Posts tagged ‘canciones contra la guerra’

RABO DE NUBE – Silvio Rodríguez


Del álbum Rabo de nube (EGREM, 1980)

El vinilo de este álbum, creo recordar que propiedad de mi hermano Jordi (con lo indipop que se volvió luego el muchacho) tenía algo diferente. Mi memoria es patética, y no pondría en pie qué era eso que me llamaba tanto la atención. La portada consiste en un mosaico que representa un “rabo de nube”, es decir, un tornado, en un estilo naif. No eran esas las portadas que nos llamaban la atención a finales de los 80, cuando escuchábamos aquel disco, e incluso creo recordar en el cartón un tacto diferente, como más grueso. No era el embalaje exterior, por tanto, lo que me atraía del LP. Entenderéis que se tratan de simples recuerdos sensibles, nada más. Nada “real”. Sin embargo, hacen que para mi sea un disco diferente dentro de la carrera del cantautor.

Tampoco la canción protesta se encuentra entre mis géneros favoritos, ni por entonces. Las proclamas comunistas que en sus discos enarbola son bonitas a veces, pero otras bastante “viejunas”, aunque en aquellos 80 españoles supongo que sonarían a gloria. Pero luego tiene estas otras canciones cargadas de una esperanza más clásica, más duradera. La presento aquí como un segundo homenaje a los indignados e indignadas de España que esperamos la llegada de ese “rabo de nube” que sea “un barredor de tristeza, un aguacero en venganza que, cuando escampe, parezca nuestra esperanza”.

La letra es, sin duda, uno de los fuertes de esta canción. Como la buena poesía, es sencilla y está cargada de símbolos que podemos hacer nuestros. Porque todos queremos una vida mejor, que aparezca un tornado, se lleve lo feo y nos deje el “querube”. Es evidente la solución que Silvio Rodríguez plantea, amigo personal de Fidel Castro. Hoy día, en que las soluciones comunistas parecen agotadas, gran parte de su producción ha perdido frescura. Excepto un buen puñado de canciones, como ésta, en las que no se centra tanto en la problemática hispanoamericana y en las revoluciones que entonces tuvieron lugar. En ellas, simplemente, nos ofrece la posibilidad de soñar.

El texto es puesto en música con el estilo propio del autor. Una melodía que se nutre del folk americano que habían inaugurado Pete Seeger y, más tarde, Joan Baez o Bob Dylan. Aunque es posible encontrar en su trabajo rastros de la música de su país, no es precisamente lo que llamamos “música cubana”, es decir, el son, la salsa, el bolero, etc. Y esta canción es una muestra de lo lejos que se encuentra, a menudo, de esos géneros populares. El uso del arpa como único instrumento acompañante es prueba de ello.

De hecho, es algo que agradezco sobremanera. Este disco adolece de una producción bastante kistch por el uso de los sintetizadores moog y solina, del ya en decadencia hammond, y hasta de un “clavicembalo” que no sé si lo era de verdad o no, pero cuyo sonido barroco contrasta con el de la síntesis analógica de los anteriores. A esto añadimos la sempiterna guitarra del cubano y percusiones que no suelen estar bien integradas en el conjunto, que suenan bastante a mentira. Un disco que lleva mucho tiempo pidiendo un remake bien orquestado.

No es el caso de esta canción, que da título al álbum y que, como ya comenté, tan solo hace uso de un arpa. Es doblemente interesante la elección del instrumento. Por una parte, resulta muy práctico el uso de un instrumento de cuerda punteada y de características similares a la guitarra, con la que sin duda había creado el cantautor su acompañamiento. Por otra, el arpa crea un ambiente de ensoñación mucho más onírico que la guitarra: es mágica. Justo la magia que requiere una canción que nos habla de que otro mundo es posible. Un mundo en el que lo que nos jode, hablando mal y pronto, pueda convertirse en esperanza. Ese mundo que persiguen los acampados y que deseamos los indignados del 15M. Ponerle nombre y apellidos a “lo feo” y a “nuestra esperanza” es la cuestión que tantos debates ha abierto.

