Posts tagged ‘psicodelia’

(DON’T WORRY) IF THERE’S A HELL BELOW, WE’RE ALL GOING TO GO – Curtis Mayfield


Del álbum Curtis (Curtom Records, 1970)

Hace unas semanas tuve conocimiento de un curioso proyecto –más que un grupo– llamado Fundación Robo. Se trata de un colectivo abierto que pretende implicar a músicos e intérpretes diversos (entre los más conocidos: Nacho Vegas,  Albert Pla, Fernando Alfaro y gente de Tachenko o Grupo de Expertos Solynieve). Según ellos mismos se definen: “Espoleados por la reciente agitación política, la plataforma Robo intenta crear un espacio para escribir otro tipo de letras, esas que consisten en abrir la ventana y echar un vistazo a lo que ocurre fuera”. Es decir, una especie de retorno a la canción de denuncia y protesta, surgido al calor de nuevos movimientos sociales como el 15-M.

Parece, pues, que de nuevo se hace necesario que los artistas se comprometan con su tiempo y que colaboren en esa complicada tarea de hacer despertar nuestras conciencias. Ahora que todo parece estar conquistado en materia social, el arte nos muestra que siguen existiendo diferencias de clase y desequilibrios. Y aunque los conflictos raciales tal vez no sean tantos como en el pasado siglo (y tengamos a Obama como “jefe de todo esto”), ahí siguen: grandes obras televisivas –y artísticas, sin duda– como ‘Treme’ o ‘The Wire’ así lo están denunciando.

¿Dónde arranca la lucha contra la discriminación racial? Seguramente tuvo su importancia el gesto de Rosa Parks, en 1955, al negarse a ceder el asiento a un hombre blanco en un autobús del sur de los Estados Unidos, lo que motivó que se pusiera fin a la segregación en el transporte público. La actividad del Movimiento por los Derechos Civiles en Norteamérica continuó durante la convulsa década de 1960, en la que serían asesinados Malcolm X y Martin Luther King.

En los primeros años 70, por tanto, la vida de la población afroamericana no debía de ser nada fácil. De ahí el valor que adquiere en nuestros días ‘Curtis’ (1970), primer disco en solitario del compositor, cantante y multi-instrumentista Curtis Mayfield, lanzado como un tremendo alegato contra la discriminación racial. El single ‘(Don’t worry) If there’s a Hell below, we’re all going to go’, primer corte del álbum, muestra ya la valentía de este trabajo, que suponía una contundente advertencia sobre la tensión que estaban alcanzando en aquel país las relaciones entre gente de distintas razas.

La canción se abre con una intro en la que una voz femenina recomienda la lectura del ‘Libro de las Revelaciones’ de la Biblia (también conocido como ‘Apocalipsis’), como única forma de “cambiar de rumbo y enderezarlo”. A continuación, emerge la voz del propio Curtis como amplificada por un altavoz con eco, lanzando apelativos despectivos a los diferentes grupos étnicos (“Sisters! Niggers! Whities! Jews! Crackers!”) y el mensaje que da título al tema (“No os preocupéis, si existe un infierno ahí abajo, ¡vamos a ir todos!”), seguido de una especie de grito de guerra que anuncia el comienzo de la canción propiamente dicha. El comienzo del combate contra los prejuicios y de la crítica al sistema que los alimenta.

La denuncia que expresa la letra no deja que nadie salga indemne en su responsabilidad con la sociedad, desde los propios grupos étnicos, sus representantes y las fuerzas del Estado (“Sisters, Brothers and the Whities / Blacks and the Crackers / Police and their backers / They’re all political liars”), pasando por el sistema judicial (“Hurry, people running from their worries / While the judge and his juries / Dictate the law that’s partly flawed”) hasta llegar al propio presidente Nixon (“And Nixon talking about ‘Don’t worry’”), quien por cierto estaba a punto de verse salpicado por el caso Watergate.

