BACHELORETTE – Björk

Del álbum Homogenic (One Little Indian, 1997)

Después de más de dos meses de sequía, trabajando en otros blogs y plataformas online educativas, vuelvo a publicar. Pero lo hago inspirado por ese trabajo que estoy desarrollando, principalmente para mis alumnos y alumnas de secundaria. Y es que entre las audiciones de 1º de ESO he incluido esta fabulosa canción de la islandesa Björk. Debo decir que este curso no utilizo libro de texto con ellos, decepcionado por la oferta que las editoriales me ofrecieron el curso pasado, y estoy trabajando con mi propia plataforma Moodle. Para mi sorpresa, las audiciones que he planteado hasta el momento han funcionado de maravilla. Lo normal habría sido tener que valorar las que van mejor o peor y cambiar algunas, pero las que he usado hasta el momento van estupendamente.

En el caso concreto de Björk, y teniendo en cuenta que son chicos y chicas que nacieron dos años después de la publicación de este tema, el atractivo procede también de la imagen que acompaña: el fabuloso videoclip que ideó Michel Gondry. En este caso, mis alumnos deben seguir con atención la historia, tratar de comprender qué sucede en el vídeo, qué historia nos cuenta, y buscar la metáfora que encierra dicha historia. Este último momento es el más interesante, porque da lugar a que algunos superen las espectativas que uno pone en la actividad.

Se trata de una actividad muy visual, en la que la música juega un papel secundario. Sin embargo, me parece una forma excelente de que esta música forme parte de su catálogo musical, en general todavía escaso y basado en lo que en su entorno más cercano pueda escucharse (padres, tíos, algunos amigos mayores) o la música para niños o adolescentes. ¿Significa eso que me parece secundaria la música de este videoclip? Evidentemente que no. Es un recurso, como otro cualquiera, para formar oyentes futuros con oídos abiertos a cualquier experiencia. Tened en cuenta que antes habían escuchado (en clase, me refiero) un repertorio tan heterogéneo como la Toccata en Re de Bach, 4’33″ de Cage, Primer movimiento de la 5ª sinfonía de Beethoven, Un americano en París de Gershwin, Ionisation de Varese, el final de Obertura 1812 de Chaikovski y dos fragmentos de Bailar en la oscuridad de Björk. Este trabajo profundiza en la música de la cantante.

Luego volveremos al ejercicio del videoclip. Ahora hablaremos un poco de la música.

Bachelorette forma parte de una trilogía que comenzó con “Human behaviour” (de su primer álbum en solitario, “Debut”) y siguió con “Isobel” (del siguiente, “Post”). En esta ocasión, Isobel viaja a la ciudad con un libro en blanco que encontró en el bosque, y que para su sorpresa se autoescribe con lo que le va sucediendo. Una idea tan surrealista como tantas otras maravillosas letras de Björk. Hay que decir que el autor de la letra es el poeta islandés Sjón, que ya había escrito la letra de Isobel. Además, esa introducción hablada del videoclip y las escenas que vemos no encuentran una relación directa con la poesía cantanda, que parece hablar de otra cosa. El propio nombre de la canción, “Soltera”, da pocas pistas. Aún así, siempre agradezco que la poesía vuelva al lugar de donde nunca debió partir: la música.

Desde que escuché esta canción, allá por la fecha de edición del CD, fue una de mis favoritas del disco, junto con “Joga”. El ambiente de sinfonismo es muy de mi agrado, con una percusión electrónica que en general se limita a acompañar sin estridencias, destacando tan solo en las partes más suaves. La repetitiva melodía del principio evoluciona gracias al movimiento armónico de la cuerda, alcanzando una sección de dinámica más suave en la que una instrumentación más sutil permite un emocionante crescendo para regresar a la parte anterior. Parece ser que el final en diminuendo con un acordeón era bastante más extenso, pero que mentes comerciales pegaron el correspondiente corte musical. Una lástima, la idea que se deja entrever promete.

Pero regresemos a la actividad del videoclip. La wikipedia nos ofrece esta sinopsis de la historia:

“Isobel encuentra un libro en blanco en su jardín y decide viajar a la ciudad cansada del campo. Entonces descubre que según lo que va haciendo, el libro se va escribiendo sólo y al acabarlo, bajo el título de “My Story” lo presenta a una editorial y se enamora del editor. El libro resulta ser todo un éxito y al ser presentado en un teatro, la copia original comienza a borrarse ella sola y a reescribirse. Cansados de tener tantos personajes diferentes, el libro pierde todo su éxito y entonces Isobel decide devolverlo a donde lo encontró.”

Desconozco si el autor de esta sinopsis estaba bien informado o no, pero yo no lo entiendo así. Para mi es mucho más acertado el comentario de Hernán Ferreirós en este artículo:

“Gondry, como un director enfrascado en las paradojas de las estructuras recursivas, hace que sus clips se plieguen sobre sí mismos y se conviertan en reflexiones sobre el medio. Ésa es la intención que expresa claramente el video de Bachelorette de Björk, en el que vemos al público mirar una obra de teatro que muestra al público mirando una obra de teatro que muestra al público…”.

Y, como comentaba yo al principio, esto encierra una metáfora, o podríamos entenderlo como una metáfora (que viene siendo lo mismo). La que más me gusta es la metáfora del éxito, de la fama que se obtiene con facilidad (me encuentro un libro que se escribe sólo) que termina en un círculo cada vez más viciado (el ambiente de los sucesivos escenarios se vuelve más oscuro y lúgubre cada vez) y termina por devolvernos al lugar de donde vinimos (Isobel termina en el bosque de nuevo).

Es una interpretación de la muchas que podemos hacer, pero que a mi me vale y es estupenda para trabajar en clase. Lo sorprendente, como os contaba al principio de esta entrada, es cuando un alumno o alumna de 12 años te sugiere una intepretación igualmente válida y que va, incluso, más allá de lo que probablemente Gondry habría pensado. Esa es una de las grandes ventajas del surrealismo. Me encantó la de un niño que pensó en cómo los árboles van apareciendo en el videoclip, hasta llenarlo todo. Todos aquellos libros que se habían publicado estaban hechos de papel, y el papel sale de los árboles. De este modo, sería la venganza de naturaleza por la destrucción que sufre de manos humanas. ¿A que es una interpretación bonita e imaginativa? Disfrutad, por fin, de esta “venganza”.

Muy interesante lo que hace en un escenario esta mujer. Es impresionante el esfuerzo por reproducir lo que se escucha en el disco, currado hasta el mínimo detalle. Salvando las desafinaciones de la cuerda más o menos lógicas en estos ambientes, el resultado me parece muy potente para un escenario. Esto pertenece a un concierto en Cambridge en 1998. Precioso y oscuro escenario.

