Posts tagged ‘tempo medio’

SINGING IN THE RAIN – Gene Kelly


Letra de Arthur Freed y música de Nacio Herb Brown, publicada en 1929. Utilizada en la película homónima (Metro Goldwyn Mayer, 1952)

Parece que nuevamente se nos chafan unos días de descanso con la lluvia, tan necesaria por mis tierras pero tan inoportuna a veces. Por eso me he planteado poner al mal tiempo buena cara, como hace magistralmente Gene Kelly en esta famosa escena. Verle bailar y cantar bajo la lluvia te pone inmediatamente de buen humor :D

Como sucedería con muchas otras canciones, y con la música en general hasta hace unos 50 años, se trata de interpretaciones de temas antiguos. La originalidad no estaba sobrevalorada, como así ha sido a finales del siglo pasado y, si bien hoy día es posible ver renacer un interés por la música y no por la novedad gracias a las remezclas (en este post, una de ellas), sí es cierto que seguimos considerándolo segundo plato ante la “nueva obra”.

En resumen, que se trata de una canción que aparece por primera vez en la película “Hollywood Revue of 1929” de dicho año, y que seguirá teniendo bastante presencia cinematográfica hasta el año 52, en que se estrena “Singing in the rain”. Os pongo tambien la versión antigua porque es interesante la comparación. Escuchamos una clara evolución en los sistemas de grabación, ya que es posible que la del 29 se realizase con la clásica campana de gramófono, mientras que la del 52 utiliza, por supuesto, los micrófonos. También se aprecia el ruido que dejan los discos, probablemente de cera, del gramófono, algo que desaparecerá con la grabación magnética. Eso sí, la versión de Gene Kelly ha sido, con total seguridad, remasterizada y pasada por todo tipo de filtros que habrán reducido el ruido de las cintas al mínimo, cosa que no sucede en la otra versión. Pero podemos apreciar más diferencias que el ruido: la nitidez de los instrumentos, especialmente la presencia de graves en la más moderna, e incluso el tipo de voz empleado.

Hemos de tener en cuenta que el micrófono supuso una modificación notable de la forma de cantar, ya que permite disfrutar de texturas y matices de la voz que anteriormente no habríamos percibido. La voz de Gene Kelly, por ejemplo, tiene un agradable timbre, bastante mate, sin brillo. Es como si acabase de salir de un resfriado. También se aprecia falta de potencia, subsanable gracias a la amplificación del micrófono, si bien le resta emotividad a alguna de las partes. Por último, y a título muy muy personal, prescindiría de los “gallitos” que utiliza en un par de ocasiones como adorno vocal.

Parece que tan sólo estoy poniendo pegas a la interpretación del bailarín, a quien considero mucho más esto último que cantante, pero no es así. Ese sonido sin brillo ni potencia se convierte en característico del actor, aporta naturalidad y cercanía, es como si estuviese cantando tan sólo para nosotros. El cantante antiguo, con su gran potencia y amplitud vocal, resulta muy extrovertido y tiene mucho más complicado ese grado de intimidad que permite el micrófono (aunque los grandes lo consiguen, claro está).

La instrumentación y el ambiente del acompañamiento también ha sufrido notables cambios de una versión a otra. En el 29 estaba triunfando el swing de las big-bands por toda América, con su melodía principal en trompetas o clarinetes y la improvisación de saxos o trombones, herederos aún del Dixieland de banjo. Más de 20 años después, una película musical requería toda una orquesta (cuerda, viento y percusión). Queda latente el swing sinfónico, remarcado por el claqué de Kelly, pero serán los violines y flautas traveseras quienes llevarán el peso melódico, salvo en ocasiones en que pase a otro instrumento para dar mayor intensidad (metales) o variedad tímbrica (clarinetes o incluso el glockenspiel), pero manteniendo el carácter melódico romántico de la cuerda. Los compositores de cine musical, como se venía haciendo años atrás, recuperan el estilo sinfónico decimonónico. Justo lo contrario que venían haciendo los compositores contemporáneos de música “culta” para conciertos.

En cualquier caso, esta canción y todos sus aditamentos no son nada sin lo importante de la escena: Gene Kelly bailando (y cantando) bajo la lluvia. La escena es, a mi parecer, redonda. Dan ganas de salir a la calle y chapotear un rato.