Anterior a dos grandes obras como el ‘What’s going on’ (1971) de Marvin Gaye y el ‘Innervisions’ (1973) de Stevie Wonder, ‘Curtis’ anticipaba una profunda reflexión sobre el clima social de injusticia, sufrimiento y odio en el que parecían sumidos los Estados Unidos. En las letras de canciones como ‘The other side of town’, ‘We the people who are darker tan blue’ o ‘Miss Black America’, hay quien incluso ha visto un modelo para la vertiente social del rap (aunque tal vez tuviera más influencia la canción-poema de Gil Scott-Heron ‘The revolution will not be televised’, publicada justo un año después). Sí parece clara la “huella” –nunca mejor dicho– que el anterior grupo de Mayfield, The Impressions, dejó en Bob Marley & The Wailers, quienes llegaron a versionar algunas de sus canciones y hasta copiaron su look, adoptando el discurso combativo y crítico en sus canciones de los años 70.

De hecho, para acabar de entender lo que supuso ‘Curtis’ en la carrera de Mayfield, conviene que conozcamos su etapa anterior, en la década de los 60, cuando aún formaba parte de The Impressions. Este grupo de doo-wop, soul y R&B se codeó en aquellos años con formaciones míticas de la Motown como The Temptations, The Miracles y The Four Tops, aunque su sonido no era tan pop sino más cercano a la tradición musical sureña, representada por sellos como Stax o Atlantic. Tal vez el motivo resida en que Mayfield conoció a uno de los integrantes posteriores de The Impressions en el coro de la Iglesia de Chicago, y más tarde militó junto a él en varios grupos de gospel locales. Ya con The Impressions, Curtis se consolidó como compositor y alcanzó gran éxito en las listas gracias a un buen puñado de singles.

Poco a poco iría introduciendo temas sociales en sus textos, hasta el punto de que canciones como ‘Keep on pushing’ (1964), ‘People get ready’ (1965) o ‘We’re a winner’ (1968) sirvieron de inspiración al Movimiento de los Derechos Civiles y fueron enarbolados como auténticos himnos por Martin Luther King y el Black Power. Mayfield lograba así colocar la defensa de los derechos de la población afroamericana como tema de algunas de las canciones más populares de la década. Y aun así, sentía que no era del todo fiel a sus ideas: necesitaba expandir su talento y su discurso, necesitaba independizarse. Por eso decidió crear, junto con su manager Eddie Thomas, un nuevo sello (Curtom Records) que acogería sus propios proyectos a partir de entonces y bajo el que lanzaría su debut en solitario.

Esto explica que, pese a tener por entonces sólo 28 años, ‘Curtis’ muestre tal madurez y riqueza, no sólo en los textos sino también en lo musical. En este sentido, ‘(Don’t worry)…’ es el perfecto ejemplo de la evolución de Mayfield como compositor: su rabia y su urgencia creativa confluyen en una canción funk con toques psicodélicos, que se alarga hasta casi los 8 minutos. Destaca la exuberante instrumentación, desde el bajo distorsionado que la abre hasta las omnipresentes congas, pasando por la guitarra ‘wah-wah’ o las secciones de vientos y cuerdas. Precisamente los arreglos de estas últimas, junto con el protagonismo de las percusiones, llevan esta canción a un estilo cercano al ‘sonido Filadelfia’ que Isaac Hayes originaría un año después en ‘Shaft’, considerado como precursor de la música disco.

En efecto, pese a su carga de denuncia, en esencia no deja de resultar música “de baile”, con elementos que se van superponiendo de forma aditiva y creando una suerte de trance, al que también contribuye la prolongada duración del corte. Recuerda bastante, en ese sentido, al single tal vez más popular de este álbum, ‘Move on up’, del que se diría que este ‘(Don’t worry)…’ constituye su “reverso tenebroso”. En ambos la estructura se basa en la música negra tradicional, puesto que no hay alternancia de estrofas y estribillo, sino una base continua en la que partes vocales e instrumentales se van sucediendo como en un diálogo.