Un recuerdo especial para aquellos que han recibido los feos palos de la policía en Cataluña. Hoy transformados en esperanza.

Versiones en directo:

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29 mayo 2011 at 10:29 pm Deja un comentario

TRENO A LAS VÍCTIMAS DE HIROSHIMA – Krzysztof Penderecki


Para 52 instrumentos de cuerda. Compuesta en 1959.

Es muy difícil expresar el horror. No estoy diciendo asustar, sorprender o inquietar. Hablo de un auténtico relato del sufrimiento de una población azotada por un hecho horroroso. Y eso es lo que Penderecki extrae de cada uno de los sonidos de los instrumentos de cuerda frotada de los que hace uso: dolor, sufrimiento, llanto, … horror.

Todos nos hemos quedado impresionados por las imágenes que llegan de Japón. Un terremoto al límite de la escala Richter, el tsunami consecuente, los miles de muertos y desaparecidos, los centenares de miles de desplazados, las ciudades arrasadas, el peligro nuclear.

Hace menos de 6 meses caminábamos alegremente, Grace y yo, por Tokio, disfrutando de sus maravillas y de la bondad de su gente. Ahora demuestran hasta qué punto son civilizados (tal vez sea el pueblo más civilizado del mundo) con su comportamiento ante una catástrofe de esta magnitud. Su sentido del deber y su responsibilidad social hacen que los efectos colaterales (vandalismo, saqueos, violencia, multitudes que colapsan) sean mínimos, por no decir inexistentes. Ya nos pareció impresionante en su día. Ahora, nuestro asombro no tiene límites.

Ante esto, no podía dejar de hacer un homenaje a ese Japón, icono de civilización avanzada, que es tan duramente golpeado por el inmenso poder de la naturaleza, algo a lo que ni el país más preparado para los terremotos puede hacer frente. Por desgracia, los compositores japoneses no están entre los que más escucho, y lo poco que conozco no responde a lo que quería expresar. Así que he tenido que ir hasta Polonia para encontrarme con una pieza que narra otro acto de horror de su historia, con la diferencia de que, en aquella ocasión, fuimos los humanos quienes provocamos el sufrimiento de miles de personas. Se trata del atroz punto y final de la Segunda Guerra Mundial puesto por los estadounidenses al dejar caer sobre Hiroshima y Nagasaki sendas bombas nucleares.

Las estimaciones de la Radiation Effects Research Foundation consideran que las bombas habrían matado a unas 140.000 personas en Hiroshima y otras 80.000 en Nagasaki, muchas de las cuales murieron por envenenamiento por radiación. En ambas ciudades, la gran mayoría de las muertes fueron civiles.

Sería interesante hacer un balance acerca de cuántas películas, documentales, series, libros, noticias, nos repiten el holocausto nazi y el horror de los campos de concentración (que, por cierto, supusieron la muerte de entre 11 y 12 millones de personas), y de cuantas nos recuerdan que los Estados Unidos también optaron por el “exterminio”, como si la población de esas ciudades fueran simples piececitas de plástico en un juego de guerra.

Por fortuna, ningún otro gobiernante, ni el tirano dictador del país más belicoso de la tierra, ha empleado los mismos métodos inhumanos. Y pasan ya más de 50 años. Aunque el desarme nuclear sigue siendo una utopía deseada por casi todos, pero a expensas de unos cuantos que se niegan a soltar el poder que les otorga un simple botón. ¿Para cuándo los políticos se preocuparán por las personas?

Pero vayamos a la música. En esta obra de algo más de 8 minutos, un joven y desconocido Penderecki se abre paso por el mundo de la música contemporánea de su tiempo. Desde su primera audición, la obra causó un fuerte impacto en la audiencia. Ganó un simple tercer premio en Katowice, pero su repercusión fue importante y permitió al autor darse a conocer internacionalmente.