Por cierto, como en otras ocasiones os encontraréis con el desagradable mensaje de “Video desactivado por solicitud”. He buscado y rebuscado pero no hay manera. Me estoy planteando cómo hacer para que podáis escuchar (y a ser posible ver) estas escenas sin tanto rollo, pero desgraciadamente el negocio es el negocio y no entiende de gente que comparte sus cosas.

Versión de 1929:

También aparece una parodia de la película en mi adorada “La naranja mecánica” de mi amado Stanley Kubrick. Impresionante (y violentísima) escena de 1971:

Recientemente nos encontramos con una remezcla realizada por Mint Royale para un anuncio que toma la escena “prestada” de la película:

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5 diciembre 2010 at 8:24 am Deja un comentario

LOVE WILL TEAR US APART – Joy Division


Del single homónimo (Factory Records, 1980)

Hace un par de días celebramos en mi centro escolar, como cada año, el día contra la violencia de género. Una chica de bachillerato llevaba en sus botines (zapatos deportivos de lona, para que me entendáis; en Sevilla los llamamos así) escrito el título de esta canción. Para quien no tenga fresco el inglés, significa algo así como “El amor nos destrozará”, y con ello realizaba su alegato contra el maltrato. Para mi fue tan gratificante encontrar la referencia a una canción de más de 30 años en una chica con apenas 18 que me propuse hablar del temazo de los de Manchester.

Difícilmente podríamos entender la letra de Ian Curtis en el sentido que le quiso dar Alicia, que así se llama la promotora de este post. Lo más probable es que la letra estuviese motivada por el reciente divorcio del cantante, o por una situación previa a este. El mayor éxito de la banda llegó tras el suicidio del propio Curtis, quien contaba con tan sólo 23 añitos, y con una canción de fortísima carga depresiva. Se abría la puerta de toda la música melancólica y oscura que dominaría en gran medida el panorama independiente de los 80.

Tras escuchar de nuevo el tema en Youtube, vídeo por delante, he llegado a la conclusión de que lo que más me interesa comentar no son todas esas cuestiones extramusicales que rodean el éxito y que han hecho de Joy Division un grupo de culto (podréis leer sobre ellas en la wikipedia), sino precisamente sobre la música que contiene.

Comencemos con la abaritonada voz de Ian Curtis, uno de los sellos característicos de la banda. Como ya he comentado otras veces, el pop y el rock nos tiene acostumbrados a situar las voces en la zona media del registro, principalmente tenores y contraltos. Cuando un hombre se sitúa por la zona baja del pentagrama en clave de fa, nos resulta extraño en un primer momento. Pero no, no han faltado barítonos de aterciopelada voz que han conmovido nuestros corazones. De hecho, parece ser que los colegas de grupo le pidieron a Curtis que “cantara como si fuera Frank Sinatra”. Es evidente que eso no fue posible, pero resulta interesante la referencia ¿no os parece?

Con respecto a la instrumentación que emplean, Joy Division empezaba a incluir sonidos sintetizados en sus temas, algo que explotarían en profundidad la secuela del grupo tras el suicidio de Curtis, New Order. Por lo demás, será el sonido que en estos últimos años andan refrescando como pueden los seguidores del llamado dance punk (yo, como siempre, me planteo los por qués de estos nombres).

Pero es en la armonía que se crea donde encuentro el secreto de esta canción. Si nos fijamos con detalle, el bajo va repitiendo en un registro más bien agudo (para ser un bajo) la melodía del estribillo, incluso en las estrofas. El teclado, por su parte, se dedica a tocar notas tenidas más propias de un bajo, como si fueran las fundamentales de los acordes (que no lo son, por cierto). De esta manera, resulta muy complejo saber cuál es la armonía que acompaña la canción. Es más, podríamos resolverlo de diferentes formas, tiene varias interpretaciones. Eso, para mi, es un valor añadido. No hablemos de las intervenciones de la guitarra en los interludios instrumentales: un acorde cargado de notas extrañas.

Y todavía más. Cuando llega el estribillo, se produce un hecho bastante insólito en la música pop: todos los instrumentos interpretan la misma melodía vocal, en una suerte de monodia acompañada de batería. Un unísono que carga las tintas emocionales en el momento más dramático de la canción.

Olvidad las imperfecciones de la grabación y del “videoclip” y deleitaros con una de las mejores canciones pop de nuestra era.

