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UNTITLED #220 – Francisco López


Del álbum Untitled (Baskaru, 2009). Grabado entre 1996 y 2009 en San Jose (Costa Rica), Colonia (Alemania), Montreal (Canadá), Lake Mamori (Brasil), Riga (Latvia), Namtib y Cape Cross (Namibia), y Calakmul (México).

Precisamente ayer hablábamos en Estudios Sputnik de los nuevos medios de difusión musical, del abandono del formato físico y de como el streaming ha invadido la industria de la música. Desde Spotify hasta Youtube pasando por cualquiera de las redes sociales, el streaming es la forma más habitual de escuchar música en la red. Esto nos permite descubrir (si lo deseamos) nuevos estilos y géneros que tal vez, de no existir internet, no conoceríamos. Sin embargo, seamos sinceros: es la peor de las escuchas que podemos realizar, al menos de momento. A menudo nos estamos perdiendo gran parte de la riqueza musical de un artista por culpa de la mala calidad de los vídeos o reproducciones, obligadas a respetar el ancho de banda convencional.

Pero hay ocasiones en las que ningún sistema de reproducción de grabaciones sonoras nos acercará a la verdadera dimensión de un artista. Tan sólo la experiencia del directo nos permitirá darnos cuenta de todos matices que encierra. Esto es así, a mi juicio, en gran parte de la música de vanguardia, especialmente de la electrónica. Los equipos domésticos no son capaces de reproducir unas músicas que experimentan con los límites de la audición humana, tanto en frecuencias como en dinámicas o timbres. Es el caso de Francisco López.

Y sí, nos hemos acostumbrado al rinconcito del ordenador, o al portátil tirados en el sofá, o al reproductor de mp3 cuando voy por la calle. La pereza, la economía, la indecisión, el frío, el calor, … todos encontramos mil excusas para no acercarnos a los artistas en su terreno. Se me pide desde Blogueros de Sevilla, y lo hago gustoso por la implicación que tiene para el mundo musical que me rodea, que os informe sobre la nueva aplicación que el ICAS lanza para plataformas con sistemas operativos iOS y Android, con la agenda cultural de los espacios que gestiona y con las opciones habituales en una red social (favoritos, votos, eventos destacados, suscripción, geolocalización y realidad aumentada, etc). Que entre nuestras excusas no esté, al menos, la desinformación de la que se quejaba Guillermo McGill hace tan sólo unos días.

    

Esta APP se centra en los espacios del ICAS: Teatro Lope de Vega, Teatro Alameda, Espacio Santa Clara, Centro de las Artes de Sevilla, Casino de la Exposición, Antiquarium, Archivo, Hemeroteca y Publicaciones o la Red Municipal de Bibliotecas. Pero no se limita a estos espacios, sino que tenemos más o menos disponible la oferta cultural de la ciudad. Le estoy echando un vistazo y me salen, por ejemplo, La Fundición, La Caja Negra, el Hospital de los Venerables o el Pabellón de la Navegación. Y lo más importante: está disponible gratuitamente en la Apple Store o en la Play Store de Google.

Así que seamos sinceros. En muchas ocasiones no hemos ido ni iremos a tal o cual concierto porque no nos ha dado la gana. Yo el primero, claro. Pero cuando pienso la cantidad de magnificos conciertos que hemos disfrutado tan sólo unos pocos espectadores y, lo que es más grande, GRATIS, me parece mentira. Que es básicamente lo que me pasó en 2005, cuando vi en directo a Francisco López en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, concretamente en la iglesia del Monasterio de la Cartuja, sede del CAAS. Entonces no había APPs que nos informaran de lugar, hora, artista, etc. Supongo que lo vería en el Giraldillo o lo escucharía en mi queridísimo Ars Sonora que por entonces presentaba en Radio Clásica José Iges. Y debo decir que sentir la música del señor López en directo me marcó profundamente.