La obra está compuesta sobre las bases del serialismo, incluye técnicas de microtonalidad (cuartos de tono) , clusters y contrapunto de bloques sonoros, desarrollado fundamentalmente por Ligeti en obras posteriores como Atmospheres o Volumina. Y la escritura es casi siempre gráfica, es decir, no hace uso del pentagrama convencional. Este tipo de escritura empezó a usarse cuando los compositores pretendían un efecto sonoro concreto en el que la altura del sonido y la rítmica no tuviesen que ser precisas. A menudo se indica la técnica a emplear y la densidad aproximada de los sonidos, y es el director o el propio intérprete quien tiene que determinar el resto de parámetros. Es lo que John Cage había llamado, unos años antes, indeterminación.

 

Página de la partitura de "Treno"
Página de la partitura de “Treno”

 

Otra de las sorpresas que nos depara esta obra es el uso de técnicas instrumentales no convencionales, como tocar las cuerdas más allá del puente, o golpearlas literalmente con el talón del arco. Para mi, uno de los efectos más dramáticos tiene lugar cuando los chelos realizan una nube de breves glissandi que nos hace pensar que en una masa de personas que se arrastran lamentándose a gritos por un sufrimiento que no pueden expresar con palabras. Es este dramatismo tan efectivo el que sin duda hizo reconsiderar a Penderecki el título de la obra, que al principio llamó con un abstracto 8’37”. Esa triste moda de la época hubiera empobrecido una pieza que merece un lugar destacado en la historia de la música.

Tiene un “pero”, a mi parecer, esta obra. Se trata precisamente de su duración. O tal vez de su resolución final. Cuando escucho el “Treno” de Penderecki, me sumerjo en un recorrido emocional muy intenso, que desde sus primeros segundos de sonido te exige una alta implicación. La obra transcurre por diferentes pasajes que ofrecen distintos niveles de intensidad, pero que, en general, y como requiere el tema que trata, son siempre muy expresivos y significativos. Casi simbólicos. Para mi, esta intensidad requiere un mayor desarrollo: el oyente deja de escuchar cuando todavía no se ha resuelto nada, cuando aún está esperando el anticlimax.

No me parece intencionado, aunque es mi sensación, claro está. Pero si lo es, si Penderecki realmente pretendía dejarnos ese amargor en el espíritu, entonces la obra maestra alcanza los niveles de radiación al que se enfrentaron los pobres japoneses. El compositor escribiría en 1964 “Dejé en el treno expresada mi firme creencia de que el sacrificio de Hiroshima nunca será olvidado y abandonado.” Para que no lo olvidemos, os dejo su música.

26 marzo 2011 at 5:16 pm 2 comentarios

GALANG – M.I.A.


Del álbum Arular (XL Recordings, 2005)

Maya Arulpragasam es lo que podríamos llamar una mujer paradigmática de mi generación. Yo, como ella, soy de esa generación X que no tiene metas ni ideales, bombardeada por el ultraconsumismo, en un ambiente político corrupto, y que vive intensamente cambios tecnológicos como internet y sociales como la caída del muro de Berlín. No tenemos espectativas de futuro, somos apáticos, carecemos de interés por cambiar el mundo. Esto es lo que dicen por ahí.

Pero yo veo en M.I.A., quien para empezar se ha puesto el guerrillero alias de “Missing In Action”, otras cualidades. Dando una vuelta por internet me encuentro las mil y una censuras que ha sufrido tanto en su música como en los vídeos. Sí, la misma censura que la generación anterior de España, la que vivió el franquismo, sufría por parte del régimen. Sólo que ahora ese régimen es mundial y lo representan los grandes intereses multinacionales y políticos. ¿Y no hacemos nada? Pues es precisamente mi generación de la apatía la que se mueve con mayor fiereza contra esos estamentos. Bajo mi punto de vista, la anterior oleada juvenil, que vivió la rebeldía hippie, chocó efectivamente contra el sistema establecido en su adolescencia y juventud. Y sin embargo, son aquellos jóvenes rebeldes los ultraconservadores o puritanos de hoy en día. O simplemente neocapitalistas que superponen la cuestión económica a cualquier otro valor.

