LOA A LA ETERNIDAD DE JESÚS – Olivier Messiaen


Quinto movimiento del Cuarteto para el fin de los tiempos (1941).

Yo llegué a Messiaen a través de su música de los 60. Concretamente creo recordar que fue con Chronochromie, pieza para orquesta llena de ritmo y colorido instrumental que me grabé en cinta de casete de RNE 2. Imagino que sería del programa de José Iges sobre música contemporánea, que se emitía a altas horas de la mañana y cuyo nombre no recuerdo en este instante. Y es lógico, ya que estudiaba percusión y, si alguna vez fui friki, fue de la música contemporánea. Aunque por fortuna no alcancé niveles preocupantes de frikismo, más bien se trataba de un interés desmesurado y sin prejuicios ni filtros por toda aquella música que llevase la etiqueta de “contemporánea”.

Total, que cuando indagué en la música de Messiaen y descubrí su Cuarteto para el fin de los tiempos ya me había comprado tres o cuatro CDs con la Sinfonía Turangalila, Los colores de la ciudad celeste, su fabuloso Et exspecto resurrectionem mortuorum y otras piezas de esa etapa, que además son para orquesta. Y el famoso cuarteto tuvo por mi parte una tibia acogida. Lo que sucede es que soy un romántico que pretendía ponerse la coraza de formalista, y al final siempre termino cayendo en el encanto de un claro Mi mayor y de una pieza tan emotiva como la que os traigo hoy aquí.

Es imprescindible contar un poco de su historia. Francia se encontraba en plena II Guerra Mundial cuando Messiaen cumplía los 31. En Junio de 1940 fue capturado y recluido junto a muchos de sus compatriotas a un campo de concentración. Entre ellos se encontraban el clarinetista Henri Akoka, el violinista Jean le Boulaire y el chelista Étienne Pasquier. Messiaen obtuvo papel y lápiz gracias a la simpatía de uno de los guardias y escribió un trío para ellos. Este trío se transformaría en cuarteto al incluir un piano que sería interpretado por el propio compositor.

El cuarteto se estrenó en Stalag VIII-A en Görlitz (entonces Alemania, actualmente Polonia) el 15 de enero de 1941, con unos instrumentos viejos y rotos y ante una audiencia formada por unos cuatrocientos prisioneros de guerra y algunos guardianes del campo. Messiaen diría más tarde: “Nunca fui escuchado con tal atención y comprensión.”

Sabido esto, podéis comprender que estamos ante una obra que supera la formalidad de las vanguardias europeas entre las que se curtió el autor. El posrromanticismo era necesario, pero Messiaen, un hombre profundamente creyente, tenía la necesidad de imprimir un simbolismo y una emoción que rompen con las tendencias dodecafónicas, neoclásicas o constructivistas de su época. Dicha necesidad queda patente en este quinto movimiento, la Loa a la eternidad de Jesús, escrito en un tempo “infinitamente lento” (he encontrado versiones cuya duración difiere en ¡cuatro minutos!) y sólo para un vibrante cello y un piano acompañante (en claro contraste con el contrapunto del dodecafonismo, y más tarde del serialismo o incluso de la aleatoriedad). Para mí, la grandeza de Messiaen reside en la posibilidad de aplicar novedades técnicas enormes, como sus nuevos modos melódicos y rítmicos, sin necesidad de olvidar que la música comunica en el nivel emocional, y que no se queda en frías propuestas técnicas experimentales.

El color, otra de las constantes del compositor francés, algo que lo conecta, de hecho, directamente con otros músicos franceses anteriores o coetáneos, desde Berlioz hasta Ravel, alcanza también altas cimas en un músico que, para colmo, era sinestésico. Sus descripciones de la música que componía son de una belleza extraordinaria: tonos malva con reflejos dorados y un matiz verdoso, azules intensos contra rojo… En esta ocasión, teniendo en cuenta que ha dejado el cuarteto en dúo, la cuestión tímbrica debe mucho a los acordes del piano contra la melodía de cello. El juego de acordes modales que resuelven en acordes perfectos hace que la luz y las tonalidades vayan evolucionando casi sin darnos cuenta.

Mucho más tarde escuché en la radio una pieza anterior del autor llamada “Oraison” para 6 ondas martenot. Son los comienzos de la electrónica (¡1937!). En realidad es parte de una obra mayor llamada Fêtes des belles eaux. Y cuál fue mi sorpresa cuando empieza a sonar la melodía de esta Loa a la eternidad de Jesús. Messiaen había utilizado dicha pieza, no publicada, para su cuarteto.

Disfrutemos ya de la obra. La interpretación corre a cargo de Manuel Fischer-Dieskau (hijo del famoso barítono) al chelo e Yvonne Loriod (segunda esposa de Messiaen) al piano. Dejad que el tiempo desaparezca durante, al menos, los ocho minutos y medio de esta grabación.

