BIRD GERHL – Antony and the Johnsons

15 octubre 2010 at 4:28 pm 2 comentarios


Del álbum I am a bird now (Secretly Canadian, 2005)

En canciones como esta descubro la razón por la que me hice músico. Canciones con las que te reencuentras con la emoción y la expresividad, con eso tan quebradizo que llamamos la sensibilidad artística. Gracias a estas canciones, siento que la música es eso tan grande que intuyo que es, eso que me supera y que transciende, lo metafísico.

Empiezo echando leña al fuego, sí, pero es que me he casado :D y es algo que hace pocos años aseguraba que no iba a hacer. En concreto, cuando descubrí este fabuloso disco. Coincidía que empezaba a salir con mi amada Grace, mi esposa, algo que hace que estas canciones tan intimistas las relacione, inevitablemente, con ella.

Sería por entonces, y por todo esto, cuando volví a reconciliarme con la canción. La canción como pildora músical de apenas 3 ó 4 minutos que condensa lo bello que hay en la música.

Me he casado y además ésta ha sido una de las canciones que se cantó durante nuestra peculiar ceremonia en una hacienda cerca de Sevilla. En un arreglo para cuerda y vibráfono que interpretaron nuestros amigos, que me preparé yo mismo y que cantó precisamente Marcos (¡qué te quiero!), quien me descubrió a Antony y a sus Johnsons and Johnsons. Sólo de recordarlo me recorre un escalofrío por la espalda: esa es la música que me hizo ser músico, la música que emociona y que puedes sentir como tuya (como nuestra debería decir).

Y no nos casamos porque tuvieramos que hacerlo, por suerte. Nuestras familias nos han apoyado desde el principio. Grace y yo quisimos hacerlo y lo hicimos, pese a nosotros mismos. Y lo hicimos como nos apetecía y dijimos lo que nos apetecía, y escuchamos lo que debíamos escuchar, y todo fue perfecto. Sí, es cierto, la perfección no existe y esto huele ya a cuentecito de hadas chungo, pero es bonito poder hablar así de tu boda, y lo que haya salido mal guardarlo en el saco de lo intrascendente ¿no?

¿Es eso lo que lo hizo tan trascendente, entonces? Pienso que no.

Nuestra vida, la vida de cada uno de nosotros, transcurre llena de rutinas y monotonías que nos hacen sentir seguros y tranquilos. Los pequeños sobresaltos, las sorpresas, le añaden algo de emoción. Lo desconocido en pequeñas dosis cotidianas. Pero hay ocasiones en que no nos basta con ese frasquito de incertidumbre y queremos que todo encaje para que nuestra vida sea esa emocionante vida que ansiamos tener. Y, si de verdad lo quieres, sucede. Repentinamente todo encaja, los astros se alinean y lo que era simple coincidencia se convierte en magia ante tus ojos. Y es entonces cuando no puedes dejar de decirle al mundo lo que quieres a la persona a la que quieres, y que deseas hacerlo el resto de tu vida.

Esta canción, Bird gerhl, es una de esas coincidencias mágicas. Una canción de Antony and The Johnsons. Antony Hegarty nació en 1971 como yo. De un disco de 2005, año en que comenzó nuestra relación. El grupo transpasa los límites de la formación pop clásica para integrar instrumentos como violines o violonchelo en acústico. En ese sentido, sus canciones se aproximan a ese concepto de “neolied” que llevo defendiendo desde hace bastante tiempo, y por tanto me identifico más aún con él (como compositor). Todo este disco nos va contando su propia historia, su proceso como transexual. Y esta canción, en la que concluye la historia, nos habla de una “chica pájaro” que puede “volar”. Aparte de lo evidente dentro de su historia, todos podemos entender lo que nos transmite: que cuando llega el fin de un proceso, en realidad lo que estamos es en el inicio de otro. Ahora que ya soy “bird gerhl”, puedo volar. Entenderéis que esta canción estuviese sonando en ese final del camino, inicio de otro mucho mayor, que ha sido nuestra boda.

