Posts tagged ‘virtuosismo’

ESTUDIO REVOLUCIONARIO – Frédéric Chopin


Estudio para piano opus 10 nº 12  (Compuesta sobre 1831). Interpretado por Vladimir Ashkenazy.

Hoy me siento romántico. Pienso en aquellos burgueses que en el siglo XIX se unían para luchar por lo que ellos entendían que era la libertad. Fueron precisamente aquellos hombres y mujeres los que empezaron a usar este término, LIBERTAD, de una forma moderna, entendida como rebelión contra los valores tradicionales y contra todo lo que imponga límites a su curiosidad intelectual o espiritual.

Y llevo demasiado tiempo sintiendo que esas libertades que llevan dos siglos con nosotros se encuentran amenazadas por el monstruo que entre todos y desde entonces hemos creado: el terrorífico Capitalismo. Con la clase política, como no, de la mano.

Pero desde hace una semana estoy descubriendo que no soy el único que siente amenazada su libertad para decidir sobre su futuro. Somos muchos los románticos burgueses que pensamos que los cauces que la democracia abrió hace más de 30 años se han pervertido y necesitan una revisión muy, muy, pero que muy profunda. El movimiento, conocido ya como 15M, ha tenido repercusión incluso en los siempre parciales medios de comunicación. El simple hecho de llamarlo movimiento ya me traslada al romanticismo, a las masas rebeldes que se echan a la calle en la búsqueda del ideal de la libertad.

Me siento tan romántico que por algún lado tenía que reventar. En este caso ha sido por Chopin, paradigma del piano romántico con su “Estudio revolucionario”. El apodo de “Revolucionario” hace referencia a la “Revolución de los cadetes”, levantamiento que se produjo en Varsovia por parte de jóvenes oficiales polacos contra el dominio ruso. Aunque lograrían algunas victorias locales, al final la rebelión fue aplastada. Esperemos que el movimiento que protagoniza este post no tenga ese mismo desenlace, el aplastamiento por un inamovible sistema, por el omnipotente capital, por los corruptos políticos o, lo que sería peor, por nuestra propia indiferencia.

Jóvenes eran los oficiales que se levantaron contra el régimen ruso, muy joven Chopin, que contaba por entonces con tan solo 23 añitos (y ya era un reputado pianista y compositor), y jóvenes son los acampados en Sol y otras treinta ciudades españolas. Por fortuna, en este caso no se trata tan sólo de un puñado de jóvenes idealistas, sino de muchas personas de todas las edades y con largas carreras por detrás –yo mismo- los que apoyamos el empeño del movimiento pro “nuevo sistema” (que no ANTI-sistema).

Escucho a Chopin, a ese joven pianista que no pudo participar en su revolución por una delicada salud. Podríamos pensar que este estudio fue su aportación a dicho proceso revolucionario, pero en realidad el caso es un poco más complejo. En principio, un estudio es una forma instrumental pensada para trabajar determinadas técnicas (independencia de dedos o manos, velocidad, matices, etc.). Por lo tanto, un estudio no es una pieza propia para expresar ideologías o sentimientos. El nombre fue puesto a posteriori, como una forma de adhesión al levantamiento polaco. Aún así, es tanta la calidad musical de estos estudios que son interpretados muy a menudo como auténticas piezas de concierto, y contamos con innumerables grabaciones. Chopin exige del pianista que interprete largos racimos de notas descendentes o en arpegio a gran velocidad con la mano izquierda, mientras que la derecha realiza amplios acordes que obligan a abrir la mano hasta el extremo. También hay que destacar la complejidad rítmica que alcanza el estudio, especialmente en su último tramo, cuando aparecen adornos en la melodía principal.

Si se tratase tan sólo de un complicado estudio para piano, no tendría gracia la cosa. El apodo de “revolucionario” le quedaría, no grande, enorme. Para mí, una de las más importantes aportaciones de Chopin a la música fue esa libertad (como no, romántica) con la que abordaba las cuestiones rítmicas y armónicas sobre el piano, su instrumento. Amante de los grupos de valoración especial, que son algo así como los marginados sociales en el mundo de la notación, siempre procura que la rítmica no se reduzca a fórmulas repetitivas. Esto, unido a un uso muy marcado del rubato, hace que la música dé la sensación, a veces, de luchar contra una resistencia invisible, de avanzar contra la tempestad. ¿Existe algo más romántico que esto?

