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EL DANUBIO AZUL – Johann Strauss (hijo)

Título original: An der schönen blauen Donau (En el bello Danubio azul), opus 314, compuesto en 1867.

Es tradición mía de año nuevo, desde que tengo memoria, levantarme el primer día del año, poner la tele y encontrame con la Filarmónica de Viena interpretando, entre otros, este afamado vals. Burgueses de todas partes tocando palmas en viejuna alegría o soñando íntimamente con el momento en el que decir a sus amistades: “yo estuve allí”.

No, no es el hecho de ir a un concierto el día 1 de enero lo que me resulta criticable, sino que éste en concreto resume todo lo negativo que tiene, para mi, la música clásica: el envoltorio. Los trajes de gala, el snobismo, la exclusividad… para poder escuchar una música, eso sí, maravillosa. Y es que si los Strauss, especialmente Johann hijo, se han convertido en símbolo musical de Viena, por algo será.

Recordemos que los valses y polkas que compuso, que ayudaron a popularizar esta música en Austria, eran bailes de salón para las fiestas de la época. Estamos en el siglo XIX, la tiempo en que una burguesía estilosa busca conciencia de clase. Esta música les unifica, les sitúa en el status que quieren. En este sentido, poco se diferencia de músicas populares posteriores como el rock and roll o incluso el rap, que marcaban de alguna manera a quienes la interpretaban, bailaban y admiraban.

Por tanto, si bien es una música que identificamos rápidamente con Austria, y en ese sentido se ha convertido en nacionalista, lo cierto es que el proceso ha sido un poco a la inversa: se ha querido relacionar a esta música con el país. De hecho, está considerado el segundo himno nacional austríaco. También se relaciona vals con música clásica, y esto es debido (pienso) a que es una de las pocas músicas de este género que ha llegado a popularizarse a un nivel comparable con otros más apreciados por los mass media como el pop.

Es año nuevo, he encendido la tele y allí estaban orquesta, pingüinos, marchas, valses, polkas, dorados, adornos florales… toda la parafernalia. ¿Por qué este vals es diferente del resto de músicas que suenan en tan señalado concierto?

El lento inicio, con trémolo de cuerdas, suave llamada de trompas y respuesta de las flautas, no nos prepara para un vals sino para una escena. Es música programática, es un manso Danubio aproximandose a Viena. A continuación, cambia el carácter para acelerar el paso brevemente, con un repentino frenazo en una serie descendente que termina en notas que quedan sueltas por el aire de la sala en la cuerda grave… y arranca la conocida melodía insertada en el un-dos-tres tradicional.

Pero Strauss no facilita el sentido de baile. No me lo imagino pensando en bailarines deslizándose por un salón burgués. De hecho, la pieza fue un encargo del director de un coro masculino vienés y tiene su letra y todo. Lo que sucede es que no funcionó bien como vals coral, pero reventó como vals instrumental. Así, la melodía ascendente que todos conocemos, rematada con dos rítmicos acordes en repetición, siguiendo siempre el mismo dibujo melódico, estaba pensada para las voces. Este es un detalle de importancia, ya que no es lo mismo una melodía instrumental (con más posibilidades, agilidad, tesitura) que vocal, especialmente de coro (un solista tendrá más posibilidades). Dicha simplificación melódica, el que sea cantabile, ayuda a su popularización.

Destaco su complejidad formal, volviendo recurrentemente al tema principal, pero también modificándolo a gusto. El propio Strauss apreciaba su coda, la variación última que hace del tema para darle sentido conclusivo. También me agrada especialmente cómo conjuga con maestría el sonido legato de las cuerdas y los picados del viento. La melodía gana en relieve y elegancia, y probablemente es esto lo que hace que funcione mejor como pieza instrumental. Las voces tienden a aplanar un poco la música.

A mi me encanta su rubato, técnica frecuente del XIX y que los valses utilizaron hasta la saciedad. De hecho, el vals vienés tiene un característico ritmo que consiste en acelerar un poco el un-dos y dejar el tres (tiempo débil, último del compás) algo suelto, destacado. Es un peculiar “groove” que da personalidad a esta música. También la complica y la nacionaliza. Lo mismo que los guiris son incapaces de seguir en condiciones un sencillo ternario de sevillanas, a los forasteros nos debería costar entender ese un-dos-tres del vals vienés.

