CONCERTO PARA CLAVE Nº 5 EN FA MENOR BWV 1056 – Johann Sebastian Bach

11 julio 2009 at 7:08 am 6 comentarios


Segundo movimiento (Largo) compuesto en 1735.

La música puede abandonar a su época y autor para volar muy alto, para devenir eternidad. Hemos de olvidar el contexto, el marco en que deberíamos situarla, y simplemente escuchar con oidos nuevos, no alterados por el conocimiento. ¡Qué daría yo para escuchar por primera vez este increible largo de concierto! Es lo que tiene la modernidad, que podemos escuchar una y otra vez las mismas piezas, que van erizando nuestra piel un poco menos a cada escucha.

Por fortuna, existe situaciones que nos permiten recordar lo que sentimos cuando estos sonidos se ponen en movimiento. En mi caso, el redescubrimiento vino de la mano de Woody Allen y su magnífica película “Hannah y sus hermanas”. Supongo que ya sabréis que Allen utilizaba su colección de discos para las bandas sonoras. Sí, es cierto que el hombre es un apasionado del primer jazz y que casi toda su abundante producción está trufada de dixieland, swing, big bands y un largo etcétera de piezas del estilo. Sin embargo por aquí y por allá aparecen joyas de la música clásica, que también deben apasionar al neoyorquino. La escena en que esta música es protagonista nos muestra a un Michael Kaine enamorado de la hermana de su mujer que se hace el interesante poniendo esta pieza (en vinilo, por supuesto) en su interpretación para piano y cuerda. Y con ese gesto queda todo dicho.

¿Por qué tenemos que despreciar (en cierto modo) cuestiones sociales y musicales para volver a cargar de significados a estas músicas? Bien, vuelvo a lanzar una hipótesis con su argumentación y todo. Para empezar, un concerto de 1735 era una pieza italiana -que Bach funde con su estilo alemán, inaugurando así el concierto para teclado– que constaba de tres movimientos. El lento es siempre el segundo, y por tanto va precedido y continuado por otra música. De hecho, este movimiento termina esperando continuidad, y si escucháis la versión completa os daréis cuenta de que finaliza en la dominante de fa menor, tonalidad del último movimiento, aunque éste se desarrolla en el relativo mayor, caso frecuente en los concerti en tonalidades menores. Es evidente que tenemos que olvidarnos de todo esto para disfrutarlo “per se“. Parece demostrado que los concertos para clave de Bach fueron reelaboraciones de concertos para violín o, en este caso, para oboe. Hoy día sería como volver a cantar la misma canción pero “remezclada”. En su época, esta situación era muy frecuente y difiere de lo que pueda significar hoy día reelaborar un material precedente. Como las músicas eran escuchadas exclusivamente en sus interpretaciones en vivo, una pieza de Bach podía oirse muy poquitas veces, e incluso en una única ocasión. Este hecho ha provocado la desaparición de un gran número de piezas del autor, quien quizás veía en sus partituras caducadas más utilidad para encender fuego o limpiarse las botas llenas de barro del lluvioso Leipzig. Y, por tanto, una pieza que ya no se escucha puede volver a escucharse como si fuera otra pieza. Y ya está. Al fin y al cabo, los grandes barrocos no dejaron de ser unos artesanos asalariados para nobles y gobernantes, y había que ganarse las habichuelas todos los días.

Una visión poco romántica, ¿no? Y sin embargo, ¡qué sublime resulta en la escena que comenté antes! Pero bueno, ¿es que Bach no tuvo nada que ver con que esta música nos resulte sublime? ¿Tan sólo una suma de condiciones “ambientales” nos hacen sentir determinadas sensaciones con determinadas músicas? No lo veo así. Bach era un músico de su época, un currante del copón y padrazo de veintitantos niños (bueno, en esta época ya grandullones), y es probable que lo que hoy consideramos “romántico” en nada tocase a su forma de entender la música. Pero hizo un buen trabajo. Digo más, un trabajo sublime.

