Posts filed under ‘Blues’

BLUEBERRY HILL – Fats Domino


Escrita por Vincent Rose con letra de Al Lewis y Larry Stock. Del Álbum This is Fats (Imperial Records, 1956).

Es este uno de los ejemplos de producción de mediados del siglo XX del mismo tipo que ya comenté en otras entradas. Compositor y letrista hacen una canción que graban multitud de cantantes y grupos incitados por los productores de diferentes compañías. Tan sólo en 1940, año de composición del tema, se grabó seis veces, entre las que se encuentra la versión de Glenn Miller. En el 49 la grabaría también Louis Armstrong, pero no se convertiría en un éxito internacional hasta la grabación de Fats Domino en el 56. La wikipedia, en una selección de versiones grabadas, nos muestra 36, lo que nos da una idea del éxito que tuvo y que sigue teniendo esta balada.

Podemos entender que en esta industria musical las leyes relativas a la propiedad intelectual tuvieran tanta importancia. Un compositor y dos letristas crean una canción que supone un éxito, no para un cantante, sino para muchos de ellos, y también quieren tener su trocito del pastel. Desde el momento en que The Beatles imponen el concepto de grupo-autor, compositores e intérpretes recaen sobre la misma(s) persona(s). Y además, los derechos de autor pasan a ser mercadería capitalista que pasa de mano en mano; una inversión que trata de rentabilizarse forzando el éxito de las canciones. Muy chungo.

Pero volvamos a esta gran canción. Yo la conocí a través del libro “1001 discos que hay que escuchar antes de morir”, que por cierto recomiendo. Nos dice dicho texto que la canción fue difícil de grabar. No aparecían las partituras, Fats se equivocaba continuamente con la letra y al final tuvieron que hacer un corta y pega. No es la sensación que da cuando se escucha. La naturalidad con la que Domino canta, con esa cadencia tan negra que hace que todo resulte rítmico y tranquilo a la vez, no hace intuir que le supusiera un problema. Y esa es precisamente la característica que hace que se destaque dentro del disco. Su tempo medio que avanza con decisión pero sin prisas. Eso y el giro armónico que da el tema y que hace que se salga de los patrones del blues y el boogie-woogie.

Es un placer repasar las diferentes versiones de esta canción, descubriendo las aportaciones de unos y de otros. Yo os he seleccionado unas cuantas que me parecen interesantes:

La versión del disco de Fats Domino nombrado aquí:

Versión del propio Fats bastantes años después y en directo. Me encanta el aplomo y el sonido mate de su voz:

Glenn Miller y su big band nos ofrece una grabación del mismo año de composición, 1940. Un sonido mucho más dulce, incluso en la voz:

Versión del incombustible Armstrong con su personalísima voz:

Impresionante grabación en directo de Nat ‘King’ Cole con un Billy Preston niño. No tiene desperdicio:

No he podido evitar poner esta patraña. Celine Dion y un tal Johnny Hallyday hacían esta versión carente de todas las cualidades de las que he hablado. Él no aporta nada y ella se pierde entre tanto adorno. Después de escucharla, volved a la primera y recrearos en la sencillez y naturalidad del “graso” Domino :D

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24 octubre 2010 at 8:58 pm 3 comentarios

SUBTERRANEAN HOMESICK BLUES – Bob Dylan


Del álbum Bringing it all back home (Columbia, 1965)

Eso de tener muy muy cerca a una mujer que, no sólo trabaja en el mundo audiovisual, sino que además lo adora me produce otra mirada sobre las realizaciones comerciales que vienen produciéndose desde hace varias décadas. Me refiero, por supuesto, al fenómeno del videoclip, del que he tenido amplia información recientemente :D

Si echais un vistazo a la red en busca del “primer videoclip de la historia” veréis como la gente no puede dejar de poner en juego sus preferencias musicales para hablar de The Beatles, de Queen, de The Buggles, de ABBA, o de este temazo de Bob Dylan, que ya en el 65 tuvo lo que formalmente podríamos llamar un vídeo musical. Seguro que no hay un pistoletazo de salida, excepto, quizás, el de la MTV americana emitiendo videoclips durante todo el día. Pero esto sería a partir de 1981, 16 años más tarde.

