Archive for mayo, 2009

A MINHA MENINA – Os mutantes


Del álbum Os mutantes (Polydor/Universal Records, 1968)

Esta canción de la banda brasileña de psicodelia “Os mutantes” se ha hecho famosa recientemente por formar parte del anuncio de una infame multinacional de la hamburguesa. Triste destino para música tan buena. Supongo que les aportara a los ya viejunos Rita Lee (voz), Sérgio Dias (guitarra y voces) y Arnaldo Baptista (bajo, teclado y voces) magros beneficios.

Aunque durante sus años de actividad fueron poco conocidos fuera de su país, Os Mutantes fueron uno de los grupos más dinámicos, talentosos y radicales de la época psicodélica. Con el tiempo, público y críticos han ido reconociendo su trabajo de músicos experimentales, sobre todo por el uso del acople, la distorsión y por trucos de estudio de todo tipo. Cuando se escucha la guitarra de Dias, uno no puede dejar de acordarse de los Rollings, el sonido sucio nos transporta a la música de la Jimi Hendrix Experience, y el ritmo sabrosón te sitúa donde tiene que ser, en el Brasil de la samba. Estaban inmersos en el movimiento Tropicália de los 60, del que más tarde se distanciarían para introducirse (es la evolución natural) en el rock progresivo.

La canción no escapa de los cánones de estrofa y estribillo con solo, a diferencia de muchos de los temas psicodélicos del momento. Sin embargo, sí que nos encontramos con multitud de ruido provocado por la amplificación y los efectos, así como coros que aportan un carácter desenfadado y formalmente más absurdo, algo que es muy del estilo (escúchense desde The Beatles hasta Pink Floyd). El grupo conserva el formato tradicional de voz-guitarra-bajo-batería a la que añaden una guitarra clásica y percusión brasileña y palmas. La alegría que desprenden voces y percusión hace que te muevas inconscientemente… ¡perfecta para animar un fin de semana caluroso como el que se presenta!

Recomiendo bajar el volumen del reproductor; el sonido satura mucho y resulta desagradable en los medios.
[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=5ohTi8lbeok%5D

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30 mayo 2009 at 9:00 am Deja un comentario

DANSE RUSSE – Igor Stravinski


Primero de los Tres movimientos de Petruska (1921). Grabado en Estocolmo, en enero de 1965. Dirigido por Ake Falck.

La energía que transmite la obra temprana de Stravinski se resume en estos tres movimientos para piano, dedicados a su gran amigo Anton Rubinstein. Petruska es un ballet que se encuentra a caballo entre El pájaro de fuego -su primer trabajo para el afamado coreógrafo Diágilev y claro deudor de su maestro Rimsky Korsakov- y La consagración de la primavera, obra maestra de este período y tal vez su mejor composición. Los tres pertenecen al período del autor conocido como primitivo o ruso, en el que hace uso del folklore de su país natal y potencia la rítmica y las disonancias armónicas en detrimento de la melodía.

Cuando, hace ya bastantes años, me puse la grabación que había hecho de Canal + de estos “Tres movimientos de Petruska” interpretados por Alexis Weissenberg no podía dar crédito a lo que veía y escuchaba. Y es lógico si tenemos en cuenta que el propio Stravinski, que por lo visto era un gran pianista, no se atrevía con su obra, considerando que no tenía suficiente técnica con la mano izquierda. Da la sensación de que decidió no prescindir de ninguna nota de la instrumentación original para orquesta, o al menos utilizar todas las posibilidades que tienen diez dedos sobre las teclas de un piano. La grabación de este vídeo supuso un fuerte impulso para la carrera de Weissenberg, quien logró impresionar a Karajan con su interpreatación y fue invitado ya con frecuencia a tocar con la Filarmónica de Berlín. Y no es para menos: está enorme. Ni un gesto en el impávido rostro, ni un movimiento imprescindible, ni un atisbo de duda en la ejecución. Los dedos parecen baquetas percutiendo sobre el teclado. Pese a la escasez de emoción, no está ausente de potencia y de vigor; justamente al contrario. Es de una exactitud enérgica increible. A esto hay que sumarle una cuidada puesta en escena, con planos bastante notables (si bien el contrapicado del rostro de Weissenberg no permite que se nombre pianista guapo del año XP). De hecho, para la grabación hubo que construir un piano que se adaptase a las necesidades del director. Y no nos olvidemos de los cambios tan bellos en la iluminación.