15 diciembre 2011 at 6:04 pm 5 comentarios

GOD ONLY KNOWS – The Beach Boys

Del álbum Pet sounds (Capitol, 1966)

Este verano me he pegado un buen lote de escuchar música de los 60. La verdad es que no es un momento del que supiera una barbaridad, y la maratón años 60 me ha permitido descubrir muchas y buenas canciones. Cuando no estás habituado a un tipo de música se produce el efecto “pescadilla”: como no la escuchas, no la conoces bien ni la disfrutas; como no está entre tus favoritas, no la escuchas.

Es curioso cómo funciona nuestra mente. Al ponerme un disco de esta época lo hacía sin mucho interés. Es una música con la que no he convivido, no he pasado momentos de la infancia o la adolescencia escuchándola, no me recuerda casi nunca a nada ni a nadie… Han pasado casi 50 años, y para mi es tiempo suficiente para que haya que escucharla con un halo de historia a su alrededor. Sin embargo, conforme escuchas un disco, y otro, y otro… empiezas a dejar que la música fluya (una idea muy sesentera, ¿no creéis?). A veces comenzaba un disco y estaba deseando quitarlo, pero a la quinta canción me había metido dentro del ambiente y ya era incapaz de hacerlo.

Los californianos Beach Boys no han sido uno de mis descubrimientos veraniegos, ni su archiconocido “Pet Sounds” una novedad, pero sí es cierto que estas audiciones estivales me han permitido situarlo en su época. Ahora veo hasta qué punto estaban sentando las bases del pop barroco que en los últimos años ha vivido un auténtico revival en EEUU. Curiosamente he escuchado también este verano el nuevo disco de MGTM, que parecen haberse inspirado en ese ambiente de pop y psicodelia de finales de los 60.

Hicieron muchas y buenas canciones los Beach Boys hasta que Brian Wilson se retirase de los escenarios por sus paranoias. No en vano hemos podido disfrutar recientemente de una nueva versión del “Wouldn’t it be nice” en la publicidad de una marca de coches. El anuncio es una maravilla. El cover, regulero nada más.

Para mi, no obstante, ésta es la mejor canción de los chicos. La técnica de acordes placados, tan pop, permite a Wilson hacer de las suyas en la armonía del tema. Y la melodía es simplemente maravillosa. Por algo ha sido considerada una de las mejores canciones de todos los tiempos.

Como dijo Tony Asher, coautor del tema, no hay muchas canciones de amor que comiencen diciendo “Tal vez no siempre te amé”. Y es necesario, para que una letra se convierta en una gran canción, que tenga este tipo de textos que permiten avanzar junto con la música.

Pero, para mi, lo más destacable es la instrumentación. Brian Wilson estaba fascinado en esa época con el “muro de sonido” de Phil Spector. De hecho, comentó que el título del disco “Pet Sounds” fue un homenaje a las iniciales del productor. Esa fue la línea que siguieron los Chicos de la Playa, con una orquestación grandilocuente, apariciones de instrumentos orquestales como la trompa (al principio del tema), los vientos puntuales o cuerdas exuberantes. En toda esta fantasía orquestal destaca la maravillosa  armonía vocal con la que concluye, en forma de contrapunto imitativo, perfecto broche de oro.

Para terminar, un detalle de composición nada banal. El arranque del tema nos deja la sensación de que ha empezado antes, de que había música antes de sonar la primera nota, de que estábamos escuchado la canción sin darnos cuenta. Esto es así por el uso tan inteligente (yo diría más bien intuitivo) de la armonía modal y la modulación. En las ocasiones en que se llega a una “tónica”, ésta no tiene sensación de descanso, no se permite la relajación, bien porque surge una nueva modulación, bien porque la línea armónica sigue avanzando hacia un punto de inestabilidad, que obliga a seguir avanzando. De hecho, es de las pocas canciones en que veo relativamente justificado el final “fade out”, es decir, ir bajando poco a poco el volumen hasta que desaparece. La rueda de acordes final tiene esas mismas características, no descansa en ningún acorde, sigue funcionando eternamente. Es como encontrar el final de un círculo.

Señoras, señores, así se las gastaban hace 45 años:

Como hay gente pa tó, este/a friki ha mezclado las imágenes de dos de las películas que concluyen con “God only knows”, en concreto Love actually y Boogie nights, y ha buscado similitudes entre ambos finales. Está cogidito con pinzas, claro, pero es divertido:

1 octubre 2011 at 3:41 pm 3 comentarios

MUSIC FOR PIECES OF WOOD – Steve Reich

Para cinco claves afinadas. 1973.

Si existe una obra occidental que se adentra en la música como mantra, como medio para llegar a otra dimensión, esa es la Música para piezas de madera del percusionista y compositor norteamericano Steve Reich. Interpretar esta obra es adentrarse en un terreno pantanoso en el que el tiempo se difumina y los asideros musicales que los occidentales hemos creado, como el compás, desaparecen.

Pero lo que me parece más sorprendente de ella es que, a simple vista, la partitura no nos previene de nada de eso. Un compás sencillo, un patrón de simples corcheas y nada especial. Para cualquier percusionista es una pieza elemental… hasta que hay que tocar. Cuando empiezas a tocar una, dos, tres, cuatro, cinco, seis… treinta y dos, treinta y tres, treinta y cuatro, … setenta y seis, setenta y siete… Hay un momento en que es prácticamente imposible saber dónde se encuentra el compás: ha desaparecido. Tus manos siguen tocando, pero tu mente no las controla. De hecho, no eres capaz de analizar racionalmente lo que escuchas, se ha convertido en un mantra en el que estás inmerso.

Esto sería así completamente si no tuviese algunos hitos, momentos de unísono o de acentuaciones marcadas que hacen que la forma se complique levemente y suponen una concesión al espectador, que lleva muchos minutos escuchando esa masa de sonido informe que avanza como una ola. En todo caso, como sucede con los exitosos Mayumaná y ese tipo de rollos, lo que resulta atractivo al auditorio es ese mover palos arriba y abajo en alegre pero tenso batir.

Si atendemos al movimiento de manos, veremos que se trata de dos ritmos contrapuestos con un pulso constante en el centro. Los ritmos contrapuestos, en realidad, son el mismo pero desplazado, una técnica muy del agrado de Steve Reich. Los compases varían a lo largo de la obra, empezando en un 6 por 4, luego un 4 por 4 y, por último, un 3 por 4. Es decir, se va cerrando el radio de acción de las acentuaciones y acelerando la producción de ritmicas.