Este intérprete-compositor está más reconocido internacionalmente que en casa. Sus colaboraciones a lo largo del mundo le han dado un nombrecito, si bien tampoco estamos hablando de una personalidad en el mundo de la música. Creo que en ello influye el género que ha elegido, el paisaje sonoro realizado con materiales grabados y sin tratamiento informático. El arte sonoro en general no tiene una aceptación masiva, ya que requiere más atención de la que estamos dispuestos a prestarle a los sonidos. Termina pareciendo un ruido constante que nos resulta indiferente. Y cuando la experimentación está llevada a los límites de lo audible, como sucede en este caso, puede ser que hasta nos moleste.

¿Cómo logra López centrar a su audiencia? Con las luces apagadas, las sillas giradas en dirección contraria a sus aparatos variados, su presencia oculta por unas telas y repartiendo vendas que nos tapen los ojos. Ver a un tipo manejando un portátil y algún cacharrito debe ser lo más aburrido que he visto en una sala de conciertos, y en la pasada década lo he visto demasiadas veces.

Aquí nos lo cuenta el propio Francisco López:

No tengo ni idea de lo que escuché aquel viernes 27 de Mayo. El espectáculo se llamaba Belle confusion, pero sus piezas suelen recibir el abstracto título de “Untitled #n“, siendo n un número cualquiera. Al final del concierto le compré (a él mismo) un CD que no contenía la música que había interpretado, según sus propias palabras, y me fui a mi casa medio hipnotizado.

No tengo ni idea de lo que escuché, pero podría ser cualquiera de sus Untitled. Lo importante es COMO lo escuché. Al perder las referencias visuales, la audición se intensifica (Curiosidad: Jordi tiene en el estudio un antifaz para taparse los ojos cuando está mezclando y en un mastering). Esto mismo lo podría hacer en casita, con unos buenos auriculares como los que me regaló Grace en mi último cumple. Pero no, porque los potentes altavoces que orientaban el sonido en nuestras espaldas, la reverberación de la propia iglesia y la experiencia del sonido en un momento concreto hacía que aquella hora de denso ruidismo tuviese sentido. Recuerdo con especial intensidad un momento hacia el final en que el volumen crecía hasta el límite de los soportable y el amontonamiento de objetos sonoros devenía infinito. En esos instantes pude sentir físicamente el sonido. La fuerza de las ondas golpeaba mi espalda y me atravesaba en profano éxtasis.

El directo es lo que tiene, nos deja el recuerdo de lo que vivimos y ya nunca volverá a ser. No olvidemos que la música es un arte fugaz, como la vida misma.

Os dejo con su Untitled #220, tal vez el que más apropiado me ha parecido para una escucha en streaming. Este paisaje sonoro comienza con una polifonía de reconocibles sonidos mundanos para introducirse directamente en el sueño, un camino infinito que nos lleva a los oscuros paisajes de Francisco López.

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4 noviembre 2012 at 12:39 pm 2 comentarios

PRAETER RERUM SERIEM – Josquin Desprez


Motete a seis voces. Publicado por primera vez en 1519.

A comienzos de la pasada década nos reunimos un grupo de amigos y músicos interesados por la música antigua y por la contemporánea a partes iguales. Queríamos adentrarnos en el mundo de la música vocal actual, pero también dotar al grupo de una base sólida de técnica y afinación. Así, decidimos interpretar este exigente motete a seis, con objeto de trabajar una música cuya antigüedad de cinco siglos y complejidad tardomedieval nos ponía en disposición para afrontar piezas contemporáneas con importantes disonancias y texturas más complejas si cabe.

Hoy en día comprendo que la decisión fue acertada. De ese núcleo nació proyectoeLe, que sigue interpretando (ya sin mi colaboración) piezas notablemente complejas a un nivel técnico y estético fantásticos. Praeter rerum seriem (Más allá del orden de las cosas) nos proporcionaba el estímulo emotivo suficiente para trabajar en algo que, entonces, nos resultaba bastante complicado, teniendo en cuenta que apenas eramos una decena de cantantes y, en un principio, sin director.