El que escuchamos aquí, primero de los tres movimientos, hace uso de recursos impresionistas como la modalidad o los acordes de notas extrañas, así como un uso amplio de la politonalidad. En el original se traduce fundamentalmente en el uso del conocido acorde de Petruska, superposición de Do y Fa# mayor, recurso bitonal y leitmotiv que representa al propio personaje de Petruska. El ritmo mecánico viene siempre marcado por alguna parte del acompañamiento, que actua a menudo como una sección de percusión. En la sección central se abandona esa energía de marcha y se utilizan recursos más arpegiados y un mayor rubato. El final retoma la idea primera para alcanzar una sorprendente coda en que los “golpes” sobre el teclado alternan con tensos silencios, dando al movimiento un carácter muy conclusivo para ser tan breve. De la media hora larga del original, Stravinski lo reduce a la mitad. El resultado no sólo no supone una disminución de la fuerza de la música, sino que llega a potenciar la intensidad del discurso.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=EgJ0XWyYY4Y%5D

PD. Aquí os dejo enlaces a la interpretación de la obra completa por Davide Cabassi en la 20º Van Cliburn International Piano Competition de 2005. Para mí no hay color.

Primer y segundo movimientos

Tercer movimiento

28 mayo 2009 at 10:16 am Deja un comentario

WOODS – Bon Iver


Del EP Blood bank (Jagjaguwar, 2009).

Justin Vernon se retiró a una cabaña al norte de Wisconsin tras la ruptura de su anterior banda, de su relación afectiva y también debido a una enfermedad con la que se estaba enfrentando (mononucleosis hepática). En este tiempo gestó lo que sería el sonido de su grupo actual, Bon iver (de Bon hiver = buen invierno en francés). Se trata de una combinación de folk americano fusionado con lo que se ha venido llamando indie y, en realidad, con cualquier cosa. Algo, por cierto, muy de moda.
El EP al completo, como su anterior LP, tiene el encanto de la música hecha porque sí, por la necesidad de expresion que surge en los momentos difíciles. Desde mi punto de vista, Vernon se encontró con la naturaleza y con la sencillez de una vida alejada de preocupaciones mundanas, y eso se percibe en su música. Se aprecia en la instrumentación, en la que destacan una guitarra muy orgánica y las voces, pero también hace uso de otros recursos, algo muy de agradecer para no caer en la “trampa” del cantautor. Pero tal vez sea este último corte, “Woods”, el más sorprendente que nos depara la grabación. Cantado a capella, superponiendo las voces una y otra vez con un efecto de vocoder y diferentes reverberaciones, Vernon repite a una, dos, tres, cuatro, cinco, seis veces la melodía principal o sus derivados, mientras repite una letra que nos remite, de nuevo, a la simplicidad de una vida redescubierta.

I’m up in the woods
I’m down on my minds
I’m building a still
to slow down the time.

De la superposición de melodías me gusta la heterofonía que se crea. Pese al sonido electrónico del autotune en la voz, el canto popular no permite que la música quede exenta de emoción. Los cambios de intensidad, los silencios prolongados, los cambios de armonía al superponerse más voces… son casi cinco minutos repitiendo un breve texto en continua evolución. Mirado con lupa podría resultar pretencioso, un acercamiento al coro y una compleja heterofonía mediante una polifonía muy sencilla. No es mi apreciación. Para mi es el reflejo perfecto de que estamos ante un cantante popular que puede, a la vez, conservar la simplicidad de la música folk tradicional y transmitir emociones a un público más moderno. Escuchad, simplemente escuchad.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=TBh-0oHm9Ak%5D

26 mayo 2009 at 10:56 am 1 comentario

SO WHAT – Miles Davis


Del álbum Kind of blue (Columbia Records, 1959).

En menos de 10 horas repartidas en un par de sesiones se grabaron los cinco cortes de esta maravilla. Hablaré hoy del primero de ellos, que tenéis aquí en dos versiones: una de la época en que se grabó y otra cinco años posterior y ya inmersos en el jazz modal de los 60. Yo os recomiendo que no os perdáis la de estudio, aunque estas son igualmente fantásticas.