En esta versión queda bastante bien reflejada la realidad de esta obra. En algunas ocasiones vemos como los intérpretes se sienten cómodos con los golpes que están dando, en otros casos se pueden notar pequeñas imperfecciones en la rítmica de una de las claves, y en algún momento, incluso, sentir que uno de los percusionistas está al borde del colapso. Y, os lo aseguro, esto es como saltar a la comba, una vez que te metes, no se puede parar.

El final es significativo al respecto. Están enfrascados en la rítmica, que ya se encuentra bien estabilizada y controlada. Pero hay que terminar, que para eso es música de concierto. El gesto del percusionista de la izquierda marca los dos últimos compases, pero… ¿dónde empieza ese compás?

Una vez más, como tantas otras en el minimalismo, una asombrosamente sencilla partitura esconde una obra de difícil interpretación. Yo tuve la suerte de interpretarla en el Teatro Central de Sevilla con mis amigos de Taller Sonoro, y la recuerdo como una de las más grandes experiencias que he vivido subido a un escenario, en lo que a intensidad se refiere. Nuestra interpretación, sin concesiones, duraba casi 15 minutos, y era fascinante el silencio que se creaba tras tanto tiempo de sonido intenso. Porque, aunque sea un instrumento tan sencillo y humilde, ¡cómo suenan unas claves!

En este caso, la versión corre de cuenta de Nexus, un grupo japonés dirigido por Toru Takemitsu. Se trataba de una serie de conciertos llamados “Music today” en 1984.

28 septiembre 2011 at 3:40 pm Deja un comentario

RABO DE NUBE – Silvio Rodríguez

Del álbum Rabo de nube (EGREM, 1980)

El vinilo de este álbum, creo recordar que propiedad de mi hermano Jordi (con lo indipop que se volvió luego el muchacho) tenía algo diferente. Mi memoria es patética, y no pondría en pie qué era eso que me llamaba tanto la atención. La portada consiste en un mosaico que representa un “rabo de nube”, es decir, un tornado, en un estilo naif. No eran esas las portadas que nos llamaban la atención a finales de los 80, cuando escuchábamos aquel disco, e incluso creo recordar en el cartón un tacto diferente, como más grueso. No era el embalaje exterior, por tanto, lo que me atraía del LP. Entenderéis que se tratan de simples recuerdos sensibles, nada más. Nada “real”. Sin embargo, hacen que para mi sea un disco diferente dentro de la carrera del cantautor.

Tampoco la canción protesta se encuentra entre mis géneros favoritos, ni por entonces. Las proclamas comunistas que en sus discos enarbola son bonitas a veces, pero otras bastante “viejunas”, aunque en aquellos 80 españoles supongo que sonarían a gloria. Pero luego tiene estas otras canciones cargadas de una esperanza más clásica, más duradera. La presento aquí como un segundo homenaje a los indignados e indignadas de España que esperamos la llegada de ese “rabo de nube” que sea “un barredor de tristeza, un aguacero en venganza que, cuando escampe, parezca nuestra esperanza”.

La letra es, sin duda, uno de los fuertes de esta canción. Como la buena poesía, es sencilla y está cargada de símbolos que podemos hacer nuestros. Porque todos queremos una vida mejor, que aparezca un tornado, se lleve lo feo y nos deje el “querube”. Es evidente la solución que Silvio Rodríguez plantea, amigo personal de Fidel Castro. Hoy día, en que las soluciones comunistas parecen agotadas, gran parte de su producción ha perdido frescura. Excepto un buen puñado de canciones, como ésta, en las que no se centra tanto en la problemática hispanoamericana y en las revoluciones que entonces tuvieron lugar. En ellas, simplemente, nos ofrece la posibilidad de soñar.

El texto es puesto en música con el estilo propio del autor. Una melodía que se nutre del folk americano que habían inaugurado Pete Seeger y, más tarde, Joan Baez o Bob Dylan. Aunque es posible encontrar en su trabajo rastros de la música de su país, no es precisamente lo que llamamos “música cubana”, es decir, el son, la salsa, el bolero, etc. Y esta canción es una muestra de lo lejos que se encuentra, a menudo, de esos géneros populares. El uso del arpa como único instrumento acompañante es prueba de ello.

De hecho, es algo que agradezco sobremanera. Este disco adolece de una producción bastante kistch por el uso de los sintetizadores moog y solina, del ya en decadencia hammond, y hasta de un “clavicembalo” que no sé si lo era de verdad o no, pero cuyo sonido barroco contrasta con el de la síntesis analógica de los anteriores. A esto añadimos la sempiterna guitarra del cubano y percusiones que no suelen estar bien integradas en el conjunto, que suenan bastante a mentira. Un disco que lleva mucho tiempo pidiendo un remake bien orquestado.

No es el caso de esta canción, que da título al álbum y que, como ya comenté, tan solo hace uso de un arpa. Es doblemente interesante la elección del instrumento. Por una parte, resulta muy práctico el uso de un instrumento de cuerda punteada y de características similares a la guitarra, con la que sin duda había creado el cantautor su acompañamiento. Por otra, el arpa crea un ambiente de ensoñación mucho más onírico que la guitarra: es mágica. Justo la magia que requiere una canción que nos habla de que otro mundo es posible. Un mundo en el que lo que nos jode, hablando mal y pronto, pueda convertirse en esperanza. Ese mundo que persiguen los acampados y que deseamos los indignados del 15M. Ponerle nombre y apellidos a “lo feo” y a “nuestra esperanza” es la cuestión que tantos debates ha abierto.

Un recuerdo especial para aquellos que han recibido los feos palos de la policía en Cataluña. Hoy transformados en esperanza.

Versiones en directo:

29 mayo 2011 at 10:29 pm Deja un comentario

ESTUDIO REVOLUCIONARIO – Frédéric Chopin

Estudio para piano opus 10 nº 12  (Compuesta sobre 1831). Interpretado por Vladimir Ashkenazy.

Hoy me siento romántico. Pienso en aquellos burgueses que en el siglo XIX se unían para luchar por lo que ellos entendían que era la libertad. Fueron precisamente aquellos hombres y mujeres los que empezaron a usar este término, LIBERTAD, de una forma moderna, entendida como rebelión contra los valores tradicionales y contra todo lo que imponga límites a su curiosidad intelectual o espiritual.

Y llevo demasiado tiempo sintiendo que esas libertades que llevan dos siglos con nosotros se encuentran amenazadas por el monstruo que entre todos y desde entonces hemos creado: el terrorífico Capitalismo. Con la clase política, como no, de la mano.

Pero desde hace una semana estoy descubriendo que no soy el único que siente amenazada su libertad para decidir sobre su futuro. Somos muchos los románticos burgueses que pensamos que los cauces que la democracia abrió hace más de 30 años se han pervertido y necesitan una revisión muy, muy, pero que muy profunda. El movimiento, conocido ya como 15M, ha tenido repercusión incluso en los siempre parciales medios de comunicación. El simple hecho de llamarlo movimiento ya me traslada al romanticismo, a las masas rebeldes que se echan a la calle en la búsqueda del ideal de la libertad.