Se trataba, en realidad, de un fragmento de un documental de D.A. Pennebaker titulado “Don’t look back” sobre la gira de Dylan por Inglaterra. La idea es sencilla pero efectiva: Bob Dylan va mostrando tarjetas con fragmentos de la letra y las va desechando conforme se escuchan en la canción. Hay, de hecho, errores intencionados, como cuando la letra dice “eleven dollar bills” y el cartel muestra “20 dollar bills”. El vídeo se grabó en un callejón detrás del Hotel Savoy de Londres, y en la parte de atrás podemos ver un cameo del poeta Allen Ginsberg junto a Neuwirth.

Este “videoclip” ancestral podría no pasar de ser una curiosidad para libro de biblioteca universitaria y alguna que otra tesis de no ser por la canción que preside el vídeo y, porqué no decirlo, el enorme disco que contiene dicho tema. Estamos hablando de un disco que dio un giro de 180 grados a la trayectoria de Dylan y que está considerado como el origen del folk-rock. Al señor Zimmerman no se le ocurrió otra cosa que alejarse de la canción protesta, que había sido su línea hasta este momento, para adentrarse en terrenos más personales y de letras más retorcidas. Si a esto le sumamos que la cara A del vinilo original fue grabada con un grupo de rock’n’roll, ya tenemos la polémica servida en bandeja de plata.

Con esta canción lograría Dylan su primer Top 40 en los EEUU y Top 10 en UK. Según la revista digital “Uncut”, esta canción supone la amalgama a tres bandas del estilo del poeta beat Jack Kerouac, la canción de Woody Guthrie y Pete Seeger “Taking it easy” (‘mom was in the kitchen preparing to eat / sis was in the pantry looking for some yeast’) y el estilo rock’n’roll del “Too Much Monkey Business” de Chuck Berry. Y, escuchando los cortes, no lo yo veo muy descaminado. Pero, ya sabéis, en Bob Dylan se vuelve todo Bob Dylan, especialmente por su manera de cantar la poesía, de devolver a la música lo que siempre fue suyo, el texto melódico y rítmico, la mousike griega.

Por cierto, la letra en inglés y español pinchando aquí.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=2-xIulyVsG8%5D

Como regalito, una curiosa parodia que realizó el humorista americano “Weird Al” Yankovic. La letra está realizada completamente con palíndromos.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=Nej4xJe4Tdg%5D

11 febrero 2010 at 6:39 pm Deja un comentario

I GOT A WOMAN – Elvis Presley


Del álbum Elvis Presley (RCA Victor, 1956)

Hoy cumpliría 75 años el “Rey del Rock”. Los cumpliría si una mezcla letal de medicamentos/drogas no hubiese acabado con su vida a los 42 (versión oficial). Así que una manada de fans e imitadores se ha lanzado a la calle y, sobre todo, a los medios para celebrar a su modo tan magno evento. Yo prefiero un “blogmenaje” más privado, dentro de lo mediática y pública que es también la web 2.0.

Y para ello he elegido, como no podía ser de otro modo, un tema de su álbum de debut, considerado como uno de los mejores, no ya de su carrera, sino de la historia del rock. Un disco que aparece cuando Elvis ya había conseguido su primer número uno (¡de 18!), “Heartbreak Hotel”, y que fusiona los estilos que harían tan importante este momento histórico: rhythm & blues y country, que darían lugar al rockabilly y al rock ‘n’ roll.

En realidad “I got a woman” es puro rhythm and blues de la pluma del gran Ray Charles. El chico sureño canta… ¡música de negros! Y no era el único escándalo social que provocaba. También se producía una revolución (sexual) en su famosa pelvis, hasta el punto de limitar sus planos en televisión al torso, de cintura para arriba.

No es vana la referencia extramusical. La importancia que tiene Elvis está muy relacionada con su actitud descarada, con su extraña forma de moverse que escandalizaba a puritanos y conservadores, y por supuesto con el hecho de cantar una música inapropiada para un blanco del sur y menos aún para los tiernos oídos adolescentes de toda una generación de clase media. Y es que con su anterior discográfica había grabado principalmente country (más apropiado, claro), pero el nuevo ritmo (y blues) estaba pegando fuerte. Y Elvis lo bordaba.

