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NO JOY IN MUDVILLE – Death Cab for Cutie
Del álbum We have the facts and we’re voting yes (Barsuk, 2000)
Lo primero que me sorprendió de esta canción de Death Cab for Cutie fue su pausado arranque, ese tempo casi inmóvil por el que desfilan en homorritmia (es decir, al unísono) bajo, guitarra, glockenspiel y batería. Esa misma coincidencia temporal vuelve a aparecer en la coda del último minuto, en la que ya solo bajo y guitarras puntean la melodía. Un ritmo marcado que me hace pensar en las manecillas de un reloj y en lo que representan: el tiempo como cambio, como el paso de un estado a otro.
En ‘No joy in mudville’ pasamos de la contención al desgarro de la guitarra distorsionada (a mitad de canción), de la misma forma en que los días nos deparan momentos de mayor o menor intensidad. En ese estallido, DCFC se aproxima al slow-core e incluso a grupos de post-rock como Explosions In The Sky, si bien desde sus orígenes han sido encuadrados en el indie-rock junto a otras bandas coetáneas del Pacífico Oeste norteamericano como los fabulosos Built To Spill y los no menos reputados Modest Mouse.
Porque independiente, desde luego, era el sello Barsuk en el que fue grabado el segundo disco de DCFC, ‘We have the facts and we’re voting yes’. De la misma forma, Chris Walla, miembro del grupo y productor de este álbum, es considerado como uno de los productores más prolíficos del indie-rock en Seattle, donde ha grabado a grupos como Nada Surf, The Postal Service (magnífico proyecto paralelo de Ben Gibbard, cantante de DCFC), The Decemberists o Tegan and Sara, entre otros.
Tal vez La Ciudad de la Lluvia tenga algo que ver con el sonido de este disco, que a ratos es la versión sin rabia del grunge (también llamado Seattle sound), aunque siempre desde un prisma más pop y atento a las melodías. En cualquier caso este álbum del año 2000 suena aún bastante al rock de los 90, supongo que por eso desde un principio me identifiqué bastante con él. Año 2000… ¡de eso hace 12 años! Vaya, últimamente todo se me convierte en tiempo.
Para empezar, el tiempo libre que he ganado tras dejar mi trabajo. Y con tiempo libre no me refiero solo a tiempo de ocio, sino a la parte de mi tiempo que yo gestiono (libremente). Casualidades de la vida, mi madre ha sido pre-jubilada en la última semana, lo que ahora le planteará esa engorrosa cuestión de qué hacer con su tiempo (el libre).
Ya hace unos meses, cuando fue mi padre el que se jubiló, le regalaron un bonito reloj, animándole a aprovechar cada minuto del resto de su –nueva– vida. Poco tiempo antes, justamente mi padre me contaba su fascinación por el Movimiento Slow, que aboga por un ritmo de vida más lento. En general, él siempre ha preferido hacer las cosas a fuego lento, en la creencia de que los resultados son siempre mejores. Y mi padre sabe mucho de cocina.
Predecir lo que estaré haciendo dentro de otros 12 años es difícil y, la verdad, muy poco atractivo (no confundir con mi atractivo dentro de 12 años: eso está fuera de discusión, jeje). Pero sí puedo intuir algo del futuro: que esta canción me seguirá gustando, porque hay cosas –buenas– que no cambian. Hazme caso y escucha este comienzo sin prisas. Tómate tu tiempo.
el fuego fatuo
LOVE MY WAY – The Psychedelic Furs
Del álbum Forever now (CBS, 1982)
Los Pieles psicodélicas sacaban su álbum recopilatorio All of This and Nothing en el año 88, estando yo en plena adolescencia y receptivo para todo aquello que sonase a pop y rock “diferente”. Gracias a este vinilo, que aún conservo, conocí y berreé todos sus éxitos. Y recuerdo especialmente la sensación que tenía cuando escuchaba su música: era una especie de inquietud. Me gustaban sus canciones, son pegadizas y funcionan en general con comodidad. Es un pop con un alto potencial comercial. Sin embargo, la voz cascada y más grave que aguda de Richard Butler, los teclados oscuros de pads ochenteros dando pinceladas por aquí y por allá, el uso del saxofón (instrumento que no apreciaba yo en su justa medida) y esa cierta melancolía que respiraba la new wave, me dejaba sin saber si debía apostar todo por ellos o retirar la puja. Hoy tengo la respuesta, muy lógica y evidente: depende ;)
Dando un repaso a su discografía y sus éxitos, encuentro detalles que refrendan mi opinión. La propia estética de las portadas pasa del estilo Velvet y de pop Warhol que lucen en sus primeros discos, al glamour que respira su 4ª portada, cercana a la estética glam, e incluso a recordarnos a ese Michael Jackson del vídeoclip “Bad” en la 5ª.