La obra para ondas martenot de la que os hablé en la interpretación del Ensemble D’Ondes De Montréal. Otra delicia.

8 marzo 2012 at 7:50 pm Deja un comentario

(DON’T WORRY) IF THERE’S A HELL BELOW, WE’RE ALL GOING TO GO – Curtis Mayfield


Del álbum Curtis (Curtom Records, 1970)

Hace unas semanas tuve conocimiento de un curioso proyecto –más que un grupo– llamado Fundación Robo. Se trata de un colectivo abierto que pretende implicar a músicos e intérpretes diversos (entre los más conocidos: Nacho Vegas,  Albert Pla, Fernando Alfaro y gente de Tachenko o Grupo de Expertos Solynieve). Según ellos mismos se definen: “Espoleados por la reciente agitación política, la plataforma Robo intenta crear un espacio para escribir otro tipo de letras, esas que consisten en abrir la ventana y echar un vistazo a lo que ocurre fuera”. Es decir, una especie de retorno a la canción de denuncia y protesta, surgido al calor de nuevos movimientos sociales como el 15-M.

Parece, pues, que de nuevo se hace necesario que los artistas se comprometan con su tiempo y que colaboren en esa complicada tarea de hacer despertar nuestras conciencias. Ahora que todo parece estar conquistado en materia social, el arte nos muestra que siguen existiendo diferencias de clase y desequilibrios. Y aunque los conflictos raciales tal vez no sean tantos como en el pasado siglo (y tengamos a Obama como “jefe de todo esto”), ahí siguen: grandes obras televisivas –y artísticas, sin duda– como ‘Treme’ o ‘The Wire’ así lo están denunciando.

¿Dónde arranca la lucha contra la discriminación racial? Seguramente tuvo su importancia el gesto de Rosa Parks, en 1955, al negarse a ceder el asiento a un hombre blanco en un autobús del sur de los Estados Unidos, lo que motivó que se pusiera fin a la segregación en el transporte público. La actividad del Movimiento por los Derechos Civiles en Norteamérica continuó durante la convulsa década de 1960, en la que serían asesinados Malcolm X y Martin Luther King.

En los primeros años 70, por tanto, la vida de la población afroamericana no debía de ser nada fácil. De ahí el valor que adquiere en nuestros días ‘Curtis’ (1970), primer disco en solitario del compositor, cantante y multi-instrumentista Curtis Mayfield, lanzado como un tremendo alegato contra la discriminación racial. El single ‘(Don’t worry) If there’s a Hell below, we’re all going to go’, primer corte del álbum, muestra ya la valentía de este trabajo, que suponía una contundente advertencia sobre la tensión que estaban alcanzando en aquel país las relaciones entre gente de distintas razas.

La canción se abre con una intro en la que una voz femenina recomienda la lectura del ‘Libro de las Revelaciones’ de la Biblia (también conocido como ‘Apocalipsis’), como única forma de “cambiar de rumbo y enderezarlo”. A continuación, emerge la voz del propio Curtis como amplificada por un altavoz con eco, lanzando apelativos despectivos a los diferentes grupos étnicos (“Sisters! Niggers! Whities! Jews! Crackers!”) y el mensaje que da título al tema (“No os preocupéis, si existe un infierno ahí abajo, ¡vamos a ir todos!”), seguido de una especie de grito de guerra que anuncia el comienzo de la canción propiamente dicha. El comienzo del combate contra los prejuicios y de la crítica al sistema que los alimenta.

La denuncia que expresa la letra no deja que nadie salga indemne en su responsabilidad con la sociedad, desde los propios grupos étnicos, sus representantes y las fuerzas del Estado (“Sisters, Brothers and the Whities / Blacks and the Crackers / Police and their backers / They’re all political liars”), pasando por el sistema judicial (“Hurry, people running from their worries / While the judge and his juries / Dictate the law that’s partly flawed”) hasta llegar al propio presidente Nixon (“And Nixon talking about ‘Don’t worry’”), quien por cierto estaba a punto de verse salpicado por el caso Watergate.

Anterior a dos grandes obras como el ‘What’s going on’ (1971) de Marvin Gaye y el ‘Innervisions’ (1973) de Stevie Wonder, ‘Curtis’ anticipaba una profunda reflexión sobre el clima social de injusticia, sufrimiento y odio en el que parecían sumidos los Estados Unidos. En las letras de canciones como ‘The other side of town’, ‘We the people who are darker tan blue’ o ‘Miss Black America’, hay quien incluso ha visto un modelo para la vertiente social del rap (aunque tal vez tuviera más influencia la canción-poema de Gil Scott-Heron ‘The revolution will not be televised’, publicada justo un año después). Sí parece clara la “huella” –nunca mejor dicho– que el anterior grupo de Mayfield, The Impressions, dejó en Bob Marley & The Wailers, quienes llegaron a versionar algunas de sus canciones y hasta copiaron su look, adoptando el discurso combativo y crítico en sus canciones de los años 70.