No me olvido de su tremenda voz de barítono y los giros vocales que tanta personalidad confieren a su interpretación. Como instrumentista nada que decir: la guitarra es más un adorno en sus actuaciones, un elemento más del espectáculo. Pero lo fundamental es cómo representa con su cuerpo la música que interpreta, cómo logra dar intensidad, (enloqueciendo a las masas de fans) o crear momentos de calma tensa simplemente con su actitud. Llena el escenario.

A continuación, algunas muestras:

Directo de 1956 en el que vemos a Elvis en plena faena. Impresionante el control de intensidades. Atención al plano frontal: no baja de la cintura.
[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=InF7oA_XyTk%5D
Muestra de que lo que hacía El Rey no es tan fácil: triste actuación de Michael St. Gerard en el papel de Elvis Presley; canta Ronnie McDowell.
[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=DFtmpyrvP7U%5D
Un Elvis más entradito en carnes del año 72. Aunque han pasado 16 añazos, su energía no ha disminuido y sigue llenando el escenario. Observad cómo controla cada momento de la música con simples gestos a un lado y a otro. Intrusión final del “Amen” gospel.
[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=SLFI2qkjdMI%5D
Versión del disco. Me encanta la reverb de estudio y el piano en segundo (o tercer) plano.
[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=txeZ2tRKyfk%5D
Cómo no, la original de Ray Charles, otro monstruo del rock. En la comparación apreciamos las diferencias; recuerdos del swing y las big band y la impresionante voz negra de Ray, considerado creador del soul.
[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=Mrd14PxaUco%5D

8 enero 2010 at 10:19 pm 1 comentario

MY GENERATION – The Who


Interpretado en directo el 16 de agosto de 1969 en el Festival de Woodstock. Aparece en su primer álbum de estudio My generation (Brunswick, 1965), cuya edición estadounidense se llamó The Who sings My generation (Decca, 1965).

Hacía unos meses que habían publicado su cuarto álbum de estudio, Tommy, que contiene la que está considerada primera ópera rock de la historia, y llegaban a los Estados Unidos tras un largo historial de éxitos (y escándalos). Eran plato fuerte de Woodstock: tocaron a las 3 de la mañana del sábado e interpretaron 24 canciones, muchas más que todos los demás artistas. Lanzaban mensajes “generacionales” del tipo “Hope I die before I get old”, otra pose de los 60 que en algunos casos sería premonitoria (y en Woodstock tenemos varios ejemplos). El público se encontraba, en definitiva, ante estrellas del rock.

Es curioso como este mítico grupo ha sobrevivido más en los libros y artículos varios que en la realidad de las emisoras, las ventas de discos o las descargas. Cuando sacan el enésimo recopilatorio de The Beatles (¡ahora con nuevas tomas en la ducha de Lennon! XP) los londinenses apenas tienen cabida en programaciones de radio o televisión. Es uno de esos grupos que colaboró en la evolución de la historia del rock (y de la música) aunque su propia obra apenas logre superar a “su generación”.

En realidad, más que curioso es paradójico, y sin embargo frecuente. Muchos de los músicos clave en su época, que han supuesto un giro o una importante evolución para la música, han tenido una producción musical que apenas ha logrado sobrevivir a sus contemporáneos (es paradigmático el ruidismo de comienzos del siglo XX). Mi teoría es que la experimentación en el arte tiene ese precio: hacer una música que nunca se ha hecho significa que todavía no es posible perfeccionarla, y que serán músicos o autores posteriores quienes llevarán el nuevo género a su época “dorada”. De este modo, The Who han tenido que ver con la psicodelia, con la ópera rock, con los álbumes conceptuales, con el hard rock o con el rock progresivo, e incluso hay quien ve una actitud proto-punk. Sin embargo, ni siquiera Tommy o Quadrophenia han pasado de ser hitos históricos que pocos chavales podrán conocer hoy en día y cuyas historias están muy desconectadas del público actual.

Pero estábamos en 1969, como decía, Pete Townshend presenta el tema vestido de mono blanco (inevitable pensar en La naranja mecánica), Roger Daltrey vestía una chaqueta con flecos muy “western” (¿a lo Morrison o viceversa?), vuelta de tuerca a la conocida “invasión británica” que habían vivido los EEUU unos años antes, el grupo se movía en los escenarios con la soltura que les confería su condición de estrellas del rock.

