Posts tagged ‘música modal’

PRAETER RERUM SERIEM – Josquin Desprez


Motete a seis voces. Publicado por primera vez en 1519.

A comienzos de la pasada década nos reunimos un grupo de amigos y músicos interesados por la música antigua y por la contemporánea a partes iguales. Queríamos adentrarnos en el mundo de la música vocal actual, pero también dotar al grupo de una base sólida de técnica y afinación. Así, decidimos interpretar este exigente motete a seis, con objeto de trabajar una música cuya antigüedad de cinco siglos y complejidad tardomedieval nos ponía en disposición para afrontar piezas contemporáneas con importantes disonancias y texturas más complejas si cabe.

Hoy en día comprendo que la decisión fue acertada. De ese núcleo nació proyectoeLe, que sigue interpretando (ya sin mi colaboración) piezas notablemente complejas a un nivel técnico y estético fantásticos. Praeter rerum seriem (Más allá del orden de las cosas) nos proporcionaba el estímulo emotivo suficiente para trabajar en algo que, entonces, nos resultaba bastante complicado, teniendo en cuenta que apenas eramos una decena de cantantes y, en un principio, sin director.

La secuencia medieval del siglo XIII cuyo texto trata el misterio de la Encarnación sirve a Desprez de cantus firmus, técnica habitual en el Renacimiento. He descrito la pieza como tardomedieval. ¿En qué estética situamos el motete flamenco? La figura de Josquin Desprez es pieza clave en el desarrollo de la polifonía del Renacimiento, sirviendo de modelo hasta el siglo XVII, cuando el Barroco abandona las técnicas anteriores. Sin embargo, el estilo flamenco que Josquin representa, y especialmente este motete, me recuerda inevitablemente las arquitecturas góticas de los siglos XIV y XV. La luz que desprenden los acordes finales de la obra es comparable a la que entra por los ventanales o el rosetón de una catedral coetánea al autor. Y hay quien opina algo parecido.

Como explica Timothy Dickey, el canto se va moviendo entre las voces tenor y superius (la más aguda) en una relación canónica. Se contraponen dos grupos de texturas: las tres voces inferiores del comienzo con el cantus firmus en el tenor, que dan un ambiente profundo a la apertura del motete; contra las tres superiores, con el cantus en el superius, en una relación antifonal. Y a estas texturas se oponen los momentos de plenitud a seis voces.

Las dos primeras estrofas de la secuencia constituyen la primera sección del motete, con el cantus firmus de la segunda estrofa (de “nec vir Tangit”) al doble de la velocidad, un vestigio de la tradición del motete isorrítmico. En la segunda parte del motete el ritmo se acelera (al doble en un principio y, más adelante, en compás ternario, símbolo clásico de la Trinidad) y los límites texturales entre las voces se difuminan. Justo antes de la estrofa final del texto, en la frase “omnia tam suave”, se produce una hemiolia final (otro clásico del Renacimiento) y la pieza entera parece volver a su sentido rítmico original.

Ya he destacado ese momento final lleno de luz y de misticismo. No quiero olvidar la magnífica forma que tiene Desprez de dar comienzo a su obra. Desde las profundidades surgen dos melodías en forma imitativa, con el pedal sostenido del cantus firmus en el tenor. Como ya se ha comentado, las melodías siguen ascendiendo en forma de canon en las tres voces superiores. Parece que en este motete está origen de todas las cosas.

Para este motete simboliza el big bang, el nacimiento de todo (que apropiado para una pieza que trata la encarnación de Jesús). Estoy totalmente de acuerdo con su afirmación de que en esta obra encontramos un perfecto equilibrio entre lo bueno y lo bello, que nos acerca a lo inmanente y lo trascendente de las cosas.

La versión que vas a escuchar a continuación me encanta. Se tratan de los Gabrieli Consort, acompañados en esta ocasión por unas imágenes del espacio y, curiosamente, del texto traducido al… ¡ruso!


Præter rerum seriem
parit deum hominem
virgo mater.
Nec vir tangit virginem
nec prolis originem
novit pater.
Virtus sancti spiritus
opus illud cœlitus
operatur.
Initus et exitus
partus tui penitus
quis scrutatur?
Dei providentia
quæ disponit omnia
tam suave.
Tua puerperia
transfer in mysteria.
Mater ave.
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25 octubre 2012 at 8:28 pm 3 comentarios

LOVE MY WAY – The Psychedelic Furs


Del álbum Forever now (CBS, 1982)

Los Pieles psicodélicas sacaban su álbum recopilatorio All of This and Nothing en el año 88, estando yo en plena adolescencia y receptivo para todo aquello que sonase a pop y rock “diferente”. Gracias a este vinilo, que aún conservo, conocí y berreé todos sus éxitos. Y recuerdo especialmente la sensación que tenía cuando escuchaba su música: era una especie de inquietud. Me gustaban sus canciones, son pegadizas y funcionan en general con comodidad. Es un pop con un alto potencial comercial. Sin embargo, la voz cascada y más grave que aguda de Richard Butler, los teclados oscuros de pads ochenteros dando pinceladas por aquí y por allá, el uso del saxofón (instrumento que no apreciaba yo en su justa medida) y esa cierta melancolía que respiraba la new wave, me dejaba sin saber si debía apostar todo por ellos o retirar la puja. Hoy tengo la respuesta, muy lógica y evidente: depende ;)

Dando un repaso a su discografía y sus éxitos, encuentro detalles que refrendan mi opinión. La propia estética de las portadas pasa del estilo Velvet y de pop Warhol que lucen en sus primeros discos, al glamour que respira su 4ª portada, cercana a la estética glam, e incluso a recordarnos a ese Michael Jackson del vídeoclip “Bad” en la 5ª.