No puedo destacar en este estudio aspectos armónicos más avanzados o “revolucionarios”, exceptuando tal vez la conclusión casi modal que tiene. Llama la atención un final tan “poco final”, en el que es difícil saber si ha terminado o si queda música más allá del último acorde. En este caso, eso sí, el pianista se asegura de darle conclusión gracias cuatro graves, poderosas y demoledoras percusiones.

El movimiento revolucionario romántico dista enormemente del posmoderno que preside las manifestaciones actuales. No hay manera de imaginarse a un delicado Chopin entre los acampados de las calles actuales, del mismo modo que tampoco veo que tenga mucha relación con la rebeldía de aquellos jóvenes de los 60 y 70 que lograron con su lucha la democracia española actual.

El individualismo romántico que lucha por la libertad siguiendo las consignas de sus líderes ha dado paso al bombardeo de medios de comunicación e informaciones, a estar conectados día y noche, a una multiplicidad de opiniones personales que crean lugares comunes, espacios de opinión y crítica. Son nuevos tiempos, esperemos que tan nuevos que signifiquen una revolución en nuestra concepción de la política, la justicia y el capitalismo. De momento, tenemos a Chopin.

24 mayo 2011 at 12:35 am Deja un comentario

HOT HOUSE – Charlie Parker & Dizzy Gillespie


Charlie Parker, saxo alto – Dizzy Gillespie, trompeta – Dick Hyman, piano – Sandy Block, contrabajo – Charlie Smith, batería. Grabación para la televisión estadounidense en 1952.

En la historia de la música más reciente sucede, de vez en cuando, que se encuentran dos figuras que son esenciales para el desarrollo de la propia historia. No es el caso del maestro y el alumno, ni el cruce de palabras y palmaditas en la espalda, es una verdadera conexión entre lo que luego serán leyendas de la música. Así, cuando a finales de 1944 empezaron a trabajar juntos Gillespie y Parker, los cimientos del jazz empezaron a removerse.

El swing había alcanzado su cumbre expresiva en la década de los 30, con el apogeo de las big bands, y se encontraba en franca decadencia, repitiendo fórmulas para el gran público. Asímismo, la II Guerra Mundial había producido importantes vacíos en las grandes orquestas, y los circuitos comerciales no eran capaces de soportar el costo que suponía una banda de 15 ó 20 músicos. Los jóvenes talentos empezaron a desarrollarse en grupos más pequeños, en los que podían dar, además, rienda suelta a su creatividad con mucha mayor libertad que en las big bands.

En este contexto se conocen “Diz and Bird”. Gillespie ya había trabajado con varias orquestas de swing, en las que aprovechaba al máximo los breves solos que se le concedían con un ritmo frenético, gran variedad de ideas melódicas y atrevimientos armónicos no siempre dentro de lo ortodoxo. Parker se daría a conocer definitivamente tras su colaboración con Gillespie, cuando grabaron temas tan sorprendentes para su época como “Groovin’ High”, “Salt Peanuts” o el propio “Hot House”, composición de Tadd Dameron. El mundo de la música esta asistiendo al nacimiento del bebop.

Hoy en día no es difícil comprender el trabajo de Parker y Gillespie como una evolución lógica del jazz, pero en su propia época no fue tan sencillo que críticos y público aceptaran las innovaciones que se produjeron (No puedo evitar recordar aquí el incidente de la Guardia Civil en el pasado Festival de Jazz de Sigüenza). El bebop también fue acusado de no ser jazz, y en general se relacionó más con lo marginal y con los sectores más bohemios, como la generación Beat.

Pero, ¿qué hacía de esta música que no fuese aceptada por muchos de los amantes del swing? Para empezar, el ritmo invariable del swing, el “swing” propiamente dicho, se verá aquí muy acelerado y fusionado con ritmos provenientes del mundo latino y africano. La sección ritmica va adquiriendo mayor independencia. Aquí, sin embargo, escuchamos un ritmo de swing más o menos convencional en la batería, con el contrabajo realizando lo que se llama “bajo caminante”, que aporta un mayor melodismo con ese continuo de notas.