Es cierto que mi generación ha vivido una adolescencia neutra, marcada por un rock alternativo tipo burbuja, con mensajes más personales e introspectivos que sociales. Pero conforme hemos ido madurando nos hemos dando cuenta de qué es lo que queremos cambiar, y en lugar de vivir en paralelo a una sociedad “estandarizada” intentamos ir dando pequeños pasos en otras direcciones, gracias a herramientas como ésta, internet. De aquellos jóvenes autocomplacientes que fuimos han surgido hordas de ciudadanos inconformistas con el sistema que tratan de ir resquebrajando los pilares del sistema imperante. El Imperio Romano no fue destruido, se desgranó poco a poco.

Nuestra guerrillera de hoy hace uso de su verbo y su imagen para vender discos, eso es evidente. Un buen escándalo conviene a una campaña de promoción. Lo normal es utilizar el sexo para motivar mensajes de rechazo del ultraconservadurismo, aunque el hip-hop siempre se ha valido también de la violencia o el racismo. M.I.A. se mete en camisa de once varas: nos habla de las guerras que Occidente nos oculta (de ninguna en concreto y de todas) y también de una de las peores lacras sociales que vivimos, el control que ejercen los medios de comunicación sobre las masas, fomentada por la opinión, aún extendida, de que “si sale en la tele, será verdad”.

Es difícil meterse dentro de unas letras que sugieren más que atacan, y que hacen uso del habla londinense de la calle. En cualquier caso, alusiones concretas han hecho que Estados Unidos le niegue el visado, que Youtube retire su vídeo “Born free”, dirigido por Romain Gavras (por cierto, os recomiendo su visionado en Vimeo), que la MTV suprima letras incluso durante emisiones en directo… Ella mantiene la actitud de mi generación: mirar para adentro con frases tan románticas como “la creatividad es la única cosas que no me pueden quitar”. A mi lo que me interesa es hacia donde está focalizada esa creatividad de la que habla. Ya no abusamos del mundo interior como en los 80 y 90; ahora también es posible dar un par de pedradas a los totemizados políticos y empresarios.

Yo he ido notando ese cambio de actitud en mí mismo. La caída de los comunismos supuso para nosotros, que iniciabamos la veintena en aquel entonces, el mazazo definitivo a la única alternativa que generaciones anteriores nos ofrecían. También ha supuesto, ahora que todos entendemos que el capitalismo y la democracia son igual de inviables (o menos, si cabe), la necesidad de buscar nuevas vías. Pensaba que la única alternativa era la de mi admirado Underwasser, quien en plena fama como arquitecto y pensador se largó a vivir en las selvas de Nueva Zelanda, donde pasó sus últimos años alejado del sistema. Esa sería la alternativa hippie, precisamente.

Hoy puedo decir que confío en la posibilidad de una lucha interna y muda, disfrazada de conformismo, en lo que podríamos denominar un cancer del sistema. MIA se encuentra plenamente integrada en el sistema capitalista musical imperante, el mismo que pretende acabar con las descargas por internet o que magnifica la importancia del derecho de autor (que cuando es lucrativo, va a parar a las corporaciones, no nos equivoquemos). Ella disfruta del éxito artístico y económico que siempre han significado la adaptación a dicho sistema. Pero vende gracias a sus mensajes, a su carácter rebelde, de modo que encontramos cómo la industria musical “agredida” por estos mensajes (las cadenas de televisión y radio, las compañías discográficas, las políticas de estado sobre derechos de autor) está a favor de esta música, la que tiene éxito y vende, sobre todo si no implica un alto gasto de producción e implica magros ingresos. Esa es la paradoja que podría llevarnos a otro estadio en el mundo de la música actual.

No os he hablado sobre la música en si, sobre los sonidos ultracomprimidos de esa Roland MC-505 que domina el tema, ni sobre la forma tan personal y sugerente que tiene MIA de lanzar sus mensajes. Ni siquiera he comentado la más típico cuando se habla de ella, su infancia, el desarraigo, el padre guerrillero en Sri Lanka. Dejo para otra ocasión un comentario en ese sentido. Hoy me parecía más interesante filosofar en voz alta, con la música como excusa.