Nunca he sido un seguidor del jazz. Mi acercamiento se produjo de forma “artificial” -cuando estudiaba música no me quedaba otra-, si bien recientemente disfruto bastante con los grandes como Miles. De él supe, estando fascinado por la “música contemporánea”, que era uno de los pioneros del jazz de vanguardia de los años 60. Cuando escuché algo de su música me pareció demasiado sencillo para el oyente, así era yo con 20 años. Por suerte abandoné tales criterios; ahora puedo escucharlo con perspectiva y comprender que Miles estaba cerrando la era del cool e inaugurando el jazz modal en un único acto. Quemar los campos cultivados para que la nueva semilla crezca fuerte y abonada.

So what. El contrabajo marca la secuencia que genera toda la pieza, basada en una sencilla relación de dos acordes que alternarán sobre re y después, en sorprendente modulación, sobre mib. No hay más. De una base armónica tan sencilla, en clara contraposición con los alardes del bop, van surgiendo las melodías modales con las que Miles Davis, John Coltrane o Bill Evans trabajarían durante todos los 60. El jazz ponía su punto de mira en culturas en las que lo melódico y rítmico se fusionan para construir sus musicas tradicionales, como sucede en gran parte de África o en la India.

So what

La trompeta de Miles Davis es, para mi, el plato fuerte de “So what”. La naturalidad con que emite el sonido, sin adornos superfluos, sin aferrarse a recursos facilones ni recetas, haciendo que todo parezca muy sencillo. Si en el primer vídeo, con un tempo y carácter muy similares al del disco, está soberbio (más en su primera intervención que en la segunda), no puedo decir menos de la otra grabación. Aquí la trompeta vuela muy alto a velocidad vertiginosa, con sorprendentes recursos tímbricos y melódicos. A continuación llega la intervención de los saxofonistas, John Coltrane en el primero y Wayne Shorter en el segundo. Para mi Coltrane no sale demasiado bien de las escalas, mientras que Shorter aporta mucho más a la variedad del tema. Con respecto a los pianistas, los siguientes en tomar la batuta, no hay color: Herbie Hancock está enorme en el segundo vídeo. En la grabación original, con menos violencia, tenemos a Bill Evans (insisto en que la busquéis y escuchéis). La final está ya a la vista. Una vuelta al tema principal en el contrabajo nos indica que todo el desarrollo está concluido.

Miles Davis, con su sonido cool de club nocturno, abría las puertas de un mundo nuevo en el que el quinteto de jazz podía brillar al mismo nivel (o más) que lo había hecho en las décadas anteriores. Acababa de renovar para otros diez años.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=XGrUDAzlXzI%5D

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=TR5b0Eryr1U%5D

23 mayo 2009 at 9:01 am Deja un comentario

PRELUDIO – Richard Wagner


De Tristán e Isolda, drama musical en tres actos. Comenzada en 1856 y estrenada en 1865 en el Hoftheater de Munich. Libreto del propio compositor.