La secuencia medieval del siglo XIII cuyo texto trata el misterio de la Encarnación sirve a Desprez de cantus firmus, técnica habitual en el Renacimiento. He descrito la pieza como tardomedieval. ¿En qué estética situamos el motete flamenco? La figura de Josquin Desprez es pieza clave en el desarrollo de la polifonía del Renacimiento, sirviendo de modelo hasta el siglo XVII, cuando el Barroco abandona las técnicas anteriores. Sin embargo, el estilo flamenco que Josquin representa, y especialmente este motete, me recuerda inevitablemente las arquitecturas góticas de los siglos XIV y XV. La luz que desprenden los acordes finales de la obra es comparable a la que entra por los ventanales o el rosetón de una catedral coetánea al autor. Y hay quien opina algo parecido.

Como explica Timothy Dickey, el canto se va moviendo entre las voces tenor y superius (la más aguda) en una relación canónica. Se contraponen dos grupos de texturas: las tres voces inferiores del comienzo con el cantus firmus en el tenor, que dan un ambiente profundo a la apertura del motete; contra las tres superiores, con el cantus en el superius, en una relación antifonal. Y a estas texturas se oponen los momentos de plenitud a seis voces.

Las dos primeras estrofas de la secuencia constituyen la primera sección del motete, con el cantus firmus de la segunda estrofa (de “nec vir Tangit”) al doble de la velocidad, un vestigio de la tradición del motete isorrítmico. En la segunda parte del motete el ritmo se acelera (al doble en un principio y, más adelante, en compás ternario, símbolo clásico de la Trinidad) y los límites texturales entre las voces se difuminan. Justo antes de la estrofa final del texto, en la frase “omnia tam suave”, se produce una hemiolia final (otro clásico del Renacimiento) y la pieza entera parece volver a su sentido rítmico original.

Ya he destacado ese momento final lleno de luz y de misticismo. No quiero olvidar la magnífica forma que tiene Desprez de dar comienzo a su obra. Desde las profundidades surgen dos melodías en forma imitativa, con el pedal sostenido del cantus firmus en el tenor. Como ya se ha comentado, las melodías siguen ascendiendo en forma de canon en las tres voces superiores. Parece que en este motete está origen de todas las cosas.

Para este motete simboliza el big bang, el nacimiento de todo (que apropiado para una pieza que trata la encarnación de Jesús). Estoy totalmente de acuerdo con su afirmación de que en esta obra encontramos un perfecto equilibrio entre lo bueno y lo bello, que nos acerca a lo inmanente y lo trascendente de las cosas.

La versión que vas a escuchar a continuación me encanta. Se tratan de los Gabrieli Consort, acompañados en esta ocasión por unas imágenes del espacio y, curiosamente, del texto traducido al… ¡ruso!


Præter rerum seriem
parit deum hominem
virgo mater.
Nec vir tangit virginem
nec prolis originem
novit pater.
Virtus sancti spiritus
opus illud cœlitus
operatur.
Initus et exitus
partus tui penitus
quis scrutatur?
Dei providentia
quæ disponit omnia
tam suave.
Tua puerperia
transfer in mysteria.
Mater ave.

25 octubre 2012 at 8:28 pm 3 comentarios

LOVE MY WAY – The Psychedelic Furs


Del álbum Forever now (CBS, 1982)

Los Pieles psicodélicas sacaban su álbum recopilatorio All of This and Nothing en el año 88, estando yo en plena adolescencia y receptivo para todo aquello que sonase a pop y rock “diferente”. Gracias a este vinilo, que aún conservo, conocí y berreé todos sus éxitos. Y recuerdo especialmente la sensación que tenía cuando escuchaba su música: era una especie de inquietud. Me gustaban sus canciones, son pegadizas y funcionan en general con comodidad. Es un pop con un alto potencial comercial. Sin embargo, la voz cascada y más grave que aguda de Richard Butler, los teclados oscuros de pads ochenteros dando pinceladas por aquí y por allá, el uso del saxofón (instrumento que no apreciaba yo en su justa medida) y esa cierta melancolía que respiraba la new wave, me dejaba sin saber si debía apostar todo por ellos o retirar la puja. Hoy tengo la respuesta, muy lógica y evidente: depende ;)

Dando un repaso a su discografía y sus éxitos, encuentro detalles que refrendan mi opinión. La propia estética de las portadas pasa del estilo Velvet y de pop Warhol que lucen en sus primeros discos, al glamour que respira su 4ª portada, cercana a la estética glam, e incluso a recordarnos a ese Michael Jackson del vídeoclip “Bad” en la 5ª.