Leyendo el “Grout” de Historia de la música occidental me encuentro con la crítica que un coetáneo llamado Johann Adoph Scheibe hizo al estilo de Bach en 1737. En ella es acusado de resultar aburrido, ampuloso, confuso y de oscurecer la belleza de su música con un exceso de artificios. Nuevamente un ejemplo de lo necesario que resulta escuchar la música de los clásicos con oídos nuevos, porque si usásemos los del pavo este… El concerto BWV 1056, y especialmente su largo, se encuentra cabalmente en las antípodas de lo descrito por Scheibe. La línea melódica avanza con una sorprendente delicadeza con el soporte del pizzicato de las cuerdas, resultando (en especial en la primera sección) luminosa y sencilla, el contrapunto está usado con la prudencia y simplicidad de un sabio y la forma se nos muestra como si de un libro abierto se tratara. Una sencilla forma que termina de manera inestable, como ya comenté anteriormente, lo que me recuerda a los breves movimientos lentos de los conciertos de Vivaldi. Bach ofrece al intérprete una partitura que podrá llevar hasta la cima de los sentidos.

Y pasemos, por tanto, a la cuestión de la interpretación. Dos se ofrecen aquí: la primera para clave y la segunda para piano (que es la que se escucha en la película). Si me preguntáis, las dos maravillosas. La sutileza del clave está acentuada en esta grabación, los adornos comedidos y la precisión rítmica roza la perfección, permitiéndose Pinnock pequeños rubati que aportan una emoción contenida. La de Gould, bueno, ya conoceréis al personaje, uno de los mejores intérpretes del maestro alemán, y en este caso (¡por suerte!) no se le escucha cantando por detrás. El piano carga las tintas de la expresividad y, sobre una punzante cuerda, llena de calidez y sensibilidad el espacio sonoro. La imagen mental que se me viene a la cabeza es la de una manta cálida que te arropa ese día frío de invierno; llueve en la calle, la chimenea está encendida y está anocheciendo.

Llegó la hora: pónganse los oídos nuevos, cierren los ojos y escuchen.

Versión para clave: Trevor Pinnock y The English Concert
[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=NLrNhMGPQtk%5D

Versión para piano: Glenn Gould
[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=S7mzHZIrqtc%5D

Escena de Hannah y sus hermanas (Dirigida por Woody Allen, 1986). Esto es para abrir boca, porque desgraciadamente no he encontrado a la que hago referencia. En cualquier caso, se aprecia el ambiente en que la música de Bach hará su aparición. Y así tendréis que veros la peli completa :D
[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=ieoFkuu_aNM%5D

Y, por último, para los que quieran escuchar el concierto completo. Aviso: no sé por qué pero la grabación del primer movimiento no parece coincidir con la de los otros dos. :S
[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=tOKIHzd7sZM%5D

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6 comentarios Add your own

  • 1. Patricia  |  11 julio 2009 a las 10:08 am

    Muy recomendable, en la misma línea intimista del pizzicato de las cuerdas, el Adagio del Concierto para dos claves en do menor (BWV1060). Más deliciosos que los respectivos solos son los momentos de transición donde un clave responde al otro, creando una tensión a muy pequeña escala, preciosista, y todo, por supuesto, inspirado en un único motivo.

    Responder
  • 2. Patricia  |  11 julio 2009 a las 10:10 am

    mmm, el link no tira: lo haremos a la antigua…

    aquí, un poco hacia abajo, disco 1, pista 2.2 (largo ovvero adagio)

    Responder
  • 3. oC  |  12 julio 2009 a las 8:45 am

    ¡Por eso es bueno tener amigas clavecinistas! Bueno, por esto y porque puedes comer churros en La Haya, en?? Muchas gracias por traernos esta otra maravilla.

    Pinchando aquí la tenéis completa del mismo disco de Trevor Pinnock que puse en el post, aunque tu versión de Amazon es mucho más bonita a mi juicio (¡como se nota que sabes, fiera!).

    Responder
  • 4. Mash  |  12 julio 2009 a las 5:13 pm

    Esta pieza que comenta Patri, me trae a la cabeza las hermosas imagenes de “Barry Lyndon” dirigida por otro mounstruito, Stanley Kubrick. En esta peli un conjunto interpreta el “Adagio del Concierto para 2 claves BWV 1060” antes de la aparición ruidosa de Bryan (hijo de Barry) de la mano de Lord Bullingdon y en los zapatos de este.

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    • 5. oC  |  12 julio 2009 a las 5:51 pm

      ¡Oh maravilla de las maravillas! Desconocía esa referencia, y eso que Kubrick es de mis favoritos. Tendré que repasármela una vez más. ¡Gracias, primito! -en el buen sentido de la palabra :) –

      Responder
  • 6. Lalosky  |  3 marzo 2013 a las 4:42 pm

    Es casi inencontrable, pero por si alguna vez tienen la oportunidad, les recomiendo la sorprendente adapatación que hizo a mediados de los años 70, el grupo chileno Barroco Andino. Felicitaciones por el texto.

    Responder

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