Ayer tuve la suerte de asistir a una de las mejores representaciones de ópera que haya visto en el Teatro Maestranza de Sevilla (Gracias a Jesús y Vi). Y eso que era el ensayo general. Los cantantes, de lo mejorcito, que Wagner es Wagner. La orquesta no estuvo mal, si bien precisamente las partes orquestales que más me gustan de la ópera -preludio y comienzo del tercer acto- quedaron reguleras. Y la puesta en escena, enorme. Pero bueno, este no es un blog de crítica de conciertos, aunque ha sido inevitable dedicar un post a la magistral obra de Wagner. En concreto me centraré en el preludio, la parte más conocida e interpretada junto con la muerte de Isolda.
Sobre el Preludio de Tristán e Isolda han corrido ríos de tinta. Obra emblemática surgida a mediados del XIX, en la cumbre del romanticismo, de una mente más bien enferma pero prodigiosa. Brecha abierta a la tonalidad que abre paso a lo que se conoce como tonalidad ampliada y que cierra a la vez la era de la música tonal. El acorde que abre la pieza, tras tres simples y enigmáticas notas de los violines, sorprendió de tal forma a los teóricos que es conocido, desde entonces, como el “acorde del Tristán”. Os recomiendo que veáis el segundo vídeo que adjunto, el primero de una serie de documentales de la BBC que llevó a cabo sobre la música del siglo XX, de la mano del director de orquesta Simon Rattle, en que sitúa en ese acorde el origen de toda la 2ª escuela de Viena.
Yo no llegaré a tanto. Creo que la afirmación del inglés de que Europa iba a convertirse en “algo nuevo” en el siglo XX me parece muy atrevida para el vetusto continente. Pero eso es harina de otro costal (ya hablaremos del dodecafonismo). En todo caso, con el Preludio de Tristán la música romántica toca techo, y ni los posrrománticos más megalómanos llegarán a la intensidad que se concentra en este, como gustaba a Wagner llamar a sus óperas, “drama musical”. Este es una de las mayores cualidades de la pieza: concentra en pocos minutos la intensidad armónica y orquestal que luego seguirá teniendo, sólo que esta vez en tres actos que, cada uno, dura ya más de una hora. Wagner no era precisamente dado a la síntesis.
En este “zumo exprimido de Tristán” aparecen algunos de los leitmotiv que luego irán balizando el camino hacia el éxtasis amoroso: el motivo de la mirada, del filtro amoroso, de la angustia de Tristán, del filtro de la muerte… A mi particularmente (que no me crucifiquen los wagnerianos) me parece una cuestión de estilo que no afecta demasiado al resultado, ya que simplemente se trata de usar un motivo melódico u otro y, con tanta transformación y variedad, se le pierde el hilo. Pensad que existen más de 60 motivos en esta ópera. En definitiva, que para mi es bella esta música sin necesidad de tanta filosofía y cuestiones extramusicales.
Pero en la tragedia de amor-muerte a la que da comienzo este preludio hay un elemento muy importante y que no siempre es valorado en su justa medida: la melodía infinita. Wagner, en su deseo de hipnotizar al público, de tenerlo en ascuas desde las primeras notas de su obra, trata de no dar descanso a la melodía, que sigue avanzando sin solución de continuidad. En este romántico deseo (la pasión sin fin) sí que se esconde el virus que disolverá la tonalidad. Wagner construye el Preludio huyendo del reposo que poseen las obras clásicas y que lo confiere la nota principal, la tónica. Su obra es un devenir constante de tonalidades de paso, un cromatismo que ofrece nuevas posibilidades que a su vez nos llevarán por otros caminos. Y, sobre todo, es la búsqueda de un climax que nunca llega, pero que siempre parece al alcance de la mano.
Una vez leí (o me contaron) que la música de Wagner es lo más parecido a un orgasmo que hay. A esta afirmación tendría que añadir: pero a un orgasmo múltiple. ¿Qué os parece a vosotros?

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=fktwPGCR7Yw%5D
[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=oRy2FICKXqY%5D

20 mayo 2009 at 5:46 pm Deja un comentario

JEALOUS GUY – John Lennon


Del álbum Imagine (Apple Records, 1971).

El mismo año de mi nacimiento editaba John Lennon su segundo disco de estudio, sin contar con los fantásticos experimentos que había publicado junto con Yoko Ono. Junto al himno pacifista que abre el álbum aparece un tema mucho más íntimo que nos acerca a la personalidad del propio Lennon. Las letras de este tipo de canciones y el interés que despertó entre la juventud hizo que el romance que vivieron John y Yoko fuese uno de los más mediatizados, si bien ya se ocuparon ellos de darle tintes pacifistas y políticos que personalmente comparto.

En este caso, Lennon nos habla de sus celos. Según contó más tarde Yoko Ono, John le pidió al principio de su relación que hiciera una lista con todos los hombres con los que se había acostado. Ella se lo tomó como un juego; después sabría lo importante que era para él, hasta el punto de convertir su antigua “Child of Nature”, nacida de su viaje a la India y descartada para el álbum blanco de The Beatles, en este “Jealous guy”. Por otra parte, en la letra no sólo reconoce sus celos sino que dice que “es como soy”. Como dije antes, John Lennon nos hace partícipes de su relación amorosa, llena de pasión pero también con sus dificultades.

En cualquier caso, es una canción de amor maravillosa. El piano, omnipresente, abre el tema con ayuda de la cuerda, para irse incorporando guitarra y bajo, y por último atacar la segunda estrofa ya con batería y un suave vibráfono. El sólo que realiza silbando es, a mi parecer, uno de los puntos fuertes, especialmente gracias a la armonízación de la cuerda, siempre en segundo plano pero tomando protagonismo.