Un último detalle que hace de esta una gran música es su inclusión en ese vuelo espacial de “2001: A space odyssey” de mi querido Kubrick (los que me seguís sabéis que siento debilidad por él). Cuando estás viendo esas escenas de gravedad cero en el transbordador espacial te parece que no existe música más liviana que ésta. Magistral.

Os pongo la versión de 2009 con Baremboim. No está mal, pero tampoco es la mejor. Se admiten propuestas. Me reservo opinión sobre la horterada (ups, se me escapó) de los bailarines. Se ve que los burguesitos se aburrían de escuchar y había que entretenerles.

No os perdáis la escena de 2001. Desde la introducción uno entiende que los nacionalismos carecen de sentido, que la música es algo más universal.

1 enero 2011 at 12:00 pm 1 Comentario

MAKING CHRISTMAS – Danny Elfman

De la película musical Nightmare before Christmas dirigida por Henry Selick y producida por Tim Burton (Touchstone Pictures, 1993).

La fusión Burton-Elfman dio como resultado una de las mejores películas de animación de la historia del cine. Y no olvidemos que es una fusión de imagen y sonido, y que la banda sonora es la mitad de este maridaje. La parte animada está realizada mediante la técnica de “stop motion”, es decir, tomando el movimiento de los muñecos fotograma a fotograma.

No era la primera vez que trabajaban juntos. Desde “La gran aventura de Pee-Wee” en 1985 había ganado un Grammy por Batman y compuesto el famosísimo tema de cabecera de la serie The Simpsons. Es decir, se encontraba en el punto álgido de su carrera. Pero lo más interesante para mi es su capacidad camaleónica de emular estilos y géneros. En este caso logra reproducir el ambiente de los musicales clásicos de Broadway, sin renunciar al carácter propio de su música ni al tono macabro que tanto abunda en la producción de Tim Burton.

Se trata de una canción coral, y no me refiero a “coro” (que también) sino al hecho de que la melodía vaya pasando por cada uno de los personajes de la escena, habitantes de la ciudad de Halloween que tratan de crear su propia Navidad. Para la instrumentación hace uso de una orquesta abundante en timbres, pero prescinde de sonidos más pop. Como he dicho, prefiere reproducir el ambiente del musical clásico. En la versión inglesa es más fácil apreciar el uso que hace de los timbres orquestales, cómo va moviendo las melodías por diferentes instrumentos y creando ambientes impresionistas con los arpegiados en la cuerda o la percusión.

Con esta simpática canción quiero desearos unas felices fiestas. Teniendo en cuenta cómo está la cosa, la peli da unas cuantas ideas interesantes sobre cómo ahorrar a la hora de comprar regalos y decoración navideña. Eso sí, el resultado puede ser un poco … aterrador!!!

Versión original:

Versión doblada en español:

24 diciembre 2010 at 3:09 pm 1 Comentario

MONSTER MASH – Bobby ‘Boris’ Pickett and the Crypt-Kickers

Single producido por Gary S. Paxton en 1962.

Veinticuatro añitos recién cumplidos tenía este mocetón cuando salió al mercado su gran y único éxito, obteniendo ventas millonarias y logrando el número uno del Billboard Hot 100 las dos semanas previas a Halloween del año de publicación del single. Volvió a entrar en lista en el 70 y en el 73 (coincidiendo con el apogeo glam, mira que casualidad) y se ha convertido en un clásico para la noche de Halloween. No lograría ningún éxito más de este tipo, entrando en lista con un par de singles más, pero mucho más abajo. Es uno de esos casos a los que en Clásicos Populares de RNE llamaban el “monoéxito” (creo recordar), compositores que lograron una tremenda fama con una sola obra, siendo el resto de su producción musical prácticamente desconocida.

