Posts tagged ‘improvisación’

PARCE MIHI DOMINE – Cristobal de Morales / Jan Garbarek


Del álbum Officium (ECM Records, 1993)

Con este posteo quiero volver a uno de mis temas clásicos, el de la música que no se sabe muy bien dónde encajar. Se trata de esa corriente “neo-antigüizante” que surgio al calor de las músicas de la “nueva era”, ese deseo de innovar a base de ser antiguo que hizo furor en los noventa y que por fortuna parece haber amainado. Pero no todo fueron musiquitas moñas para nuevos ricos con profesor de yoga, también tuvimos la fortuna de topar con buenas ideas, y otras, como la que viene al caso, que al menos aportan una visión diferente de la música.

Yo fui a ver el concierto que The Hilliard Ensemble (nunca fallan) dieron en Sevilla con Jan Garbarek en la iglesia del Salvador. Templo de eterna reverberación, primer hito en nuestro camino. Recordemos que Garbarek es un saxofonista de jazz, instrumento y género que no se lleva especialmente bien con una reverberación de tales características. Eso sí, el canto gregoriano y las piezas polifónicas del renacimiento elegidas ex profeso para la gira funcionan que da gusto en una iglesia así. Y con la afinación extrema de los ingleses, ni os cuento.

En fin, que pude escuchar en directo la fusión de ambas cosas. El recuerdo que me queda es de “no sé muy bien si me gusta o no”. Es decir, de cierta perplejidad. Es lo que me suele pasar con gente como Philip Glass, que se mueven siempre en terrenos pantanosos entre lo que te aburre y lo que te conmueve. Y, lo reconozco, al final me termina gustando.

La idea funciona del siguiente modo: se interpretan las piezas del renacimiento (o el medievo), en este caso el Parce mihi Domine de nuestro sevillano Cristobal de Morales, tal y como se entiende que fueron concebidas en origen, y esta música vocal se utiliza como base armónica, como acompañamiento, de una improvisación de saxo de carácter más o menos jazzístico.

Tenemos aquí una interesante aportación del conjunto. La música en el renacimiento era netamente vocal, siendo los instrumentos en la mayoría de las ocasiones un mero acompañamiento. Pensad que ni siquiera se escribían, sino que solían doblar o sustituir voces de las que, puntualmente, no se disponía. Sí, es cierto que una serie de instrumentistas empezarían a interpretar a solo, pero era un grupo reducido y, desde luego, fuera de la música religiosa. En este caso, la cuestión funciona justamente al revés. Se trata de una pieza de saxo acompañada por unas voces. La interpretación de Garbarek es claramente solística, mientras que la pieza de Morales navega sobre acordes estáticos de rítmica cuasi libre, perfecta base sobre la que desarrollar una improvisación. Los volúmenes también son significativos, siendo a menudo muy difícil seguir el texto, que queda tapado por el saxofón. Además, seamos realistas, ni siquiera los más clásicos siguen hoy en día una letra latina del libro de Job. El tema religioso, su importancia como oración, desaparece para quedar sólo la estética de su música.

Para mi gusto, no funciona igual todo el disco. Hay piezas con las que el saxofonista parece sentirse más “en su salsa” que otras, y en algunos casos tal vez tenga que ver también la elección de la obra antigua. Además, no es una idea como para anclarse a ella: su repetición resulta tediosa. Sin embargo, este Parce mihi Domine, que ya de por si es una pieza realmente fascinante, me hace disfrutar de un buen rato de… ¿jazz? ¿música antigua? ¿new age? ¿contemporánea?… quita, quita, un buen rato de MÚSICA.

La versión a solo de Parce mihi Domine. Su estatismo hace que cualquier detalle polifónico resalte como la más completa de las melodías.

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30 enero 2011 at 9:32 am 3 comentarios

HOT HOUSE – Charlie Parker & Dizzy Gillespie


Charlie Parker, saxo alto – Dizzy Gillespie, trompeta – Dick Hyman, piano – Sandy Block, contrabajo – Charlie Smith, batería. Grabación para la televisión estadounidense en 1952.