De hecho, para acabar de entender lo que supuso ‘Curtis’ en la carrera de Mayfield, conviene que conozcamos su etapa anterior, en la década de los 60, cuando aún formaba parte de The Impressions. Este grupo de doo-wop, soul y R&B se codeó en aquellos años con formaciones míticas de la Motown como The Temptations, The Miracles y The Four Tops, aunque su sonido no era tan pop sino más cercano a la tradición musical sureña, representada por sellos como Stax o Atlantic. Tal vez el motivo resida en que Mayfield conoció a uno de los integrantes posteriores de The Impressions en el coro de la Iglesia de Chicago, y más tarde militó junto a él en varios grupos de gospel locales. Ya con The Impressions, Curtis se consolidó como compositor y alcanzó gran éxito en las listas gracias a un buen puñado de singles.

Poco a poco iría introduciendo temas sociales en sus textos, hasta el punto de que canciones como ‘Keep on pushing’ (1964), ‘People get ready’ (1965) o ‘We’re a winner’ (1968) sirvieron de inspiración al Movimiento de los Derechos Civiles y fueron enarbolados como auténticos himnos por Martin Luther King y el Black Power. Mayfield lograba así colocar la defensa de los derechos de la población afroamericana como tema de algunas de las canciones más populares de la década. Y aun así, sentía que no era del todo fiel a sus ideas: necesitaba expandir su talento y su discurso, necesitaba independizarse. Por eso decidió crear, junto con su manager Eddie Thomas, un nuevo sello (Curtom Records) que acogería sus propios proyectos a partir de entonces y bajo el que lanzaría su debut en solitario.

Esto explica que, pese a tener por entonces sólo 28 años, ‘Curtis’ muestre tal madurez y riqueza, no sólo en los textos sino también en lo musical. En este sentido, ‘(Don’t worry)…’ es el perfecto ejemplo de la evolución de Mayfield como compositor: su rabia y su urgencia creativa confluyen en una canción funk con toques psicodélicos, que se alarga hasta casi los 8 minutos. Destaca la exuberante instrumentación, desde el bajo distorsionado que la abre hasta las omnipresentes congas, pasando por la guitarra ‘wah-wah’ o las secciones de vientos y cuerdas. Precisamente los arreglos de estas últimas, junto con el protagonismo de las percusiones, llevan esta canción a un estilo cercano al ‘sonido Filadelfia’ que Isaac Hayes originaría un año después en ‘Shaft’, considerado como precursor de la música disco.

En efecto, pese a su carga de denuncia, en esencia no deja de resultar música “de baile”, con elementos que se van superponiendo de forma aditiva y creando una suerte de trance, al que también contribuye la prolongada duración del corte. Recuerda bastante, en ese sentido, al single tal vez más popular de este álbum, ‘Move on up’, del que se diría que este ‘(Don’t worry)…’ constituye su “reverso tenebroso”. En ambos la estructura se basa en la música negra tradicional, puesto que no hay alternancia de estrofas y estribillo, sino una base continua en la que partes vocales e instrumentales se van sucediendo como en un diálogo.

Sin más, os dejo con el bajo distorsionado y ese ambiente apocalíptico que también estos días parece adueñarse de nuestras calles, aquí en la Europa del euro, el déficit y los rescates bancarios. ¿Quién nos advierte del riesgo que corremos al olvidarnos de las personas? Hacen falta muchos Curtis que comiencen a predicar el evangelio del despertar social.

el fuego fatuo

2 marzo 2012 at 10:10 am 4 comentarios

RIVER MAN – Nick Drake


Del álbum Five Leaves Left (Island Records, 1969)

Descubrí a Nick Drake gracias a un CD que pedí prestado a mi primo Jordi (uno de mis principales “dealers” de referencias musicales antes de la llegada de Internet), que a su vez lo había encontrado de entre los discos que se amontonaban en Dandelion. Para quienes no la conozcan, Dandelion era aquella tienda en la plaza de San Marcos donde Andy Jarman y Mapi Guedes vendían ropa traída de Londres e impulsaban el Colectivo Karma, allá por la Sevilla de los 90. Por entonces, Jordi tocaba la batería con Strange Fruit (el grupo de Andy) y en ocasiones ayudaba en la tienda currando algunas horas. Yo me dejaba caer por allí, de tanto en tanto, para acompañar a mi primo y de paso ponerme al día de las novedades discográficas.

