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LOVE MY WAY – The Psychedelic Furs

Del álbum Forever now (CBS, 1982)

Los Pieles psicodélicas sacaban su álbum recopilatorio All of This and Nothing en el año 88, estando yo en plena adolescencia y receptivo para todo aquello que sonase a pop y rock “diferente”. Gracias a este vinilo, que aún conservo, conocí y berreé todos sus éxitos. Y recuerdo especialmente la sensación que tenía cuando escuchaba su música: era una especie de inquietud. Me gustaban sus canciones, son pegadizas y funcionan en general con comodidad. Es un pop con un alto potencial comercial. Sin embargo, la voz cascada y más grave que aguda de Richard Butler, los teclados oscuros de pads ochenteros dando pinceladas por aquí y por allá, el uso del saxofón (instrumento que no apreciaba yo en su justa medida) y esa cierta melancolía que respiraba la new wave, me dejaba sin saber si debía apostar todo por ellos o retirar la puja. Hoy tengo la respuesta, muy lógica y evidente: depende ;)

Dando un repaso a su discografía y sus éxitos, encuentro detalles que refrendan mi opinión. La propia estética de las portadas pasa del estilo Velvet y de pop Warhol que lucen en sus primeros discos, al glamour que respira su 4ª portada, cercana a la estética glam, e incluso a recordarnos a ese Michael Jackson del vídeoclip “Bad” en la 5ª.

También vemos cómo los productores de cada LP son diferentes, y eso se aprecia con claridad en un recopilatorio. Cada canción te lleva a sitios distintos. No puedo decir que suene a eclecticismo, porque es un grupo con un sonido muy peculiar y personal. Pero “Love my way” fue producido por Todd Rundgren, y no es una información gratuita, como luego veremos.

Lo que sí aprecio en la carrera de estos chicos es un cierto anhelo de éxito comercial, una aproximación a un público de masas. Y eso es algo que te obliga estilísticamente hablando a lo largo de tu carrera. ¡Ojo! No lo digo como algo peyorativo, en muchas ocasiones ha generado productos de gran calidad y perdurabilidad en el tiempo.

Este es para mi el caso de “Love my way”. Y más aún ahora que parece que el indie tiene que sonar a los 80. Cuando escuchas un tema como este pasados 30 años y piensas que supera a muchas de las propuestas actuales en esa línea, que la muchachada “independiente” de hoy podría considerarlo un éxito, es cuando te das cuenta de la calidad de este trabajo.

Seré en esta ocasión os daré diez razones para escuchar la canción y disfrutarla con más intensidad:

1. La ya citada voz de Richard, sello personal del grupo.

2. El uso del xilófono (gloria bendita). En el videoclip aparece una marimba, más potente visualmente hablando, pero yo apostaría por que es un xilo.

3. La serie de acordes de la estrofa sobre un modo frigio: Do mayor – Si menor.

4. La resolución del estribillo con los acordes Do mayor y Re mayor, que siguen flotando sobre dicha modalidad. Me encantan estas figuras armónicas que no descansan sobre el centro tonal que nuestro oído nos pide (que sería Sol) y que evolucionan con tan sólo tres acordes.

5. ¡El bajo, por favor! Se usa con mucha prudencia. En la estrofa aparece y desaparece, un detalle que no todo el mundo aprecia, pero que siempre se nota. Cuando llega el estribillo, a marcar con fuerza las corcheas, como requiere el momento.

6. Y esto me lleva al estribillo. Que maravilla cuando una canción sabe contenerse para emocionar cuando hay que hacerlo. Fijaos en cómo crece el tema. Esto es algo de lo que a menudo se olvidan las producciones actuales “ochenteras”.

7. Guitarra comedida y teclados muy cuidados, con un par de pads y algún detalle en las estrofas… que gusto.

8. No he hablado de la batería, sin grandes aspavientos pero siempre en su sitio. Fijaos al final de la canción como usa el base y los toms, así como en los estribillos. El sonido, claro está, nos sitúa en su época, con esos bombos con mucho agudo y esas cajas tan características.

9. No os perdáis ese momento, sobre el minuto y medio, en que el estribillo es cantado sobre la base armónica de la estrofa. Lo que decía antes, esto es hacer que lo música evolucione con tan sólo tres acordes.

10. Esas letras que no dicen nada pero que tienen sentido. Muy de ingleses de aquel momento, dejando atrás el punk pero recordándolo en detalles. Por otra parte, no deja de ser otro “my way”.

Creo que son razones suficientes. Escuchad y opinad al respecto.