Sin más, os dejo con el bajo distorsionado y ese ambiente apocalíptico que también estos días parece adueñarse de nuestras calles, aquí en la Europa del euro, el déficit y los rescates bancarios. ¿Quién nos advierte del riesgo que corremos al olvidarnos de las personas? Hacen falta muchos Curtis que comiencen a predicar el evangelio del despertar social.

el fuego fatuo

2 marzo 2012 at 10:10 am 4 comentarios

GOD ONLY KNOWS – The Beach Boys


Del álbum Pet sounds (Capitol, 1966)

Este verano me he pegado un buen lote de escuchar música de los 60. La verdad es que no es un momento del que supiera una barbaridad, y la maratón años 60 me ha permitido descubrir muchas y buenas canciones. Cuando no estás habituado a un tipo de música se produce el efecto “pescadilla”: como no la escuchas, no la conoces bien ni la disfrutas; como no está entre tus favoritas, no la escuchas.

Es curioso cómo funciona nuestra mente. Al ponerme un disco de esta época lo hacía sin mucho interés. Es una música con la que no he convivido, no he pasado momentos de la infancia o la adolescencia escuchándola, no me recuerda casi nunca a nada ni a nadie… Han pasado casi 50 años, y para mi es tiempo suficiente para que haya que escucharla con un halo de historia a su alrededor. Sin embargo, conforme escuchas un disco, y otro, y otro… empiezas a dejar que la música fluya (una idea muy sesentera, ¿no creéis?). A veces comenzaba un disco y estaba deseando quitarlo, pero a la quinta canción me había metido dentro del ambiente y ya era incapaz de hacerlo.

Los californianos Beach Boys no han sido uno de mis descubrimientos veraniegos, ni su archiconocido “Pet Sounds” una novedad, pero sí es cierto que estas audiciones estivales me han permitido situarlo en su época. Ahora veo hasta qué punto estaban sentando las bases del pop barroco que en los últimos años ha vivido un auténtico revival en EEUU. Curiosamente he escuchado también este verano el nuevo disco de MGTM, que parecen haberse inspirado en ese ambiente de pop y psicodelia de finales de los 60.

Hicieron muchas y buenas canciones los Beach Boys hasta que Brian Wilson se retirase de los escenarios por sus paranoias. No en vano hemos podido disfrutar recientemente de una nueva versión del “Wouldn’t it be nice” en la publicidad de una marca de coches. El anuncio es una maravilla. El cover, regulero nada más.

Para mi, no obstante, ésta es la mejor canción de los chicos. La técnica de acordes placados, tan pop, permite a Wilson hacer de las suyas en la armonía del tema. Y la melodía es simplemente maravillosa. Por algo ha sido considerada una de las mejores canciones de todos los tiempos.

Como dijo Tony Asher, coautor del tema, no hay muchas canciones de amor que comiencen diciendo “Tal vez no siempre te amé”. Y es necesario, para que una letra se convierta en una gran canción, que tenga este tipo de textos que permiten avanzar junto con la música.

Pero, para mi, lo más destacable es la instrumentación. Brian Wilson estaba fascinado en esa época con el “muro de sonido” de Phil Spector. De hecho, comentó que el título del disco “Pet Sounds” fue un homenaje a las iniciales del productor. Esa fue la línea que siguieron los Chicos de la Playa, con una orquestación grandilocuente, apariciones de instrumentos orquestales como la trompa (al principio del tema), los vientos puntuales o cuerdas exuberantes. En toda esta fantasía orquestal destaca la maravillosa  armonía vocal con la que concluye, en forma de contrapunto imitativo, perfecto broche de oro.

Para terminar, un detalle de composición nada banal. El arranque del tema nos deja la sensación de que ha empezado antes, de que había música antes de sonar la primera nota, de que estábamos escuchado la canción sin darnos cuenta. Esto es así por el uso tan inteligente (yo diría más bien intuitivo) de la armonía modal y la modulación. En las ocasiones en que se llega a una “tónica”, ésta no tiene sensación de descanso, no se permite la relajación, bien porque surge una nueva modulación, bien porque la línea armónica sigue avanzando hacia un punto de inestabilidad, que obliga a seguir avanzando. De hecho, es de las pocas canciones en que veo relativamente justificado el final “fade out”, es decir, ir bajando poco a poco el volumen hasta que desaparece. La rueda de acordes final tiene esas mismas características, no descansa en ningún acorde, sigue funcionando eternamente. Es como encontrar el final de un círculo.