También vemos cómo los productores de cada LP son diferentes, y eso se aprecia con claridad en un recopilatorio. Cada canción te lleva a sitios distintos. No puedo decir que suene a eclecticismo, porque es un grupo con un sonido muy peculiar y personal. Pero “Love my way” fue producido por Todd Rundgren, y no es una información gratuita, como luego veremos.
Lo que sí aprecio en la carrera de estos chicos es un cierto anhelo de éxito comercial, una aproximación a un público de masas. Y eso es algo que te obliga estilísticamente hablando a lo largo de tu carrera. ¡Ojo! No lo digo como algo peyorativo, en muchas ocasiones ha generado productos de gran calidad y perdurabilidad en el tiempo.
Este es para mi el caso de “Love my way”. Y más aún ahora que parece que el indie tiene que sonar a los 80. Cuando escuchas un tema como este pasados 30 años y piensas que supera a muchas de las propuestas actuales en esa línea, que la muchachada “independiente” de hoy podría considerarlo un éxito, es cuando te das cuenta de la calidad de este trabajo.
Seré en esta ocasión os daré diez razones para escuchar la canción y disfrutarla con más intensidad:
1. La ya citada voz de Richard, sello personal del grupo.
2. El uso del xilófono (gloria bendita). En el videoclip aparece una marimba, más potente visualmente hablando, pero yo apostaría por que es un xilo.
3. La serie de acordes de la estrofa sobre un modo frigio: Do mayor – Si menor.
4. La resolución del estribillo con los acordes Do mayor y Re mayor, que siguen flotando sobre dicha modalidad. Me encantan estas figuras armónicas que no descansan sobre el centro tonal que nuestro oído nos pide (que sería Sol) y que evolucionan con tan sólo tres acordes.
5. ¡El bajo, por favor! Se usa con mucha prudencia. En la estrofa aparece y desaparece, un detalle que no todo el mundo aprecia, pero que siempre se nota. Cuando llega el estribillo, a marcar con fuerza las corcheas, como requiere el momento.
6. Y esto me lleva al estribillo. Que maravilla cuando una canción sabe contenerse para emocionar cuando hay que hacerlo. Fijaos en cómo crece el tema. Esto es algo de lo que a menudo se olvidan las producciones actuales “ochenteras”.
7. Guitarra comedida y teclados muy cuidados, con un par de pads y algún detalle en las estrofas… que gusto.
8. No he hablado de la batería, sin grandes aspavientos pero siempre en su sitio. Fijaos al final de la canción como usa el base y los toms, así como en los estribillos. El sonido, claro está, nos sitúa en su época, con esos bombos con mucho agudo y esas cajas tan características.
9. No os perdáis ese momento, sobre el minuto y medio, en que el estribillo es cantado sobre la base armónica de la estrofa. Lo que decía antes, esto es hacer que lo música evolucione con tan sólo tres acordes.
10. Esas letras que no dicen nada pero que tienen sentido. Muy de ingleses de aquel momento, dejando atrás el punk pero recordándolo en detalles. Por otra parte, no deja de ser otro “my way”.
Creo que son razones suficientes. Escuchad y opinad al respecto.
Versión en directo, en el programa “La edad de oro” de RTVE, año 84:
RIVER MAN – Nick Drake
Del álbum Five Leaves Left (Island Records, 1969)
Descubrí a Nick Drake gracias a un CD que pedí prestado a mi primo Jordi (uno de mis principales “dealers” de referencias musicales antes de la llegada de Internet), que a su vez lo había encontrado de entre los discos que se amontonaban en Dandelion. Para quienes no la conozcan, Dandelion era aquella tienda en la plaza de San Marcos donde Andy Jarman y Mapi Guedes vendían ropa traída de Londres e impulsaban el Colectivo Karma, allá por la Sevilla de los 90. Por entonces, Jordi tocaba la batería con Strange Fruit (el grupo de Andy) y en ocasiones ayudaba en la tienda currando algunas horas. Yo me dejaba caer por allí, de tanto en tanto, para acompañar a mi primo y de paso ponerme al día de las novedades discográficas.