Volviendo sobre aquel CD, “Five Leaves Left” (título que hace referencia al mensaje de aviso al final de los libritos de papel de fumar – quedan cinco hojas –), era el debut discográfico de Drake. Recuerdo que tras unas primeras escuchas en seguida despertó mi atención el segundo corte del álbum, River Man. Pero antes de analizar qué tenía esa música, una brevísima introducción sobre la figura de Drake con unos pocos aportes biográficos. Nació en 1948 en Birmania, donde residía su familia por motivos laborales, aunque pronto regresarían al condado de Far Leys en Inglaterra. Desde temprana edad, animado por su madre Molly, aprendió a tocar el piano y comenzó a componer sus propias canciones (las cuales grababa en cintas magnéticas). Durante sus años de escolar, mientras paulatinamente perdía interés en sus estudios, tocaba también el clarinete y el saxofón. En 1965 compró su primera guitarra acústica (pagó 13 libras por ella). Tres años más tarde, en 1968, dejó de ir a sus clases de Literatura Inglesa en la universidad para viajar a Londres a grabar su maravilloso primer álbum. Tenía veinte años y tan solo se guiaba por su propia intuición musical.

El título de River Man hace mención al barquero que aparece en la novela “Siddhartha” de Herman Hesse, aunque se trate de un texto enigmático y abierto a múltiples interpretaciones. ¿Quién era Betty? ¿Cuál  era el “plan para el tiempo de las Lilas”? Son algunos interrogantes los cuales, aún hoy en día, los fans de Drake intentan dar significado. En cualquier caso, lo más interesante bajo mi punto de vista no está en los versos, sino en la música del compositor inglés.

La canción comienza con el sonido sincopado de una guitarra acústica. Un arpegio sobre un compás de 5/4 que siguiendo una secuencia de acordes menores parece resolver en uno mayor, pero que finalmente vuelve al ciclo de acordes menores. Esta cadencia en suspense de acordes junto al ritmo de amalgama de la pieza trasmite una leve sensación de inestabilidad, indeterminación o “insatisfacción”, hermosamente desconcertante. Tras unos instantes, una dulce melodía de aires folk cantada frágilmente por Drake aparece como motivo principal. Pero lo mejor de River Man llega con la sección de cuerdas, que con un sonido suave y estático se une progresivamente a la canción dotándola  de una carga de intensidad y de riqueza armónica que va “in crescendo”, hasta que finalmente en su clímax te sobrecoge. Precisamente a causa de este arreglo,  la grabación tuvo que sortear algunos enfrentamientos entre Drake y la compañía discográfica (una pequeña filial de Island Records). El productor del disco, Joe Boyd, tenía la idea de incorporar una sección de cuerdas similar a la empleada por Leonard Cohen en su primer álbum, pero el trabajo realizado por el arreglista de la compañía no gustó a Drake. Él buscaba para esta pieza un arreglo que recordara a la obra de compositores impresionistas como Frederick Delius o Maurice Ravel, así que finalmente reclutó a su amigo Robert Kirby (un joven estudiante de música en Cambridge), que contó con la ayuda del veterano compositor Harry Robinson para terminar de escribir la partitura.

Otro dato curioso sobre River Man es que se trata de una de las pocas canciones compuestas por Drake para ser tocada con afinación estándar. Experimentaba en la mayoría de sus temas con diferentes técnicas de afinación, lo cual enriquecía la sonoridad de su repertorio, pero conseguía irritar al escaso público que acudía a sus directos (debido a las continuas pausas para cambiar la afinación de los instrumentos). Estas malas experiencias en conciertos, en combinación con su carácter introvertido, le llevaron a renunciar a tocar en vivo durante gran parte de su carrera.

Os dejo aquí este enlace, con un video-montaje de la canción colgado en Youtube por cortesía de Island Records. Y este otro con algunas fotos del joven músico.

En 1974, Drake falleció en casa de sus padres por una sobredosis de fármacos, los cuales tomaba durante ese periodo para luchar contra la depresión y el insomnio.  No recibió reconocimiento en vida por su obra y editó otros dos hermosos álbumes, “Bryter Layter” (1970) y “Pink Moon” (1972), dejando un legado musical que ha influenciado a multitud de artistas desde entonces.  Estos versos de “Fruit Tree” (otra canción de “Five Leaves Left”) describen los pensamientos que tenía el músico inglés sobre la indiferencia con la que el público apreciaba su talento, y también parecen presagiar su fatal destino.

Fame is but a fruit tree, so very unsound.
It can never flourish, till its stalk is in the ground.
So men of fame, can never find a way
Till time has flown, far from their dying day.

