salvador solo con su voz y su guitarra.

el fuego fatuo

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21 marzo 2012 at 10:36 am Deja un comentario

DANSE RUSSE – Igor Stravinski


Primero de los Tres movimientos de Petruska (1921). Grabado en Estocolmo, en enero de 1965. Dirigido por Ake Falck.

La energía que transmite la obra temprana de Stravinski se resume en estos tres movimientos para piano, dedicados a su gran amigo Anton Rubinstein. Petruska es un ballet que se encuentra a caballo entre El pájaro de fuego -su primer trabajo para el afamado coreógrafo Diágilev y claro deudor de su maestro Rimsky Korsakov- y La consagración de la primavera, obra maestra de este período y tal vez su mejor composición. Los tres pertenecen al período del autor conocido como primitivo o ruso, en el que hace uso del folklore de su país natal y potencia la rítmica y las disonancias armónicas en detrimento de la melodía.

Cuando, hace ya bastantes años, me puse la grabación que había hecho de Canal + de estos “Tres movimientos de Petruska” interpretados por Alexis Weissenberg no podía dar crédito a lo que veía y escuchaba. Y es lógico si tenemos en cuenta que el propio Stravinski, que por lo visto era un gran pianista, no se atrevía con su obra, considerando que no tenía suficiente técnica con la mano izquierda. Da la sensación de que decidió no prescindir de ninguna nota de la instrumentación original para orquesta, o al menos utilizar todas las posibilidades que tienen diez dedos sobre las teclas de un piano. La grabación de este vídeo supuso un fuerte impulso para la carrera de Weissenberg, quien logró impresionar a Karajan con su interpreatación y fue invitado ya con frecuencia a tocar con la Filarmónica de Berlín. Y no es para menos: está enorme. Ni un gesto en el impávido rostro, ni un movimiento imprescindible, ni un atisbo de duda en la ejecución. Los dedos parecen baquetas percutiendo sobre el teclado. Pese a la escasez de emoción, no está ausente de potencia y de vigor; justamente al contrario. Es de una exactitud enérgica increible. A esto hay que sumarle una cuidada puesta en escena, con planos bastante notables (si bien el contrapicado del rostro de Weissenberg no permite que se nombre pianista guapo del año XP). De hecho, para la grabación hubo que construir un piano que se adaptase a las necesidades del director. Y no nos olvidemos de los cambios tan bellos en la iluminación.

El que escuchamos aquí, primero de los tres movimientos, hace uso de recursos impresionistas como la modalidad o los acordes de notas extrañas, así como un uso amplio de la politonalidad. En el original se traduce fundamentalmente en el uso del conocido acorde de Petruska, superposición de Do y Fa# mayor, recurso bitonal y leitmotiv que representa al propio personaje de Petruska. El ritmo mecánico viene siempre marcado por alguna parte del acompañamiento, que actua a menudo como una sección de percusión. En la sección central se abandona esa energía de marcha y se utilizan recursos más arpegiados y un mayor rubato. El final retoma la idea primera para alcanzar una sorprendente coda en que los “golpes” sobre el teclado alternan con tensos silencios, dando al movimiento un carácter muy conclusivo para ser tan breve. De la media hora larga del original, Stravinski lo reduce a la mitad. El resultado no sólo no supone una disminución de la fuerza de la música, sino que llega a potenciar la intensidad del discurso.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=EgJ0XWyYY4Y%5D

PD. Aquí os dejo enlaces a la interpretación de la obra completa por Davide Cabassi en la 20º Van Cliburn International Piano Competition de 2005. Para mí no hay color.

Primer y segundo movimientos

Tercer movimiento

28 mayo 2009 at 10:16 am Deja un comentario


AUDICIONES


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