En la historia de la música más reciente sucede, de vez en cuando, que se encuentran dos figuras que son esenciales para el desarrollo de la propia historia. No es el caso del maestro y el alumno, ni el cruce de palabras y palmaditas en la espalda, es una verdadera conexión entre lo que luego serán leyendas de la música. Así, cuando a finales de 1944 empezaron a trabajar juntos Gillespie y Parker, los cimientos del jazz empezaron a removerse.

El swing había alcanzado su cumbre expresiva en la década de los 30, con el apogeo de las big bands, y se encontraba en franca decadencia, repitiendo fórmulas para el gran público. Asímismo, la II Guerra Mundial había producido importantes vacíos en las grandes orquestas, y los circuitos comerciales no eran capaces de soportar el costo que suponía una banda de 15 ó 20 músicos. Los jóvenes talentos empezaron a desarrollarse en grupos más pequeños, en los que podían dar, además, rienda suelta a su creatividad con mucha mayor libertad que en las big bands.

En este contexto se conocen “Diz and Bird”. Gillespie ya había trabajado con varias orquestas de swing, en las que aprovechaba al máximo los breves solos que se le concedían con un ritmo frenético, gran variedad de ideas melódicas y atrevimientos armónicos no siempre dentro de lo ortodoxo. Parker se daría a conocer definitivamente tras su colaboración con Gillespie, cuando grabaron temas tan sorprendentes para su época como “Groovin’ High”, “Salt Peanuts” o el propio “Hot House”, composición de Tadd Dameron. El mundo de la música esta asistiendo al nacimiento del bebop.

Hoy en día no es difícil comprender el trabajo de Parker y Gillespie como una evolución lógica del jazz, pero en su propia época no fue tan sencillo que críticos y público aceptaran las innovaciones que se produjeron (No puedo evitar recordar aquí el incidente de la Guardia Civil en el pasado Festival de Jazz de Sigüenza). El bebop también fue acusado de no ser jazz, y en general se relacionó más con lo marginal y con los sectores más bohemios, como la generación Beat.

Pero, ¿qué hacía de esta música que no fuese aceptada por muchos de los amantes del swing? Para empezar, el ritmo invariable del swing, el “swing” propiamente dicho, se verá aquí muy acelerado y fusionado con ritmos provenientes del mundo latino y africano. La sección ritmica va adquiriendo mayor independencia. Aquí, sin embargo, escuchamos un ritmo de swing más o menos convencional en la batería, con el contrabajo realizando lo que se llama “bajo caminante”, que aporta un mayor melodismo con ese continuo de notas.

Sin embargo, lo que me parece que más distanció el bebop de sus oyentes contemporáneos fueron los atrevimientos armónicos. Las melodías se mueven con libertad por escalas ampliadas, con numerosas notas cromáticas o extrañas a los acordes. Si a esto le sumamos unos frenéticos solos en que desarrollan las posibilidades del instrumento hasta el límite, podemos entender que no fuesen comprendidos. Como ilustración, podéis escuchar el cruce entre el final del solo de Parker y el comienzo del de Gillespie: parece que estén tocando en dos tonalidades completamente diferentes.

Con respecto a la interpretación, qué decir. Me encantan los músicos que hacen fácil lo difícil. Además se mantienen en unos límites muy adecuados en cuanto a los solos. A menudo escuchamos interpretaciones de bebop en que los solistas no dejan un momento de respiro, que se encuentran cercanas al “horror vacui”. Sin embargo “Diz & Bird” saben perfectamente cuando lanzar una cascada de notas y cuando detenerse un instante y dejar respirar a la música. A mi me fascina particularmente la capacidad melódica de su interpretación al unísono del principio y el final, un formato por cierto muy repetido en jazz.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=wkvCDCOGzGc%5D

31 enero 2010 at 8:06 pm Deja un comentario


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