Me siento tan romántico que por algún lado tenía que reventar. En este caso ha sido por Chopin, paradigma del piano romántico con su “Estudio revolucionario”. El apodo de “Revolucionario” hace referencia a la “Revolución de los cadetes”, levantamiento que se produjo en Varsovia por parte de jóvenes oficiales polacos contra el dominio ruso. Aunque lograrían algunas victorias locales, al final la rebelión fue aplastada. Esperemos que el movimiento que protagoniza este post no tenga ese mismo desenlace, el aplastamiento por un inamovible sistema, por el omnipotente capital, por los corruptos políticos o, lo que sería peor, por nuestra propia indiferencia.

Jóvenes eran los oficiales que se levantaron contra el régimen ruso, muy joven Chopin, que contaba por entonces con tan solo 23 añitos (y ya era un reputado pianista y compositor), y jóvenes son los acampados en Sol y otras treinta ciudades españolas. Por fortuna, en este caso no se trata tan sólo de un puñado de jóvenes idealistas, sino de muchas personas de todas las edades y con largas carreras por detrás –yo mismo- los que apoyamos el empeño del movimiento pro “nuevo sistema” (que no ANTI-sistema).

Escucho a Chopin, a ese joven pianista que no pudo participar en su revolución por una delicada salud. Podríamos pensar que este estudio fue su aportación a dicho proceso revolucionario, pero en realidad el caso es un poco más complejo. En principio, un estudio es una forma instrumental pensada para trabajar determinadas técnicas (independencia de dedos o manos, velocidad, matices, etc.). Por lo tanto, un estudio no es una pieza propia para expresar ideologías o sentimientos. El nombre fue puesto a posteriori, como una forma de adhesión al levantamiento polaco. Aún así, es tanta la calidad musical de estos estudios que son interpretados muy a menudo como auténticas piezas de concierto, y contamos con innumerables grabaciones. Chopin exige del pianista que interprete largos racimos de notas descendentes o en arpegio a gran velocidad con la mano izquierda, mientras que la derecha realiza amplios acordes que obligan a abrir la mano hasta el extremo. También hay que destacar la complejidad rítmica que alcanza el estudio, especialmente en su último tramo, cuando aparecen adornos en la melodía principal.

Si se tratase tan sólo de un complicado estudio para piano, no tendría gracia la cosa. El apodo de “revolucionario” le quedaría, no grande, enorme. Para mí, una de las más importantes aportaciones de Chopin a la música fue esa libertad (como no, romántica) con la que abordaba las cuestiones rítmicas y armónicas sobre el piano, su instrumento. Amante de los grupos de valoración especial, que son algo así como los marginados sociales en el mundo de la notación, siempre procura que la rítmica no se reduzca a fórmulas repetitivas. Esto, unido a un uso muy marcado del rubato, hace que la música dé la sensación, a veces, de luchar contra una resistencia invisible, de avanzar contra la tempestad. ¿Existe algo más romántico que esto?

No puedo destacar en este estudio aspectos armónicos más avanzados o “revolucionarios”, exceptuando tal vez la conclusión casi modal que tiene. Llama la atención un final tan “poco final”, en el que es difícil saber si ha terminado o si queda música más allá del último acorde. En este caso, eso sí, el pianista se asegura de darle conclusión gracias cuatro graves, poderosas y demoledoras percusiones.

El movimiento revolucionario romántico dista enormemente del posmoderno que preside las manifestaciones actuales. No hay manera de imaginarse a un delicado Chopin entre los acampados de las calles actuales, del mismo modo que tampoco veo que tenga mucha relación con la rebeldía de aquellos jóvenes de los 60 y 70 que lograron con su lucha la democracia española actual.

El individualismo romántico que lucha por la libertad siguiendo las consignas de sus líderes ha dado paso al bombardeo de medios de comunicación e informaciones, a estar conectados día y noche, a una multiplicidad de opiniones personales que crean lugares comunes, espacios de opinión y crítica. Son nuevos tiempos, esperemos que tan nuevos que signifiquen una revolución en nuestra concepción de la política, la justicia y el capitalismo. De momento, tenemos a Chopin.

24 mayo 2011 at 12:35 am Deja un comentario

AUDIOGUÍAS: La música italiana de los años 50 y 60

LOS AÑOS 50 Y 60: LA MUSICA LEGGERA

Hemos visto que algunos cantantes de la primera mitad de siglo, como Alberto Rabagliati, importaron el estilo de canción melódica que venían haciendo en Estados Unidos cantantes como Bing Crosby o Frank Sinatra. Pero será a partir de los años 50 cuando la música popular italiana sufriría un importante desarrollo, como resultado de la implantación en los hogares de nuevas tecnologías como la televisión, los reproductores de cassette o de discos de vinilo, y que traerían novedades musicales extranjeras a los italianos de entonces. Pero no olvidemos que la base de la música seguiría siendo ese melodismo desarrollado en tantas canciones napolitanas y, sobre todo, en el melodrama operístico.

El primer cantante que muestra un nuevo estilo de pop en Italia es DOMENICO MODUGNO, quien alcanzaría la fama en la segunda mitad de los 50. Fue uno de los pioneros en este género, haciéndose increíblemente famoso por sus cuatro victorias en el Festival de San Remo, en especial por la de 1958 con la canción “Nel blu dipinto di blu”, universalmente conocida como “Volare”, que se convirtió en una de las canciones italianas más conocidas en el mundo. Hasta ese momento, había obtenidos éxitos moderados con canciones como este “L’uomo in frack” de 1954, que conserva la relación menor-mayor de las canciones napolitanas.

Tras aquel Festival de San Remo, Modugno pasó de ser un treintañero cuya carrera no despegaba al más reconocido cantante italiano en todo el mundo, siendo “Volare” la canción italiana más conocida después de “O sole mio”. Fue el único disco de la historia italiana que logró el primer puesto de las listas de éxito estadounidenses (permaneciendo 13 semanas). Ese año alcanzó unas ventas de hasta 800.000 copias en Italia y otros 22 millones en el mundo.

Otro de los cantantes destacables de aquel momento es ADRIANO CELENTANO, quien aportaría a la música ligera el frescor del rock and roll estadounidense, en concreto de su admirado Elvis. Fue muy famoso como cantante, como actor e incluso como director de cine.

Una de sus canciones que le harían más famoso sería “Azzurro” de PAOLO CONTE, en la que se mezcla una melodía pop con un estilo relacionado con las marchas militares, así como la habitual combinación menor-mayor del estilo napolitano. Esta canción se ha popularizado en relación con una versión para la FIFA World Cup de 1990 y en alguna ocasión ha sido usada por la selección italiana de futbol.