Señoras, señores, así se las gastaban hace 45 años:

Como hay gente pa tó, este/a friki ha mezclado las imágenes de dos de las películas que concluyen con “God only knows”, en concreto Love actually y Boogie nights, y ha buscado similitudes entre ambos finales. Está cogidito con pinzas, claro, pero es divertido:

1 octubre 2011 at 3:41 pm 4 comentarios

MY GENERATION – The Who


Interpretado en directo el 16 de agosto de 1969 en el Festival de Woodstock. Aparece en su primer álbum de estudio My generation (Brunswick, 1965), cuya edición estadounidense se llamó The Who sings My generation (Decca, 1965).

Hacía unos meses que habían publicado su cuarto álbum de estudio, Tommy, que contiene la que está considerada primera ópera rock de la historia, y llegaban a los Estados Unidos tras un largo historial de éxitos (y escándalos). Eran plato fuerte de Woodstock: tocaron a las 3 de la mañana del sábado e interpretaron 24 canciones, muchas más que todos los demás artistas. Lanzaban mensajes “generacionales” del tipo “Hope I die before I get old”, otra pose de los 60 que en algunos casos sería premonitoria (y en Woodstock tenemos varios ejemplos). El público se encontraba, en definitiva, ante estrellas del rock.

Es curioso como este mítico grupo ha sobrevivido más en los libros y artículos varios que en la realidad de las emisoras, las ventas de discos o las descargas. Cuando sacan el enésimo recopilatorio de The Beatles (¡ahora con nuevas tomas en la ducha de Lennon! XP) los londinenses apenas tienen cabida en programaciones de radio o televisión. Es uno de esos grupos que colaboró en la evolución de la historia del rock (y de la música) aunque su propia obra apenas logre superar a “su generación”.

En realidad, más que curioso es paradójico, y sin embargo frecuente. Muchos de los músicos clave en su época, que han supuesto un giro o una importante evolución para la música, han tenido una producción musical que apenas ha logrado sobrevivir a sus contemporáneos (es paradigmático el ruidismo de comienzos del siglo XX). Mi teoría es que la experimentación en el arte tiene ese precio: hacer una música que nunca se ha hecho significa que todavía no es posible perfeccionarla, y que serán músicos o autores posteriores quienes llevarán el nuevo género a su época “dorada”. De este modo, The Who han tenido que ver con la psicodelia, con la ópera rock, con los álbumes conceptuales, con el hard rock o con el rock progresivo, e incluso hay quien ve una actitud proto-punk. Sin embargo, ni siquiera Tommy o Quadrophenia han pasado de ser hitos históricos que pocos chavales podrán conocer hoy en día y cuyas historias están muy desconectadas del público actual.

Pero estábamos en 1969, como decía, Pete Townshend presenta el tema vestido de mono blanco (inevitable pensar en La naranja mecánica), Roger Daltrey vestía una chaqueta con flecos muy “western” (¿a lo Morrison o viceversa?), vuelta de tuerca a la conocida “invasión británica” que habían vivido los EEUU unos años antes, el grupo se movía en los escenarios con la soltura que les confería su condición de estrellas del rock.

El sonido de “My generation”, que en lo básico responde a un rhythm and blues, es crudo. Duros silencios, en los que Daltrey parece tartamudear, preceden a la chirriante guitarra de Townshend, batería y bajo parecen preludiar el lo-fi más casero y al final del tema, golpes de guitarra incluidos, casi nos sitúan en el radio de acción de los Sex Pistols o del no wave. Entre estos alardes de agresividad que dan comienzo y finalizan su actuación, The Who nos deleita con un momento mucho más blues (ilustrado con hermosas imágenes de hippies danzando en éxtasis al contraluz del amanecer), de corte instrumental y ritmo ternario. Era su nueva forma de construir piezas, mediante fragmentos que se superponían y configuraban un hilo musical de mayor dimensión, y que estaba dando sus frutos en las primeras óperas rock y álbumes conceptuales.

El sonido y la actitud de The Who impactó a los jóvenes de la segunda mitad de los sesenta -todavía daría para algo más en los 70-, pero sobre todo serviría de referencia para muchos otros grupos y otras generaciones. ¡Rock’n’roll!