Mash

2 marzo 2012 at 8:14 am 3 comentarios

BACHELORETTE – Björk


Del álbum Homogenic (One Little Indian, 1997)

Después de más de dos meses de sequía, trabajando en otros blogs y plataformas online educativas, vuelvo a publicar. Pero lo hago inspirado por ese trabajo que estoy desarrollando, principalmente para mis alumnos y alumnas de secundaria. Y es que entre las audiciones de 1º de ESO he incluido esta fabulosa canción de la islandesa Björk. Debo decir que este curso no utilizo libro de texto con ellos, decepcionado por la oferta que las editoriales me ofrecieron el curso pasado, y estoy trabajando con mi propia plataforma Moodle. Para mi sorpresa, las audiciones que he planteado hasta el momento han funcionado de maravilla. Lo normal habría sido tener que valorar las que van mejor o peor y cambiar algunas, pero las que he usado hasta el momento van estupendamente.

En el caso concreto de Björk, y teniendo en cuenta que son chicos y chicas que nacieron dos años después de la publicación de este tema, el atractivo procede también de la imagen que acompaña: el fabuloso videoclip que ideó Michel Gondry. En este caso, mis alumnos deben seguir con atención la historia, tratar de comprender qué sucede en el vídeo, qué historia nos cuenta, y buscar la metáfora que encierra dicha historia. Este último momento es el más interesante, porque da lugar a que algunos superen las espectativas que uno pone en la actividad.

Se trata de una actividad muy visual, en la que la música juega un papel secundario. Sin embargo, me parece una forma excelente de que esta música forme parte de su catálogo musical, en general todavía escaso y basado en lo que en su entorno más cercano pueda escucharse (padres, tíos, algunos amigos mayores) o la música para niños o adolescentes. ¿Significa eso que me parece secundaria la música de este videoclip? Evidentemente que no. Es un recurso, como otro cualquiera, para formar oyentes futuros con oídos abiertos a cualquier experiencia. Tened en cuenta que antes habían escuchado (en clase, me refiero) un repertorio tan heterogéneo como la Toccata en Re de Bach, 4’33” de Cage, Primer movimiento de la 5ª sinfonía de Beethoven, Un americano en París de Gershwin, Ionisation de Varese, el final de Obertura 1812 de Chaikovski y dos fragmentos de Bailar en la oscuridad de Björk. Este trabajo profundiza en la música de la cantante.

Luego volveremos al ejercicio del videoclip. Ahora hablaremos un poco de la música.

Bachelorette forma parte de una trilogía que comenzó con “Human behaviour” (de su primer álbum en solitario, “Debut”) y siguió con “Isobel” (del siguiente, “Post”). En esta ocasión, Isobel viaja a la ciudad con un libro en blanco que encontró en el bosque, y que para su sorpresa se autoescribe con lo que le va sucediendo. Una idea tan surrealista como tantas otras maravillosas letras de Björk. Hay que decir que el autor de la letra es el poeta islandés Sjón, que ya había escrito la letra de Isobel. Además, esa introducción hablada del videoclip y las escenas que vemos no encuentran una relación directa con la poesía cantanda, que parece hablar de otra cosa. El propio nombre de la canción, “Soltera”, da pocas pistas. Aún así, siempre agradezco que la poesía vuelva al lugar de donde nunca debió partir: la música.

Desde que escuché esta canción, allá por la fecha de edición del CD, fue una de mis favoritas del disco, junto con “Joga”. El ambiente de sinfonismo es muy de mi agrado, con una percusión electrónica que en general se limita a acompañar sin estridencias, destacando tan solo en las partes más suaves. La repetitiva melodía del principio evoluciona gracias al movimiento armónico de la cuerda, alcanzando una sección de dinámica más suave en la que una instrumentación más sutil permite un emocionante crescendo para regresar a la parte anterior. Parece ser que el final en diminuendo con un acordeón era bastante más extenso, pero que mentes comerciales pegaron el correspondiente corte musical. Una lástima, la idea que se deja entrever promete.

Pero regresemos a la actividad del videoclip. La wikipedia nos ofrece esta sinopsis de la historia:

“Isobel encuentra un libro en blanco en su jardín y decide viajar a la ciudad cansada del campo. Entonces descubre que según lo que va haciendo, el libro se va escribiendo sólo y al acabarlo, bajo el título de “My Story” lo presenta a una editorial y se enamora del editor. El libro resulta ser todo un éxito y al ser presentado en un teatro, la copia original comienza a borrarse ella sola y a reescribirse. Cansados de tener tantos personajes diferentes, el libro pierde todo su éxito y entonces Isobel decide devolverlo a donde lo encontró.”

Desconozco si el autor de esta sinopsis estaba bien informado o no, pero yo no lo entiendo así. Para mi es mucho más acertado el comentario de Hernán Ferreirós en este artículo:

“Gondry, como un director enfrascado en las paradojas de las estructuras recursivas, hace que sus clips se plieguen sobre sí mismos y se conviertan en reflexiones sobre el medio. Ésa es la intención que expresa claramente el video de Bachelorette de Björk, en el que vemos al público mirar una obra de teatro que muestra al público mirando una obra de teatro que muestra al público…”.