Un regalito para vuestros oídos: la versión que el Vijay Iyer Trio hace de esa canción. Pasada definitivamente la fiebre del Acid Jazz, proliferan este tipo de trios (piano, contrabajo y batería) haciendo covers de música pop, rock e incluso comercial actual. A mi me ha gustado esta, con una conclusión un tanto flojilla, pero un ritmazo tremendo.

19 febrero 2011 at 9:26 am Deja un comentario

LA BALA – Calle 13


Del álbum Entren  los que quieran (Sony BMG, 2010)

Podría parecer, viendo el vídeo (para nada oficial) que acompaña a esta ¿canción?, que tengo puestas pocas esperanzas en el año que comienza. Pero no ha sido esa la intención que me ha llevado a este tema. En realidad, y aunque os parezca extraño, el mensaje que recibo de este grupo lo entiendo más en positivo.

Sí, es cierto que la canción nos habla de cómo es una bala y de lo que hace. Pero estos portorriqueños le han dado un giro de 180º al gansta rap para, en lugar de loar las virtudes de las armas y de los que las empuñan, recordarnos que cuando una bala se ha disparado, su intención y con frecuencia su resultado es la muerte de una persona.

¿Es esto positivo? Obviamente no, pero sí lo es la conciencia social que crean grupos tan importantes como éste, ganadores de 10 Grammys y arrasando en América Latina. Además, lo hace un grupo de hip-hop hispano, de la música de la calle, por así decir, orientado al sector social que suele terminar siendo víctima de las armas y la violencia. Marionetas, en numerosas ocasiones, de otros.

De todos es conocida la fama del reggaetón (no sé si poner tilde a este “espanglicismo”) de machista, violento, racista, etc. Ha sido el estilo que ha provocado con mayor frecuencia en los último años el eterno comentario adulto de “la música que escuchan los chavales de hoy en día …” y cualquier barbaridad contra ella. Pero, si algo he aprendido con el tiempo, y gracias a escuchar música que recibía los mismos “halagos”, es que siempre hay una segunda lectura. Por ejemplo, a mi siempre me gustó el hecho de que estos músicos se hayan mantenido a menudo al margen de las grandes compañías, para quienes su estilo políticamente incorrecto llevaba la etiqueta de “no vendible”. Gran error, ya que mediante internet y el propio boca a boca, muchos de estos artistas se han extendido como la pólvora sin necesidad de grandes campañas publicitarias e inversiones millonarias en medios de comunicación. Es decir, han sido la música underground latina.

Eso sí, cuando las multinacionales se han enterado de que con esto se puede uno forrar, han pensado que no es tan importante el mensaje, y que el fin (Don Dinero) justifica los medios. Ya pasó con Eminem, dentro del hip-hop, y con tantos otros rockeros malditos de cuyas rarezas se podían exprimir jugosos éxitos comerciales. Asi que ahora estos “rebeldes” se mueven al compás del monstruo multinacional Sony BMG.

Pero vayamos a la parte musical. La base que utiliza Calle 13 debe de estar tomada de (o emula) la banda sonora de un Western, en una no tan sutil metáfora. Poco destacaría de ella, ya que lo importante cuando hablamos de rap es la letra y la forma de “dispararla”. Hace uso de un tempo lento, lo que hace que resalte más el texto y le da el carácter de esa bala que está “tranquila”, porque “sabe a dónde va”. Si bien observo algunas fallas en la inspiración, debo resaltar el mensaje de los estribillos, con la respuesta final en contratiempos: “pla pla pla pla”. ¡Me encanta la rítmica vocal de los MC!