Versión en directo, en el programa “La edad de oro” de RTVE, año 84:

2 abril 2012 at 4:19 pm 2 comentarios

KASHMIR – Led Zeppelin

Del álbum Physical Graffiti (Swan Song, 1975)

Soy un gran admirador del 6 en música. Pero no en el compás… me agota el 6/8 en que han abundado tantos grupos de folk rock o incluso de rock “alternativo” como mis queridos Radiohead, por no remontarme a esta época de los Zep, con el rock progresivo haciendo de las suyas. Aquí los británicos mantienen el orgulloso ritmo binario característico del heavy. De hecho lo mantienen A PESAR de esos 6. ¿De 6 qué? Pues son 6 los pulsos de la serie de las cuerdas para que cuadre con el ritmo de batería. O 6 bombo-caja en la frase. Aunque, en lugar de 6 compases binarios, podríamos usar muchos más números: 4 compases ternarios o 3 cuaternarios.

En cualquier caso, lo más interesante es la polirritmia que se produce en este asombroso Kashmir que Page y Plant crearon tras una visita a Marruecos, y que nos habla de falsa mística y exotismo. La batería de Bonham mantiene un sólido ritmo binario que encaja sin asperezas en el ternario de la armonía creada por una rítmica cuerda. Todo un acierto.

Para la banda, considerada una de las más influyentes en el desarrollo del heavy metal, esta fue una de sus canciones más logradas, precisamente por ser potente e intensa sin necesitar de dicha etiqueta. Es más, pese a su duración de ocho minutos y medio, tampoco es fácil situarla entre el rock progresivo o sinfónico, género en el que son frecuentes tales duraciones.

Pese a que la banda se vio influenciada por sonoridades orientales, de las que toma alguna de las melodías que aparecen en partes instrumentales, el epicentro musical se sitúa en la progresión armónica del comienzo, que sirve de ritornello durante todo el tema dando coherencia y redondez a la forma. Se trata de una secuencia cromática ascendente (algo que nos aleja de lo oriental) cuya serie se rompe con un tono completo, evitando así el uso de sensible y situándonos más en entornos sonoros modales, algo que nos acerca a lo popular (más que a lo oriental).

De este modo, Kashmir es interesante porque es capaz de integrar avances armónicos y rítmicos de músicas más vanguardistas, como la polirritmia o las escalas cromáticas, y sonoridades más clásicas y populares, como las escalas modales y los ritmos “pesados”. Vamos, que les salió un tema bastante redondo. Disfrutadlo.

13 enero 2011 at 7:55 am 1 Comentario

MAKING CHRISTMAS – Danny Elfman

De la película musical Nightmare before Christmas dirigida por Henry Selick y producida por Tim Burton (Touchstone Pictures, 1993).

La fusión Burton-Elfman dio como resultado una de las mejores películas de animación de la historia del cine. Y no olvidemos que es una fusión de imagen y sonido, y que la banda sonora es la mitad de este maridaje. La parte animada está realizada mediante la técnica de “stop motion”, es decir, tomando el movimiento de los muñecos fotograma a fotograma.

No era la primera vez que trabajaban juntos. Desde “La gran aventura de Pee-Wee” en 1985 había ganado un Grammy por Batman y compuesto el famosísimo tema de cabecera de la serie The Simpsons. Es decir, se encontraba en el punto álgido de su carrera. Pero lo más interesante para mi es su capacidad camaleónica de emular estilos y géneros. En este caso logra reproducir el ambiente de los musicales clásicos de Broadway, sin renunciar al carácter propio de su música ni al tono macabro que tanto abunda en la producción de Tim Burton.

Se trata de una canción coral, y no me refiero a “coro” (que también) sino al hecho de que la melodía vaya pasando por cada uno de los personajes de la escena, habitantes de la ciudad de Halloween que tratan de crear su propia Navidad. Para la instrumentación hace uso de una orquesta abundante en timbres, pero prescinde de sonidos más pop. Como he dicho, prefiere reproducir el ambiente del musical clásico. En la versión inglesa es más fácil apreciar el uso que hace de los timbres orquestales, cómo va moviendo las melodías por diferentes instrumentos y creando ambientes impresionistas con los arpegiados en la cuerda o la percusión.

Con esta simpática canción quiero desearos unas felices fiestas. Teniendo en cuenta cómo está la cosa, la peli da unas cuantas ideas interesantes sobre cómo ahorrar a la hora de comprar regalos y decoración navideña. Eso sí, el resultado puede ser un poco … aterrador!!!