También vemos cómo los productores de cada LP son diferentes, y eso se aprecia con claridad en un recopilatorio. Cada canción te lleva a sitios distintos. No puedo decir que suene a eclecticismo, porque es un grupo con un sonido muy peculiar y personal. Pero “Love my way” fue producido por Todd Rundgren, y no es una información gratuita, como luego veremos.

Lo que sí aprecio en la carrera de estos chicos es un cierto anhelo de éxito comercial, una aproximación a un público de masas. Y eso es algo que te obliga estilísticamente hablando a lo largo de tu carrera. ¡Ojo! No lo digo como algo peyorativo, en muchas ocasiones ha generado productos de gran calidad y perdurabilidad en el tiempo.

Este es para mi el caso de “Love my way”. Y más aún ahora que parece que el indie tiene que sonar a los 80. Cuando escuchas un tema como este pasados 30 años y piensas que supera a muchas de las propuestas actuales en esa línea, que la muchachada “independiente” de hoy podría considerarlo un éxito, es cuando te das cuenta de la calidad de este trabajo.

Seré en esta ocasión os daré diez razones para escuchar la canción y disfrutarla con más intensidad:

1. La ya citada voz de Richard, sello personal del grupo.

2. El uso del xilófono (gloria bendita). En el videoclip aparece una marimba, más potente visualmente hablando, pero yo apostaría por que es un xilo.

3. La serie de acordes de la estrofa sobre un modo frigio: Do mayor – Si menor.

4. La resolución del estribillo con los acordes Do mayor y Re mayor, que siguen flotando sobre dicha modalidad. Me encantan estas figuras armónicas que no descansan sobre el centro tonal que nuestro oído nos pide (que sería Sol) y que evolucionan con tan sólo tres acordes.

5. ¡El bajo, por favor! Se usa con mucha prudencia. En la estrofa aparece y desaparece, un detalle que no todo el mundo aprecia, pero que siempre se nota. Cuando llega el estribillo, a marcar con fuerza las corcheas, como requiere el momento.

6. Y esto me lleva al estribillo. Que maravilla cuando una canción sabe contenerse para emocionar cuando hay que hacerlo. Fijaos en cómo crece el tema. Esto es algo de lo que a menudo se olvidan las producciones actuales “ochenteras”.

7. Guitarra comedida y teclados muy cuidados, con un par de pads y algún detalle en las estrofas… que gusto.

8. No he hablado de la batería, sin grandes aspavientos pero siempre en su sitio. Fijaos al final de la canción como usa el base y los toms, así como en los estribillos. El sonido, claro está, nos sitúa en su época, con esos bombos con mucho agudo y esas cajas tan características.

9. No os perdáis ese momento, sobre el minuto y medio, en que el estribillo es cantado sobre la base armónica de la estrofa. Lo que decía antes, esto es hacer que lo música evolucione con tan sólo tres acordes.

10. Esas letras que no dicen nada pero que tienen sentido. Muy de ingleses de aquel momento, dejando atrás el punk pero recordándolo en detalles. Por otra parte, no deja de ser otro “my way”.

Creo que son razones suficientes. Escuchad y opinad al respecto.

Versión en directo, en el programa “La edad de oro” de RTVE, año 84:

2 abril 2012 at 4:19 pm 4 comentarios

KASHMIR – Led Zeppelin


Del álbum Physical Graffiti (Swan Song, 1975)

Soy un gran admirador del 6 en música. Pero no en el compás… me agota el 6/8 en que han abundado tantos grupos de folk rock o incluso de rock “alternativo” como mis queridos Radiohead, por no remontarme a esta época de los Zep, con el rock progresivo haciendo de las suyas. Aquí los británicos mantienen el orgulloso ritmo binario característico del heavy. De hecho lo mantienen A PESAR de esos 6. ¿De 6 qué? Pues son 6 los pulsos de la serie de las cuerdas para que cuadre con el ritmo de batería. O 6 bombo-caja en la frase. Aunque, en lugar de 6 compases binarios, podríamos usar muchos más números: 4 compases ternarios o 3 cuaternarios.