Entre las cantantes femeninas de los 60 destaca MINA, quien comenzó grabando los éxitos del rock and roll en inglés en los años 50, ante la fiebre que invadía Italia. Ha sido siempre bastante polémica para la opinión pública, sobre todo desde que en 1962 se quedase embarazada del actor Corrado Pani, con el que no llegó a casarse. A partir de entonces, su popularidad comenzó a crecer, siendo una de las voces más escuchadas de Italia durante los 70. A finales de esta década se retiraría a Lugano, donde instalaría su estudio de grabación, pediría la nacionalidad suiza, cansada de la presión de la prensa, se recluiría en su círculo familiar y no realizaría más actuaciones en vivo. Escuchamos una preciosa canción del compositor ENNIO MORRICONE, famoso por bandas sonoras como “El bueno, el feo y el malo”, “Los intocables”, “En la linea de fuego” e incluso “¡Átame!” de Almodovar.

En esta etapa tenemos que hacer referencia obligada al cantautor LUIGI TENCO, quien comenzó tocando el clarinete en una jazz band, pasó luego a fundar un grupo de rock y, por último, terminó grabando discos en solitario a partir de 1961. Debió ser de una personalidad romántica e introspectiva, algo que se refleja en su música. Pero sobre todo lo demuestra su temprano suicidio a los 29 años de edad, tras ser descalificado del Festival de San Remo de 1967. Escuchamos su sentimental Vedrai, vedrai del año 65. Podemos apreciar ya en estas interpretaciones el estilo de muchos cantantes de décadas posteriores.

No podemos olvidar algunos de los éxitos que más repercusión tendrían en la década, dentro de lo que en España se llamaba la música yé-yé. Hablamos, por ejemplo, de la estrella adolescente RITA PAVONE, que cantaba con gran desparpajo este “La partita di pallone”.

El mismo año, 1963, triunfaba el compositor e intérprete GINO PAOLI con la canción “Sapore di sale”. Se trata de una música muy internacional, con influencias británicas, aunque siempre con el sabor melódico italiano. Como la anterior, y como sucederá en infinidad de ocasiones más adelante, sale en España una versión cantada en castellano.

No podíamos olvidarnos, en este capítulo, de uno de los cantantes con mayor trayectoria en Italia. Se trata de AL BANO, que daría sus primeros pasos a finales de los sesenta y que, aún hoy día, sigue editando discos y dando conciertos, siempre dentro de un estilo melódico. Tiene una potente voz, típica de la música popular italiana, como ya habréis comprobado, que le ha permitido interpretar canciones en registros muy agudos. Escuchamos su primer éxito, “Nel sole”, de 1967, con el que coronaría la lista de éxitos de ventas en Italia.

Por último, uno de los hits más internacionales de la época. Se trata de “Il mondo” del cantante JIMMI FONTANA, nombre artístico de Enrico Sbriccoli. Este tipo de canción melódica que enraíza en el soul americano con las voces abiertas de Italia tendrían mucho éxito en nuestro país, grabando el grupo español “Los Mustang” su propia versión del tema. Aquí lo escuchamos en el original italiano, claro está.

10 mayo 2011 at 6:24 pm Deja un comentario

AUDIOGUÍAS: La música italiana en la primera mitad del siglo XX

Llegó, por fin, el “mes de las flores”. Y es que me he pasado un abril a lo Willy Fog, sin parar por Sevilla hasta hace apenas una semana. En compensación, tengo preparada una serie de lo que llamaré “audioguías” en honor a las realizadas en mi centro escolar para las visitas a monumentos italianos. Os comento.

Hace unos años mi compañero Antonio Sánchez, profesor de física y química e insigne viajero, conocedor de Italia como de su propia casa, me pidió que grabase a algunos profesores realizando comentarios sobre determinados edificios u obras de arte italianas, ya que en muchos de estos monumentos habían prohibido las explicaciones en voz alta a grupo de alumnos. Ya os comenté el pasado año que es un viaje que mi instituto viene realizando desde hace más de una década, con gran afluencia de alumnado (este año vinieron 48). Las ciudades implicadas son Roma, Florencia, Siena, Pisa y Venecia, y las audioguías suman un total de 85, que no está nada mal. Yo me encargué de grabar a los profes con mi minidisc y mi pequeño micro estéreo de ambiente, y después filtré un poquito el ruido (a veces mucho) y le puse un fondito musical que se agradece. El resultado ha sido un trabajo que ya es recomendado, incluso, por agencias de viajes. Si tenéis pensado un viaje a Italia os pueden ser útiles: podéis descargároslas en www.juandemairena.com.

Desde entonces barajaba yo la posibilidad de realizar mis propias audioguías, no sobre un sitio que se visita, sino sobre la música italiana en sí. Me interesaba especialmente la música más actual y los géneros más populares ya que, aunque se visite la Capilla Sixtina de Palestrina o la Venecia de Vivaldi, resultaría mucho más complejo hacer un breve resumen en audio de toda una historia de la música, desde la Edad Media (Landini) hasta nuestros días (Donatoni) pasando por la contrarreforma, la policoralidad, los concerti barrocos, el aria napolitana, la ópera y todas sus consecuencias, los nacionalismos… una labor titánica que dejo para viajes ulteriores.

Total, que este curso me he puesto y puedo presentaros por fin mis propias audioguías sobre la “Música italiana del siglo XX”. Está dividida en varios “episodios” que iré incluyendo en el blog durante toda esta semana. Espero que os guste el nuevo formato que pienso repetir en otras ocasiones y con otras temáticas. ¡Se admiten sugerencias!

LA MÚSICA ITALIANA DE LA PRIMERA MITAD DE SIGLO XX

La ópera es sin duda el género que adquiere mayor popularidad durante el siglo XIX. En Italia era tal el fervor que sentían por la música operística, que las banda communale, que eran bandas itinerantes de cornetas y trombones que tocaban por los pueblos, llegarían a interpretar arias de ópera.

Durante la primera mitad del siglo XX se conserva esa tradición decimonónica. Los cantantes de ópera serán, de hecho, los primeros en usar un nuevo sistema que permite la grabación del sonido: el gramófono. La tremenda fama del tenor italiano ENRICO CARUSO daría el prestigio necesario a dichas grabaciones, consideradas hasta entonces como algo de escaso interés y valor. A partir de sus grabaciones de arias de ópera, muchos otros cantantes se animarían también a hacerlo, y ello permitiría el crecimiento de la industria discográfica, gracias al aumento en ventas de discos. Escuchamos a Caruso interpretando “Vesti la giubba” (Ponte el traje), una famosa aria de la ópera “Pagliacci” de Ruggiero Leoncavallo. Se trata del final del primer acto, donde el payaso Canio descubre la infidelidad de su esposa, pero se ha de preparar para un espectáculo que debe continuar. Viene a ser como el “Show must go on” de Queen, pero un siglo antes.