Versión original:

Versión doblada en español:

24 diciembre 2010 at 3:09 pm 1 Comentario

LOVE WILL TEAR US APART – Joy Division

Del single homónimo (Factory Records, 1980)

Hace un par de días celebramos en mi centro escolar, como cada año, el día contra la violencia de género. Una chica de bachillerato llevaba en sus botines (zapatos deportivos de lona, para que me entendáis; en Sevilla los llamamos así) escrito el título de esta canción. Para quien no tenga fresco el inglés, significa algo así como “El amor nos destrozará”, y con ello realizaba su alegato contra el maltrato. Para mi fue tan gratificante encontrar la referencia a una canción de más de 30 años en una chica con apenas 18 que me propuse hablar del temazo de los de Manchester.

Difícilmente podríamos entender la letra de Ian Curtis en el sentido que le quiso dar Alicia, que así se llama la promotora de este post. Lo más probable es que la letra estuviese motivada por el reciente divorcio del cantante, o por una situación previa a este. El mayor éxito de la banda llegó tras el suicidio del propio Curtis, quien contaba con tan sólo 23 añitos, y con una canción de fortísima carga depresiva. Se abría la puerta de toda la música melancólica y oscura que dominaría en gran medida el panorama independiente de los 80.

Tras escuchar de nuevo el tema en Youtube, vídeo por delante, he llegado a la conclusión de que lo que más me interesa comentar no son todas esas cuestiones extramusicales que rodean el éxito y que han hecho de Joy Division un grupo de culto (podréis leer sobre ellas en la wikipedia), sino precisamente sobre la música que contiene.

Comencemos con la abaritonada voz de Ian Curtis, uno de los sellos característicos de la banda. Como ya he comentado otras veces, el pop y el rock nos tiene acostumbrados a situar las voces en la zona media del registro, principalmente tenores y contraltos. Cuando un hombre se sitúa por la zona baja del pentagrama en clave de fa, nos resulta extraño en un primer momento. Pero no, no han faltado barítonos de aterciopelada voz que han conmovido nuestros corazones. De hecho, parece ser que los colegas de grupo le pidieron a Curtis que “cantara como si fuera Frank Sinatra”. Es evidente que eso no fue posible, pero resulta interesante la referencia ¿no os parece?

Con respecto a la instrumentación que emplean, Joy Division empezaba a incluir sonidos sintetizados en sus temas, algo que explotarían en profundidad la secuela del grupo tras el suicidio de Curtis, New Order. Por lo demás, será el sonido que en estos últimos años andan refrescando como pueden los seguidores del llamado dance punk (yo, como siempre, me planteo los por qués de estos nombres).

Pero es en la armonía que se crea donde encuentro el secreto de esta canción. Si nos fijamos con detalle, el bajo va repitiendo en un registro más bien agudo (para ser un bajo) la melodía del estribillo, incluso en las estrofas. El teclado, por su parte, se dedica a tocar notas tenidas más propias de un bajo, como si fueran las fundamentales de los acordes (que no lo son, por cierto). De esta manera, resulta muy complejo saber cuál es la armonía que acompaña la canción. Es más, podríamos resolverlo de diferentes formas, tiene varias interpretaciones. Eso, para mi, es un valor añadido. No hablemos de las intervenciones de la guitarra en los interludios instrumentales: un acorde cargado de notas extrañas.

Y todavía más. Cuando llega el estribillo, se produce un hecho bastante insólito en la música pop: todos los instrumentos interpretan la misma melodía vocal, en una suerte de monodia acompañada de batería. Un unísono que carga las tintas emocionales en el momento más dramático de la canción.

Olvidad las imperfecciones de la grabación y del “videoclip” y deleitaros con una de las mejores canciones pop de nuestra era.

En su disco de debut hicieron los franceses Nouvelle Vague este cover. Es interesante seguir la línea del bajo en las estrofas. Como decía antes, cada uno interpreta como que quiere: yo no lo haría así ;)

27 noviembre 2010 at 5:49 pm 2 comentarios

PALESTINALIED – Walther von der Vogelweide

Del álbum Music of the Crusades. Songs of love and war (Decca Serenata, 1970). Interpretado por Early Music Consort (dir. David Munrow)

Mis primeras escuchas de un estilo o autor clásico están, casi siempre, relacionadas con los discos de vinilo que mi padre compraba por fascículos, de algunas de las varias colecciones que tiene en plan Historia de la Música y similares. Más tarde puede haber una cinta de casete grabada de alguien y, por último, el CD ya comprado por mi. Hoy tenemos este medio para reencontrarnos con aquellas músicas que nos tocaron en su momento y que ahora podemos recuperar gracias a la bondad de personas anónimas, que dedican tiempo y esfuerzo en compartir su cultura.