En su disco de debut hicieron los franceses Nouvelle Vague este cover. Es interesante seguir la línea del bajo en las estrofas. Como decía antes, cada uno interpreta como que quiere: yo no lo haría así ;)

27 noviembre 2010 at 5:49 pm 2 comentarios

MONSTER MASH – Bobby ‘Boris’ Pickett and the Crypt-Kickers


Single producido por Gary S. Paxton en 1962.

Veinticuatro añitos recién cumplidos tenía este mocetón cuando salió al mercado su gran y único éxito, obteniendo ventas millonarias y logrando el número uno del Billboard Hot 100 las dos semanas previas a Halloween del año de publicación del single. Volvió a entrar en lista en el 70 y en el 73 (coincidiendo con el apogeo glam, mira que casualidad) y se ha convertido en un clásico para la noche de Halloween. No lograría ningún éxito más de este tipo, entrando en lista con un par de singles más, pero mucho más abajo. Es uno de esos casos a los que en Clásicos Populares de RNE llamaban el “monoéxito” (creo recordar), compositores que lograron una tremenda fama con una sola obra, siendo el resto de su producción musical prácticamente desconocida.

Y ha sido otro programa de radio, El Sótano de Radio 3, el que nos ha devuelto el tema a la memoria, siendo usado como sintonía de una de sus secciones. Cuando llevo la radio puesta en el coche y suena este tema es absolutamente imposible dejar de bailar como un teleñeco, cabeza balanceante, brazos en twist y piernas inexistentes (voy en un coche, necesito las piernas para conducir Xd). Tuvo el señor Pickett, por tanto, larga fama, pero siempre con este éxito, que le permitió innumerables secuelas, de las que ofrezco una de 1985 llamada The monster rap con increíbles sintes analógicos y un imperdonable estribillo :S

Es curioso, escuchando la versión ochentera, notar cómo la novedad del rap no fue la del “canto-recitado”, algo que se venía haciendo desde hacía muchísimo (os habréis fijado que la versión del 62 hace uso de la técnica), sino cuestiones más profundas como las bases pre-grabadas y la electrónica y, sobre todo, la rítmica textual unida a la improvisación lírica que inclina la clásica balanza poesía-música a favor de la primera. Ya ampliaremos la cuestión.

De hecho, el punto de partida de esta canción es muy narrativo. Pickett se fue a Hollywood a los 21 añazos a probar suerte, terminado su inevitable paso por la armada americana. Simultáneamente al desarrollo de su carrera como actor, probó suerte con otra de sus pasiones, el rock and roll y el doo-wop, cantando con un grupo llamado The Cordials con los que a menudo realizaba una imitación de Boris Karloff de mucho éxito. Uno de los músicos, Lenny Capizzi, le sugirió que hicieran una novelty song, una canción cómica sobre dicha imitación que hablase de monstruos. Por entonces había vuelto con fuerza el twist en una variante que se conocía como “Mashed Potato” (en especial gracias a la canción “Mashed potato time”). Además de la imitación de Karloff, y para completar este “puré de monstruo”, hay una referencia al Drácula de Bela Lugosi en la frase “Whatever happened to my Transylvania Twist?”.

Una absurda historia en la que un científico loco crea un monstruo que traerá al mundo un nuevo baile. Éste se convertirá en un gran éxito cuando se celebra una fiesta con otros monstruos. Os podéis imaginar lo bien que cayó esta canción cuando se estaba componiendo la banda sonora de “The Rocky horror picture show”, ¿verdad?

Por cierto, gracias, frikis del mundo, que nos permitís ver cómo eran esos 7 pulgadas de entonces :D

La mencionada versión del 85, “Monster Rap”:

30 octubre 2010 at 5:03 pm 1 comentario

BLUEBERRY HILL – Fats Domino


Escrita por Vincent Rose con letra de Al Lewis y Larry Stock. Del Álbum This is Fats (Imperial Records, 1956).

Es este uno de los ejemplos de producción de mediados del siglo XX del mismo tipo que ya comenté en otras entradas. Compositor y letrista hacen una canción que graban multitud de cantantes y grupos incitados por los productores de diferentes compañías. Tan sólo en 1940, año de composición del tema, se grabó seis veces, entre las que se encuentra la versión de Glenn Miller. En el 49 la grabaría también Louis Armstrong, pero no se convertiría en un éxito internacional hasta la grabación de Fats Domino en el 56. La wikipedia, en una selección de versiones grabadas, nos muestra 36, lo que nos da una idea del éxito que tuvo y que sigue teniendo esta balada.