Sin embargo, lo que me parece que más distanció el bebop de sus oyentes contemporáneos fueron los atrevimientos armónicos. Las melodías se mueven con libertad por escalas ampliadas, con numerosas notas cromáticas o extrañas a los acordes. Si a esto le sumamos unos frenéticos solos en que desarrollan las posibilidades del instrumento hasta el límite, podemos entender que no fuesen comprendidos. Como ilustración, podéis escuchar el cruce entre el final del solo de Parker y el comienzo del de Gillespie: parece que estén tocando en dos tonalidades completamente diferentes.

Con respecto a la interpretación, qué decir. Me encantan los músicos que hacen fácil lo difícil. Además se mantienen en unos límites muy adecuados en cuanto a los solos. A menudo escuchamos interpretaciones de bebop en que los solistas no dejan un momento de respiro, que se encuentran cercanas al “horror vacui”. Sin embargo “Diz & Bird” saben perfectamente cuando lanzar una cascada de notas y cuando detenerse un instante y dejar respirar a la música. A mi me fascina particularmente la capacidad melódica de su interpretación al unísono del principio y el final, un formato por cierto muy repetido en jazz.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=wkvCDCOGzGc%5D

31 enero 2010 at 8:06 pm Deja un comentario

SOUL SACRIFICE – Santana


Interpretado en directo el 16 de agosto de 1969 en el Festival de Woodstock. Aparece en el álbum de estudio Santana (Columbia Records, 1969).

Tan sólo unos meses antes Santana había grabado un álbum homónimo, el primero de su carrera, y aún no había sido lanzado. Llegan por tanto a Woodstock al mediodía de la segunda jornada, digamos que en plan calentar al público para los tochos que vendrían a la tarde-noche (Janis Joplin, Sly & The Family Stone, The Who… no digo na). Se trataba de un grupo de chavales que apenas llegaban a los 20 años y eran pura energía. Justo lo que un público que empezaba a animarse necesitaba, y justo lo que podemos apreciar en el montaje que se nos legó del evento.

Carlos Santana y su grupo llegaban a Woodstock con una fusión entre blues-jazz-rock y música latina (si me permitís las categorías). Para ello contaban con el grupo convencional de psicodelia de la época (guitarra eléctrica, bajo, teclado y batería) más la percusión latina (en este caso se ven en escena congas, bongós y timbales, aunque luego, como veremos, habrá más) que siempre aporta su punto étnico. Tocaron “Soul sacrifice” para terminar, aunque añadirían, ante el clamor de la gente, un bis. La elección del tema no era gratuita. La energía que desprende sus ritmos obsesivos, la repetición constante del bajo y la ácida guitarra de Carlos irán incendiando al público durante nueve minutos en un crescendo de intensidad emocional (que no sonora) verdaderamente admirable. La idea es simple, lo difícil es mantener durante tanto tiempo la intensidad. Para ello harán uso de un recurso muy jazzístico y que el jazz-rock y el blues-rock explotarían hasta la saciedad: las improvisaciones a solo. Y hay que tener mucho que decir con tu instrumento para continuar “souleando” cuando los demás lo han dado todo.

Para empezar se presenta el tema en la guitarra. A partir del segundo minuto nos quedamos con la sección rítmica, es decir, bajo, batería y percusión, trincando el teclista unas maracas y Carlos Santana un cencerro, para acentuar el rollo percusión latina. Y tras un minuto de percusión, reducimos aún más, comenzando el famoso solo de batería que se marcó un Michael Shrieve de 19 añazos y que va recorriendo cada parte del instrumento con el pulso constante del pie de charles, muy a la usanza del jazz tradicional (por cierto, coge las baquetas también a la antigua, con la izquierda cruzada). Tras una buena dosis de “tribalización” y la marca correspondiente regresamos al solo de guitarra de Santana. Para mi gusto no le quedó de dulce, pero me agrada la forma que tiene de tomar ideas de su país natal (México, para más datos) y fusionarlas con las escalas de blues e improvisaciones jazzísticas. En breve dará paso al teclista quien, con descompuesto rostro, realizará un solo comedido pero enérgico, que irá cargándose de notas para llevar el tema al éxtasis. Es el momento de retomar la idea inicial, una simple secuencia de tres acordes sobre la escala pentatónica de blues -nótese que es el mayor movimiento armónico que se produce en todo este tiempo. Y, como broche final, una fantástica coda, tras un tenso silencio remarcado en el vídeo con un “negro”. Me encanta cómo han trabajado este final en el grupo, cómo inciden nuevamente en el centro tonal (a la manera clásica) y la fuerza con precisión que demuestran. El montaje aquí, como en el resto de la actuación, está muy acertado, marcando los tiempos fuertes con planos de un público totalmente entregado al grupo y, debo suponer, al cannabis y otras sustancias alucinógenas, con tío en pelotas incluido. Muy Woodstock.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=XnamP4-M9ko%5D