Y, como comentaba yo al principio, esto encierra una metáfora, o podríamos entenderlo como una metáfora (que viene siendo lo mismo). La que más me gusta es la metáfora del éxito, de la fama que se obtiene con facilidad (me encuentro un libro que se escribe sólo) que termina en un círculo cada vez más viciado (el ambiente de los sucesivos escenarios se vuelve más oscuro y lúgubre cada vez) y termina por devolvernos al lugar de donde vinimos (Isobel termina en el bosque de nuevo).

Es una interpretación de la muchas que podemos hacer, pero que a mi me vale y es estupenda para trabajar en clase. Lo sorprendente, como os contaba al principio de esta entrada, es cuando un alumno o alumna de 12 años te sugiere una intepretación igualmente válida y que va, incluso, más allá de lo que probablemente Gondry habría pensado. Esa es una de las grandes ventajas del surrealismo. Me encantó la de un niño que pensó en cómo los árboles van apareciendo en el videoclip, hasta llenarlo todo. Todos aquellos libros que se habían publicado estaban hechos de papel, y el papel sale de los árboles. De este modo, sería la venganza de naturaleza por la destrucción que sufre de manos humanas. ¿A que es una interpretación bonita e imaginativa? Disfrutad, por fin, de esta “venganza”.

Muy interesante lo que hace en un escenario esta mujer. Es impresionante el esfuerzo por reproducir lo que se escucha en el disco, currado hasta el mínimo detalle. Salvando las desafinaciones de la cuerda más o menos lógicas en estos ambientes, el resultado me parece muy potente para un escenario. Esto pertenece a un concierto en Cambridge en 1998. Precioso y oscuro escenario.

15 diciembre 2011 at 6:04 pm 5 comentarios

GOD ONLY KNOWS – The Beach Boys


Del álbum Pet sounds (Capitol, 1966)

Este verano me he pegado un buen lote de escuchar música de los 60. La verdad es que no es un momento del que supiera una barbaridad, y la maratón años 60 me ha permitido descubrir muchas y buenas canciones. Cuando no estás habituado a un tipo de música se produce el efecto “pescadilla”: como no la escuchas, no la conoces bien ni la disfrutas; como no está entre tus favoritas, no la escuchas.

Es curioso cómo funciona nuestra mente. Al ponerme un disco de esta época lo hacía sin mucho interés. Es una música con la que no he convivido, no he pasado momentos de la infancia o la adolescencia escuchándola, no me recuerda casi nunca a nada ni a nadie… Han pasado casi 50 años, y para mi es tiempo suficiente para que haya que escucharla con un halo de historia a su alrededor. Sin embargo, conforme escuchas un disco, y otro, y otro… empiezas a dejar que la música fluya (una idea muy sesentera, ¿no creéis?). A veces comenzaba un disco y estaba deseando quitarlo, pero a la quinta canción me había metido dentro del ambiente y ya era incapaz de hacerlo.

Los californianos Beach Boys no han sido uno de mis descubrimientos veraniegos, ni su archiconocido “Pet Sounds” una novedad, pero sí es cierto que estas audiciones estivales me han permitido situarlo en su época. Ahora veo hasta qué punto estaban sentando las bases del pop barroco que en los últimos años ha vivido un auténtico revival en EEUU. Curiosamente he escuchado también este verano el nuevo disco de MGTM, que parecen haberse inspirado en ese ambiente de pop y psicodelia de finales de los 60.

Hicieron muchas y buenas canciones los Beach Boys hasta que Brian Wilson se retirase de los escenarios por sus paranoias. No en vano hemos podido disfrutar recientemente de una nueva versión del “Wouldn’t it be nice” en la publicidad de una marca de coches. El anuncio es una maravilla. El cover, regulero nada más.

Para mi, no obstante, ésta es la mejor canción de los chicos. La técnica de acordes placados, tan pop, permite a Wilson hacer de las suyas en la armonía del tema. Y la melodía es simplemente maravillosa. Por algo ha sido considerada una de las mejores canciones de todos los tiempos.

Como dijo Tony Asher, coautor del tema, no hay muchas canciones de amor que comiencen diciendo “Tal vez no siempre te amé”. Y es necesario, para que una letra se convierta en una gran canción, que tenga este tipo de textos que permiten avanzar junto con la música.