Ya había hecho una búsqueda infructuosa por Youtube de esta grabación de una de las más famosas canciones medievales del XIII, la Palestinalied (Canción de Palestina), compuesta por el que está considerado el más importante poeta alemán de la Edad Media. Hoy debo haberme levantado más lúcido y he dado con ella con relativa facilidad.

Se trata de una melodía que se aleja de las convenciones habituales entre los minnesänger (Cantores del amor) de la época. Éstos, herederos de los trovadores franceses, solían dedicar sus poemas de una dama de alta cuna en una relación de amor imposible. Vogelweide fue un cantor comprometido con su tiempo y muy crítico con la sociedad en la que se veía inmerso. En esta canción predica la cruzada por la conquista de Palestina, pero a la vez señala que la alabanza a Dios es común entre cristianos, judíos y paganos, que al final todos luchan por un mismo Dios.

Es muy difícil descifrar las notaciones musicales que nos han llegado de época medieval. El uso de los modos rítmicos era habitual entre los poetas, por lo que no solían escribir las duraciones de las notas. Esto lleva a notables diferencias entre interpretaciones de la misma melodía.

Las dos versiones que os presento son parecidas en ese sentido, si bien muy diferentes en carácter. La primera me enamoró en mi adolescencia. Es una dulce versión interpretada por un contratenor con el simple acompañamiento de un par de laúdes. Al principio tan sólo acompañan con simples acordes. En una segunda repetición se establece un contrapunto entre uno de los laúdes y el canto. Pensemos que la polifonía se empieza a extender por Europa, y que los instrumentistas siempre utilizaron la improvisación para sus acompañamientos, así que es una de las posibles soluciones a la canción. En cualquier caso, y en mi desconocimiento de pimpollo, imaginaba yo el delicado canto de amor de un caballero, en una versión peliculera del asunto.

Este canto pseudoreligioso (no olvidemos que la religión lo es TODO en la Edad Media) comienza con las siguientes palabras:

“Ahora mi vida ha adquirido un significado,
mis ojos pecadores han podido ver
la bella tierra y el suelo sagrado
que todo hombre debe honrar.
Esto me concedió Dios:
he llegado a la ciudad
en la que Él recorrió en forma humana.”

La segunda versión que os pongo aquí me llegó un poco más tarde, en forma de cinta virgen grabada por mi “hermano” Vicente. Es, en realidad, una parodia que encontramos en los Carmina Burana del siglo XIII llamada “Alte clamat Epicurus”. Me había interesado por la música antigua, en gran medida gracias a mi ya nombrado benefactor, y esas versiones setenteras que presentan una Edad Media sórdida me fascinaban. En este caso, la dulce canción se transforma en cruento alegato sonoro que pretende situarnos en una época llena de personajes grotescos. Uno se sentía radical cuando escuchaba esa voz imposible que remata la canción, con una zanfoña en el subgrave y percusiones que nos transportan a un cine de corte “Excaliburiano”. Para que os hagáis una idea de hasta que punto fueron irreverentes los goliardos que cantaban los cantos escritos en los Carmina Burana, os traduzco los primeros versos de esta parodia:

“Epicuro grita en voz alta:
El vientre será mi dios.
Este dios tiene por objeto la garganta,
su templo es la cocina
donde abundan los olores celestiales.”

La versión a la que me refiero es la segunda del álbum Carmina Burana Vol. 1 (Harmonia Mundi, 1974) interpretado por el Clemencic Consort (dir. René Clemencic). La primera es la Palastinalied a capella interpretada por el tenor Hugues Cuenod en 1959. Disfrutad de ambas.

20 noviembre 2010 at 9:38 am 1 Comentario

RID OF ME – P J Harvey

Dos aspectos me sedujeron la primera vez que escuché esta canción: la sencillez demoledora y el sonido de la grabación.

Yo había escuchado ya a la Polly Jean posterior, la del “C’mon, Billy” como cantante en solitario, pero no había indagado en sus orígenes. Aquí aún está con su grupo del principio, que imagino ayuda a darle ese sonido garagero. Bueno, eso y la labor de Steve Albini, productor amante del sonido-sótano. Y confieso que, comparado que lo que ya había escuchado, no esperaba que fuese a gustarme tanto.