13 julio 2009 at 3:47 pm Deja un comentario

ABBESSES – Birdy Nam Nam


Del álbum Birdy Nam Nam (UWe, 2005)

Estos cuatro DJs franceses multi-premiados tanto individual como colectivamente me sedujeron con esta pieza instrumental cuando me informaba sobre las técnicas de turntablism. Sin embargo, no voy a incidir en esta forma de producción musical, que por otra parte queda muy destacada en los vídeos que adjunto (en el directo, hasta se produce una presentación de cada DJ y lo que está haciendo en su plato). Quiero centrar mi comentario en una crítica a los géneros de música electrónica actuales.

Este cuarteto se situa en la actualidad dentro de la corriente denominada electro. Bueno, otro nombre más que aprendernos. Y la lista dentro de la electrónica se hace interminable. Según dicen algunos entendidos, el electro viene de la música funk y disco, mezclada con el tecno de Kraftwerk y fusionado con el hip-hop, para cuajar en el 82 en un disco mítico: el “Planet Rock” de Africa Bambaataa (prometido futuro post). Su sonido más característico proviene de la Roland TR-808, una caja de ritmos muy popular en los 80. Sin embargo, al escuchar este tema es difícil relacionarlo con estas influencias, aunque si nos vamos a su último disco sí podemos apreciar la influencia Kraftwerk. De hecho, casi podemos escuchar (con otra forma de producción sonora) el “Human after all” de Daft Punk.

Este es otro rollo y, lo que suena, más orgánico que todo esto. Pero resulta que Birdy Nam Nam son DJs, de los que pinchan discos, ¡y de vinilo! La TR-808 no se escucha, desde luego, en este tema, aunque sí hay realizaciones electrónicas ausentes de los vinilos. En definitiva, lo que quiero hacer notar es que en música, y especialmente en la electrónica, somos rápidos categorizando, encasillando grupos y artistas en este o aquel estilo, aún cuando la realidad es que todos tienen grandes puntos en común, así como importantes variantes personales.

¿Qué generos se dan cita en el “Abbesses” de Birdy Nam Nam? Por una parte, la interpretación turntablism nos aproxima inexorablemente al hip-hop, ya que esta técnica produce un “recorta, pinta y colorea” muy presente. Como en el caso del rap, aquí se utilizan también samplers, cajas de ritmos o sintetizadores, aunque en estos últimos su trabajo es más el de un acompañamiento sonoro a la parte vocal. Una cuestión muy importante es que este grupo decide realizar música instrumental pura. Esto les confiere, por así decir, un punto aristocrático: la música instrumental exige más del oyente que la vocal, que tiene una letra y podemos apoyarnos mejor en cuestiones extramusicales. Por otra parte, mucha de la música electrónica producida en la última década es instrumental (o las voces que aparecen son utilizadas como instrumentos), sobre todo la pensada para las pistas de baile, que a menudo consiste en la repetición de fórmulas sencillas con pocos instrumentos que posteriormente se mezclarán en directo. En este caso la mezcla ya se está realizando, no hay un después, y por tanto no podemos dejar cuestiones formales para una sesión en un club. Escuchamos melodía (guitarra), bajo, acompañamiento (un acordeón) e incluso contrapuntos con cuerdas, junto con las inevitables baterías y sintes de fondo.

Por algún sitio leo que “comenzaron con una fusión de jazz y electrónica un tanto especial”. Bien, me parece que en electrónica cuando la cosa se pone muy “acústica” se habla inmediatamente de mezcla con jazz. Para mi, absolutamente incierto. La melodía principal, en todo caso, tendría una tendencia pop, tanto en su construcción como en la secuencia de acordes (no así en su forma), pero ¿jazz?. Definitivamente no lo veo. Por otro blog leo “sampleando bajos jazzeros, rhodes, trompetas, pianos y demás instrumentos para crear ambientes jazzy-fiesteros y oscuros”. De acuerdo, los bajos sí pueden ser de origen “jazzero”, lo de oscuro también lo veo, aunque más próximo al sonido de la banda sonora de Amelie que de un ambiente “jazzy-fiestero”. Es más, en la versión en directo se aprecia una cierta descontextualización: en un teatro petado de gente con su bebida y lo demás que lleve cada cual, entre un griterío impresionante, aparece este tema que nunca termina de (utilizando terminología electrónica) “romper”, y la cosas se va como adormeciendo, por muchas presentaciones espectaculares que traten de hacer. En ese sentido, más cercanos a un trip-hop instrumental. Supongo que ese sería uno de los motivos que los llevaría definitivamente al “electro”, estilo mucho más cañero.