Residente y Visitante (como se hacen llamar los integrantes del grupo), y pese a todo lo dicho acerca de la cuestión comercial, han estado implicados en multitud de controversias, especialmente por su ataque a políticos latinoamericanos de dudosa integridad. No soy lo que se dice un seguidor del rap hispano, pero aprecio esa actitud rebelde de la cultura hip-hop, y más aún cuando se trata de un grupo que ha obtenido el éxito masivo y que se permite seguir tocando temas polémicos. De hecho en este caso no les importa ser políticamente correctos ante una de las lacras que sufre el mundo hispano como es el de la violencia armada.

16 enero 2011 at 10:15 am Deja un comentario

THEY ARE THERE! – Charles Ives


Grabada en el Mary Howard Studio en New York City (1943). Basada en su canción “He is there!”, con diferente texto, de 1917.

Esta obra me la grabé de la radio (Radio Clásica, of course) de un concierto del Kronos Quartet. Estos amazing musicians pusieron la grabación original de Ives y sobre ella doblaron voces con las cuerdas, en una proyección sonora bastante lograda. Desde la primera escucha me enamoré de una canción que perfectamente le echa la pata al “God save de Queen” de los Sex Pistols. El tipo canta con la misma técnica de Johnny Rotten (o viceversa, claro está) y el piano es usado, con gran sabiduría, como si de un instrumento de percusión se tratase.

Es evidente que no es la calidad de la grabación lo que cautiva. Se trata, como podréis imaginar, de la emoción que transmite. Ives parece utilizar su música en esta pieza como arma arrojadiza contra la guerra, los políticos y los poderosos, es decir, según el autor los que hacen que no marche bien el mundo. Prácticamente estamos asistiendo a una batalla campal: Ives vs. lo malo del mundo.

Tendríamos que conocer algunos detalles de la biografía de este sorprendente autor americano para poder comprender su lucha. Para empezar, se ganó las habichuelas como agente de seguros. Sí, componía en sus ratos libres y tocaba el órgano para no sé que iglesia, pero nadie supo de su música hasta el final de su vida, cuando curiosamente hacían muchos años que se sentía ya incapaz de componer. Pese a pasar desapercibido para sus coetáneos, es considerado como uno de los padres de la música americana actual, ya que imprimió a la tradición musical europea un sabor nuevo que nos translada a los Estados Unidos con su despliegue de bandas de música de calle, ambientes urbanos, himnos religiosos, etc. Por otra parte, en su familia eran demócratas de toda la vida. Aquí empezamos a intuir que su obra no está exenta de una importante carga ideológica. Pero no era un demócrata al uso: fue más allá. Sus ideas resultaban muy radicales incluso para los demócratas de 1930, no digamos los de hoy día. Estaba a favor de un gobierno mundial para evitar las guerras (la League of Nations sería un primer paso), un límite a los sueldos anuales de los ejecutivos, un teléfono nacional de votación para cuestiones que más directamente afecten a la nación y la prohibición de que cualquier persona rica pudiera interferir en el gobierno. Curioso, ¿verdad?

Son muy bonitas las palabras, “hay que hacer esto”, “deberíamos luchar por aquello”. Él fue aún más alla y, para muestra, un botón. Cuando Lou Harrison estrenó en 1946 su 3ª sinfonía y, gracias a ello, Ives ganó el Pulitzer se deshizo del premio monetario (la mitad se lo dio a Harrison), diciendo que “los premios son para chiquillos, y yo ya estoy mayor”. Señor Charles Ives, cuénteme entre sus mayores admiradores.

Con todos estos datos podemos ya enfrentarnos a una letra cargada y dispuesta a disparar. Con respecto a la obra musical en sí comentaré que utiliza, como hizo frecuentemente, la forma de canción que nos recuerda a un himno patriótico. Sobre una melodía de este tipo, Ives situa un acompañamiento en el piano que resulta a veces muy tradicional, pero que de repente ataca con furia las bases armónicas convencionales. Destacaré el uso del cluster en los estribillos, que nos recuerda al fragor de la batalla. También es muy interesante los rubati que surgen aquí y allá para dar mayor emotividad al texto, como si de un lied se tratara. Charles Ives fue un compositor que hizo uso de la politonalidad con frecuencia, superponiendo melodías muy distintas en un collage sonoro. Aquí es evidente que utiliza todo tipo de tonalidades superpuestas, si bien en general hace más un uso de la armonía por su sonoridad.