Y ha sido otro programa de radio, El Sótano de Radio 3, el que nos ha devuelto el tema a la memoria, siendo usado como sintonía de una de sus secciones. Cuando llevo la radio puesta en el coche y suena este tema es absolutamente imposible dejar de bailar como un teleñeco, cabeza balanceante, brazos en twist y piernas inexistentes (voy en un coche, necesito las piernas para conducir Xd). Tuvo el señor Pickett, por tanto, larga fama, pero siempre con este éxito, que le permitió innumerables secuelas, de las que ofrezco una de 1985 llamada The monster rap con increíbles sintes analógicos y un imperdonable estribillo :S

Es curioso, escuchando la versión ochentera, notar cómo la novedad del rap no fue la del “canto-recitado”, algo que se venía haciendo desde hacía muchísimo (os habréis fijado que la versión del 62 hace uso de la técnica), sino cuestiones más profundas como las bases pre-grabadas y la electrónica y, sobre todo, la rítmica textual unida a la improvisación lírica que inclina la clásica balanza poesía-música a favor de la primera. Ya ampliaremos la cuestión.

De hecho, el punto de partida de esta canción es muy narrativo. Pickett se fue a Hollywood a los 21 añazos a probar suerte, terminado su inevitable paso por la armada americana. Simultáneamente al desarrollo de su carrera como actor, probó suerte con otra de sus pasiones, el rock and roll y el doo-wop, cantando con un grupo llamado The Cordials con los que a menudo realizaba una imitación de Boris Karloff de mucho éxito. Uno de los músicos, Lenny Capizzi, le sugirió que hicieran una novelty song, una canción cómica sobre dicha imitación que hablase de monstruos. Por entonces había vuelto con fuerza el twist en una variante que se conocía como “Mashed Potato” (en especial gracias a la canción “Mashed potato time”). Además de la imitación de Karloff, y para completar este “puré de monstruo”, hay una referencia al Drácula de Bela Lugosi en la frase “Whatever happened to my Transylvania Twist?”.

Una absurda historia en la que un científico loco crea un monstruo que traerá al mundo un nuevo baile. Éste se convertirá en un gran éxito cuando se celebra una fiesta con otros monstruos. Os podéis imaginar lo bien que cayó esta canción cuando se estaba componiendo la banda sonora de “The Rocky horror picture show”, ¿verdad?

Por cierto, gracias, frikis del mundo, que nos permitís ver cómo eran esos 7 pulgadas de entonces :D

La mencionada versión del 85, “Monster Rap”:

30 octubre 2010 at 5:03 pm Deja un comentario

EN UN MERCEDES BLANCO – Kiko Veneno

Del álbum Échate un cantecito (BMG Ariola, 1992)

Como tantos otros (y otras), conocí a Kiko Veneno cantando “Me siento tan feliz porque ella se ha enamorado de mi” disfrazado de Frankenstein en la Bola de Cristal, paradigma de la televisión infantil de los 80 y de la Movida. Lejos quedaría esta etapa de la que aquí escuchamos, bajo la cobertura de BMG-Ariola y el auspicio de Santiago Auserón. Aunque, seamos realistas, el videoclip no dista demasiado de las producciones de Televisión Española de una década antes (pero con menos gracia).

Y no me tiraba mucho a mi este rollo cuando salió el álbum. Tengo tendencia a fijarme más en lo negativo que hay en la fusión flamenco-pop o, como ahora “gusta de llamar”, flamenquito. Sí que estaba adentrándome en varios mundos cercanos. Por una parte, el cante jondo, el flamenco de raíz, del que me fascinaban sus complejidades armónicas, su modalismo ancestral y los textos tan oníricos de que hacen uso los distintos palos. Por otra parte, como estudiante de conservatorio, hacía cursos sobre percusión latina y cubana en que no podía dejar de ver las similitudes entre Latinoamérica y el sur de España.

Abro paréntesis para aclarar que la rumba, que gobierna el reino del “flamenquito”, procede de América y, anteriormente, de la influencia rítmica africana de los negros esclavos que allí llegaron. Música fogosa cargada de pasión y emoción que fascinó al mundo del flamenco, adoptándola para sí como tantos otros cantes “de ida y vuelta”. Desgraciadamente, la rumba ha quedado relegada, en España, a una populachera repetición de esquemas y modelos que satisfacen a las masas en sus momentos de melopea. Aquí, en Sevilla, tenemos sobrados ejemplos (de rumbas y melopeas) en nuestra afamada Feria de Abril, en la que ha ido comiéndole terreno incluso a nuestra tradicional sevillana. Cierro paréntesis.