Dentro de las músicas regionales destaca la canzone napoletana (Canción napolitana). Este tipo de canción se venía interpretando en Nápoles desde siglos antes, y había influenciado poderosamente a los compositores de óperas cómicas desde el siglo XVIII. Posteriormente obtendría una gran fama mundial, siendo exportada por los emigrantes napolitanos y del sur de Italia entre 1880 y 1920. Las armonías son sencillas, están estructuradas en dos secciones (estrofa y estribillo) y usan el napolitano, un dialecto de Campania. Es típico el contraste entre los modos mayor y menor, lo que significa que pueden sonar alegres el primer minuto y melancólicas el siguiente. Especialmente conocidas son “Funiculi Funicula”, “Torna a Surriento” y “O sole mio”. Esta última y famosísima canción es interpretada a continuación por el tenor Claudio Villa.

La moda francesa de la Belle Époque tendría también su reflejo en Italia, a través de los cabarets, los music hall o los café-chantant. En el caso italiano, la música es muy ligera, sin la carga política ni la complejidad alemanas, por ejemplo, sino más cercano a una música de salón burgués. Destacaría FRANCESCO TOSTI, recordado por sus canciones brillantes y expresivas. Una de sus más famosas piezas es Serenata, en la que seguimos escuchando una música muy melódica con influencias de la música francesa y de los lieder alemanes. Sería un género que iría perdiendo vigencia con la llegada de la Primera Guerra Mundial.

Pero el género que seguiría destacando durante las primeras décadas de siglo es la ópera. De hecho, algunas de las óperas más conocidas de la historia se escribieron entonces, como “Turandot” de Giacomo Puccini. Su aria “Nessun dorma” (Nadie duerma) es una de las más famosas que ha dado el género, interpretada en infinidad de ocasiones. Como curiosidad os diré que es una ópera postuma, ya que Puccini moriría dos años antes de su estreno en el teatro de la Scala por parte del tenor español Miguel Fleta. Aquí escuchamos a un Luciano Pavarotti en plenitud de facultades, con esa prodigiosa voz que le tocó en suerte.

Hay que tener en cuenta que Italia todavía tenía, a comienzos de siglo XX, escasa unidad lingüística y cultural. Serían los fascismos de esa época los encargados de erradicar esa situación gracias a un potente sistema escolar y a la llegada de los mass media, controlados en ese tiempo por el gobierno italiano. A partir de 1922, bajo el aislamiento propio de las políticas de los regímenes fascistas, Italia desarrollaría una cultura musical ajena a las influencias extranjeras. De hecho, el gobierno de Mussolini suprimiría toda música del exterior, en su deseo de una identidad italiana unida y fuerte. Aún así, los intérpretes populares viajarían al extranjero y traerían de vuelta los nuevos estilos y técnicas. El jazz americano sería una importante influencia en cantantes como ALBERTO RABAGLIATI, quien adaptó al estilo italiano el swing de las big bands en los años 30. Es el ritmo que podemos escuchar en este “Bongo bongo”, que interpreta con la cantante Nilla Pizzi.

Las armonías y melodías del jazz y el blues fueron usados en muchas canciones populares, mientras que los ritmos a menudo provienen de bailes latinos como la rumba, el beguine o, como en este caso, el tango en la canción “O mia bela madunina” de GIOVANNI D’ANZI, considerado himno no oficial de Milán.

Estos son los primeros cantantes italianos que importan una nueva forma de cantar. Gracias al invento del micrófono, no es necesario imprimir a la melodía la potencia de la ópera, sino que se puede expresar con mayor intensidad y naturalidad el texto. Fue el cantante americano Bing Crosby el primero en hacer uso de este nuevo estilo que se convertiría, con el tiempo, en el germen del pop moderno. Aquí lo escuchamos, para terminar este episodio de la música italiana, en la cálidad voz de Rabagliati interpretando “Bambina innamorata”.

2 mayo 2011 at 6:49 pm Deja un comentario

TRENO A LAS VÍCTIMAS DE HIROSHIMA – Krzysztof Penderecki

Para 52 instrumentos de cuerda. Compuesta en 1959.

Es muy difícil expresar el horror. No estoy diciendo asustar, sorprender o inquietar. Hablo de un auténtico relato del sufrimiento de una población azotada por un hecho horroroso. Y eso es lo que Penderecki extrae de cada uno de los sonidos de los instrumentos de cuerda frotada de los que hace uso: dolor, sufrimiento, llanto, … horror.

Todos nos hemos quedado impresionados por las imágenes que llegan de Japón. Un terremoto al límite de la escala Richter, el tsunami consecuente, los miles de muertos y desaparecidos, los centenares de miles de desplazados, las ciudades arrasadas, el peligro nuclear.

Hace menos de 6 meses caminábamos alegremente, Grace y yo, por Tokio, disfrutando de sus maravillas y de la bondad de su gente. Ahora demuestran hasta qué punto son civilizados (tal vez sea el pueblo más civilizado del mundo) con su comportamiento ante una catástrofe de esta magnitud. Su sentido del deber y su responsibilidad social hacen que los efectos colaterales (vandalismo, saqueos, violencia, multitudes que colapsan) sean mínimos, por no decir inexistentes. Ya nos pareció impresionante en su día. Ahora, nuestro asombro no tiene límites.

Ante esto, no podía dejar de hacer un homenaje a ese Japón, icono de civilización avanzada, que es tan duramente golpeado por el inmenso poder de la naturaleza, algo a lo que ni el país más preparado para los terremotos puede hacer frente. Por desgracia, los compositores japoneses no están entre los que más escucho, y lo poco que conozco no responde a lo que quería expresar. Así que he tenido que ir hasta Polonia para encontrarme con una pieza que narra otro acto de horror de su historia, con la diferencia de que, en aquella ocasión, fuimos los humanos quienes provocamos el sufrimiento de miles de personas. Se trata del atroz punto y final de la Segunda Guerra Mundial puesto por los estadounidenses al dejar caer sobre Hiroshima y Nagasaki sendas bombas nucleares.

Las estimaciones de la Radiation Effects Research Foundation consideran que las bombas habrían matado a unas 140.000 personas en Hiroshima y otras 80.000 en Nagasaki, muchas de las cuales murieron por envenenamiento por radiación. En ambas ciudades, la gran mayoría de las muertes fueron civiles.