Podemos entender que en esta industria musical las leyes relativas a la propiedad intelectual tuvieran tanta importancia. Un compositor y dos letristas crean una canción que supone un éxito, no para un cantante, sino para muchos de ellos, y también quieren tener su trocito del pastel. Desde el momento en que The Beatles imponen el concepto de grupo-autor, compositores e intérpretes recaen sobre la misma(s) persona(s). Y además, los derechos de autor pasan a ser mercadería capitalista que pasa de mano en mano; una inversión que trata de rentabilizarse forzando el éxito de las canciones. Muy chungo.

Pero volvamos a esta gran canción. Yo la conocí a través del libro “1001 discos que hay que escuchar antes de morir”, que por cierto recomiendo. Nos dice dicho texto que la canción fue difícil de grabar. No aparecían las partituras, Fats se equivocaba continuamente con la letra y al final tuvieron que hacer un corta y pega. No es la sensación que da cuando se escucha. La naturalidad con la que Domino canta, con esa cadencia tan negra que hace que todo resulte rítmico y tranquilo a la vez, no hace intuir que le supusiera un problema. Y esa es precisamente la característica que hace que se destaque dentro del disco. Su tempo medio que avanza con decisión pero sin prisas. Eso y el giro armónico que da el tema y que hace que se salga de los patrones del blues y el boogie-woogie.

Es un placer repasar las diferentes versiones de esta canción, descubriendo las aportaciones de unos y de otros. Yo os he seleccionado unas cuantas que me parecen interesantes:

La versión del disco de Fats Domino nombrado aquí:

Versión del propio Fats bastantes años después y en directo. Me encanta el aplomo y el sonido mate de su voz:

Glenn Miller y su big band nos ofrece una grabación del mismo año de composición, 1940. Un sonido mucho más dulce, incluso en la voz:

Versión del incombustible Armstrong con su personalísima voz:

Impresionante grabación en directo de Nat ‘King’ Cole con un Billy Preston niño. No tiene desperdicio:

No he podido evitar poner esta patraña. Celine Dion y un tal Johnny Hallyday hacían esta versión carente de todas las cualidades de las que he hablado. Él no aporta nada y ella se pierde entre tanto adorno. Después de escucharla, volved a la primera y recrearos en la sencillez y naturalidad del “graso” Domino :D

24 octubre 2010 at 8:58 pm 3 comentarios

HAPINESS IS EASY – Talk Talk


Del álbum The colour of spring (EMI, 1986)

A finales de los 80 hizo acto de aparición en mi casa un invento que, curiosamente, me abrió los oídos a gran cantidad de música. Se trataba del hilo musical. Y digo curiosamente porque era un aparatejo pensado para poner música al consultorio de un dentista o al hall de un hotel, es decir, en principio su objeto era programar música de ascensor. Se trataba de radio de pago, sin anuncios, aunque la calidad del sonido no era nada buena (insisto: ¿quien quiere altas calidades si va a sonar por el sistema de megafonía de un aeropuerto de los 80?). Tenía varios canales de diferentes estilos y a menudo ponían los discos completos, algo que movería a mi padre a decidirse a instalar tal invento en casa.

Editaban una revistita en la que venía la programación del mes y yo, amante de la música ya entonces, la seguía con fruición, buscando discos interesantes que grabar y que descubrir. De esta manera me encontré con joyas como el primer disco de la neoyorkina Suzanne Vega, el “Confessions of a pop group” de The Style Council o el disco que hoy nos ocupa, del que no habría tenido noticia de no ser por el aparatito en cuestión. En todos ellos encuentro, aún hoy día, la melancolía de esa época de mi vida, que se suma al sonido mate un poco marca de la época y un poco debido a las grabaciones en cinta que yo hacía sobre aquellas emisiones de dudosa calidad.

Talk talk era un grupo que había triunfado (relativamente) con algunos éxitos en sus dos anteriores discos, siendo encasillado dentro del synth-pop y comparado con grupos como Duran Duran. Y llegó su tercer disco, que suele significar la consagración o la definitiva decadencia. Ellos optaron por la tercera opción, tomar un camino secundario al del éxito o el fracaso y hacer la mejor música que podían hacer, lo que les supuso serios problemas con EMI y el reconocimiento de la crítica (que no del público) con el paso del tiempo. El disco merece la pena en muchos de sus cortes, siendo para algunos, junto con sus siguientes álbumes, precursores del post-rock. No veo tan clara esta afirmación, más bien se trata de una ampliación de los límites del pop, utilizando armonías, formas e instrumentaciones más cercanas al jazz y a músicas más cultas, por así decir.