Más cosas. La versión fue interpretada por un vibráfono porque soy percusionista, dos violines, como hacen los Johnsons (que no usan viola), una viola da gamba por mi conexión con la música antigua y un contrabajo en plan jazz, música que aprecio cada vez más gracias a su libertad para fusionarse con cualquier estilo y que Grace, por cierto, adora. Una amalgama muy de mi agrado. Cantaba Marcos, a quien ya nombré, y que logró que las lágrimas brotaran de los ojos de mi amada. ¡Vaya carga de emotividad que llevaba el tema, ahora que lo veo con algo de perspectiva!

Pero uno de los momentos más bonitos para mi, como músico, fue profundizar en la canción previamente a la boda. Escuchadla. Es una canción sencilla, que se mueve lentamente e in crescendo hacia ese final de disco que comentaba, ese cierre-apertura. La personalísima voz de Antony Hegarty lo llena todo y nos seduce hasta el punto de olvidar a sus Johnsons. Pero, ¡qué nos estamos perdiendo! Escuchar esta canción con oídos de versión fue como descubrir la trampilla que te lleva a la habitación de los juguetes. Y comprendí porqué esta canción se había hecho imprescindible en un momento tan crucial para nosotros. No se trataba de números ni letras, se trataba de lo grande de la música que contiene.

El piano lanza un primer arpegio seguido de un silencio dramático (en el que escuchamos a Antony contar los tiempos del compás en voz baja, algo que confiere a la grabación la sensación de directo), continua con una serie de arpegios con algún contrapunto que otro hasta dar paso a la voz. El sencillo bajo nos ayuda a no perdernos entre las suaves notas del piano. La entrada de la cuerda es delicada, notas tenidas sin adornos, y la serie de acordes da una vuelta más. A esta seguirán otros giros de tuerca, en los que vemos como la voz aumenta su intensidad, su melodía asciende y se llena de emoción. Y aquí está uno de las grandes virtudes de la canción. Vemos (oímos) simultáneamente cómo las cuerdas se van enredando, como en su segunda vuelta añaden unos leves adornos, como en la tercera se aumenta considerablemente el contrapunto y como finalizan homorritmicamente con el piano, en ese dramático tresillo que sigue al “bird gurhl (girl) can fly” y que se repite por tres veces. Es más, esta figura continúa sonando en la conclusión, en la que la armonía da un interesante giro para dejar al piano sólo en los últimos acordes y rematar canción y disco con la delicadeza que corresponde.

Sinceramente, no se me ocurre mejor manera de instrumentar esta canción. Una obra maestra en menos de 4 minutos. Como dije antes, nuestra vida está llena de sobresaltos que nosotros mismo creamos y deseamos. A veces, esas pequeñas incertidumbres son tan deseables, que las hacemos crecer y las convertimos en grandes momentos de nuestra vida. Para mi, los pocos minutos que dura “Bird gerhl” significarán siempre “lo sublime” puesto en música. Serán ese momento tan íntimo y tan enorme, tan romántico en la amplitud del término, ese adentrarse en lo desconocido del futuro con temor y a la vez placer, que fue casarme con Grace.

Entenderéis que le dedique este post :)

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2 comentarios Add your own

  • 1. z.  |  15 octubre 2010 a las 6:00 pm

    Antony es mágico. Yo tuve la suerte de verle en directo con su banda en el monasterio de S. Jerónimo, cuando comenzaba a ser famoso, y me pareció toda una experiencia.

    Y la canción, el fondo perfecto para tus palabras. No pude felicitarte por tu boda, pero lo hago ahora.

    Que los astros sigan alineados.

    Responder
  • 2. Naima  |  18 abril 2013 a las 5:49 pm

    Buscando la partitura de esta canción me he encontrado con tu post y he de decirte que el sentimiento que provoca en mí es muy parecido al tuyo. Como veo que la conoces bien quiza podrías ayudarme a localizar la partitura del tema, para piano o para cualquier instrumento, ya que me gustaría utilizarla en un proyecto de fin de curso y no hay manera, llevo días rastreando los buscadores. Si la tienes, o conoces a alguien que la tienes, haber encontrado tu post también sería una magnífica coincidencia…
    Gracias

    Responder

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