La melodía encuentra un equilibrio perfecto entre sencillez y complejidad. El estribillo aparece sin sobresaltos, da la sensación de que fluye sin obstáculos hasta el final. Lennon saca aquí su mejor muestrario de recursos vocales expresivos, sin dramatizar, en todo caso, sino hablando con naturalidad de sus preocupaciones cotidianas.

El vídeo que podemos ver aquí, pese a una penosa compresión en el mp3, nos permite disfrutar de esa relación que ellos mismos mediatizaron. Escenas románticas entre John y Yoko se alternan con historietas que se montan, en plan juego, como la de los “novios de Yoko”, en la que sale el mismo George Harrison (gran amigo de Lennon). El vídeo promocional, en realidad, parece más un cúmulo de grabaciones caseras y domesticas de la pareja. Da la sensación, como sucede con “Jealous guy”, de que estamos introduciéndonos en lo más profundo de la intimidad de una pareja-icono para toda la juventud de comienzos de los setenta.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=hVaCK2uXJk4%5D

18 mayo 2009 at 3:21 pm 1 comentario

PRAYER – Huun-huur-tu


Interpretado en directo en el Philadelphia Folk Festival (Agosto de 2006).

La primera vez que escuché cantos guturales fue en un CD de músicas del Tibet que me compré en mi afán por recopilar las músicas más extrañas del mundo. En el disco venían meditaciones budistas en registros que yo consideraba inhumanos, y que más o menos sonaba a cuarenta minutos seguidos de lo que parece ser siempre lo mismo. Cuando mi amigo Carlos me pasó el The Orphan’s Lament de Huun-huur-tu (Shanachie, 1994), la cosa había cambiado bastante. Mi interés por los experimentos vocales era enorme y la música del grupo se había acercado al mundo occidental lo suficiente como para que pudiera disfrutar de “canciones” como estas.

La gran aportación al mundo de la música la proporcionaba el canto difónico que se practica en la región de Tuvá, patria del grupo. Se trata de una técnica consistente en potenciar diferentes armónicos de la voz, hasta el punto de que llegan a oirse dos sonidos diferentes: uno grave que hace de pedal (un sonido mantenido) y otro muy agudo con el que son capaces de formar una melodía (suena parecido a un silbido). Además de esta técnica utilizan también otras, como el canto gutural, con el que logran emitir sonidos extremadamente graves. (Si estás interesad@ puedes leer este artículo).

Prayer comienza como una especie de tantra a capella, cantando todos de garganta y produciendo gran número de armónicos que todos se mezclan aleatoriamente. A mi me gusta en particular el ritmo que se crea con las respiraciones de los cantantes, y los silencios naturales de las inspiraciones para atacar el siguiente sonido. La segunda sección arranca con la entrada de los instrumentos, ya con un pulso bien definido, que acompañan a una melodía de corte popular, en escalas modales basadas precisamente en los armónicos, de los que salen la mayoría de las escalas pentatónicas asiáticas, por cierto. Alternan melodía con letra, con melodía de armónicos (sygyt). Al final, para goce de mis tímpanos, realizan una fusión de diversas técnicas y, en un tour de force, dos de los componentes se van pasando la melodía principal para acabar, como no podía ser de otro modo, todos juntos.

Los bosques taiga de Tuva en los que viven los pastores seminómadas que crearon esta música nos trasladan a un paisaje sonoro radicalmente distindo del nuestro. El silencio, el sonido de la naturaleza en estado puro, los animales, el viento, todo es diferente. No en vano nace en esta región una música que sirve de contrapunto a los sonidos de un paisaje lleno de zumbidos, borboteos y susurros. Los pastores responden a la naturaleza con su canto, dentro de su concepción animista de la vida. En realidad, la música de Huun-huur-tu fue impulsada por una etiqueta comercial con forma de corriente musical llamada “new age”, y en este sentido queda exenta de toda esa magia. Como beneficio de global-comercialización, hoy día podemos escuchar su música en un escenario occidental sin tener que trasladarnos al Asia profunda. Exacto, podemos trasladarnos, aunque sea mentalmente, al Asia profunda.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=bVkJ1Bf-QzU%5D

15 mayo 2009 at 3:59 pm 1 comentario

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