En cualquier caso, lo más interesante es la polirritmia que se produce en este asombroso Kashmir que Page y Plant crearon tras una visita a Marruecos, y que nos habla de falsa mística y exotismo. La batería de Bonham mantiene un sólido ritmo binario que encaja sin asperezas en el ternario de la armonía creada por una rítmica cuerda. Todo un acierto.

Para la banda, considerada una de las más influyentes en el desarrollo del heavy metal, esta fue una de sus canciones más logradas, precisamente por ser potente e intensa sin necesitar de dicha etiqueta. Es más, pese a su duración de ocho minutos y medio, tampoco es fácil situarla entre el rock progresivo o sinfónico, género en el que son frecuentes tales duraciones.

Pese a que la banda se vio influenciada por sonoridades orientales, de las que toma alguna de las melodías que aparecen en partes instrumentales, el epicentro musical se sitúa en la progresión armónica del comienzo, que sirve de ritornello durante todo el tema dando coherencia y redondez a la forma. Se trata de una secuencia cromática ascendente (algo que nos aleja de lo oriental) cuya serie se rompe con un tono completo, evitando así el uso de sensible y situándonos más en entornos sonoros modales, algo que nos acerca a lo popular (más que a lo oriental).

De este modo, Kashmir es interesante porque es capaz de integrar avances armónicos y rítmicos de músicas más vanguardistas, como la polirritmia o las escalas cromáticas, y sonoridades más clásicas y populares, como las escalas modales y los ritmos “pesados”. Vamos, que les salió un tema bastante redondo. Disfrutadlo.

13 enero 2011 at 7:55 am 1 comentario

MAKING CHRISTMAS – Danny Elfman


De la película musical Nightmare before Christmas dirigida por Henry Selick y producida por Tim Burton (Touchstone Pictures, 1993).

La fusión Burton-Elfman dio como resultado una de las mejores películas de animación de la historia del cine. Y no olvidemos que es una fusión de imagen y sonido, y que la banda sonora es la mitad de este maridaje. La parte animada está realizada mediante la técnica de “stop motion”, es decir, tomando el movimiento de los muñecos fotograma a fotograma.

No era la primera vez que trabajaban juntos. Desde “La gran aventura de Pee-Wee” en 1985 había ganado un Grammy por Batman y compuesto el famosísimo tema de cabecera de la serie The Simpsons. Es decir, se encontraba en el punto álgido de su carrera. Pero lo más interesante para mi es su capacidad camaleónica de emular estilos y géneros. En este caso logra reproducir el ambiente de los musicales clásicos de Broadway, sin renunciar al carácter propio de su música ni al tono macabro que tanto abunda en la producción de Tim Burton.

Se trata de una canción coral, y no me refiero a “coro” (que también) sino al hecho de que la melodía vaya pasando por cada uno de los personajes de la escena, habitantes de la ciudad de Halloween que tratan de crear su propia Navidad. Para la instrumentación hace uso de una orquesta abundante en timbres, pero prescinde de sonidos más pop. Como he dicho, prefiere reproducir el ambiente del musical clásico. En la versión inglesa es más fácil apreciar el uso que hace de los timbres orquestales, cómo va moviendo las melodías por diferentes instrumentos y creando ambientes impresionistas con los arpegiados en la cuerda o la percusión.

Con esta simpática canción quiero desearos unas felices fiestas. Teniendo en cuenta cómo está la cosa, la peli da unas cuantas ideas interesantes sobre cómo ahorrar a la hora de comprar regalos y decoración navideña. Eso sí, el resultado puede ser un poco … aterrador!!!