El sonido pseudo-cutre es uno de esos aspectos que comentaba. La misma portada del disco, en blanco y negro, que aquí podéis ver

está llena de interrogantes. Empezamos a sentir una cierta inquietudm una claustrofobia de techos bajos que queda confirmada con la escucha de éste, su primer corte. La lujuria hace acto de aparición para quedarse con nosotros. El ritmo cuadrado de la guitarra, marcando los contratiempos, se repite insistentemente, lenta agonía interrumpida por breves cortes que se salen de la cuadratura del rock convencional.

Los momentos de cambio dinámico (con potentes y sucias batería y guitarras) es marca de la época. No olvidemos que el grunge hacía furor en EEUU. En el caso de la británica, estos cambios tienen más razón de ser: concluyen ese caminar cansino de la guitarra y están cargados de emotividad. Culminando, una voz silbante que grita “Lick my legs, I’m on fire” -Lame mis piernas, estoy encendida- con ritmo sincopado (bossanovesco, para más información). Una voz que eriza la piel.

No fue éste uno de los singles del disco, pero supone un preludio impecable a una obra maestra del indie de los 90. No olvidéis tenerlo en vuestra discoteca… o disco duro.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=Sz73BeEJokA]

4 diciembre 2009 at 6:39 pm 1 Comentario

HEROIN – The Velvet Underground

Del álbum The Velvet Underground and Nico (Verve Records, 1967)

Robin Maconie en el prólogo a su libro “La música como concepto” (Acantilado, 2007) dice, en una sencilla pero certera definición, que la música resume el arte y la experiencia de escuchar y comunicar por medio del sonido. Y, cuando es buena -la música-, esta comunicación alcanza niveles impensables para otros medios de comunicación. Porque podemos llegar a experimentar sensaciones o a sentir emociones que no son nuestras como si lo fueran. Es decir, podemos empatizar con el mensaje a un nivel mucho mayor que con la simple palabra.

Nunca he probado la heroína, y en principio no me apetece hacerlo (habida cuenta de los riesgos que conlleva). Sin embargo, Lou Reed y los suyos logran con una grabación de hace más de 40 años que comprenda lo que debe pasar por la mente de un heroinómano (él mismo) cuando se mete un chute. Cuando esto sucede puedo comprender que los puritanos hayan tratado desde siempre de limitar el arte musical y poético, dada su capacidad de hacer sentir cosas “pecaminosas”.

El chute al que asistimos en “Heroin” pasó relativamente desapercibido en su época. Si pensamos que la música de más éxito venía de la costa Oeste, del movimiento hippie, las comunas y el sexo libre, de la psicodelia por la que todos los grupos pasaban, y sobre todo que las drogas de moda eran las psicotrópicas, es lógico que unos neoyorkinos vestidos de negro y con sobrias gafas de sol que hablan de heroína, de la ciudad y de perversiones sexuales no conectase con la juventud del 67. Sin embargo, se estaban sentando las bases de una música que dominaría la escena musical una década más tarde, con la llegada del Post-punk, la New Wave y, por supuesto, el Noise rock y la No wave neoyorkina.

Pero centrémonos en la música que nos ocupa. A la guitarra, el bajo y la batería tradicionales del pop se adhiere la viola eléctrica de John Cale, músico curtido en la escena vanguardista que ya había trabajado con autores como el minimalista La Monte Young o las performances de Fluxus. La apertura mental que esto supone permite desarrollar el nuevo pop que nacía con este disco, y que se nota también en aspectos formales como la falta de estribillo o los cambios de tempo.

La música está conectada íntimamente con el texto. Y digo conectada, no condicionada, porque la realza y la carga de nuevos significados. El texto nos relata, como ya he dicho, un chute de heroína en primera persona. Y los sonidos y el ritmo de la narración aceleran o se ralentizan dependiendo de las sensaciones que el protagonista va sintiendo. La importante dosis de improvisación y de caos de muchos momentos cobra sentido y nos conecta aún más con ese personaje y sus emociones.

Mucho más tendré que hablar de este disco, para mi una de las piedras de toque del rock y el pop a partir de los 70. De momento me dejo en el tintero toda la historia de Andy Warhol, el diseño (polémica incluida) de la portada y su “producción”, porque lo importante no es lo “modernito” que resultó entonces, sino lo francamente moderno que resulta hoy.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=1hQSCJ6ynk0]

18 octubre 2009 at 3:32 pm 2 comentarios

DEATH VALLEY ’69 – Sonic Youth

Del álbum Bad moon rising (Homestead Records, 1984). Versión de directo del FIB 98.