Sería interesante hacer un balance acerca de cuántas películas, documentales, series, libros, noticias, nos repiten el holocausto nazi y el horror de los campos de concentración (que, por cierto, supusieron la muerte de entre 11 y 12 millones de personas), y de cuantas nos recuerdan que los Estados Unidos también optaron por el “exterminio”, como si la población de esas ciudades fueran simples piececitas de plástico en un juego de guerra.

Por fortuna, ningún otro gobiernante, ni el tirano dictador del país más belicoso de la tierra, ha empleado los mismos métodos inhumanos. Y pasan ya más de 50 años. Aunque el desarme nuclear sigue siendo una utopía deseada por casi todos, pero a expensas de unos cuantos que se niegan a soltar el poder que les otorga un simple botón. ¿Para cuándo los políticos se preocuparán por las personas?

Pero vayamos a la música. En esta obra de algo más de 8 minutos, un joven y desconocido Penderecki se abre paso por el mundo de la música contemporánea de su tiempo. Desde su primera audición, la obra causó un fuerte impacto en la audiencia. Ganó un simple tercer premio en Katowice, pero su repercusión fue importante y permitió al autor darse a conocer internacionalmente.

La obra está compuesta sobre las bases del serialismo, incluye técnicas de microtonalidad (cuartos de tono) , clusters y contrapunto de bloques sonoros, desarrollado fundamentalmente por Ligeti en obras posteriores como Atmospheres o Volumina. Y la escritura es casi siempre gráfica, es decir, no hace uso del pentagrama convencional. Este tipo de escritura empezó a usarse cuando los compositores pretendían un efecto sonoro concreto en el que la altura del sonido y la rítmica no tuviesen que ser precisas. A menudo se indica la técnica a emplear y la densidad aproximada de los sonidos, y es el director o el propio intérprete quien tiene que determinar el resto de parámetros. Es lo que John Cage había llamado, unos años antes, indeterminación.

 

Página de la partitura de "Treno"
Página de la partitura de “Treno”

 

Otra de las sorpresas que nos depara esta obra es el uso de técnicas instrumentales no convencionales, como tocar las cuerdas más allá del puente, o golpearlas literalmente con el talón del arco. Para mi, uno de los efectos más dramáticos tiene lugar cuando los chelos realizan una nube de breves glissandi que nos hace pensar que en una masa de personas que se arrastran lamentándose a gritos por un sufrimiento que no pueden expresar con palabras. Es este dramatismo tan efectivo el que sin duda hizo reconsiderar a Penderecki el título de la obra, que al principio llamó con un abstracto 8’37″. Esa triste moda de la época hubiera empobrecido una pieza que merece un lugar destacado en la historia de la música.

Tiene un “pero”, a mi parecer, esta obra. Se trata precisamente de su duración. O tal vez de su resolución final. Cuando escucho el “Treno” de Penderecki, me sumerjo en un recorrido emocional muy intenso, que desde sus primeros segundos de sonido te exige una alta implicación. La obra transcurre por diferentes pasajes que ofrecen distintos niveles de intensidad, pero que, en general, y como requiere el tema que trata, son siempre muy expresivos y significativos. Casi simbólicos. Para mi, esta intensidad requiere un mayor desarrollo: el oyente deja de escuchar cuando todavía no se ha resuelto nada, cuando aún está esperando el anticlimax.

No me parece intencionado, aunque es mi sensación, claro está. Pero si lo es, si Penderecki realmente pretendía dejarnos ese amargor en el espíritu, entonces la obra maestra alcanza los niveles de radiación al que se enfrentaron los pobres japoneses. El compositor escribiría en 1964 “Dejé en el treno expresada mi firme creencia de que el sacrificio de Hiroshima nunca será olvidado y abandonado.” Para que no lo olvidemos, os dejo su música.

26 marzo 2011 at 5:16 pm 2 comentarios

GALANG – M.I.A.

Del álbum Arular (XL Recordings, 2005)

Maya Arulpragasam es lo que podríamos llamar una mujer paradigmática de mi generación. Yo, como ella, soy de esa generación X que no tiene metas ni ideales, bombardeada por el ultraconsumismo, en un ambiente político corrupto, y que vive intensamente cambios tecnológicos como internet y sociales como la caída del muro de Berlín. No tenemos espectativas de futuro, somos apáticos, carecemos de interés por cambiar el mundo. Esto es lo que dicen por ahí.

Pero yo veo en M.I.A., quien para empezar se ha puesto el guerrillero alias de “Missing In Action”, otras cualidades. Dando una vuelta por internet me encuentro las mil y una censuras que ha sufrido tanto en su música como en los vídeos. Sí, la misma censura que la generación anterior de España, la que vivió el franquismo, sufría por parte del régimen. Sólo que ahora ese régimen es mundial y lo representan los grandes intereses multinacionales y políticos. ¿Y no hacemos nada? Pues es precisamente mi generación de la apatía la que se mueve con mayor fiereza contra esos estamentos. Bajo mi punto de vista, la anterior oleada juvenil, que vivió la rebeldía hippie, chocó efectivamente contra el sistema establecido en su adolescencia y juventud. Y sin embargo, son aquellos jóvenes rebeldes los ultraconservadores o puritanos de hoy en día. O simplemente neocapitalistas que superponen la cuestión económica a cualquier otro valor.

Es cierto que mi generación ha vivido una adolescencia neutra, marcada por un rock alternativo tipo burbuja, con mensajes más personales e introspectivos que sociales. Pero conforme hemos ido madurando nos hemos dando cuenta de qué es lo que queremos cambiar, y en lugar de vivir en paralelo a una sociedad “estandarizada” intentamos ir dando pequeños pasos en otras direcciones, gracias a herramientas como ésta, internet. De aquellos jóvenes autocomplacientes que fuimos han surgido hordas de ciudadanos inconformistas con el sistema que tratan de ir resquebrajando los pilares del sistema imperante. El Imperio Romano no fue destruido, se desgranó poco a poco.

Nuestra guerrillera de hoy hace uso de su verbo y su imagen para vender discos, eso es evidente. Un buen escándalo conviene a una campaña de promoción. Lo normal es utilizar el sexo para motivar mensajes de rechazo del ultraconservadurismo, aunque el hip-hop siempre se ha valido también de la violencia o el racismo. M.I.A. se mete en camisa de once varas: nos habla de las guerras que Occidente nos oculta (de ninguna en concreto y de todas) y también de una de las peores lacras sociales que vivimos, el control que ejercen los medios de comunicación sobre las masas, fomentada por la opinión, aún extendida, de que “si sale en la tele, será verdad”.