Volviendo sobre aquel CD, “Five Leaves Left” (título que hace referencia al mensaje de aviso al final de los libritos de papel de fumar – quedan cinco hojas –), era el debut discográfico de Drake. Recuerdo que tras unas primeras escuchas en seguida despertó mi atención el segundo corte del álbum, River Man. Pero antes de analizar qué tenía esa música, una brevísima introducción sobre la figura de Drake con unos pocos aportes biográficos. Nació en 1948 en Birmania, donde residía su familia por motivos laborales, aunque pronto regresarían al condado de Far Leys en Inglaterra. Desde temprana edad, animado por su madre Molly, aprendió a tocar el piano y comenzó a componer sus propias canciones (las cuales grababa en cintas magnéticas). Durante sus años de escolar, mientras paulatinamente perdía interés en sus estudios, tocaba también el clarinete y el saxofón. En 1965 compró su primera guitarra acústica (pagó 13 libras por ella). Tres años más tarde, en 1968, dejó de ir a sus clases de Literatura Inglesa en la universidad para viajar a Londres a grabar su maravilloso primer álbum. Tenía veinte años y tan solo se guiaba por su propia intuición musical.
El título de River Man hace mención al barquero que aparece en la novela “Siddhartha” de Herman Hesse, aunque se trate de un texto enigmático y abierto a múltiples interpretaciones. ¿Quién era Betty? ¿Cuál era el “plan para el tiempo de las Lilas”? Son algunos interrogantes los cuales, aún hoy en día, los fans de Drake intentan dar significado. En cualquier caso, lo más interesante bajo mi punto de vista no está en los versos, sino en la música del compositor inglés.
La canción comienza con el sonido sincopado de una guitarra acústica. Un arpegio sobre un compás de 5/4 que siguiendo una secuencia de acordes menores parece resolver en uno mayor, pero que finalmente vuelve al ciclo de acordes menores. Esta cadencia en suspense de acordes junto al ritmo de amalgama de la pieza trasmite una leve sensación de inestabilidad, indeterminación o “insatisfacción”, hermosamente desconcertante. Tras unos instantes, una dulce melodía de aires folk cantada frágilmente por Drake aparece como motivo principal. Pero lo mejor de River Man llega con la sección de cuerdas, que con un sonido suave y estático se une progresivamente a la canción dotándola de una carga de intensidad y de riqueza armónica que va “in crescendo”, hasta que finalmente en su clímax te sobrecoge. Precisamente a causa de este arreglo, la grabación tuvo que sortear algunos enfrentamientos entre Drake y la compañía discográfica (una pequeña filial de Island Records). El productor del disco, Joe Boyd, tenía la idea de incorporar una sección de cuerdas similar a la empleada por Leonard Cohen en su primer álbum, pero el trabajo realizado por el arreglista de la compañía no gustó a Drake. Él buscaba para esta pieza un arreglo que recordara a la obra de compositores impresionistas como Frederick Delius o Maurice Ravel, así que finalmente reclutó a su amigo Robert Kirby (un joven estudiante de música en Cambridge), que contó con la ayuda del veterano compositor Harry Robinson para terminar de escribir la partitura.
Otro dato curioso sobre River Man es que se trata de una de las pocas canciones compuestas por Drake para ser tocada con afinación estándar. Experimentaba en la mayoría de sus temas con diferentes técnicas de afinación, lo cual enriquecía la sonoridad de su repertorio, pero conseguía irritar al escaso público que acudía a sus directos (debido a las continuas pausas para cambiar la afinación de los instrumentos). Estas malas experiencias en conciertos, en combinación con su carácter introvertido, le llevaron a renunciar a tocar en vivo durante gran parte de su carrera.
Os dejo aquí este enlace, con un video-montaje de la canción colgado en Youtube por cortesía de Island Records. Y este otro con algunas fotos del joven músico.
En 1974, Drake falleció en casa de sus padres por una sobredosis de fármacos, los cuales tomaba durante ese periodo para luchar contra la depresión y el insomnio. No recibió reconocimiento en vida por su obra y editó otros dos hermosos álbumes, “Bryter Layter” (1970) y “Pink Moon” (1972), dejando un legado musical que ha influenciado a multitud de artistas desde entonces. Estos versos de “Fruit Tree” (otra canción de “Five Leaves Left”) describen los pensamientos que tenía el músico inglés sobre la indiferencia con la que el público apreciaba su talento, y también parecen presagiar su fatal destino.