Esta canción cumple estos patrones de conducta, es una rumba flamenca en lo formal con tintes pop principalmente en los textos de Kiko. Pero tiene bondades que, a mi juicio, la sitúan por encima de la media. Para empezar, esta rumba conserva una estructura que me recuerda a sus orígenes cubanos y que se fusiona de forma natural con características más pop. Tiene una parte principal, la que da comienzo, que sirve en cierto modo de estrofa, y otra que hace las veces de breve estribillo (fusión flamenco-pop). Pero al final, sobre una rueda de acordes típicamente andaluza, repite un texto con diferentes variaciones, una especie de pregunta y respuesta (aquí sin coro) que nos transporta a sus orígenes cubano y, por qué no, africanos. Además, para dar mayor complejidad a la forma, tiene una sección central con una sencilla pero efectiva modulación. Es decir, una forma que conserva raíces pero sin renunciar a las libertades contemporáneas.

Instrumentalmente se mantiene dentro de los parametros propios del estilo, con un bajo que a veces podría recordar el tumbao cubano, las guitarras rasgueando, la percusión añadida a la batería (bongós y congas) y un órgano más “bluesero” (a ver, es Kiko Veneno, el que tenía un grupo con los Amador).

La letra es otro de los platos fuertes. La rumba se baila, de acuerdo, pero con una buena letra se puede también disfrutar a otros niveles. El mundo cuasi surrealista de Kiko hace acto de presencia, heredero confeso de García Lorca. No, no los voy a comparar, pero sí considero que en los textos pop de Kiko Veneno se ha colado esa forma de entender lo popular del poeta granadino.

Así que nada, aunque el videoclip sea de tan patética realización, siempre podeis rebuscar en el baúl de los recuerdos y poner “esa cinta otra vez hasta que se arranquen los cachitos de hierro y cromo”.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=6bnGxWkkiJo]

13 marzo 2010 at 11:18 am 1 Comentario

I GOT A WOMAN – Elvis Presley

Del álbum Elvis Presley (RCA Victor, 1956)

Hoy cumpliría 75 años el “Rey del Rock”. Los cumpliría si una mezcla letal de medicamentos/drogas no hubiese acabado con su vida a los 42 (versión oficial). Así que una manada de fans e imitadores se ha lanzado a la calle y, sobre todo, a los medios para celebrar a su modo tan magno evento. Yo prefiero un “blogmenaje” más privado, dentro de lo mediática y pública que es también la web 2.0.

Y para ello he elegido, como no podía ser de otro modo, un tema de su álbum de debut, considerado como uno de los mejores, no ya de su carrera, sino de la historia del rock. Un disco que aparece cuando Elvis ya había conseguido su primer número uno (¡de 18!), “Heartbreak Hotel”, y que fusiona los estilos que harían tan importante este momento histórico: rhythm & blues y country, que darían lugar al rockabilly y al rock ‘n’ roll.

En realidad “I got a woman” es puro rhythm and blues de la pluma del gran Ray Charles. El chico sureño canta… ¡música de negros! Y no era el único escándalo social que provocaba. También se producía una revolución (sexual) en su famosa pelvis, hasta el punto de limitar sus planos en televisión al torso, de cintura para arriba.

No es vana la referencia extramusical. La importancia que tiene Elvis está muy relacionada con su actitud descarada, con su extraña forma de moverse que escandalizaba a puritanos y conservadores, y por supuesto con el hecho de cantar una música inapropiada para un blanco del sur y menos aún para los tiernos oídos adolescentes de toda una generación de clase media. Y es que con su anterior discográfica había grabado principalmente country (más apropiado, claro), pero el nuevo ritmo (y blues) estaba pegando fuerte. Y Elvis lo bordaba.

No me olvido de su tremenda voz de barítono y los giros vocales que tanta personalidad confieren a su interpretación. Como instrumentista nada que decir: la guitarra es más un adorno en sus actuaciones, un elemento más del espectáculo. Pero lo fundamental es cómo representa con su cuerpo la música que interpreta, cómo logra dar intensidad, (enloqueciendo a las masas de fans) o crear momentos de calma tensa simplemente con su actitud. Llena el escenario.

