Posts filed under ‘Noise rock’

HEROIN – The Velvet Underground


Del álbum The Velvet Underground and Nico (Verve Records, 1967)

Robin Maconie en el prólogo a su libro “La música como concepto” (Acantilado, 2007) dice, en una sencilla pero certera definición, que la música resume el arte y la experiencia de escuchar y comunicar por medio del sonido. Y, cuando es buena -la música-, esta comunicación alcanza niveles impensables para otros medios de comunicación. Porque podemos llegar a experimentar sensaciones o a sentir emociones que no son nuestras como si lo fueran. Es decir, podemos empatizar con el mensaje a un nivel mucho mayor que con la simple palabra.

Nunca he probado la heroína, y en principio no me apetece hacerlo (habida cuenta de los riesgos que conlleva). Sin embargo, Lou Reed y los suyos logran con una grabación de hace más de 40 años que comprenda lo que debe pasar por la mente de un heroinómano (él mismo) cuando se mete un chute. Cuando esto sucede puedo comprender que los puritanos hayan tratado desde siempre de limitar el arte musical y poético, dada su capacidad de hacer sentir cosas “pecaminosas”.

El chute al que asistimos en “Heroin” pasó relativamente desapercibido en su época. Si pensamos que la música de más éxito venía de la costa Oeste, del movimiento hippie, las comunas y el sexo libre, de la psicodelia por la que todos los grupos pasaban, y sobre todo que las drogas de moda eran las psicotrópicas, es lógico que unos neoyorkinos vestidos de negro y con sobrias gafas de sol que hablan de heroína, de la ciudad y de perversiones sexuales no conectase con la juventud del 67. Sin embargo, se estaban sentando las bases de una música que dominaría la escena musical una década más tarde, con la llegada del Post-punk, la New Wave y, por supuesto, el Noise rock y la No wave neoyorkina.

Pero centrémonos en la música que nos ocupa. A la guitarra, el bajo y la batería tradicionales del pop se adhiere la viola eléctrica de John Cale, músico curtido en la escena vanguardista que ya había trabajado con autores como el minimalista La Monte Young o las performances de Fluxus. La apertura mental que esto supone permite desarrollar el nuevo pop que nacía con este disco, y que se nota también en aspectos formales como la falta de estribillo o los cambios de tempo.

La música está conectada íntimamente con el texto. Y digo conectada, no condicionada, porque la realza y la carga de nuevos significados. El texto nos relata, como ya he dicho, un chute de heroína en primera persona. Y los sonidos y el ritmo de la narración aceleran o se ralentizan dependiendo de las sensaciones que el protagonista va sintiendo. La importante dosis de improvisación y de caos de muchos momentos cobra sentido y nos conecta aún más con ese personaje y sus emociones.

Mucho más tendré que hablar de este disco, para mi una de las piedras de toque del rock y el pop a partir de los 70. De momento me dejo en el tintero toda la historia de Andy Warhol, el diseño (polémica incluida) de la portada y su “producción”, porque lo importante no es lo “modernito” que resultó entonces, sino lo francamente moderno que resulta hoy.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=1hQSCJ6ynk0%5D

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18 octubre 2009 at 3:32 pm 3 comentarios

DEATH VALLEY ’69 – Sonic Youth


Del álbum Bad moon rising (Homestead Records, 1984). Versión de directo del FIB 98.

Ha pasado mucho tiempo desde que Carolina, el Peluki, mi hermano y yo montamos el grupo homónimo en nuestra salerosa Sevilla. Cuando me he acercado de nuevo a esta canción, cierre de nuestros conciertos, esperaba lo lógico, que el tiempo le hubiera pasado la correspondiente factura. Pero resulta que estos cabritos echaron leña en el fuego, y realmente sigue conservando una fuerza que, cuanto menos, llama la atención. Ojo, nosotros también le echabamos ganas al asunto ; )

Y es que los neoyorquinos no han dejado de hacer discos ni de dar conciertos ni de llenar en festivales veraniegos como cabezas de cartel. No se trata de los dinosaurios que vienen a recordarnos sus pasados éxitos, se trata de un grupo de músicos que mantienen las ganas de tocar y crear en comunidad.

En sus comienzos están claramente ligados a la etiqueta “No wave“, si bien esta es una de esas categorías que poco o nada dice. Fundamentalmente advierte del deseo de experimentación. De hecho, si miráis en la página de la wiki de Sonic Youth veréis la lista de géneros que allí se expone. Y cuando te ponen 7 etiquetas diferentes, no te han puesto ninguna. Porque la base del trabajo de este grupo está en la experimentación con el sonido (haciendo honor a su nombre), alejándose intencionadamente de las convenciones del pop y el rock, si bien conservando elementos que los unen a estos estilos, y todo aquel que experimenta con lo ya realizado se aparta de las categorías existentes en ese momento. Lo que sí parece evidente es que sentaron las bases de lo que se llamó noise rock y del rock alternativo posterior, desde su personalísima forma de ver la música.

En este tema cuentan con la presencia de una pionera en el No wave, Lydia Lunch, a quien por cierto pudimos ver en el Spoken Word hace unos años pero, a diferencia de los Sonic Youth, pasadita de rosca. Aquí su voz aguda contrasta con el denso sonido de base y los gritos son uno de sus aspectos más reseñables, por aquello de que se aleja del tradicional grito de rock duro para acercarse al de joven virgen en peli de serie B. En definitiva, da un toque de color, no más a mi parecer.

Donde reside realmente el interés del tema, y de estos primeros discos del grupo en que estaban asentando su estilo, es en el trabajo de equilibrio entre la música pop convencional, el ruido y la improvisación controlada. Empecemos haciendo referencia a cuestiones formales: dos partes, una primera más rítmica y cercana al rock, otra segunda que supone un largo crescendo para desembocar en la primera, es decir, una forma da capo. Tiene algo de canción por el hecho de repetir, en la primera parte, la misma estrofa con carácter de estribillo, si bien vemos como se alejan ya en las cuestiones formales de la convención. La melodía vocal se encuentra en la misma situación, con una primera parte cantada sobre dos notas a distancia de tercera menor y una segunda semi-entonada sin precisión, en un estilo cercano, primero al habla, después al berrido. El pulso se mantiene constante, con tendencia a no utilizar patrones tradicionales de bombo-caja en la batería y sí con frecuencia los toms, creando un sonido más tribal.

Pero será en la tímbrica instrumental de guitarras y en la armonía de bajo donde pegarán un salto sustancial con respecto a grupos coetáneos. La primera sección conserva una armonía en el bajo de dos notas muy rock, mientras que en la segunda se mueve sobre un nuevo centro tonal para ir realizando los más diversos intervalos, haciendo hincapié en los disonantes (abundan la quinta disminuida y las septimas). Las guitarras se centran en el ruido de la distorsión, coloreando la armonía e imprimiéndole una gran variedad de armónicos. La melodía de mandolina de la guitarra sería un clásico del rock alternativo de los 90 (Radiohead, sin ir más lejos).

La muestra que os dejo aquí es de un directo del año 98 en el que al final dan muestra de su sentido de la experimentación con el ruido, con acoples de micros y guitarras de todos los colores. Os recomiendo también un vistazo al videoclip original dirigido por Richard Kern que está muy simpático, por así decirlo.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=ygIELGqX2dk%5D

25 julio 2009 at 2:21 pm 4 comentarios


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