Fame is but a fruit tree, so very unsound.
It can never flourish, till its stalk is in the ground.
So men of fame, can never find a way
Till time has flown, far from their dying day.
Mash
AUDIOGUÍAS: La música italiana de los años 50 y 60
LOS AÑOS 50 Y 60: LA MUSICA LEGGERA
Hemos visto que algunos cantantes de la primera mitad de siglo, como Alberto Rabagliati, importaron el estilo de canción melódica que venían haciendo en Estados Unidos cantantes como Bing Crosby o Frank Sinatra. Pero será a partir de los años 50 cuando la música popular italiana sufriría un importante desarrollo, como resultado de la implantación en los hogares de nuevas tecnologías como la televisión, los reproductores de cassette o de discos de vinilo, y que traerían novedades musicales extranjeras a los italianos de entonces. Pero no olvidemos que la base de la música seguiría siendo ese melodismo desarrollado en tantas canciones napolitanas y, sobre todo, en el melodrama operístico.
El primer cantante que muestra un nuevo estilo de pop en Italia es DOMENICO MODUGNO, quien alcanzaría la fama en la segunda mitad de los 50. Fue uno de los pioneros en este género, haciéndose increíblemente famoso por sus cuatro victorias en el Festival de San Remo, en especial por la de 1958 con la canción “Nel blu dipinto di blu”, universalmente conocida como “Volare”, que se convirtió en una de las canciones italianas más conocidas en el mundo. Hasta ese momento, había obtenidos éxitos moderados con canciones como este “L’uomo in frack” de 1954, que conserva la relación menor-mayor de las canciones napolitanas.
Tras aquel Festival de San Remo, Modugno pasó de ser un treintañero cuya carrera no despegaba al más reconocido cantante italiano en todo el mundo, siendo “Volare” la canción italiana más conocida después de “O sole mio”. Fue el único disco de la historia italiana que logró el primer puesto de las listas de éxito estadounidenses (permaneciendo 13 semanas). Ese año alcanzó unas ventas de hasta 800.000 copias en Italia y otros 22 millones en el mundo.
Otro de los cantantes destacables de aquel momento es ADRIANO CELENTANO, quien aportaría a la música ligera el frescor del rock and roll estadounidense, en concreto de su admirado Elvis. Fue muy famoso como cantante, como actor e incluso como director de cine.
Una de sus canciones que le harían más famoso sería “Azzurro” de PAOLO CONTE, en la que se mezcla una melodía pop con un estilo relacionado con las marchas militares, así como la habitual combinación menor-mayor del estilo napolitano. Esta canción se ha popularizado en relación con una versión para la FIFA World Cup de 1990 y en alguna ocasión ha sido usada por la selección italiana de futbol.
Entre las cantantes femeninas de los 60 destaca MINA, quien comenzó grabando los éxitos del rock and roll en inglés en los años 50, ante la fiebre que invadía Italia. Ha sido siempre bastante polémica para la opinión pública, sobre todo desde que en 1962 se quedase embarazada del actor Corrado Pani, con el que no llegó a casarse. A partir de entonces, su popularidad comenzó a crecer, siendo una de las voces más escuchadas de Italia durante los 70. A finales de esta década se retiraría a Lugano, donde instalaría su estudio de grabación, pediría la nacionalidad suiza, cansada de la presión de la prensa, se recluiría en su círculo familiar y no realizaría más actuaciones en vivo. Escuchamos una preciosa canción del compositor ENNIO MORRICONE, famoso por bandas sonoras como “El bueno, el feo y el malo”, “Los intocables”, “En la linea de fuego” e incluso “¡Átame!” de Almodovar.
En esta etapa tenemos que hacer referencia obligada al cantautor LUIGI TENCO, quien comenzó tocando el clarinete en una jazz band, pasó luego a fundar un grupo de rock y, por último, terminó grabando discos en solitario a partir de 1961. Debió ser de una personalidad romántica e introspectiva, algo que se refleja en su música. Pero sobre todo lo demuestra su temprano suicidio a los 29 años de edad, tras ser descalificado del Festival de San Remo de 1967. Escuchamos su sentimental Vedrai, vedrai del año 65. Podemos apreciar ya en estas interpretaciones el estilo de muchos cantantes de décadas posteriores.