Versión original:

Versión doblada en español:

24 diciembre 2010 at 3:09 pm 1 comentario

LOVE WILL TEAR US APART – Joy Division


Del single homónimo (Factory Records, 1980)

Hace un par de días celebramos en mi centro escolar, como cada año, el día contra la violencia de género. Una chica de bachillerato llevaba en sus botines (zapatos deportivos de lona, para que me entendáis; en Sevilla los llamamos así) escrito el título de esta canción. Para quien no tenga fresco el inglés, significa algo así como “El amor nos destrozará”, y con ello realizaba su alegato contra el maltrato. Para mi fue tan gratificante encontrar la referencia a una canción de más de 30 años en una chica con apenas 18 que me propuse hablar del temazo de los de Manchester.

Difícilmente podríamos entender la letra de Ian Curtis en el sentido que le quiso dar Alicia, que así se llama la promotora de este post. Lo más probable es que la letra estuviese motivada por el reciente divorcio del cantante, o por una situación previa a este. El mayor éxito de la banda llegó tras el suicidio del propio Curtis, quien contaba con tan sólo 23 añitos, y con una canción de fortísima carga depresiva. Se abría la puerta de toda la música melancólica y oscura que dominaría en gran medida el panorama independiente de los 80.

Tras escuchar de nuevo el tema en Youtube, vídeo por delante, he llegado a la conclusión de que lo que más me interesa comentar no son todas esas cuestiones extramusicales que rodean el éxito y que han hecho de Joy Division un grupo de culto (podréis leer sobre ellas en la wikipedia), sino precisamente sobre la música que contiene.

Comencemos con la abaritonada voz de Ian Curtis, uno de los sellos característicos de la banda. Como ya he comentado otras veces, el pop y el rock nos tiene acostumbrados a situar las voces en la zona media del registro, principalmente tenores y contraltos. Cuando un hombre se sitúa por la zona baja del pentagrama en clave de fa, nos resulta extraño en un primer momento. Pero no, no han faltado barítonos de aterciopelada voz que han conmovido nuestros corazones. De hecho, parece ser que los colegas de grupo le pidieron a Curtis que “cantara como si fuera Frank Sinatra”. Es evidente que eso no fue posible, pero resulta interesante la referencia ¿no os parece?

Con respecto a la instrumentación que emplean, Joy Division empezaba a incluir sonidos sintetizados en sus temas, algo que explotarían en profundidad la secuela del grupo tras el suicidio de Curtis, New Order. Por lo demás, será el sonido que en estos últimos años andan refrescando como pueden los seguidores del llamado dance punk (yo, como siempre, me planteo los por qués de estos nombres).

Pero es en la armonía que se crea donde encuentro el secreto de esta canción. Si nos fijamos con detalle, el bajo va repitiendo en un registro más bien agudo (para ser un bajo) la melodía del estribillo, incluso en las estrofas. El teclado, por su parte, se dedica a tocar notas tenidas más propias de un bajo, como si fueran las fundamentales de los acordes (que no lo son, por cierto). De esta manera, resulta muy complejo saber cuál es la armonía que acompaña la canción. Es más, podríamos resolverlo de diferentes formas, tiene varias interpretaciones. Eso, para mi, es un valor añadido. No hablemos de las intervenciones de la guitarra en los interludios instrumentales: un acorde cargado de notas extrañas.

Y todavía más. Cuando llega el estribillo, se produce un hecho bastante insólito en la música pop: todos los instrumentos interpretan la misma melodía vocal, en una suerte de monodia acompañada de batería. Un unísono que carga las tintas emocionales en el momento más dramático de la canción.

Olvidad las imperfecciones de la grabación y del “videoclip” y deleitaros con una de las mejores canciones pop de nuestra era.

En su disco de debut hicieron los franceses Nouvelle Vague este cover. Es interesante seguir la línea del bajo en las estrofas. Como decía antes, cada uno interpreta como que quiere: yo no lo haría así ;)

27 noviembre 2010 at 5:49 pm 2 comentarios

PALESTINALIED – Walther von der Vogelweide


Del álbum Music of the Crusades. Songs of love and war (Decca Serenata, 1970). Interpretado por Early Music Consort (dir. David Munrow)

Mis primeras escuchas de un estilo o autor clásico están, casi siempre, relacionadas con los discos de vinilo que mi padre compraba por fascículos, de algunas de las varias colecciones que tiene en plan Historia de la Música y similares. Más tarde puede haber una cinta de casete grabada de alguien y, por último, el CD ya comprado por mi. Hoy tenemos este medio para reencontrarnos con aquellas músicas que nos tocaron en su momento y que ahora podemos recuperar gracias a la bondad de personas anónimas, que dedican tiempo y esfuerzo en compartir su cultura.