También vemos cómo los productores de cada LP son diferentes, y eso se aprecia con claridad en un recopilatorio. Cada canción te lleva a sitios distintos. No puedo decir que suene a eclecticismo, porque es un grupo con un sonido muy peculiar y personal. Pero “Love my way” fue producido por Todd Rundgren, y no es una información gratuita, como luego veremos.

Lo que sí aprecio en la carrera de estos chicos es un cierto anhelo de éxito comercial, una aproximación a un público de masas. Y eso es algo que te obliga estilísticamente hablando a lo largo de tu carrera. ¡Ojo! No lo digo como algo peyorativo, en muchas ocasiones ha generado productos de gran calidad y perdurabilidad en el tiempo.

Este es para mi el caso de “Love my way”. Y más aún ahora que parece que el indie tiene que sonar a los 80. Cuando escuchas un tema como este pasados 30 años y piensas que supera a muchas de las propuestas actuales en esa línea, que la muchachada “independiente” de hoy podría considerarlo un éxito, es cuando te das cuenta de la calidad de este trabajo.

Seré en esta ocasión os daré diez razones para escuchar la canción y disfrutarla con más intensidad:

1. La ya citada voz de Richard, sello personal del grupo.

2. El uso del xilófono (gloria bendita). En el videoclip aparece una marimba, más potente visualmente hablando, pero yo apostaría por que es un xilo.

3. La serie de acordes de la estrofa sobre un modo frigio: Do mayor – Si menor.

4. La resolución del estribillo con los acordes Do mayor y Re mayor, que siguen flotando sobre dicha modalidad. Me encantan estas figuras armónicas que no descansan sobre el centro tonal que nuestro oído nos pide (que sería Sol) y que evolucionan con tan sólo tres acordes.

5. ¡El bajo, por favor! Se usa con mucha prudencia. En la estrofa aparece y desaparece, un detalle que no todo el mundo aprecia, pero que siempre se nota. Cuando llega el estribillo, a marcar con fuerza las corcheas, como requiere el momento.

6. Y esto me lleva al estribillo. Que maravilla cuando una canción sabe contenerse para emocionar cuando hay que hacerlo. Fijaos en cómo crece el tema. Esto es algo de lo que a menudo se olvidan las producciones actuales “ochenteras”.

7. Guitarra comedida y teclados muy cuidados, con un par de pads y algún detalle en las estrofas… que gusto.

8. No he hablado de la batería, sin grandes aspavientos pero siempre en su sitio. Fijaos al final de la canción como usa el base y los toms, así como en los estribillos. El sonido, claro está, nos sitúa en su época, con esos bombos con mucho agudo y esas cajas tan características.

9. No os perdáis ese momento, sobre el minuto y medio, en que el estribillo es cantado sobre la base armónica de la estrofa. Lo que decía antes, esto es hacer que lo música evolucione con tan sólo tres acordes.

10. Esas letras que no dicen nada pero que tienen sentido. Muy de ingleses de aquel momento, dejando atrás el punk pero recordándolo en detalles. Por otra parte, no deja de ser otro “my way”.

Creo que son razones suficientes. Escuchad y opinad al respecto.

Versión en directo, en el programa “La edad de oro” de RTVE, año 84:

2 abril 2012 at 4:19 pm 4 comentarios

KASHMIR – Led Zeppelin


Del álbum Physical Graffiti (Swan Song, 1975)

Soy un gran admirador del 6 en música. Pero no en el compás… me agota el 6/8 en que han abundado tantos grupos de folk rock o incluso de rock “alternativo” como mis queridos Radiohead, por no remontarme a esta época de los Zep, con el rock progresivo haciendo de las suyas. Aquí los británicos mantienen el orgulloso ritmo binario característico del heavy. De hecho lo mantienen A PESAR de esos 6. ¿De 6 qué? Pues son 6 los pulsos de la serie de las cuerdas para que cuadre con el ritmo de batería. O 6 bombo-caja en la frase. Aunque, en lugar de 6 compases binarios, podríamos usar muchos más números: 4 compases ternarios o 3 cuaternarios.

En cualquier caso, lo más interesante es la polirritmia que se produce en este asombroso Kashmir que Page y Plant crearon tras una visita a Marruecos, y que nos habla de falsa mística y exotismo. La batería de Bonham mantiene un sólido ritmo binario que encaja sin asperezas en el ternario de la armonía creada por una rítmica cuerda. Todo un acierto.