A continuación, algunas muestras:

Directo de 1956 en el que vemos a Elvis en plena faena. Impresionante el control de intensidades. Atención al plano frontal: no baja de la cintura.
[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=InF7oA_XyTk]
Muestra de que lo que hacía El Rey no es tan fácil: triste actuación de Michael St. Gerard en el papel de Elvis Presley; canta Ronnie McDowell.
[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=DFtmpyrvP7U]
Un Elvis más entradito en carnes del año 72. Aunque han pasado 16 añazos, su energía no ha disminuido y sigue llenando el escenario. Observad cómo controla cada momento de la música con simples gestos a un lado y a otro. Intrusión final del “Amen” gospel.
[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=SLFI2qkjdMI]
Versión del disco. Me encanta la reverb de estudio y el piano en segundo (o tercer) plano.
[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=txeZ2tRKyfk]
Cómo no, la original de Ray Charles, otro monstruo del rock. En la comparación apreciamos las diferencias; recuerdos del swing y las big band y la impresionante voz negra de Ray, considerado creador del soul.
[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=Mrd14PxaUco]

8 enero 2010 at 10:19 pm 1 Comentario

1234 – Feist

Del álbum The reminder (Cherrytree Records, 2007)

Yo quiero hacer canciones como las que hace Feist. De sonido fresco, amables, de las que te hacen que el día parezca mejor. Accesibles a todos, pero con personalidad. Pop con mayúsculas.

La que os traigo aquí supuso un lanzamiento brutal para la cantautora, al salir en un anuncio de una importante marca de mp3, llegando a ser nominada para Grammy. Esto no la hace mejor canción que muchas otras, y de hecho el “Let it die” es fabuloso de cabo a rabo. Pero la alegría que desprende esta canción (¡¡no dejéis de ver la versión de Barrio Sésamo!!) me apetecía hoy, mira tú.

Eso sí, en cuanto empiezo a informarme de lo que se dice de ella, de su música y de su canción, empieza el mosqueo :/ Como siempre, me traen de cabeza los géneros a los que se adjunta. En concreto, me mosquea el “pop barroco“, término que hace referencia al uso de instrumentos clásicos, especialmente los de cuerda. Bien es cierto que en la segunda mitad de los 60 se pusieron de moda recursos que recordaban al barroco, sobre todo determinadas progresiones “alla Vivaldi”. Pero aquí se prescinde por completo de cualquier sonido barroco, término que más bien se asocia con lo recargado y escesivamente adornado. El que inventa géneros ese día estaba poco inspirado :d

El resto de adjetivos se encuentran en ese terreno de “no me mojo del todo”. El “indie”, por ejemplo. Y el “anti-folk“, que me parece muy bonito pero dice más bien poco. Sólo tenéis que echar un vistazo a la wikipedia y veréis que la discusión es muchísimo mayor que el propio artículo. En fin, ya se verá en qué queda todo esto. Yo de momento veo rasgos de pop y rock sin complejos para utilizar una instrumentación original, a veces cercana al folk americano (como en este caso) y sobre todo instrumentos acústicos (como el piano… de verdad, con sus martillos y todo) y que en general tiene un aire vintage. El hecho de que sea cantautora tiene que ver en su sonido, claro.

Uno de los grandes aciertos de esta canción, a mi juicio, es el uso del banjo, instrumento que ha ido cobrando protagonismo en la música actual, desde el jazz hasta el rock. Su delgado sonido nos aproxima a la música country, género con el que siempre coquetea la canadiense, sin dejarse llevar por el estilo. Con el resto de instrumentos apreciamos el gusto de las producciones de Feist -y que es muy frecuente en la actualidad- por utilizar instrumentos que se apartan del sonido pop-rock. Aquí tenemos un piano que suena un poco añejo, metales, cuerdas y, como no, la guitarra, el bajo y la batería, para no pasarnos de rosca.