Antes de entrar en mi último alegato, un último aporte: como ya preveía, aparecen en algún lado con la etiqueta IDM (Inteligent Dance Music). Considero que esta es una de las categorías más pretenciosas, comerciales e inútiles que existen. Para empezar, los que quedan de su lado son los inteligentes; los demás debemos suponer que son estúpidos o algo así. Además, su utilidad sigue siendo la del baile, algo que, por cierto, no siempre responde a la realidad en los artistas del IDM. Por último, también hace que el oyente se encuentre en otro status (el de los inteligentes) y genera un mayor número de ventas a gente que quiere ser, dentro de un evidente snobismo, inteligente. Al final, los grupos y músicos que reune el “género” tienen escasas similitudes, o bien las que tienen no quedan reflejadas en esta categoría, que en un momento dado podría significar que es música inteligente (¿y eso qué significa?). Queda dicho.

En resumen, está claro que Birdy Nam Nam en “Abbesses” parten del hip-hop (son DJs), que construyen un tema instrumental cercano al pop y a sonidos suaves como los del trip-hop y esto me lleva a una de las influencias que con más claridad aprecio (intencionada o inintencionadamente). Se trata de la música minimalista americana de los 80, que tanto ha interesado últimamente a músicos populares (como Sufjan Stevens, sin ir más lejos). Artistas de la talla de Philip Glass se han acercado tanto al pop que no existen diferencias entre la secuencia de acordes que aquí aparece y una cualquiera de sus bandas sonoras. Y, como aquí, se produce la reiteración hipnótica de unas fórmulas que van creciendo lentamente hasta configurar un “continuum” sonoro del que no podemos escapar. Destaco sobre todo la aparición, a mitad del tema, de la cuerda, que perfectamente podría estar tomada del “Diferent trains” de Steve Reich (¿no lo está?).

No soy un experto en música electrónica popular. Simplemente pretendía incidir (con una pieza que me gusta, por cierto) en lo absurdo que resulta a menudo tratar de encasillar la música. Queda a vuestro criterio que os hayan servido de algo mis afirmaciones, aunque lo idóneo sería poder leer vuestros comentarios al respecto. Así aprendemos todos XD.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=qMYMC6atRoE%5D

Interesantísima la versión de directo:

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=OaXbHOUrHFA%5D

5 julio 2009 at 9:03 am 2 comentarios

FIRE – Jimi Hendrix


Interpretado en directo en el Festival de Woodstock, 1969. Grabada en estudio para el álbum Are you experienced? de The Jimi Hendrix Experience (MCA Records, 1967).

A mediados de agosto de este año, muy próximo a mi cumple, se conmemorarán los 40 años desde que se realizó el más famoso festival de música juvenil de la historia, en pleno “flower power“. Woodstock reunió a medio millón de chavales ávidos de música y diversión (especialmente centrada en drogas y sexo). Cuando se ven imágenes del evento se ponen los pelos de punta. Una marea humana cubría los terrenos de la granja de Max Yasgur en Bethel (estado de Nueva York). Por este entorno rural fueron desfilando algunos de los más importantes músicos y grupos de la época, y que poco a poco iré desgranando en sucesivos posts. Un homenaje más que merecido a todo un símbolo contra la guerra.

Y para abrir, el icono que cerró el festival. A Jimi le quedaba poco más de un año de vida y su repercusión era ya inmensa. Hacía poco que se había disuelto su The Jimi Hendrix Experience debido fundamentalmente a las extravagancias del guitarrista, con su anárquico perfeccionismo en el trabajo (difícil y extraña combinación). Y allí se presentó con un nuevo grupo, que el speaker presentaba como “The Jimi Hendrix Experience” y el propio Hendrix corregía y renombraba como “Gipsy Sun and Rainbows”. Es significativo.