“Hapiness is easy” tiene la responsabilidad de abrir esta magnífico álbum. Lo hace una batería “a pelo” que nos sitúa ya en la vanguardia: sigue sonando actual. El bajo rompe esa situación y se mantiene presente y muy activo, añadiendo interés rítmico con prolongados silencios, un efecto que me encanta y que da relevancia a su participación. La instrumentación está pensada al milímetro, surgiendo de la maraña polifónica el piano, la guitarra, los teclados y las cuerdas. Sobre este tejido sobrevuela la cálida y extraña voz de Mark Hollis, a la que se sumarán los niños que aparecen en el estribillo (un curioso estribillo, por cierto, sobre el ostinato de una guitarra acústica). Las sutiles modulaciones que se suceden y el fantástico sonido de sintetizador elegido para el solo permiten que tenga una duración superior a seis minutos y que supere dicha prueba.

No cabe duda de que estamos aún ante una producción de la new wave, pero el uso que se hace ya de los sintetizadores y su cómoda relación con los instrumentos acústicos es muy de agradecer. Y, sobre todo, la enorme calidad que demuestra la armonización, esa textura de instrumentos que van surgiendo por aquí y por allá aportando color. Supongo que ese es el “Color de la primavera” versión Talk Talk. Disfrutémosla, ahora que el azahar ha hecho (¡por fin!) acto de aparición por las calles sevillanas.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=tpGkiZ7FGmg%5D

10 abril 2010 at 6:22 am 3 comentarios

STRAPHANGIN’ – The Brecker Brothers


Del álbum Straphangin’ (Arista, 1981)

Los hermanos Michael y Randy habían pasado ya, como músicos de sesión, por discos como el “Berlín” de Lou Reed, el “Mothership connection” de Parliament o el “Get your wings” de Aerosmith y grabado casi media docena de discos como grupo cuando se pusieron al lío con “Straphangin'”. Buen bagaje musical. Así que, aunque no fueron pioneros, ni los mejores músicos ni los más creativos de la década ni mucho menos los de mayor éxito, sí lograron configurar un conjunto de piezas notables. Y esta en concreto tiene un groove que me encanta.

Sí, el comienzo es obviable. Se ve que su deseo de fusión les llevó a terrenos pantanosos, o que les pareció interesante-simpático-moderno realizar una especie de preludio barroco que también serviría de circular conclusión con aditamentos que recuerdan a la psicodelia de The Beatles. Sin ir más lejos, la batería y el bajo no parecen saber dónde meterse, avergonzados del papelón que les toca. Un fiasco.

El calderón sobre la dominante nos lleva a aguas más claras y a la verdadera esencia del tema. Sobre una batería que mantiene un swing perfectamente fusionado con los tiempos más marcados del rock vuela un huidizo bajo funk y un sinte que aporta un toque más futurista a determinadas partes, a la manera de Hancock. Por encima, la melodía principal interpretada a unísono por los hermanos Brecker al saxo y la trompeta, que tan sólo se separan para aportar un par de voces muy interesantes sobre notas extrañas a la armonía.

Como ya he dicho, el deseo de innovar no debía estar en el primer puesto de prioridades del grupo. Aquí se mantienen los estándares del jazz prácticamente desde que es jazz: una melodía principal que sonará un par de veces al principio interpretada por los instrumentos solistas en conjunto, una rueda de improvisaciones sobre la armonía del tema y vuelta a la melodía principal para concluir. A esto le añadimos un pequeño corte-estribillo instrumental, que permite dividir las secciones y nos sitúa formalmente, además del ya nombrado preludio-coda. Lo que venía haciéndose y seguiría llenando pistas y pistas de vinilos y cds.

Descubrí este tema hace unos meses, cuando me animé a tocar la batería y a profundizar con ella un poco más en este estilo (gracias a Guille y a Johnny por los ensayos y sus amplios conocimientos jazzísticos). Y este fue el primero que me propusieron tocar. Lo escuché detenidamente. A simple vista (u oído) esa batería jazz-rock-funk no parecía muy compleja. Pero cuando me senté al instrumento descubrí la grandeza del ritmo al que me sometía, ese groove quebradizo que implica un dominio del tiempo y sus entresijos. Muchos puristas del jazz han denostado estas fusiones por considerar que se apartan del shuffle propio del swing. Ahora puedo hablar con conocimiento de causa: nada más lejos de la realidad.