El sonido de “My generation”, que en lo básico responde a un rhythm and blues, es crudo. Duros silencios, en los que Daltrey parece tartamudear, preceden a la chirriante guitarra de Townshend, batería y bajo parecen preludiar el lo-fi más casero y al final del tema, golpes de guitarra incluidos, casi nos sitúan en el radio de acción de los Sex Pistols o del no wave. Entre estos alardes de agresividad que dan comienzo y finalizan su actuación, The Who nos deleita con un momento mucho más blues (ilustrado con hermosas imágenes de hippies danzando en éxtasis al contraluz del amanecer), de corte instrumental y ritmo ternario. Era su nueva forma de construir piezas, mediante fragmentos que se superponían y configuraban un hilo musical de mayor dimensión, y que estaba dando sus frutos en las primeras óperas rock y álbumes conceptuales.

El sonido y la actitud de The Who impactó a los jóvenes de la segunda mitad de los sesenta -todavía daría para algo más en los 70-, pero sobre todo serviría de referencia para muchos otros grupos y otras generaciones. ¡Rock’n’roll!

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=cH9IgJZCx4c%5D

12 septiembre 2009 at 7:26 am 4 comentarios

SOUL SACRIFICE – Santana


Interpretado en directo el 16 de agosto de 1969 en el Festival de Woodstock. Aparece en el álbum de estudio Santana (Columbia Records, 1969).

Tan sólo unos meses antes Santana había grabado un álbum homónimo, el primero de su carrera, y aún no había sido lanzado. Llegan por tanto a Woodstock al mediodía de la segunda jornada, digamos que en plan calentar al público para los tochos que vendrían a la tarde-noche (Janis Joplin, Sly & The Family Stone, The Who… no digo na). Se trataba de un grupo de chavales que apenas llegaban a los 20 años y eran pura energía. Justo lo que un público que empezaba a animarse necesitaba, y justo lo que podemos apreciar en el montaje que se nos legó del evento.

Carlos Santana y su grupo llegaban a Woodstock con una fusión entre blues-jazz-rock y música latina (si me permitís las categorías). Para ello contaban con el grupo convencional de psicodelia de la época (guitarra eléctrica, bajo, teclado y batería) más la percusión latina (en este caso se ven en escena congas, bongós y timbales, aunque luego, como veremos, habrá más) que siempre aporta su punto étnico. Tocaron “Soul sacrifice” para terminar, aunque añadirían, ante el clamor de la gente, un bis. La elección del tema no era gratuita. La energía que desprende sus ritmos obsesivos, la repetición constante del bajo y la ácida guitarra de Carlos irán incendiando al público durante nueve minutos en un crescendo de intensidad emocional (que no sonora) verdaderamente admirable. La idea es simple, lo difícil es mantener durante tanto tiempo la intensidad. Para ello harán uso de un recurso muy jazzístico y que el jazz-rock y el blues-rock explotarían hasta la saciedad: las improvisaciones a solo. Y hay que tener mucho que decir con tu instrumento para continuar “souleando” cuando los demás lo han dado todo.

Para empezar se presenta el tema en la guitarra. A partir del segundo minuto nos quedamos con la sección rítmica, es decir, bajo, batería y percusión, trincando el teclista unas maracas y Carlos Santana un cencerro, para acentuar el rollo percusión latina. Y tras un minuto de percusión, reducimos aún más, comenzando el famoso solo de batería que se marcó un Michael Shrieve de 19 añazos y que va recorriendo cada parte del instrumento con el pulso constante del pie de charles, muy a la usanza del jazz tradicional (por cierto, coge las baquetas también a la antigua, con la izquierda cruzada). Tras una buena dosis de “tribalización” y la marca correspondiente regresamos al solo de guitarra de Santana. Para mi gusto no le quedó de dulce, pero me agrada la forma que tiene de tomar ideas de su país natal (México, para más datos) y fusionarlas con las escalas de blues e improvisaciones jazzísticas. En breve dará paso al teclista quien, con descompuesto rostro, realizará un solo comedido pero enérgico, que irá cargándose de notas para llevar el tema al éxtasis. Es el momento de retomar la idea inicial, una simple secuencia de tres acordes sobre la escala pentatónica de blues -nótese que es el mayor movimiento armónico que se produce en todo este tiempo. Y, como broche final, una fantástica coda, tras un tenso silencio remarcado en el vídeo con un “negro”. Me encanta cómo han trabajado este final en el grupo, cómo inciden nuevamente en el centro tonal (a la manera clásica) y la fuerza con precisión que demuestran. El montaje aquí, como en el resto de la actuación, está muy acertado, marcando los tiempos fuertes con planos de un público totalmente entregado al grupo y, debo suponer, al cannabis y otras sustancias alucinógenas, con tío en pelotas incluido. Muy Woodstock.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=XnamP4-M9ko%5D