Es difícil meterse dentro de unas letras que sugieren más que atacan, y que hacen uso del habla londinense de la calle. En cualquier caso, alusiones concretas han hecho que Estados Unidos le niegue el visado, que Youtube retire su vídeo “Born free”, dirigido por Romain Gavras (por cierto, os recomiendo su visionado en Vimeo), que la MTV suprima letras incluso durante emisiones en directo… Ella mantiene la actitud de mi generación: mirar para adentro con frases tan románticas como “la creatividad es la única cosas que no me pueden quitar”. A mi lo que me interesa es hacia donde está focalizada esa creatividad de la que habla. Ya no abusamos del mundo interior como en los 80 y 90; ahora también es posible dar un par de pedradas a los totemizados políticos y empresarios.

Yo he ido notando ese cambio de actitud en mí mismo. La caída de los comunismos supuso para nosotros, que iniciabamos la veintena en aquel entonces, el mazazo definitivo a la única alternativa que generaciones anteriores nos ofrecían. También ha supuesto, ahora que todos entendemos que el capitalismo y la democracia son igual de inviables (o menos, si cabe), la necesidad de buscar nuevas vías. Pensaba que la única alternativa era la de mi admirado Underwasser, quien en plena fama como arquitecto y pensador se largó a vivir en las selvas de Nueva Zelanda, donde pasó sus últimos años alejado del sistema. Esa sería la alternativa hippie, precisamente.

Hoy puedo decir que confío en la posibilidad de una lucha interna y muda, disfrazada de conformismo, en lo que podríamos denominar un cancer del sistema. MIA se encuentra plenamente integrada en el sistema capitalista musical imperante, el mismo que pretende acabar con las descargas por internet o que magnifica la importancia del derecho de autor (que cuando es lucrativo, va a parar a las corporaciones, no nos equivoquemos). Ella disfruta del éxito artístico y económico que siempre han significado la adaptación a dicho sistema. Pero vende gracias a sus mensajes, a su carácter rebelde, de modo que encontramos cómo la industria musical “agredida” por estos mensajes (las cadenas de televisión y radio, las compañías discográficas, las políticas de estado sobre derechos de autor) está a favor de esta música, la que tiene éxito y vende, sobre todo si no implica un alto gasto de producción e implica magros ingresos. Esa es la paradoja que podría llevarnos a otro estadio en el mundo de la música actual.

No os he hablado sobre la música en si, sobre los sonidos ultracomprimidos de esa Roland MC-505 que domina el tema, ni sobre la forma tan personal y sugerente que tiene MIA de lanzar sus mensajes. Ni siquiera he comentado la más típico cuando se habla de ella, su infancia, el desarraigo, el padre guerrillero en Sri Lanka. Dejo para otra ocasión un comentario en ese sentido. Hoy me parecía más interesante filosofar en voz alta, con la música como excusa.

Un regalito para vuestros oídos: la versión que el Vijay Iyer Trio hace de esa canción. Pasada definitivamente la fiebre del Acid Jazz, proliferan este tipo de trios (piano, contrabajo y batería) haciendo covers de música pop, rock e incluso comercial actual. A mi me ha gustado esta, con una conclusión un tanto flojilla, pero un ritmazo tremendo.

19 febrero 2011 at 9:26 am Deja un comentario

PARCE MIHI DOMINE – Cristobal de Morales / Jan Garbarek

Del álbum Officium (ECM Records, 1993)

Con este posteo quiero volver a uno de mis temas clásicos, el de la música que no se sabe muy bien dónde encajar. Se trata de esa corriente “neo-antigüizante” que surgio al calor de las músicas de la “nueva era”, ese deseo de innovar a base de ser antiguo que hizo furor en los noventa y que por fortuna parece haber amainado. Pero no todo fueron musiquitas moñas para nuevos ricos con profesor de yoga, también tuvimos la fortuna de topar con buenas ideas, y otras, como la que viene al caso, que al menos aportan una visión diferente de la música.

Yo fui a ver el concierto que The Hilliard Ensemble (nunca fallan) dieron en Sevilla con Jan Garbarek en la iglesia del Salvador. Templo de eterna reverberación, primer hito en nuestro camino. Recordemos que Garbarek es un saxofonista de jazz, instrumento y género que no se lleva especialmente bien con una reverberación de tales características. Eso sí, el canto gregoriano y las piezas polifónicas del renacimiento elegidas ex profeso para la gira funcionan que da gusto en una iglesia así. Y con la afinación extrema de los ingleses, ni os cuento.

En fin, que pude escuchar en directo la fusión de ambas cosas. El recuerdo que me queda es de “no sé muy bien si me gusta o no”. Es decir, de cierta perplejidad. Es lo que me suele pasar con gente como Philip Glass, que se mueven siempre en terrenos pantanosos entre lo que te aburre y lo que te conmueve. Y, lo reconozco, al final me termina gustando.

La idea funciona del siguiente modo: se interpretan las piezas del renacimiento (o el medievo), en este caso el Parce mihi Domine de nuestro sevillano Cristobal de Morales, tal y como se entiende que fueron concebidas en origen, y esta música vocal se utiliza como base armónica, como acompañamiento, de una improvisación de saxo de carácter más o menos jazzístico.

Tenemos aquí una interesante aportación del conjunto. La música en el renacimiento era netamente vocal, siendo los instrumentos en la mayoría de las ocasiones un mero acompañamiento. Pensad que ni siquiera se escribían, sino que solían doblar o sustituir voces de las que, puntualmente, no se disponía. Sí, es cierto que una serie de instrumentistas empezarían a interpretar a solo, pero era un grupo reducido y, desde luego, fuera de la música religiosa. En este caso, la cuestión funciona justamente al revés. Se trata de una pieza de saxo acompañada por unas voces. La interpretación de Garbarek es claramente solística, mientras que la pieza de Morales navega sobre acordes estáticos de rítmica cuasi libre, perfecta base sobre la que desarrollar una improvisación. Los volúmenes también son significativos, siendo a menudo muy difícil seguir el texto, que queda tapado por el saxofón. Además, seamos realistas, ni siquiera los más clásicos siguen hoy en día una letra latina del libro de Job. El tema religioso, su importancia como oración, desaparece para quedar sólo la estética de su música.

Para mi gusto, no funciona igual todo el disco. Hay piezas con las que el saxofonista parece sentirse más “en su salsa” que otras, y en algunos casos tal vez tenga que ver también la elección de la obra antigua. Además, no es una idea como para anclarse a ella: su repetición resulta tediosa. Sin embargo, este Parce mihi Domine, que ya de por si es una pieza realmente fascinante, me hace disfrutar de un buen rato de… ¿jazz? ¿música antigua? ¿new age? ¿contemporánea?… quita, quita, un buen rato de MÚSICA.

La versión a solo de Parce mihi Domine. Su estatismo hace que cualquier detalle polifónico resalte como la más completa de las melodías.

30 enero 2011 at 9:32 am 3 comentarios

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