Versión de estudio:
[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=pq3MPs3W_S8%5D

Versión en directo, con un solo bastante visceral de Michael:
[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=7Tvso1FcH0s%5D

21 marzo 2010 at 9:08 am 1 comentario

EN UN MERCEDES BLANCO – Kiko Veneno


Del álbum Échate un cantecito (BMG Ariola, 1992)

Como tantos otros (y otras), conocí a Kiko Veneno cantando “Me siento tan feliz porque ella se ha enamorado de mi” disfrazado de Frankenstein en la Bola de Cristal, paradigma de la televisión infantil de los 80 y de la Movida. Lejos quedaría esta etapa de la que aquí escuchamos, bajo la cobertura de BMG-Ariola y el auspicio de Santiago Auserón. Aunque, seamos realistas, el videoclip no dista demasiado de las producciones de Televisión Española de una década antes (pero con menos gracia).

Y no me tiraba mucho a mi este rollo cuando salió el álbum. Tengo tendencia a fijarme más en lo negativo que hay en la fusión flamenco-pop o, como ahora “gusta de llamar”, flamenquito. Sí que estaba adentrándome en varios mundos cercanos. Por una parte, el cante jondo, el flamenco de raíz, del que me fascinaban sus complejidades armónicas, su modalismo ancestral y los textos tan oníricos de que hacen uso los distintos palos. Por otra parte, como estudiante de conservatorio, hacía cursos sobre percusión latina y cubana en que no podía dejar de ver las similitudes entre Latinoamérica y el sur de España.

Abro paréntesis para aclarar que la rumba, que gobierna el reino del “flamenquito”, procede de América y, anteriormente, de la influencia rítmica africana de los negros esclavos que allí llegaron. Música fogosa cargada de pasión y emoción que fascinó al mundo del flamenco, adoptándola para sí como tantos otros cantes “de ida y vuelta”. Desgraciadamente, la rumba ha quedado relegada, en España, a una populachera repetición de esquemas y modelos que satisfacen a las masas en sus momentos de melopea. Aquí, en Sevilla, tenemos sobrados ejemplos (de rumbas y melopeas) en nuestra afamada Feria de Abril, en la que ha ido comiéndole terreno incluso a nuestra tradicional sevillana. Cierro paréntesis.

Esta canción cumple estos patrones de conducta, es una rumba flamenca en lo formal con tintes pop principalmente en los textos de Kiko. Pero tiene bondades que, a mi juicio, la sitúan por encima de la media. Para empezar, esta rumba conserva una estructura que me recuerda a sus orígenes cubanos y que se fusiona de forma natural con características más pop. Tiene una parte principal, la que da comienzo, que sirve en cierto modo de estrofa, y otra que hace las veces de breve estribillo (fusión flamenco-pop). Pero al final, sobre una rueda de acordes típicamente andaluza, repite un texto con diferentes variaciones, una especie de pregunta y respuesta (aquí sin coro) que nos transporta a sus orígenes cubano y, por qué no, africanos. Además, para dar mayor complejidad a la forma, tiene una sección central con una sencilla pero efectiva modulación. Es decir, una forma que conserva raíces pero sin renunciar a las libertades contemporáneas.

Instrumentalmente se mantiene dentro de los parametros propios del estilo, con un bajo que a veces podría recordar el tumbao cubano, las guitarras rasgueando, la percusión añadida a la batería (bongós y congas) y un órgano más “bluesero” (a ver, es Kiko Veneno, el que tenía un grupo con los Amador).

La letra es otro de los platos fuertes. La rumba se baila, de acuerdo, pero con una buena letra se puede también disfrutar a otros niveles. El mundo cuasi surrealista de Kiko hace acto de presencia, heredero confeso de García Lorca. No, no los voy a comparar, pero sí considero que en los textos pop de Kiko Veneno se ha colado esa forma de entender lo popular del poeta granadino.

Así que nada, aunque el videoclip sea de tan patética realización, siempre podeis rebuscar en el baúl de los recuerdos y poner “esa cinta otra vez hasta que se arranquen los cachitos de hierro y cromo”.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=6bnGxWkkiJo%5D

13 marzo 2010 at 11:18 am 2 comentarios

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