Para la banda, considerada una de las más influyentes en el desarrollo del heavy metal, esta fue una de sus canciones más logradas, precisamente por ser potente e intensa sin necesitar de dicha etiqueta. Es más, pese a su duración de ocho minutos y medio, tampoco es fácil situarla entre el rock progresivo o sinfónico, género en el que son frecuentes tales duraciones.

Pese a que la banda se vio influenciada por sonoridades orientales, de las que toma alguna de las melodías que aparecen en partes instrumentales, el epicentro musical se sitúa en la progresión armónica del comienzo, que sirve de ritornello durante todo el tema dando coherencia y redondez a la forma. Se trata de una secuencia cromática ascendente (algo que nos aleja de lo oriental) cuya serie se rompe con un tono completo, evitando así el uso de sensible y situándonos más en entornos sonoros modales, algo que nos acerca a lo popular (más que a lo oriental).

De este modo, Kashmir es interesante porque es capaz de integrar avances armónicos y rítmicos de músicas más vanguardistas, como la polirritmia o las escalas cromáticas, y sonoridades más clásicas y populares, como las escalas modales y los ritmos “pesados”. Vamos, que les salió un tema bastante redondo. Disfrutadlo.

13 enero 2011 at 7:55 am 1 comentario

NUBA – Anónimo


Atrium Musicae de Madrid dir. Gregorio Paniagua album “Musique Arabo-Andalouse” (Harmonia Mundi, 1977)

1. Inshad – Insiraf

2. Touchia – Sana’a

La música que vuelve a la vida gracias a las orquestas tradicionales del norte de África da buena muestra del nivel cultural que pudo llegar a alcanzarse en la Andalucía medieval. Lo que se escucha en este disco de Atrium Musicae son fragmentos de una nuba (nawba), especie de suite vocal e instrumental con una estructura fija y que permite a los músicos improvisar. Es una aproximación a lo que fue en tiempo la música de los reinos Andalusíes, ya que una nuba completa venía a durar unas 6 horas.

Y por si la imaginación no os sitúa en un reino de jardines y fuentes en el que la música y la poesía (junto al ajedrez) lo inundan todo, debeis saber que existía una nuba diferente para cada hora del día (aunque en Marruecos sólo se han conservado 11 de ellas). En este sentido, la música andalusí está clarísimamente conectada con la clásica India o muchas otras del Lejano Oriente, en que los modos musicales se adaptan a los momentos en que se interpretan, tanto a nivel físico (hora del día, época del año) como psicológico (estado emocional).

Es habitual que toda la música andaluza se relacione con el modo frigio medieval (modo de mi), así como la música árabe, con alguna segunda aumentada por lo exótico. Limitar la riqueza artística andaluza o árabe a este cliché es una simplificación muy lejana a la realidad. La música andalusí heredó los ocho modos orientales (griegos), que aumentó hasta doce en el siglo IX y a los que añadió otros cinco en el XIII, llamándose a partir de entonces maqamat.

Si comparamos esta música con la que se venía desarrollando en los reinos cristianos vemos que, mientras estos centran su interés y estudio en las formas religiosas, aquella tiene un carácter indudablemente profano, abordando temas como el amor, la belleza, la sensualidad, siempre referidas a la perfección de la obra de dios. Es decir, habían “humanizado” su música religiosa, produciendo así una maravillosa música profana instrumental y vocal. De nuevo muestras de que una mente abierta permite avanzar en el arte sobre la cerrazón cristiana, a cuyos reinos les costaría mucho más desarrollar una música instrumental o profana digna de mérito.

Punto aparte merece la interpretación de estas piezas. La base melódica queda establecida a priori, y sobre ella se desarrolla una improvisación de todos los instrumentos que intervienen (sin determinar), aportando cada uno los adornos o variaciones que estime convenientes. Este juego melódico se conoce como heterofonía, textura en la que sólo interviene una melodía pero que logra crear un atractivo juego polifónico que a oídos occidentales puede resultar algo chocante. Es ese tipo de técnicas que, de antiguo, resultan increíblemente modernas. Atrium Musicae no acentúa el carácter heterofónico -es un punto de vista más occidental- pero las orquestas tradicionales andalusíes de Marruecos, integradas por un importante número de instrumentistas, son menos reticentes a crear esa “nube sonora”, esa red de melodías que camina conjuntamente.

Para otro post dejaré la cuestión instrumental, de la que hay que hablar en profundidad. De momento conformémonos con una versión que utiliza prácticamente los mismos instrumentos para hacer música andalusí, sefardí o cristiana medieval (es decir, muy a la “España de las tres culturas”).

Una música que era interpretada durante tanto tiempo y en un contexto muy distinto del de los conciertos actuales resulta difícil de asimilar en la cultura del “usar y tirar”, de las prisas y el afán de lucro. Y un grupo como el de Paniagua tan sólo puede traer al público moderno el aroma de un reino que se perdió en el tiempo.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=JyhESs3CuRM%5D

16 septiembre 2009 at 8:06 am Deja un comentario


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