Su actuación había sido programada para el final del festival, a petición (o tal vez debería decir “por exigencia”) del propio Hendrix. Esto le perjudicó sobremanera, ya que su aparición, pensada para la mitad de la noche del 18 de agosto, tuvo que retrasarse hasta las 9 de la mañana del día siguiente por la multitud de problemas técnicos, logísticos e incluso climáticos (es lo que tiene hacer un festival en Nueva York: en algún momento lloverá XP). El público, después de varias noches intensas, se fue retirando y los que aguantaron escucharon con escasa atención las dos horitas que se pegó el virtuoso guitarrista encima del escenario. Supongo que más de uno/a se habrá arrepentido luego de largarse del sitio, pero me imagino que el personal estaría muerto. Todos estos factores extramusicales son importantes, y lo más interesante es que quedan reflejados en la grabación que vamos a ver.

¿Y porqué, dentro del potentísimo repertorio que interpretó Hendrix en Woodstock, he elegido “Fire”? Los motivos son los siguientes:

1º) Me gusta. Nos remite al sonido que le llevó a la fama, con canciones de tradición pop de 3 ó 4 minutos.

2º) La calidad que demuestra Hendrix a la guitarra es abrumadora. Aquí no hace alarde de las extravagancias que tan famoso le hicieron (tocar con los dientes, tras la espalda, etc…). Se limita a tocar como él sabe un tema que suena a R&B clásico, sin más.

3º) Sí, nos remite a la tradición del blues, pero sigue siendo un Hendrix embelesado por la música psicodélica, y por tanto por los recovecos armónicos y formales que el estilo aportó al rock. Aquí lo encontramos presente en una rápida batería conforme al género y en momentos de la guitarra que a duras penas puede seguir el pobre bajista.

4º) Se ve bien y suena bien. Todo un logro para Youtube.

5º) Es un directo que nos cuenta mucho más de lo que supone una simple interpretación de un tema. En concreto, fijaos como a mitad del primero de los solos de guitarra hace indicaciones al bajista de lo que va a hacer (en este caso con respuesta positiva), poco después repite los gestos (en este caso con escaso éxito y gran desagrado del genio), a partir de ahí, hasta al batería se le notan síntomas de nerviosismo (por lo que escucho), a Hendrix se le va la olla y no pulsa el pedal adecuado en el momento oportuno (por lo que veo). Y lo que es más destacable, la mirada final de “joder, vaya mierda”.

Así es, Hendrix no quedaba satisfecho. Y me encanta tener la oportunidad de sentir de alguna forma la humanidad de un auténtico monstruo de la música. Y creo que estos detalles hacen a un directo tan grande como el más perfecto de los discos de estudio. Y me pregunto ¿cómo habría sonado si le hubiera gustado? Y me siento a esperar vuestras opiniones escuchando lo último de Jay Jay Johanson (Pse…).

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=qQRUcybOjOM%5D

1 julio 2009 at 3:21 pm Deja un comentario

CONCIERTO PARA PIANO Nº 5 – Ludwig van Beethoven


Concierto para piano n.º 5 en mi bemol mayor, op. 73 “Emperador”. Fue escrito entre 1809 y 1811 en Viena y está dedicado a Rodolfo de Austria (Cardenal), patrón y pupilo de Beethoven. Fue estrenado el 28 de noviembre de 1811 en la Gewandhaus de Leipzig. En 1812 Carl Czerny, estudiante del compositor, estrenó la obra en Viena.

Imagino a Beethoven, ya bastante sorderas, encerrado en ese desordenado cuarto que nos muestran algunas de las imágenes de la época, deprimido por su enfermedad y por la Europa que le tocó vivir. Lo imagino un pesimista empedernido, un sufridor nato, pero también un cabezota de tomo y lomo. Si la falta de vista obliga a potenciar los demás sentidos para conectarse con el mundo, la de oído debe provocar un notable enclaustramiento interior, un distanciamiento del medio que rodea. En el caso del maestro alemán, su mundo interior gozaba de un universo sonoro tan increible que era capaz de exteriorizarlo mediante geniales partituras como ésta.

Siendo el último concierto para piano del compositor, es también el más conocido. Se trata de una obra madura en la que se aprecian importantes innovaciones románticas de principios del XIX. Pertenece a la época “heroica” del autor, su período medio, una fase de crisis en que su creciente sordera le lleva a obras épicas y que reflejan su lucha interior.