Pero, para mi, lo más destacable es la instrumentación. Brian Wilson estaba fascinado en esa época con el “muro de sonido” de Phil Spector. De hecho, comentó que el título del disco “Pet Sounds” fue un homenaje a las iniciales del productor. Esa fue la línea que siguieron los Chicos de la Playa, con una orquestación grandilocuente, apariciones de instrumentos orquestales como la trompa (al principio del tema), los vientos puntuales o cuerdas exuberantes. En toda esta fantasía orquestal destaca la maravillosa  armonía vocal con la que concluye, en forma de contrapunto imitativo, perfecto broche de oro.

Para terminar, un detalle de composición nada banal. El arranque del tema nos deja la sensación de que ha empezado antes, de que había música antes de sonar la primera nota, de que estábamos escuchado la canción sin darnos cuenta. Esto es así por el uso tan inteligente (yo diría más bien intuitivo) de la armonía modal y la modulación. En las ocasiones en que se llega a una “tónica”, ésta no tiene sensación de descanso, no se permite la relajación, bien porque surge una nueva modulación, bien porque la línea armónica sigue avanzando hacia un punto de inestabilidad, que obliga a seguir avanzando. De hecho, es de las pocas canciones en que veo relativamente justificado el final “fade out”, es decir, ir bajando poco a poco el volumen hasta que desaparece. La rueda de acordes final tiene esas mismas características, no descansa en ningún acorde, sigue funcionando eternamente. Es como encontrar el final de un círculo.

Señoras, señores, así se las gastaban hace 45 años:

Como hay gente pa tó, este/a friki ha mezclado las imágenes de dos de las películas que concluyen con “God only knows”, en concreto Love actually y Boogie nights, y ha buscado similitudes entre ambos finales. Está cogidito con pinzas, claro, pero es divertido:

1 octubre 2011 at 3:41 pm 4 comentarios

MUSIC FOR PIECES OF WOOD – Steve Reich


Para cinco claves afinadas. 1973.

Si existe una obra occidental que se adentra en la música como mantra, como medio para llegar a otra dimensión, esa es la Música para piezas de madera del percusionista y compositor norteamericano Steve Reich. Interpretar esta obra es adentrarse en un terreno pantanoso en el que el tiempo se difumina y los asideros musicales que los occidentales hemos creado, como el compás, desaparecen.

Pero lo que me parece más sorprendente de ella es que, a simple vista, la partitura no nos previene de nada de eso. Un compás sencillo, un patrón de simples corcheas y nada especial. Para cualquier percusionista es una pieza elemental… hasta que hay que tocar. Cuando empiezas a tocar una, dos, tres, cuatro, cinco, seis… treinta y dos, treinta y tres, treinta y cuatro, … setenta y seis, setenta y siete… Hay un momento en que es prácticamente imposible saber dónde se encuentra el compás: ha desaparecido. Tus manos siguen tocando, pero tu mente no las controla. De hecho, no eres capaz de analizar racionalmente lo que escuchas, se ha convertido en un mantra en el que estás inmerso.

Esto sería así completamente si no tuviese algunos hitos, momentos de unísono o de acentuaciones marcadas que hacen que la forma se complique levemente y suponen una concesión al espectador, que lleva muchos minutos escuchando esa masa de sonido informe que avanza como una ola. En todo caso, como sucede con los exitosos Mayumaná y ese tipo de rollos, lo que resulta atractivo al auditorio es ese mover palos arriba y abajo en alegre pero tenso batir.

Si atendemos al movimiento de manos, veremos que se trata de dos ritmos contrapuestos con un pulso constante en el centro. Los ritmos contrapuestos, en realidad, son el mismo pero desplazado, una técnica muy del agrado de Steve Reich. Los compases varían a lo largo de la obra, empezando en un 6 por 4, luego un 4 por 4 y, por último, un 3 por 4. Es decir, se va cerrando el radio de acción de las acentuaciones y acelerando la producción de ritmicas.

En esta versión queda bastante bien reflejada la realidad de esta obra. En algunas ocasiones vemos como los intérpretes se sienten cómodos con los golpes que están dando, en otros casos se pueden notar pequeñas imperfecciones en la rítmica de una de las claves, y en algún momento, incluso, sentir que uno de los percusionistas está al borde del colapso. Y, os lo aseguro, esto es como saltar a la comba, una vez que te metes, no se puede parar.

El final es significativo al respecto. Están enfrascados en la rítmica, que ya se encuentra bien estabilizada y controlada. Pero hay que terminar, que para eso es música de concierto. El gesto del percusionista de la izquierda marca los dos últimos compases, pero… ¿dónde empieza ese compás?

Una vez más, como tantas otras en el minimalismo, una asombrosamente sencilla partitura esconde una obra de difícil interpretación. Yo tuve la suerte de interpretarla en el Teatro Central de Sevilla con mis amigos de Taller Sonoro, y la recuerdo como una de las más grandes experiencias que he vivido subido a un escenario, en lo que a intensidad se refiere. Nuestra interpretación, sin concesiones, duraba casi 15 minutos, y era fascinante el silencio que se creaba tras tanto tiempo de sonido intenso. Porque, aunque sea un instrumento tan sencillo y humilde, ¡cómo suenan unas claves!