El sonido acústico se refuerza con los abundantes coros y con palmadas en el último estribillo, que nos mete en la canción como si fuera de directo. Por lo demás, la sugerente voz de Feist es plato fuerte, con un timbre que parece ser que se ve influenciado por la presencia de nódulos que le da un sonido mate con algunos armónicos agudos. A mi, desde luego, me encanta.

Aquí tenéis el vídeo oficial, perjudicado por Youtube. De hecho, os recomiendo escuchar el disco por la reverberación que le han dado al vídeo (¿porqué?). Eso sí, ojo a la coreografía (abundante en bailarines) y a los bailes que se marca Leslie Feist con un traje brillante en contraste con su forma de moverse y la propia canción.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=q2kvc74OWdQ]

Versión de “Sesame Street”, con una letra que nos enseña de forma magistral cómo se cuenta hasta cuatro y lo divertido que es : D

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=fZ9WiuJPnNA]

28 julio 2009 at 5:21 pm 2 comentarios

A MINHA MENINA – Os mutantes

Del álbum Os mutantes (Polydor/Universal Records, 1968)

Esta canción de la banda brasileña de psicodelia “Os mutantes” se ha hecho famosa recientemente por formar parte del anuncio de una infame multinacional de la hamburguesa. Triste destino para música tan buena. Supongo que les aportara a los ya viejunos Rita Lee (voz), Sérgio Dias (guitarra y voces) y Arnaldo Baptista (bajo, teclado y voces) magros beneficios.

Aunque durante sus años de actividad fueron poco conocidos fuera de su país, Os Mutantes fueron uno de los grupos más dinámicos, talentosos y radicales de la época psicodélica. Con el tiempo, público y críticos han ido reconociendo su trabajo de músicos experimentales, sobre todo por el uso del acople, la distorsión y por trucos de estudio de todo tipo. Cuando se escucha la guitarra de Dias, uno no puede dejar de acordarse de los Rollings, el sonido sucio nos transporta a la música de la Jimi Hendrix Experience, y el ritmo sabrosón te sitúa donde tiene que ser, en el Brasil de la samba. Estaban inmersos en el movimiento Tropicália de los 60, del que más tarde se distanciarían para introducirse (es la evolución natural) en el rock progresivo.

La canción no escapa de los cánones de estrofa y estribillo con solo, a diferencia de muchos de los temas psicodélicos del momento. Sin embargo, sí que nos encontramos con multitud de ruido provocado por la amplificación y los efectos, así como coros que aportan un carácter desenfadado y formalmente más absurdo, algo que es muy del estilo (escúchense desde The Beatles hasta Pink Floyd). El grupo conserva el formato tradicional de voz-guitarra-bajo-batería a la que añaden una guitarra clásica y percusión brasileña y palmas. La alegría que desprenden voces y percusión hace que te muevas inconscientemente… ¡perfecta para animar un fin de semana caluroso como el que se presenta!

Recomiendo bajar el volumen del reproductor; el sonido satura mucho y resulta desagradable en los medios.
[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=5ohTi8lbeok]

30 mayo 2009 at 9:00 am Deja un comentario

ANOTHER BELIEVER – Rufus Wainwright

De la película Descubriendo a los Robinsons dirigida por Stephen J. Anderson (Walt Disney Pictures, 2007)

Hace un año, en Territorios Sevilla, tuvimos la ocasión de ver a este entrañable personaje y comprobar que en directo tiene algunos problemas de afinación. Su técnica vocal se queda bastante corta, aunque la naturalidad de su voz suple en gran medida esa falta. Por lo que he escuchado, corre el riesgo de perder toda credibilidad con su última idea de dedicarse a la ópera. Esperemos que recapacite.

Este post no es para dar caña al muchacho. Como ya sabéis, se trata de poner música que me gusta. Lo interesante es que esta canción la compuso el neoyorkino para la película de Disney “Descubriendo a los Robinsons”, y que lo que podría resultar una patraña funciona de maravilla. A priori, el resultado no sería de mi gusto, pero el cantautor tiene la capacidad de hacer una canción infantil y a la vez interesante. Buena cosa.