Formalmente dista poco de sus homónimos clásicos, con la salvedad de que Beethoven no dejaba las cadencias a la improvisación del intérprete. Reproduce los tres movimientos clásicos: Allegro (Forma sonata) – Adagio un poco mosso – Allegro ma non troppo (Rondó). Los dos últimos movimientos se interpretan sin solución de continuidad y, teniendo en cuenta que el primero es notablemente largo, se crea así la ilusión de dos partes iguales en duración, algo que repetiría en otros conciertos. Como broche de oro tenemos la capacidad de desarrollo del maestro: partiendo de motivos musicales sencillos era capaz de generar piezas musicales enormes.

Junto al piano, instrumento romántico por excelencia, la orquesta está integrada por 2 flautas, 2 oboes, 2 clarinetes en si bemol, 2 fagotes, 2 trompas, 2 trompetas, timbales y la cuerda al completo. Una orquesta que empieza a tener unas dimensiones decimonónicas, pero que mucho tendrá que crecer todavía hasta llegar a las mastodónticas formaciones de Bruckner o Mahler.

Trataré ahora de hacer un análisis más detallado por movimientos, conforme voy presentando los vídeos.

El primer movimiento, una forma sonata, se aleja del clasicismo desde primera hora. En lugar de la tradicional estructura, Beethoven abre la obra directamente con un gran acorde de la orquesta al que siguen breves cadencias escritas en partitura. Hay que recordar que la “cadenza” aparecía al final del movimiento cuando, como decimos por aquí, “está to el pescao vendío”, y que aquí se le ha dado la utilidad opuesta: la apertura de la pieza. En estas cadencias vemos la importancia que tendrán las escalas y los trinos durante todo el concierto. Tras la última de ellas pasamos a los temas principales, ahora sí manteniendo la forma clásica de doble exposición, la primera a cargo de la orquesta y la segunda en las manos del piano solista. El desarrollo aparece como evolución lógica de estos temas y sin las separaciones y obviedades clásicas. De hecho, será frecuente que los desarrollos de sonata románticos se fundan o incluso comiencen ya durante la exposición. A destacar las escalas cromáticas descendentes en la mano izquierda (comienzo del segundo vídeo) y los trinos. En el tercer vídeo nos encontramos con una bellísima y muy delicada cadencia clásica. La coda de este movimiento es también particularmente larga, algo necesario para cerrar como es debido un movimiento muy intenso y enérgico.



El segundo movimiento es, sencillamente, maravilloso. Sin perder el carácter épico de la obra, adquiere éste un lirismo que es especialmente destacable en el piano. Beethoven aumenta el melodismo difuminando el ritmo mediante los rubati y el uso de algún grupo de valoración irregular. Vuelve a utilizar con profusión los trinos, perdiendo la mero función de adorno y tomando cuerpo como una sonoridad personal y propia.

El tercer movimiento sigue ininterrumpidamente al segundo y es un típico rondó. El tema principal es interpretado por el piano y luego respondido por la orquesta. Escalas en el piano introducen el segundo tema, con el mismo enfrentamiento (propia de los conciertos) entre piano y orquesta. En la tercera sección, a comienzos del 2º vídeo, se presenta el tema A (el primero) en tres tonalidades diferentes, en línea con los desarrollos de Beethoven. Precisamente rondando el 2º minuto de este vídeo hay un pasaje modulante del piano que me parece fascinante por lo atrevido que resulta. Lo más interesante es la potencia rítmica que despierta en la orquesta; el tercer movimiento de la forma concierto seguían aún manteniendo el carácter de danza que tuvo en su origen. Para el final, Beethoven se reserva una última carta bajo la manga: el piano y los timbales se responden suavemente, deteniendo el ritmo de la pieza, para luego rematar como se tenían que acabar estas cosas: con el chin-pún correspondiente.


Sobre la versión: después de escucharme media docena de versiones en el Youtube dí con esta maravilla, que me parece con energía suficiente para considerarla bastante “heroica”. Sin duda, la Filarmónica de Viena con Bernstein al frente es una apuesta segura. Y Zimerman, además de estupendo con esas barbas de jipi, está que se sale al piano. El sonido es un poco chillón y parece muy “tuneado” con la rever de la muerte, pero es mejor que todo lo demás que he escuchado.

11 junio 2009 at 12:12 am 6 comentarios


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