En este caso, la versión corre de cuenta de Nexus, un grupo japonés dirigido por Toru Takemitsu. Se trataba de una serie de conciertos llamados “Music today” en 1984.

28 septiembre 2011 at 3:40 pm Deja un comentario

RABO DE NUBE – Silvio Rodríguez


Del álbum Rabo de nube (EGREM, 1980)

El vinilo de este álbum, creo recordar que propiedad de mi hermano Jordi (con lo indipop que se volvió luego el muchacho) tenía algo diferente. Mi memoria es patética, y no pondría en pie qué era eso que me llamaba tanto la atención. La portada consiste en un mosaico que representa un “rabo de nube”, es decir, un tornado, en un estilo naif. No eran esas las portadas que nos llamaban la atención a finales de los 80, cuando escuchábamos aquel disco, e incluso creo recordar en el cartón un tacto diferente, como más grueso. No era el embalaje exterior, por tanto, lo que me atraía del LP. Entenderéis que se tratan de simples recuerdos sensibles, nada más. Nada “real”. Sin embargo, hacen que para mi sea un disco diferente dentro de la carrera del cantautor.

Tampoco la canción protesta se encuentra entre mis géneros favoritos, ni por entonces. Las proclamas comunistas que en sus discos enarbola son bonitas a veces, pero otras bastante “viejunas”, aunque en aquellos 80 españoles supongo que sonarían a gloria. Pero luego tiene estas otras canciones cargadas de una esperanza más clásica, más duradera. La presento aquí como un segundo homenaje a los indignados e indignadas de España que esperamos la llegada de ese “rabo de nube” que sea “un barredor de tristeza, un aguacero en venganza que, cuando escampe, parezca nuestra esperanza”.

La letra es, sin duda, uno de los fuertes de esta canción. Como la buena poesía, es sencilla y está cargada de símbolos que podemos hacer nuestros. Porque todos queremos una vida mejor, que aparezca un tornado, se lleve lo feo y nos deje el “querube”. Es evidente la solución que Silvio Rodríguez plantea, amigo personal de Fidel Castro. Hoy día, en que las soluciones comunistas parecen agotadas, gran parte de su producción ha perdido frescura. Excepto un buen puñado de canciones, como ésta, en las que no se centra tanto en la problemática hispanoamericana y en las revoluciones que entonces tuvieron lugar. En ellas, simplemente, nos ofrece la posibilidad de soñar.

El texto es puesto en música con el estilo propio del autor. Una melodía que se nutre del folk americano que habían inaugurado Pete Seeger y, más tarde, Joan Baez o Bob Dylan. Aunque es posible encontrar en su trabajo rastros de la música de su país, no es precisamente lo que llamamos “música cubana”, es decir, el son, la salsa, el bolero, etc. Y esta canción es una muestra de lo lejos que se encuentra, a menudo, de esos géneros populares. El uso del arpa como único instrumento acompañante es prueba de ello.

De hecho, es algo que agradezco sobremanera. Este disco adolece de una producción bastante kistch por el uso de los sintetizadores moog y solina, del ya en decadencia hammond, y hasta de un “clavicembalo” que no sé si lo era de verdad o no, pero cuyo sonido barroco contrasta con el de la síntesis analógica de los anteriores. A esto añadimos la sempiterna guitarra del cubano y percusiones que no suelen estar bien integradas en el conjunto, que suenan bastante a mentira. Un disco que lleva mucho tiempo pidiendo un remake bien orquestado.

No es el caso de esta canción, que da título al álbum y que, como ya comenté, tan solo hace uso de un arpa. Es doblemente interesante la elección del instrumento. Por una parte, resulta muy práctico el uso de un instrumento de cuerda punteada y de características similares a la guitarra, con la que sin duda había creado el cantautor su acompañamiento. Por otra, el arpa crea un ambiente de ensoñación mucho más onírico que la guitarra: es mágica. Justo la magia que requiere una canción que nos habla de que otro mundo es posible. Un mundo en el que lo que nos jode, hablando mal y pronto, pueda convertirse en esperanza. Ese mundo que persiguen los acampados y que deseamos los indignados del 15M. Ponerle nombre y apellidos a “lo feo” y a “nuestra esperanza” es la cuestión que tantos debates ha abierto.

Un recuerdo especial para aquellos que han recibido los feos palos de la policía en Cataluña. Hoy transformados en esperanza.

Versiones en directo:

29 mayo 2011 at 10:29 pm Deja un comentario

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