Ha pasado mucho tiempo desde que Carolina, el Peluki, mi hermano y yo montamos el grupo homónimo en nuestra salerosa Sevilla. Cuando me he acercado de nuevo a esta canción, cierre de nuestros conciertos, esperaba lo lógico, que el tiempo le hubiera pasado la correspondiente factura. Pero resulta que estos cabritos echaron leña en el fuego, y realmente sigue conservando una fuerza que, cuanto menos, llama la atención. Ojo, nosotros también le echabamos ganas al asunto ; )

Y es que los neoyorquinos no han dejado de hacer discos ni de dar conciertos ni de llenar en festivales veraniegos como cabezas de cartel. No se trata de los dinosaurios que vienen a recordarnos sus pasados éxitos, se trata de un grupo de músicos que mantienen las ganas de tocar y crear en comunidad.

En sus comienzos están claramente ligados a la etiqueta “No wave“, si bien esta es una de esas categorías que poco o nada dice. Fundamentalmente advierte del deseo de experimentación. De hecho, si miráis en la página de la wiki de Sonic Youth veréis la lista de géneros que allí se expone. Y cuando te ponen 7 etiquetas diferentes, no te han puesto ninguna. Porque la base del trabajo de este grupo está en la experimentación con el sonido (haciendo honor a su nombre), alejándose intencionadamente de las convenciones del pop y el rock, si bien conservando elementos que los unen a estos estilos, y todo aquel que experimenta con lo ya realizado se aparta de las categorías existentes en ese momento. Lo que sí parece evidente es que sentaron las bases de lo que se llamó noise rock y del rock alternativo posterior, desde su personalísima forma de ver la música.

En este tema cuentan con la presencia de una pionera en el No wave, Lydia Lunch, a quien por cierto pudimos ver en el Spoken Word hace unos años pero, a diferencia de los Sonic Youth, pasadita de rosca. Aquí su voz aguda contrasta con el denso sonido de base y los gritos son uno de sus aspectos más reseñables, por aquello de que se aleja del tradicional grito de rock duro para acercarse al de joven virgen en peli de serie B. En definitiva, da un toque de color, no más a mi parecer.

Donde reside realmente el interés del tema, y de estos primeros discos del grupo en que estaban asentando su estilo, es en el trabajo de equilibrio entre la música pop convencional, el ruido y la improvisación controlada. Empecemos haciendo referencia a cuestiones formales: dos partes, una primera más rítmica y cercana al rock, otra segunda que supone un largo crescendo para desembocar en la primera, es decir, una forma da capo. Tiene algo de canción por el hecho de repetir, en la primera parte, la misma estrofa con carácter de estribillo, si bien vemos como se alejan ya en las cuestiones formales de la convención. La melodía vocal se encuentra en la misma situación, con una primera parte cantada sobre dos notas a distancia de tercera menor y una segunda semi-entonada sin precisión, en un estilo cercano, primero al habla, después al berrido. El pulso se mantiene constante, con tendencia a no utilizar patrones tradicionales de bombo-caja en la batería y sí con frecuencia los toms, creando un sonido más tribal.

Pero será en la tímbrica instrumental de guitarras y en la armonía de bajo donde pegarán un salto sustancial con respecto a grupos coetáneos. La primera sección conserva una armonía en el bajo de dos notas muy rock, mientras que en la segunda se mueve sobre un nuevo centro tonal para ir realizando los más diversos intervalos, haciendo hincapié en los disonantes (abundan la quinta disminuida y las septimas). Las guitarras se centran en el ruido de la distorsión, coloreando la armonía e imprimiéndole una gran variedad de armónicos. La melodía de mandolina de la guitarra sería un clásico del rock alternativo de los 90 (Radiohead, sin ir más lejos).

La muestra que os dejo aquí es de un directo del año 98 en el que al final dan muestra de su sentido de la experimentación con el ruido, con acoples de micros y guitarras de todos los colores. Os recomiendo también un vistazo al videoclip original dirigido por Richard Kern que está muy simpático, por así decirlo.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=ygIELGqX2dk]

25 julio 2009 at 2:21 pm 4 comentarios

ABBESSES – Birdy Nam Nam

Del álbum Birdy Nam Nam (UWe, 2005)

Estos cuatro DJs franceses multi-premiados tanto individual como colectivamente me sedujeron con esta pieza instrumental cuando me informaba sobre las técnicas de turntablism. Sin embargo, no voy a incidir en esta forma de producción musical, que por otra parte queda muy destacada en los vídeos que adjunto (en el directo, hasta se produce una presentación de cada DJ y lo que está haciendo en su plato). Quiero centrar mi comentario en una crítica a los géneros de música electrónica actuales.