El alegre estilo de la canción se encuentra entre el pop Beatle a lo “Obladi, oblada” -con el punto psicodélico de los ingleses-, el glam -supongo que influirá aquí su homosexualidad- y algunos detalles electrónicos -que no falten en el siglo XXI. Y de ello resulta un tema divertido, que te da ganas de sonreir y de moverte. El registro de voz es perfecto para el cantante, cosa que no siempre sucede en su producción. Y poco más que decir, porque todo funciona de las mil maravillas.

Os pongo el fragmento de la peli en que aparece y luego otro vídeo-montaje que alguien hizo con el tema completo. Merece la pena escucharla al completo: ni me gustan las secuencias-resumen, ni hace justicia a los grandes momentos que tiene la canción. ¡A sonreir!

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=IL8uacaXOec]

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=3LNvZpkQzKI]

9 mayo 2009 at 2:53 pm 1 Comentario

SING, SING, SING (WITH A SWING) – Benny Goodman Orchestra

Extracto de la película Hollywood hotel de Busby Berkeley, 1937

Está considerado como uno de los mejores temas de la “Era del swing” (si no el mejor) y con todo mérito. Habían pasado un par de años desde que Benny Goodman y su banda triunfaron en el “Palomar Ballroom”, cerca de Los Ángeles, tras una gira de escaso éxito. En esta actuación podemos encontrar las raíces del jazz en que se fundamenta “Sing, sing, sing”, y que va más allá del sonido dulzón de melodías pop que solían interpretar. La de Goodman era una big-band blanca que había tenido gran éxito en la costa este con el programa radiofónico “Saturday night Let’s Dance” de la NBC. Tras la citada gira, que pasaba por estados de la costa oeste a los que el programa llegaba a horas demasiado tempranas y que, para colmo de males, no estaban demasiado acostumbrados a una banda blanca tocando jazz, Goodman estaba cansado de encontrarse con una audiencia indiferente o incluso hostil. Por eso, cuando estaban tocando en este ambiente en el “Palomar Ballroom”, final de su gira, Goodman dijo a sus muchachos: “Al infierno con esto, si vamos a hundirnos, deberíamos caer ‘swingueando’ “, y se lanzaron a tocar el tema “King Porter Stomp”. A partir de ese momento la muchedumbre enloqueció, y los medios tiempos, los números suavones se volvieron temas “calientes”.

“Sing, sing, sing” fue en su origen una melodía de Louis Prima (otro día pondremos algo de su “The wildest”) y en principio iba a ser cantada, como su nombre indica. Sin embargo, los fantásticos instrumentistas de la banda añadieron pasajes y citas de otras canciones (en este artículo, dos versiones distintas ;)). Pero será la batería de Gene Krupa la que quedará como motivo reconocible durante todo el tema. Parece ser que una noche el baterista se negó a parar en su debido momento, hecho que aprovechó Goodman para hacer un solo con él.

En la pieza se suceden pasajes de batería, en que se aprovechan las cualidades de “showman” y la energía de Krupa, con potentes riffs de los metales que se van superponiendo y otras apariciones puntuales de trompetas, el clarinete de Goodman, etc. Solía servir como broche final a las actuaciones de la banda, si bien requiere tanta energía en su interpretación que se convirtió en un problema para algunos de los solistas. Pero el mayor problema surgió del hecho de que los fans buscaban los autógrafos del baterista antes que los del lider de la banda. La cosa terminó mal, como podréis suponer: Krupa se montó su propia banda. En cualquier caso, podéis escuchar aquí una maravillosa versión del año 57 con Elmer J. (Mousey) Alexander a la batería.

Lo que más me fascina de “Sing, sing, sing”, además de la potencia rítmica que contiene (un percusionista lo tenía que decir) es la similitud con estructuras más modernas, especialmente dentro de la música electrónica. Parece realizada por secuenciadores que repiten con insistencia fantásticos patrones que te llevan a momentos de tremenda intensidad, para inmediatamente desaparecer. El jazz-house de St. Germain, si no fuese por el punto ambient, está construido de forma similar ¿no?

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=3mJ4dpNal_k]
De la película Hollywood hotel (1937), con Gene Krupa a la batería.

[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=uE3QzVIMq_s]
Actuación del año 1957, con Elmer J. (Mousey) Alexander a la batería.

20 abril 2009 at 5:17 pm Deja un comentario


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