13 julio 2009 at 3:47 pm Deja un comentario

BLACK SNAKE MOAN – Blind Lemon Jefferson


Grabación realizada entre 1926 y 1929 para la Paramount Records.

Este personaje se hizo relativamente popular en los años 20 (murió en el 29, apenas mediada la treintena) por su extraña forma de tocar blues rural. Y lo fue (popular) si pensamos que un artista negro haciendo música negra sureña en los EEUU de entonces tenía muchas opciones para realizar una grabación discográfica, y él realizó bastantes en sus últimos años de vida.

Parece ser que era imaginativo con las letras y que desarrolló la técnica de la guitarra de blues, si bien los bluesmen del Mississippi lo acusaron de “romper el rítmo” y de tocar música que no era bailable. El motivo: a ver quien tiene narices de marcar el pulso en esta pieza. Lo cierto es que funcionó, que muchos músicos de la época trataron de imitarle y que tuvo éxito comercial. En esta, su canción más conocida, la guitarra es interpretada como suele hacerse en el delta del Mississippi, con un acompañamiento a modo de bajo en las cuerdas graves, encargadas de marcar tiempos fuertes, y acordes sencillos en las cuerdas agudas que responden al anterior, a veces con notas añadidas o extrañas dentro de la escala pentatónica de blues. La protesta de sus coetáneos viene justificada por el hecho de que, con este acompañamiento, Blind Lemon Jefferson no creaba compases a la manera tradicional, sino que se salía, a su gusto o al del azar, de los patrones convencionales. A esto tenemos que añadirle los breves fragmentos melódicos en las cuerdas agudas, a modo de interludios entre letras, enlaces o remates de frase.

De que era una personalidad muy especial y tenía un curioso feeling para la música da sobrada muestra este tema. De hecho, el jazz y el blues nacen con la característica rítmica llamada “off-beat” (fuera de pulso), que significa que la melodía parece un poco descuadrada con respecto al ritmo. Esta cualidad la siguió manteniendo muy en especial la música negra, y actualmente es fácil escucharla en piezas contemporáneas de R&B. En el caso que hoy nos ocupa, no sólo estamos hablando de un “off-beat” sino de algo más acentuado y personal.

Saliéndonos ya de la cuestión rítmica, hay una característica de este blues que me fascina. Como todos ya sabemos, el blues nace de un sentimiento propio de la población negra americana que arraiga en sus tradiciones africanas y en los cantos de “call and response” que realizaban. Esto es, a menudo, difícil de apreciar, ya que la música tradicional africana suele estar acompañada de instrumentos muy diferentes de los que los afroamericanos utilizaron en el nuevo continente: guitarra, piano, corneta, etc. Sin embargo, en este caso escuchamos un canto que bien podría desarrollarse en el áfrica negra. Tan sólo tenemos que imaginarlo acompañado de yembés y otros instrumentos de percusión, ¿no os parece?

Para una audición comparada, banda sonora de la película Black Snake Moan. En este caso desaparecen las características propias del músico sureño de los años 20. El montaje es la peste y hay que aguantar una parrafada inicial, pero es lo que he encontrado que no sea el trailer. “Sorry me”.

9 julio 2009 at 7:51 am 2 comentarios

FIRE – Jimi Hendrix


Interpretado en directo en el Festival de Woodstock, 1969. Grabada en estudio para el álbum Are you experienced? de The Jimi Hendrix Experience (MCA Records, 1967).