El resultado es, para mi, demoledor. Os dejo la letra para que podáis disfrutar de este luchador incansable. ¡Tres hurras por Ives! Hip, hip, hooray…

THEY ARE THERE!

There’s a time in many a life
When it’s do, though facing death,
When our soldier boys
Will do their part that people can live
In a world where all will have a say.

They’re concious always of their country’s aim,
Which is liberty for all.

‘Hip, hip, hooray,’ you’ll hear them say,
As they go to the fighting front.

Brave boys are now in action!
They are there, they will help to free the world.

They are fighting for the right,
But when it comes to might,
They are there, they are there, they are there!
(You bet they’ll be!)

As the Allies beat up all the war hogs.
Our boys’ll be there, fighting hard,

And then the world will shout
the battle cry of freedom,

Tenting on a new campground,
Tenting tonight, tenting on a new campground,

For it’s rally round the flag of the People’s New Free World, shouting the battle cry of freedom!

When we’re through this cursed war,
All those dynamite-sneaking gougers,
Making slaves of men (God damn them),

Then let all the people rise
and stand together in brave, kind humanity.

Most wars are made by small, stupid,
selfish bossing groups,

While the People have no say,

But there’ll come a day,
Hip, hip, hooray,

When they’ll smash all dictators to the wall!

Let’s build a people’s world nation, hooray!
Every honest country free to live its own,
native life!

They will stand up for the right,
But when it comes to might,
They’ll be there, they’ll be there, they’ll be there!
(You bet they’ll be.)

Then the People, not just politicians,

Will rule their own lands and lives,
And you’ll hear the whole universe
Shouting the battle cry of freedom,

Tenting on a new campground,
Tenting tonight, tenting on a new campground,

For it’s rally round the flag
of the People’s New Free World,
Shouting the battle cry of freedom!

17 julio 2009 at 11:17 am Deja un comentario

WAR PIGS – Black Sabbath


Del álbum Paranoid (Vértigo, 1970)

Con el paso de los años se ha hecho patente la importancia que la banda británica tuvo en la formación del heavy metal y su influjo sobre grupos de la talla de Iron Maiden o Judas Priest. Al ritmo pesado y potente que los coetáneos Led Zeppelin o Deep Purple estaban trabajando, Black Sabbath añadieron sonidos oscuros y textos apocalípticos que configurarían lo que hoy se conoce como doom metal.

Escuchando War pigs, alegato contra la guerra de Vietnam, no puedo evitar pensar en cómo todos los géneros clásicos estaban evolucionando a finales de los 60 y principios de los 70 en multitud de variantes: psicodelia, rock duro, rock progresivo, heavy, glam. Y como, sin embargo, todos mantienen características muy similares. Esta canción es clara deudora del blues más sureño de los EEUU, construyendo su melodía vocal sobre la escala modal pentatónica propia del género. La aportación de la época la encontramos en los cambios de ritmos y en la acentuación del ritmo pesado (que podría recordar, igualmente, al cansino ritmo del blues). La guitarra conserva riffs de un rock más clásico, y los solos son comparables con los de la psicodelia estadounidense, y la batería llega a construir ritmos muy en este estilo.

Fijémonos en el arranque vocal: los instrumentos marcan con potencia un acorde enmarcando la voz de Ozzy Osbourne, que canta la estrofa en un prolongado silencio instrumental. Aún estamos lejos de los alardes sinfónicos de discos posteriores y del acercamiento a lo acústico en baladas de dudoso gusto. Se trata de la energía sintetizada en la voz y la actitud de Ozzy, en la saturación de guitarra y bajo, y en una gran batería que empieza a requerir para su montaje el trabajo de un ingeniero. Es el nacimiento de un género.

5 junio 2009 at 2:02 pm Deja un comentario


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