Posts tagged ‘percusión’

DE PROFUNDIS – Arvo Pärt


Para coro masculino, percusión (ad libitum) y órgano (1980)

La conjunción de elementos que tienen lugar en esta obra y esta interpretación suponen el pistoletazo de salida para páginas y páginas en la línea del, como se ha querido llamar, minimalismo europeo o nuevo misticismo o minimalismo sacro o etcétera. Y sí, dado que está aquí referido yo también caí en las mágicas redes de la música del estonio y del buen hacer del grupo vocal inglés.

Mi descubrimiento de Arvo Pärt se produce, precisamente, a través de dicho grupo, a quienes seguía como grandes intérpretes de música antigua y que me sorprendieron gratamente en un concierto en el Maestranza de Sevilla girando, si no recuerdo mal, “A Hilliard songbook” con obras de toda la saga de “neotonalistas”, por así llamarlos. Posteriormente me busqué el disco “Arbos” en el que los británicos interpretan varias obras de Pärt y… allí estaba, en la cuarta pista, el demoledor “De profundis”. Aunque me escuché obsesivamente el disco (vaaale, sí, la cinta grabada Xd) siempre recalaba en ese momento mágico en que el bajo da inicio, desde las profundidades de la clave de fa, al texto latino (“De profundis clamavi ad te, Domine”) y a la cansina e inexorable hilera de blancas que configuran la “melodía” del motete.

¿Qué era aquello que me fascinaba? Daré algunas pinceladas. Para empezar, debemos saber que Arvo Pärt, tras una primera etapa en que fue pasando por varios estilos más o menos obsoletos para su época y que le provocaron algunos problemillas con la burocracia soviética, se enfrascó en el estudio de las raíces musicales occidentales: el canto gregoriano y las primeras polifonías. De esta faceta surgió la idea de realizar una música infinitamente más simple que la que hasta el momento había producido, basada en una sencilla sucesión de acordes tríada sobre la que se superponen melodías que no difieren del propio acompañamiento en lo que a ritmo se refiere. Es decir, acordes y notas melódicas producen una textura homofónica que en muchas ocasiones coinciden en la armonía, pero que otras (gracias a un hábil uso de las inversiones de acordes) van a generar interesantes disonancias que no llegan a ser suficientemente “dolorosas” como para que se produzca un rechazo en los oídos menos acostumbrados a los devaneos de la música contemporánea. Esta situación de consonancia vs. disonancia se va a reforzar por la rítmica de la que suele hacer uso, normalmente constante y de tempo lento. A este sistema lo llamó el compositor “tintinnabulum”, debido a que los acordes tríada sonarían como un “tintinear de campanas”.

El éxito que su nuevo sistema tuvo, especialmente a partir de los 90, creo que estaría bastante relacionado con el advenimiento de las músicas de la “nueva era“, que encuentran su espacio en ese punto medio entre consonancias eternas y sonidos suaves de ritmos lentos con algunas notas añadidas en los acordes que hacían sentirse inteligente a un público burgués de masas. El hecho de que Pärt encontrase una nueva espiritualidad en su música haría que conectase más aún con oyentes posmodernos con grandes necesidades de respuestas a las grandes preguntas de la vida. Yo estaba entre ellos.

En mi caso, existe otro motivo que ha hecho que esta obra ocupe un lugar especial. Se ha relacionado al compositor con el minimalismo, si bien es una afirmación bastante, bastante relativa. El minimalismo tiene su origen en los Estados Unidos y está íntimamente unido al pop, además de basarse en premisas musicales radicalmente diferentes de las del Arvo Pärt. Pero, curiosamente, en algunos momentos se produce una increíble proximidad entre el misticismo arcaizante de “De profundis” y encadenamientos de acordes que podríamos llamar pop. Destaco, en este sentido, la sucesión que escuchamos a partir del minuto cuarto de esta audición, que nos llevará, ya pasado el quinto, a un climax disonante de gran emotividad. Cómo no buscar un lugar en mi discografía para tan extraña conjunción: Perotín con U2.

Otro gran acierto es la instrumentación. El órgano va presentando las notas de los acordes (a veces con mayor libertad, sin ahogarse en su propio sistema) en diferentes octavas e inversiones con un ritmo de negras, mientras el coro interpreta sus melodías a ritmo de blancas. La percusión (bombo, tam-tam y campanas tubulares), dada a marcar los ritmos, se encarga aquí de reseñar momentos importantes, dando color y emoción con golpes simples. Como muestra, el golpe final de la campana.