No podemos olvidar algunos de los éxitos que más repercusión tendrían en la década, dentro de lo que en España se llamaba la música yé-yé. Hablamos, por ejemplo, de la estrella adolescente RITA PAVONE, que cantaba con gran desparpajo este “La partita di pallone”.
El mismo año, 1963, triunfaba el compositor e intérprete GINO PAOLI con la canción “Sapore di sale”. Se trata de una música muy internacional, con influencias británicas, aunque siempre con el sabor melódico italiano. Como la anterior, y como sucederá en infinidad de ocasiones más adelante, sale en España una versión cantada en castellano.
No podíamos olvidarnos, en este capítulo, de uno de los cantantes con mayor trayectoria en Italia. Se trata de AL BANO, que daría sus primeros pasos a finales de los sesenta y que, aún hoy día, sigue editando discos y dando conciertos, siempre dentro de un estilo melódico. Tiene una potente voz, típica de la música popular italiana, como ya habréis comprobado, que le ha permitido interpretar canciones en registros muy agudos. Escuchamos su primer éxito, “Nel sole”, de 1967, con el que coronaría la lista de éxitos de ventas en Italia.
Por último, uno de los hits más internacionales de la época. Se trata de “Il mondo” del cantante JIMMI FONTANA, nombre artístico de Enrico Sbriccoli. Este tipo de canción melódica que enraíza en el soul americano con las voces abiertas de Italia tendrían mucho éxito en nuestro país, grabando el grupo español “Los Mustang” su propia versión del tema. Aquí lo escuchamos en el original italiano, claro está.
BLUEBERRY HILL – Fats Domino
Escrita por Vincent Rose con letra de Al Lewis y Larry Stock. Del Álbum This is Fats (Imperial Records, 1956).
Es este uno de los ejemplos de producción de mediados del siglo XX del mismo tipo que ya comenté en otras entradas. Compositor y letrista hacen una canción que graban multitud de cantantes y grupos incitados por los productores de diferentes compañías. Tan sólo en 1940, año de composición del tema, se grabó seis veces, entre las que se encuentra la versión de Glenn Miller. En el 49 la grabaría también Louis Armstrong, pero no se convertiría en un éxito internacional hasta la grabación de Fats Domino en el 56. La wikipedia, en una selección de versiones grabadas, nos muestra 36, lo que nos da una idea del éxito que tuvo y que sigue teniendo esta balada.
Podemos entender que en esta industria musical las leyes relativas a la propiedad intelectual tuvieran tanta importancia. Un compositor y dos letristas crean una canción que supone un éxito, no para un cantante, sino para muchos de ellos, y también quieren tener su trocito del pastel. Desde el momento en que The Beatles imponen el concepto de grupo-autor, compositores e intérpretes recaen sobre la misma(s) persona(s). Y además, los derechos de autor pasan a ser mercadería capitalista que pasa de mano en mano; una inversión que trata de rentabilizarse forzando el éxito de las canciones. Muy chungo.
Pero volvamos a esta gran canción. Yo la conocí a través del libro “1001 discos que hay que escuchar antes de morir”, que por cierto recomiendo. Nos dice dicho texto que la canción fue difícil de grabar. No aparecían las partituras, Fats se equivocaba continuamente con la letra y al final tuvieron que hacer un corta y pega. No es la sensación que da cuando se escucha. La naturalidad con la que Domino canta, con esa cadencia tan negra que hace que todo resulte rítmico y tranquilo a la vez, no hace intuir que le supusiera un problema. Y esa es precisamente la característica que hace que se destaque dentro del disco. Su tempo medio que avanza con decisión pero sin prisas. Eso y el giro armónico que da el tema y que hace que se salga de los patrones del blues y el boogie-woogie.
Es un placer repasar las diferentes versiones de esta canción, descubriendo las aportaciones de unos y de otros. Yo os he seleccionado unas cuantas que me parecen interesantes:
La versión del disco de Fats Domino nombrado aquí:
Versión del propio Fats bastantes años después y en directo. Me encanta el aplomo y el sonido mate de su voz:
Glenn Miller y su big band nos ofrece una grabación del mismo año de composición, 1940. Un sonido mucho más dulce, incluso en la voz:
Versión del incombustible Armstrong con su personalísima voz:
Impresionante grabación en directo de Nat ‘King’ Cole con un Billy Preston niño. No tiene desperdicio:
No he podido evitar poner esta patraña. Celine Dion y un tal Johnny Hallyday hacían esta versión carente de todas las cualidades de las que he hablado. Él no aporta nada y ella se pierde entre tanto adorno. Después de escucharla, volved a la primera y recrearos en la sencillez y naturalidad del “graso” Domino :D
ISLA DE ENCANTA – Pixies
Del EP Come on pilgrim (4AD, 1987).