Ya había hecho una búsqueda infructuosa por Youtube de esta grabación de una de las más famosas canciones medievales del XIII, la Palestinalied (Canción de Palestina), compuesta por el que está considerado el más importante poeta alemán de la Edad Media. Hoy debo haberme levantado más lúcido y he dado con ella con relativa facilidad.

Se trata de una melodía que se aleja de las convenciones habituales entre los minnesänger (Cantores del amor) de la época. Éstos, herederos de los trovadores franceses, solían dedicar sus poemas de una dama de alta cuna en una relación de amor imposible. Vogelweide fue un cantor comprometido con su tiempo y muy crítico con la sociedad en la que se veía inmerso. En esta canción predica la cruzada por la conquista de Palestina, pero a la vez señala que la alabanza a Dios es común entre cristianos, judíos y paganos, que al final todos luchan por un mismo Dios.

Es muy difícil descifrar las notaciones musicales que nos han llegado de época medieval. El uso de los modos rítmicos era habitual entre los poetas, por lo que no solían escribir las duraciones de las notas. Esto lleva a notables diferencias entre interpretaciones de la misma melodía.

Las dos versiones que os presento son parecidas en ese sentido, si bien muy diferentes en carácter. La primera me enamoró en mi adolescencia. Es una dulce versión interpretada por un contratenor con el simple acompañamiento de un par de laúdes. Al principio tan sólo acompañan con simples acordes. En una segunda repetición se establece un contrapunto entre uno de los laúdes y el canto. Pensemos que la polifonía se empieza a extender por Europa, y que los instrumentistas siempre utilizaron la improvisación para sus acompañamientos, así que es una de las posibles soluciones a la canción. En cualquier caso, y en mi desconocimiento de pimpollo, imaginaba yo el delicado canto de amor de un caballero, en una versión peliculera del asunto.

Este canto pseudoreligioso (no olvidemos que la religión lo es TODO en la Edad Media) comienza con las siguientes palabras:

“Ahora mi vida ha adquirido un significado,
mis ojos pecadores han podido ver
la bella tierra y el suelo sagrado
que todo hombre debe honrar.
Esto me concedió Dios:
he llegado a la ciudad
en la que Él recorrió en forma humana.”

La segunda versión que os pongo aquí me llegó un poco más tarde, en forma de cinta virgen grabada por mi “hermano” Vicente. Es, en realidad, una parodia que encontramos en los Carmina Burana del siglo XIII llamada “Alte clamat Epicurus”. Me había interesado por la música antigua, en gran medida gracias a mi ya nombrado benefactor, y esas versiones setenteras que presentan una Edad Media sórdida me fascinaban. En este caso, la dulce canción se transforma en cruento alegato sonoro que pretende situarnos en una época llena de personajes grotescos. Uno se sentía radical cuando escuchaba esa voz imposible que remata la canción, con una zanfoña en el subgrave y percusiones que nos transportan a un cine de corte “Excaliburiano”. Para que os hagáis una idea de hasta que punto fueron irreverentes los goliardos que cantaban los cantos escritos en los Carmina Burana, os traduzco los primeros versos de esta parodia:

“Epicuro grita en voz alta:
El vientre será mi dios.
Este dios tiene por objeto la garganta,
su templo es la cocina
donde abundan los olores celestiales.”

La versión a la que me refiero es la segunda del álbum Carmina Burana Vol. 1 (Harmonia Mundi, 1974) interpretado por el Clemencic Consort (dir. René Clemencic). La primera es la Palastinalied a capella interpretada por el tenor Hugues Cuenod en 1959. Disfrutad de ambas.

20 noviembre 2010 at 9:38 am 1 comentario

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