Este cuarteto se situa en la actualidad dentro de la corriente denominada electro. Bueno, otro nombre más que aprendernos. Y la lista dentro de la electrónica se hace interminable. Según dicen algunos entendidos, el electro viene de la música funk y disco, mezclada con el tecno de Kraftwerk y fusionado con el hip-hop, para cuajar en el 82 en un disco mítico: el “Planet Rock” de Africa Bambaataa (prometido futuro post). Su sonido más característico proviene de la Roland TR-808, una caja de ritmos muy popular en los 80. Sin embargo, al escuchar este tema es difícil relacionarlo con estas influencias, aunque si nos vamos a su último disco sí podemos apreciar la influencia Kraftwerk. De hecho, casi podemos escuchar (con otra forma de producción sonora) el “Human after all” de Daft Punk.

Este es otro rollo y, lo que suena, más orgánico que todo esto. Pero resulta que Birdy Nam Nam son DJs, de los que pinchan discos, ¡y de vinilo! La TR-808 no se escucha, desde luego, en este tema, aunque sí hay realizaciones electrónicas ausentes de los vinilos. En definitiva, lo que quiero hacer notar es que en música, y especialmente en la electrónica, somos rápidos categorizando, encasillando grupos y artistas en este o aquel estilo, aún cuando la realidad es que todos tienen grandes puntos en común, así como importantes variantes personales.

¿Qué generos se dan cita en el “Abbesses” de Birdy Nam Nam? Por una parte, la interpretación turntablism nos aproxima inexorablemente al hip-hop, ya que esta técnica produce un “recorta, pinta y colorea” muy presente. Como en el caso del rap, aquí se utilizan también samplers, cajas de ritmos o sintetizadores, aunque en estos últimos su trabajo es más el de un acompañamiento sonoro a la parte vocal. Una cuestión muy importante es que este grupo decide realizar música instrumental pura. Esto les confiere, por así decir, un punto aristocrático: la música instrumental exige más del oyente que la vocal, que tiene una letra y podemos apoyarnos mejor en cuestiones extramusicales. Por otra parte, mucha de la música electrónica producida en la última década es instrumental (o las voces que aparecen son utilizadas como instrumentos), sobre todo la pensada para las pistas de baile, que a menudo consiste en la repetición de fórmulas sencillas con pocos instrumentos que posteriormente se mezclarán en directo. En este caso la mezcla ya se está realizando, no hay un después, y por tanto no podemos dejar cuestiones formales para una sesión en un club. Escuchamos melodía (guitarra), bajo, acompañamiento (un acordeón) e incluso contrapuntos con cuerdas, junto con las inevitables baterías y sintes de fondo.

Por algún sitio leo que “comenzaron con una fusión de jazz y electrónica un tanto especial”. Bien, me parece que en electrónica cuando la cosa se pone muy “acústica” se habla inmediatamente de mezcla con jazz. Para mi, absolutamente incierto. La melodía principal, en todo caso, tendría una tendencia pop, tanto en su construcción como en la secuencia de acordes (no así en su forma), pero ¿jazz?. Definitivamente no lo veo. Por otro blog leo “sampleando bajos jazzeros, rhodes, trompetas, pianos y demás instrumentos para crear ambientes jazzy-fiesteros y oscuros”. De acuerdo, los bajos sí pueden ser de origen “jazzero”, lo de oscuro también lo veo, aunque más próximo al sonido de la banda sonora de Amelie que de un ambiente “jazzy-fiestero”. Es más, en la versión en directo se aprecia una cierta descontextualización: en un teatro petado de gente con su bebida y lo demás que lleve cada cual, entre un griterío impresionante, aparece este tema que nunca termina de (utilizando terminología electrónica) “romper”, y la cosas se va como adormeciendo, por muchas presentaciones espectaculares que traten de hacer. En ese sentido, más cercanos a un trip-hop instrumental. Supongo que ese sería uno de los motivos que los llevaría definitivamente al “electro”, estilo mucho más cañero.

Antes de entrar en mi último alegato, un último aporte: como ya preveía, aparecen en algún lado con la etiqueta IDM (Inteligent Dance Music). Considero que esta es una de las categorías más pretenciosas, comerciales e inútiles que existen. Para empezar, los que quedan de su lado son los inteligentes; los demás debemos suponer que son estúpidos o algo así. Además, su utilidad sigue siendo la del baile, algo que, por cierto, no siempre responde a la realidad en los artistas del IDM. Por último, también hace que el oyente se encuentre en otro status (el de los inteligentes) y genera un mayor número de ventas a gente que quiere ser, dentro de un evidente snobismo, inteligente. Al final, los grupos y músicos que reune el “género” tienen escasas similitudes, o bien las que tienen no quedan reflejadas en esta categoría, que en un momento dado podría significar que es música inteligente (¿y eso qué significa?). Queda dicho.