Según Nicholas Cook en su libro De Madonna al canto gregoriano, “podría pensarse en los anuncios de televisión como un enorme experimento en torno al significado musical”. El musicólogo británico reflexiona sobre el modo que tiene de operar la música en la publicidad, como medio paradigmático de nuestra época. Gracias a la música, los anuncios consiguen enviar mensajes que llevaría mucho tiempo poner en palabras, y que aluden directamente a nuestras emociones. Sin necesidad de emplear la comunicación verbal, a través de una melodía que dure unos pocos segundos, los anunciantes consiguen transmitir sensaciones dirigidas a su público: personas de un rango de edad determinado, de una posición social, de unos intereses…
Hace poco, con motivo del mundial de futbol que (por si no os habéis enterado todavía) se celebra en Sudáfrica, empezamos a ver este anuncio en las pantallas españolas:
En él no hay mensajes verbales hasta el final: no es necesario. La música invita a un público que debe rondar mi edad y posición a prestar atención. Ya de camino se apuntan gentes más jóvenes que no conocieron a los Pixies, pero que sí que disfrutaron con (por ejemplo) Nirvana o Interpol, por citar dos de los grupos que han reconocido su influencia. Y, cuando nos fijamos en las imágenes que acompañan, el personaje también tiene esa edad indefinida que se sitúa en la treintena y que hoy día nos empeñamos en considerar joven (eso sí, lo vemos más joven cuando adelgaza), así que se confirma visualmente lo que nos transmite mediante el sonido. Las imágenes expresan la fantasía de un vídeo musical; un hombre que corre desde su hogar hasta Sudáfrica sin detenerse y que finalmente marca el mismo gol que había celebrado en casa. Una historia absurda, como la de tantos videoclips, pero cuya fantasía te atrapa durante su breve minuto de duración.
Además del proceso de comunicación, los anuncios activan procesos mentales en cada uno de nosotros muy convenientes para el capitalismo actual. Músicas que habíamos olvidado cobran una renovada existencia en los spots televisivos. Nuestra memoria nos transporta inconscientemente a un tiempo pasado en el que teníamos menos responsabilidades y disfrutábamos más intensamente de la vida. O esa es la transformación que los recuerdos tienen en nuestra mente: teníamos muchas preocupaciones (estudios, amores, familia…) y aquel disfrute intenso a menudo consistía en horas sentados en un banco de un parque con una litrona. Suerte que nos quedamos con la idea de “cualquier tiempo pasado fue mejor”y las músicas de entonces nos hacen saltar hoy de alegría.
“Isla de Encanta”, en mi recuerdo, está íntimamente ligado al programa de radio homónimo locutado por Carolina León, cantante de mi grupo “Death Valley 69″, del que ya hablé en el post correspondiente. Tiempos de local de ensayo, de placita de Sánchez Arjona, de radio hasta las tantas… Y en la banda sonora de aquella época estaban (no los primeros, pero estaban) los Pixies y su poderoso sonido.
Dentro de la afirmación de Cook existe una segunda lectura. Él nos habla en su libro de esa relación significante-significado de la música en los anuncios, que ya hemos visto antes. En este caso, sin embargo, hay una cuestión que no debe escapársenos: la idea que subyace en la canción de Pixies y lo que nos transmite el anuncio. El ultracapitalismo de tarjetas de crédito y la “Isla de Encanta” de la que nos habla la canción. Visto desde la obviedad, esta isla nada tiene que ver con el consumo; parece ser que resume, en un español absurdo, sus experiencias en Puerto Rico. Black Francis vivió en esta isla la experiencia de un mundo feliz en la más absoluta pobreza.
Es irónico, por tanto, el uso de los Pixies para este anuncio. Y más aún si pensamos que las guitarras potentes y el ritmo frenético herederos del post-punk, así como la voz de Francis, cuya forma de cantar preconiza el grunge de Seatle, estaban en las antípodas emocionales de una tarjeta de crédito. Algo ha pasado para que la idea de mundo ideal de entonces haya devenido en la posibilidad de que, en cualquier país, puedas comprar lo que quieras con cargo a tu cuenta corriente. Quedémonos con la música, que por ahora no requiere el uso de tarjetas de crédito.