A mediados de agosto de este año, muy próximo a mi cumple, se conmemorarán los 40 años desde que se realizó el más famoso festival de música juvenil de la historia, en pleno “flower power“. Woodstock reunió a medio millón de chavales ávidos de música y diversión (especialmente centrada en drogas y sexo). Cuando se ven imágenes del evento se ponen los pelos de punta. Una marea humana cubría los terrenos de la granja de Max Yasgur en Bethel (estado de Nueva York). Por este entorno rural fueron desfilando algunos de los más importantes músicos y grupos de la época, y que poco a poco iré desgranando en sucesivos posts. Un homenaje más que merecido a todo un símbolo contra la guerra.

Y para abrir, el icono que cerró el festival. A Jimi le quedaba poco más de un año de vida y su repercusión era ya inmensa. Hacía poco que se había disuelto su The Jimi Hendrix Experience debido fundamentalmente a las extravagancias del guitarrista, con su anárquico perfeccionismo en el trabajo (difícil y extraña combinación). Y allí se presentó con un nuevo grupo, que el speaker presentaba como “The Jimi Hendrix Experience” y el propio Hendrix corregía y renombraba como “Gipsy Sun and Rainbows”. Es significativo.

Su actuación había sido programada para el final del festival, a petición (o tal vez debería decir “por exigencia”) del propio Hendrix. Esto le perjudicó sobremanera, ya que su aparición, pensada para la mitad de la noche del 18 de agosto, tuvo que retrasarse hasta las 9 de la mañana del día siguiente por la multitud de problemas técnicos, logísticos e incluso climáticos (es lo que tiene hacer un festival en Nueva York: en algún momento lloverá XP). El público, después de varias noches intensas, se fue retirando y los que aguantaron escucharon con escasa atención las dos horitas que se pegó el virtuoso guitarrista encima del escenario. Supongo que más de uno/a se habrá arrepentido luego de largarse del sitio, pero me imagino que el personal estaría muerto. Todos estos factores extramusicales son importantes, y lo más interesante es que quedan reflejados en la grabación que vamos a ver.

¿Y porqué, dentro del potentísimo repertorio que interpretó Hendrix en Woodstock, he elegido “Fire”? Los motivos son los siguientes:

1º) Me gusta. Nos remite al sonido que le llevó a la fama, con canciones de tradición pop de 3 ó 4 minutos.

2º) La calidad que demuestra Hendrix a la guitarra es abrumadora. Aquí no hace alarde de las extravagancias que tan famoso le hicieron (tocar con los dientes, tras la espalda, etc…). Se limita a tocar como él sabe un tema que suena a R&B clásico, sin más.

3º) Sí, nos remite a la tradición del blues, pero sigue siendo un Hendrix embelesado por la música psicodélica, y por tanto por los recovecos armónicos y formales que el estilo aportó al rock. Aquí lo encontramos presente en una rápida batería conforme al género y en momentos de la guitarra que a duras penas puede seguir el pobre bajista.

4º) Se ve bien y suena bien. Todo un logro para Youtube.

5º) Es un directo que nos cuenta mucho más de lo que supone una simple interpretación de un tema. En concreto, fijaos como a mitad del primero de los solos de guitarra hace indicaciones al bajista de lo que va a hacer (en este caso con respuesta positiva), poco después repite los gestos (en este caso con escaso éxito y gran desagrado del genio), a partir de ahí, hasta al batería se le notan síntomas de nerviosismo (por lo que escucho), a Hendrix se le va la olla y no pulsa el pedal adecuado en el momento oportuno (por lo que veo). Y lo que es más destacable, la mirada final de “joder, vaya mierda”.

Así es, Hendrix no quedaba satisfecho. Y me encanta tener la oportunidad de sentir de alguna forma la humanidad de un auténtico monstruo de la música. Y creo que estos detalles hacen a un directo tan grande como el más perfecto de los discos de estudio. Y me pregunto ¿cómo habría sonado si le hubiera gustado? Y me siento a esperar vuestras opiniones escuchando lo último de Jay Jay Johanson (Pse…).

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=qQRUcybOjOM%5D

1 julio 2009 at 3:21 pm Deja un comentario

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