En resumen, está claro que Birdy Nam Nam en “Abbesses” parten del hip-hop (son DJs), que construyen un tema instrumental cercano al pop y a sonidos suaves como los del trip-hop y esto me lleva a una de las influencias que con más claridad aprecio (intencionada o inintencionadamente). Se trata de la música minimalista americana de los 80, que tanto ha interesado últimamente a músicos populares (como Sufjan Stevens, sin ir más lejos). Artistas de la talla de Philip Glass se han acercado tanto al pop que no existen diferencias entre la secuencia de acordes que aquí aparece y una cualquiera de sus bandas sonoras. Y, como aquí, se produce la reiteración hipnótica de unas fórmulas que van creciendo lentamente hasta configurar un “continuum” sonoro del que no podemos escapar. Destaco sobre todo la aparición, a mitad del tema, de la cuerda, que perfectamente podría estar tomada del “Diferent trains” de Steve Reich (¿no lo está?).

No soy un experto en música electrónica popular. Simplemente pretendía incidir (con una pieza que me gusta, por cierto) en lo absurdo que resulta a menudo tratar de encasillar la música. Queda a vuestro criterio que os hayan servido de algo mis afirmaciones, aunque lo idóneo sería poder leer vuestros comentarios al respecto. Así aprendemos todos XD.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=qMYMC6atRoE]

Interesantísima la versión de directo:

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=OaXbHOUrHFA]

5 julio 2009 at 9:03 am 2 comentarios

THE LIGHT POURS OUT OF ME – Magazine

Del álbum Real life (Virgin Records, 1978)

Si tenemos en cuenta que el álbum Ramones, de la considerada por muchos primera banda punk, es de 1976, parece increíble que en tan sólo dos años pudiera nacer, evolucionar (si es que lo hizo) y decaer un estilo que tendrá una estela de influencias que incluso perdura hoy día. A finales de los 70 muchos de los grupos punk se disolverían para crear otros en el nuevo género “post”. ¿Por qué? Ahí va mi teoría.

El punk se asienta sobre el sencillo fundamento extramusical de “no future“. Sí, no había futuro… y el presente era una mierda, así que lo único que se podía hacer era cagarse en todo y punto. Esto es una verdad a medias, pero grupos paradigmáticos como los Sex Pistols lo cumplirán a rajatabla. Como movimiento cultural se basó en el “do it yourself“, así que tocan música muy simple a la que imprimen toda esa mala leche. Mi teoría es simple: después de dos años haciendo más o menos lo mismo, a los que les gusta de verdad la música empiezan a aburrirse de los mismos tres acordes una y otra vez. Además, descubrieron que sí que tenían futuro… comercial; la cosa funcionaba. De este modo, el post-punk surge como prolongación de las ideas pesimistas del punk, pero se traduce musicalmente en algo muy distinto. Por una parte, la música se vuelve más oscura; por otro lado, los grupos empiezan a hacerse permeables a influencias de géneros más evolucionados, como el krautrock, el funk norteamericano o álbumes experimentales de estudio de artistas como David Bowie o Iggy Pop; por último, era complicado escapar de la etiqueta New Wave, sobre todo teniendo en cuenta lo amplio del término y el seguimiento masivo que tuvo gracias a los medios de comunicación.

Magazine encaja perfectamente en esta descripción. Howard Devoto venía de triunfar con los Buzzcocks, es decir, pasaba del punk al post-punk. Su sonido encaja como anillo al dedo: las melodías se vuelven oscuras, el ritmo reduce su tempo, el bajo y la batería se mueven con mayor feeling (en el punk se trataba de machacar los instrumentos, si no blandirlos cual garrotes), las guitarras suenan a guitarras, y observamos algún detalle “experimental”, como el pulso que falta justo antes del estribillo o ciertas sensaciones extrañas en los ritmos.

Es evidente la influencia que Magazine ha tenido para otros grupos de post-punk, y me atrevería a incluir al mítico Joy Division (al fin y al cabo, su primer álbum de estudio es del 79). La más clara es la de Echo and the Bunnymen (el “Crocodiles” de 1980 contiene algún tema primo-hermano de este, ¿o no?), aunque también se puede intuir, por ejemplo, en los Cure del “Three Imaginary Boys”. En cualquier caso, y más allá de las influencias que haya tenido sobre grupos de mayor éxito, esta canción habla por sí misma.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=SfVRH4vKcak]

21 junio 2009 at 10:00 am 1 Comentario

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