HALFWAY HOME – Morgan Van Dam
Música del anuncio “White and orange lights” de Ford Focus Sound (2009)
La que os traigo hoy al blog es una música que, de alguna manera, responde a una concepción no romántica del mundo. Es interesante cómo nos hemos llevado todo el siglo XX queriendo librarnos de las ataduras del artista romántico sin lograrlo. Al menos sin lograrlo en un sentido amplio: individualismo en los creadores, concepto elevado del arte, dirigido a un público burgués… Esta ha sido la tónica.
Todos conocemos los intentos de numerosos artistas por escapar del influjo romántico. En lo musical empieza con el impresionismo y el dodecafonismo, líneas musicales fuertemente ancladas en la tradición anterior (por su proximidad). Ya en la segunda mitad del siglo XX, ideas como el anti-arte posicionan al artista en las antípodas estilísticas del arte romántico. Estilísticas, que no conceptuales, ya que seguimos hablando (por lo general) de artistas enaltecidos por su obra y de creaciones dirigidas a un público que espera con avidez el comentario del crítico de turno. Paradójicas son las ventas millonarias de la lata de “mierda de artista” de Piero Manzoni o los aplausos que reciben obras dadaistas o conceptuales de un público snob que sabe muy bien lo que aplaude pero que lo raro le parece siempre bien. Y lo dice un verdadero amante de la música del siglo XX.
Un simple anuncio de coche es capaz de hacer todo esto con una naturalidad que jamás hubieran imaginado aquellos artistas de vanguardia. La concepción no romántica de la música que nos presenta vendría determinada por los siguientes elementos:
1º En su concepción estética han influido cuestiones relacionadas con la venta de un producto, en especial el público al que va dirigido el producto; el auditorio potencial será el de todos aquellos que puedan ver el anuncio por la tele, es decir, cualquiera hoy en día, si bien debería estimular en concreto a un sector de este público susceptible de comprarlo. Es música publicitaria que en este sentido dista poco, al fin y al cabo, de la que ya se había hecho antes.
2º Los burgueses del XIX estaban ávidos de conciertos públicos y reuniones sociales en que demostrar un estatus social elevado. El siglo XXI nos trae una nueva forma de entender la relación música-público. Ahora es la propia música la que busca su público, que se encuentra con ella en mil y un formatos diferentes. Obras como 4’33″ buscaban sintonizar arte y vida, introduciendo de alguna forma la vida en el arte. Hoy en día es la música (el arte) la que se ha introducido en nuestra vida cotidiana, en un principio a través de la radio o la televisión, más adelante gracias a los móviles, los mp3 o la música del supermercado, por poner algunos ejemplos.
3º Esto también se venía haciendo anteriormente. Sin embargo, todo autor, sea de la melodía de apertura de una serie de televisión o de un tono de móvil, ha pretendido conservar sus derechos de autor, concepción también decimonónica, por cierto. Tan sólo las recientes corrientes de copyleft, iniciadas por el desarrollo de software libre allá por los 80, han abierto las puertas a una auténtica revolución del concepto de autoría. Este caso es particularmente interesante, puesto que la música ha sido realidad por una empresa, la productora Morgan Van Dam: es, por tanto, una obra colectiva en que el individualismo del artista queda mitigado.
4º Pese a todos los condicionantes anteriores, en su composición se ha cuidado al extremo la calidad estética. No se han limitado a procurar un buen resultado publicitario, sino que verdaderamente se ha creado un tema de tipo indie o dance-punk que podría pertenecer a cualquiera de los grupos del mercado. Según topmusicablog.com, “Suena como a una fusión de beats de varias canciones de Razorlight, The Feeling y Phoenix mezclado con el In My Arms de Kylie Minogue”.
5º Estas músicas escapan de los análisis “serios” realizados por revistas especializadas (es paradójico que lo diga mientras analizo el tema Xd). Los oyentes burgueses esperamos dar una opinión de calidad, para lo cual a menudo recurrimos al crítico de turno que nos diga qué tal suena esto o aquellos. Pero el crítico no se detiene a analizar la música de un anuncio: esta cumple su función y punto.
6º Por último, pero no menos importante, el formato discográfico desaparece en favor de las nuevas fórmulas de distribución musical. En principio sólo parece posible disponer del tema a través de la red, gracias al omnipresente Youtube y formatos similares. La idea de una colección de canciones se ve sustituida por la inmediatez de la canción suelta.