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=cH9IgJZCx4c%5D

12 septiembre 2009 at 7:26 am 4 comentarios

A MINHA MENINA – Os mutantes


Del álbum Os mutantes (Polydor/Universal Records, 1968)

Esta canción de la banda brasileña de psicodelia “Os mutantes” se ha hecho famosa recientemente por formar parte del anuncio de una infame multinacional de la hamburguesa. Triste destino para música tan buena. Supongo que les aportara a los ya viejunos Rita Lee (voz), Sérgio Dias (guitarra y voces) y Arnaldo Baptista (bajo, teclado y voces) magros beneficios.

Aunque durante sus años de actividad fueron poco conocidos fuera de su país, Os Mutantes fueron uno de los grupos más dinámicos, talentosos y radicales de la época psicodélica. Con el tiempo, público y críticos han ido reconociendo su trabajo de músicos experimentales, sobre todo por el uso del acople, la distorsión y por trucos de estudio de todo tipo. Cuando se escucha la guitarra de Dias, uno no puede dejar de acordarse de los Rollings, el sonido sucio nos transporta a la música de la Jimi Hendrix Experience, y el ritmo sabrosón te sitúa donde tiene que ser, en el Brasil de la samba. Estaban inmersos en el movimiento Tropicália de los 60, del que más tarde se distanciarían para introducirse (es la evolución natural) en el rock progresivo.

La canción no escapa de los cánones de estrofa y estribillo con solo, a diferencia de muchos de los temas psicodélicos del momento. Sin embargo, sí que nos encontramos con multitud de ruido provocado por la amplificación y los efectos, así como coros que aportan un carácter desenfadado y formalmente más absurdo, algo que es muy del estilo (escúchense desde The Beatles hasta Pink Floyd). El grupo conserva el formato tradicional de voz-guitarra-bajo-batería a la que añaden una guitarra clásica y percusión brasileña y palmas. La alegría que desprenden voces y percusión hace que te muevas inconscientemente… ¡perfecta para animar un fin de semana caluroso como el que se presenta!

Recomiendo bajar el volumen del reproductor; el sonido satura mucho y resulta desagradable en los medios.
[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=5ohTi8lbeok%5D

30 mayo 2009 at 9:00 am Deja un comentario

ANOTHER BELIEVER – Rufus Wainwright


De la película Descubriendo a los Robinsons dirigida por Stephen J. Anderson (Walt Disney Pictures, 2007)

Hace un año, en Territorios Sevilla, tuvimos la ocasión de ver a este entrañable personaje y comprobar que en directo tiene algunos problemas de afinación. Su técnica vocal se queda bastante corta, aunque la naturalidad de su voz suple en gran medida esa falta. Por lo que he escuchado, corre el riesgo de perder toda credibilidad con su última idea de dedicarse a la ópera. Esperemos que recapacite.

Este post no es para dar caña al muchacho. Como ya sabéis, se trata de poner música que me gusta. Lo interesante es que esta canción la compuso el neoyorkino para la película de Disney “Descubriendo a los Robinsons”, y que lo que podría resultar una patraña funciona de maravilla. A priori, el resultado no sería de mi gusto, pero el cantautor tiene la capacidad de hacer una canción infantil y a la vez interesante. Buena cosa.

El alegre estilo de la canción se encuentra entre el pop Beatle a lo “Obladi, oblada” -con el punto psicodélico de los ingleses-, el glam -supongo que influirá aquí su homosexualidad- y algunos detalles electrónicos -que no falten en el siglo XXI. Y de ello resulta un tema divertido, que te da ganas de sonreir y de moverte. El registro de voz es perfecto para el cantante, cosa que no siempre sucede en su producción. Y poco más que decir, porque todo funciona de las mil maravillas.

Os pongo el fragmento de la peli en que aparece y luego otro vídeo-montaje que alguien hizo con el tema completo. Merece la pena escucharla al completo: ni me gustan las secuencias-resumen, ni hace justicia a los grandes momentos que tiene la canción. ¡A sonreir!

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=IL8uacaXOec%5D

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=3LNvZpkQzKI%5D

9 mayo 2009 at 2:53 pm 1 comentario


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