Hemos hablado del ritmo, de su avance lento y cansino, de la combinación rítmica entre órgano y coro. El Hilliard Ensemble cumple a la perfección con las espectativas, y es la versión que más me gusta de esta obra (y me he escuchado unas cuantas). Una pega (de la que también adolecen las demás). Cuando la intensidad sube, el ritmo, de forma natural, se acelera. Me encantaría escucharlo aguantando e incluso reteníendolo un poco, ya que (a mi entender) se produciría una sensación aún más intensa en los climax. Bah, un detallito.

Os dejo por fin con la música. No os olvidéis del texto, tan suplicante como los sonidos a los que acompaña.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=1eSz2J3nS2o%5D

The Hilliard Ensemble

David James contratenor
John Potter tenor
Paul Hillier barítono
David Bevan bajo
Christopher Bowers-Broadbent órgano
Albert Bowen percusión

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28 marzo 2010 at 10:01 am 4 comentarios

GAMELAN GONG KEBYAR – Música tradicional balinesa


El gamelán es un grupo instrumental indonesio integrado por instrumentos en su mayoría de percusión, aunque también puede contener flautas de bambú o cuerda pulsada. Existen gran número de estilos y agrupaciones dentro del gamelán, en general de raíces bastante antiguas, si bien el que hoy nos ocupa (Gamelan gong kebyar) tiene apenas un siglo y se ubica en la isla de Bali. Como tanta otra música oriental, la poesía no se encuentra ausente: Kebyar significa algo así como “el proceso de la floración”, haciendo referencia a los profundos cambios de tempi y de dinámica que se producen en las interpretaciones. Es el estilo que goza de mejor salud y mayor éxito (si podemos hablar de éxito para una música así) en el mundo occidental.

Mucho podríamos hablar sobre el gamelán y quedará continuar este post en posteriores. Hoy me centraré en lo que ha hecho que algo que dista tantísimo de la música occidental pueda generar un “amor a primera oida” en personas como yo. Si escuchais mientras veis el vídeo adjunto, comprobaréis una serie de características importantes:

a) Un uso virtuoso de la percusión, con una ritmica muy libre pero a la vez precisa;

b) Lo numeroso del grupo, algo que exige una conexión especial entre los intérpretes;

c) El parecido con determinadas músicas contemporáneas occidentales, especialmente con el minimalismo.

Música para percusión en oídos de un percusionista… empezamos bien. El primer estímulo es, por tanto, conceptual: una orquesta integrada casi exclusivamente por instrumentos de percusión, y encima haciendo música tradicional, es algo muy llamativo. En el caso de los tambores tenemos ejemplos más cercanos en Cuba, Brasil o muchos países africanos. Pero los del gamelán, para colmo, son casi todos idiófonos, y conservan, como los anteriores, la capacidad de conectar con lo más primitivo de nosotros, de sugerirnos una visita a lo ancestral. Con sinceridad, ¿quién no ha visto referencias sexuales en esos gongs o en los palos con los que golpean?

La conexión existente entre cada instrumentista y el grupo es lo segundo que te deja embobado. Los movimientos de los intérpretes al unísono parece a menudo una danza y la sincronización se diría que tiene cierta espiritualidad. Daos cuenta de que no hay directores en los gamelán. La interpretación se basa en una serie de repeticiones circulares de rítmicas que generan la sensación de tiempo circular tan presente en Oriente (con la reencarnación, por ejemplo).

Por último, recuerdo escuchar un gamelán balinés y pensar automáticamente en la 3ª construcción en metal de John Cage. O viceversa con obras como las Sonatas e interludios para piano preparado, del mismo autor. Puede suceder algo parecido con autores como Steve Reich u otros minimalistas. El motivo es diferente en los dos casos: Cage practicaba el budismo zen y sus obras tienen la huella de la espiritualidad oriental y la suspensión del tiempo característica. En el caso de los minimalistas, el deseo de suspensión temporal se produce no por cuestiones filosóficas sino estéticas, si bien el resultado a menudo es muy similar. En cualquier caso, la música tradicional balinesa tiene la capacidad de situarse, como quien no quiere la cosa, junto a la vanguardia europea y americana del siglo XX. Pocas músicas populares pueden decir lo mismo.

Quedan en el tintero demasiadas cosas, pero como introducción queda. Para otra ocasión, más.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=ldPMifPbngc%5D

PD. Si escucháis determinados fragmentos del final, ¿no os recuerda a la música electrónica de baile?

19 junio 2009 at 2:01 pm 5 comentarios


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