Cuando nos encontramos con estas músicas que se alejan de los patrones decimonónicos con los que valoramos el arte, solemos caer en prejuicios que nos impiden apreciar con justicia lo que nos ofrecen. Es necesario aplicar otros criterios para valorarla adecuadamente. “Halfway home” no es una de las mejores canciones de la década, ni a buen seguro resistirá el paso del tiempo. Sin embargo, hoy por hoy nos permite plantearnos lo que puede llegar a ser la música si somos capaces de enfocar todas estas novedades desde un aspecto positivo.
He aquí el anuncio en el que aparece la música.
BOHEMIAN RHAPSODY – Queen
Del álbum A night at the opera (EMI, 1975)
Es el primer domingo de mayo, día de la madre en España. Y más cosas que celebrar: solito (o solecito) primaveral, azahar y otras flores, alergias varias, cerveza con tapa en una terraza a las 10 de la noche, primer aniversario del blog … Buen día para postear en homenaje a Carmela, mi madre. Seguro que habrá alguna opción moña por la que optar, y raro es que no me decante por ella, pero me quedo esta vez con un icono del rock, cuya palabra clave es “mama”. Aunque lo que venga inmediatamente después sea “he matado a un hombre”.
¿Qué decir de la más famosa canción de uno de los más famosos grupos de rock de todos los tiempos? Número uno durante 9 semanas seguidas en Inglaterra, así como en numerosos países, repitió puesto en 1991, tras la muerte de Freddie Mercury. Un extenso artículo en wikipedia, traducción de la versión inglesa, nos habla de todos sus detalles en profundidad y me permite ceñirme a lo personal.
A mi me llama especialmente la atención que esta truculenta historia de asesinato contada en primera persona por el criminal que espera se cumpla una pena de muerte, se dirija a la madre. Es como lo más tierno y lo más horroroso unido. Lo bello y lo siniestro, que diría el filósofo Eugenio Trías. Mi primer contacto con la letra coincide con las clases de inglés de mi hermana (es profesora), ya que utilizaba el tema con sus alumnos. Recuerdo que me estuvo comentando esta paradoja, una letra terrorífica contada desde una tierna balada a una madre. Un hombre a quien parece no importarle nada (“nothing really matters to me”) excepto su madre, quien le dio la existencia. Vida y muerte reunidos en esta “rapsodia bohemia”.
Teorías encontraréis varias en el artículo antes citado, desde que simplemente le iba viniendo bien la letra para la canción hasta que existe un significado remanente en el texto relativo a su contemporánea “salida del armario”, pasando por la influencia de Camus y su “Extranjero”. En cualquier caso, las creaciones siempre son hijas de las mentes de sus creadores, consciente o inconscientemente.
En realidad, nunca fue una canción de cabecera para mi. Su mayor cualidad es la de lograr reunir en un único tema las ideas del rock progresivo, el rock sinfónico, el rock duro, el glam, la balada (evitaré el término ópera, que viene en el articulito y que no sería correcto) y orientar este batiburrillo a un público masivo. Es decir, lograr hacer comercial lo que en principio no lo era. Y, no nos engañemos, es francamente difícil. Eso sí, aunar a tantos públicos implica forzosamente no cruzar la frontera, quedarnos afincados en lugares comunes. Es una canción que parece más arriesgada de lo que es.
Recuerdo también las leyendas que se generan a partir de este tipo de temas míticos. Recientemente me comentó un alumno la creencia de que en un principio Mercury sólo había compuesto la balada, y que en el estudio se les fue ocurriendo la parte “operística” (insisto, es incorrecto; deberíamos llamarla mejor “lírica”). De este modo, habrían ido engrosando la sección central según su imaginación se lo iba permitiendo, ad infinitum. Teoría que no parece responder a la realidad.
Otro encontronazo con Queen en su versión más “bohemia” lo tuve hace unos meses, buscando el primer videoclip (ya comentado en otro post). Para muchos, el vídeo promocional que hicieron para este tema es el primer vídeo musical de la historia, si bien la idea de videoclip como formato fijo surge con la MTV, unos años después. Volvemos a toparnos con un grupo que sabe venderse. Buen rock presentado en bandeja de plata.
[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=3BBKoc5t_9M]
Uno de mis últimos descubrimientos relacionados con esta canción: la maravillosa versión que The Muppets hicieron más recientemente.
[Youtube = http://www.youtube.com/watch?v=5zoDv_Acmt4]


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